El secreto bajo las sábanas de Sofía

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Summary

Sofía era una chica normal pero pues siento problemas económicos entró al mundo de onlyfans

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Sofía era una chica reservada y tímida, de esas que pasan desapercibidas en los pasillos de la universidad. Siempre con el cabello recogido en una coleta baja, gafas de montura fina y ropa holgada que ocultaba más de lo que mostraba. Sus tardes se reducían a la biblioteca, apuntes interminables de biología molecular y café barato de máquina. Era brillante, pero también era pobre. Muy pobre.

El aviso llegó por correo electrónico: “Su saldo pendiente excede el límite permitido. Tiene 15 días para regularizar su situación o se procederá a la baja definitiva”. Quince días. Su estómago se hizo un nudo. Sus padres apenas podían con la hipoteca y la comida; pedirles más era imposible. Lloró en silencio esa noche, abrazada a la almohada, sintiendo que todo su esfuerzo se desvanecía.

Al día siguiente, en el comedor de la facultad, su amiga Carla —la que siempre tenía uñas perfectas y nunca parecía preocupada por el dinero— le dijo casi de pasada:

—Oye, Sofi… ¿has pensado en OnlyFans?

Sofía se atragantó con el jugo.

—¿Qué?

Carla se inclinó y bajó la voz.

—Mira, no es prostitución ni nada raro. Subes fotos, videos, lo que quieras. Hay chicas que solo enseñan pies y ganan más que un ingeniero recién graduado. Otras van más allá… depende de ti. Pero pagan bien. Muy bien.

Sofía se quedó callada todo el almuerzo. Esa noche, en su pequeño cuarto alquilado, abrió la laptop con las manos temblando. Buscó “OnlyFans qué es”, “OnlyFans ejemplos”, “cuánto gana una chica en OnlyFans”. Leyó testimonios, vio estadísticas, entró a perfiles públicos. Había de todo: desde fotos artísticas con lencería hasta masturbación en vivo, sexting, customs. El dinero variaba enormemente, pero incluso las cuentas más suaves parecían sacar varios cientos de dólares al mes. Algunos miles si se esforzaban.

Se miró en el espejo del baño. Ojos grandes color miel, labios carnosos que nunca pintaba, piel pálida y suave, cabello negro larguísimo que le llegaba casi a la cintura cuando lo soltaba. Y un cuerpo que ella misma había escondido durante años: pechos llenos, cintura estrecha, caderas redondeadas y un culo que, aunque ella lo negara, era imposible de disimular del todo.

Dos días después creó la cuenta.

Al principio fue tímida hasta el extremo. Su nombre de usuario: SofiaNoche (sin mostrar cara). La foto de perfil: solo su boca mordiendo un lápiz, fondo negro. Su primer post fue una foto tomada con luz natural junto a la ventana: llevaba una camiseta blanca oversized que le llegaba a medio muslo, sin sostén, pero nada se transparentaba realmente. Solo se insinuaba la curva de sus pechos cuando levantaba los brazos. Caption: “Primer día nerviosa… ¿les gusta lo suave? 💕”

Ganó 7 suscriptores en 24 horas. $70. No era mucho, pero era más de lo que había ganado en un mes dando clases particulares.

Subió más. Una foto de espaldas, sentada en la cama con una tanga de algodón blanco y la camiseta levantada hasta la mitad de la espalda, mostrando la curva de su cintura. Otra con las piernas cruzadas, solo pantis negros de encaje y una mano cubriendo los pezones con el antebrazo. Cada foto era un pasito más. Cada dólar que entraba le quitaba un poco de vergüenza.

Al mes ya tenía 240 suscriptores. Pidió un aumento de precio y casi nadie se fue.

Entonces llegaron los mensajes privados. “Quiero verte tocarte”, “¿cuándo un video?”, “te pago extra por un custom”. Al principio los ignoraba. Pero un día, con el alquiler a punto de vencer y la universidad amenazando de nuevo, abrió uno:

“$300 si me mandas un video tocándote hasta que te corras. Sin cara, solo cuerpo. Te mando el pago por adelantado.”

Sofía se quedó mirando la pantalla quince minutos. Luego respondió: “Ok. Dame 24 horas.”

Esa noche cerró con llave, apagó la luz principal, dejó solo la lámpara de la mesita que daba una luz cálida ámbar. Se puso el conjunto de encaje negro que había comprado con sus primeros ingresos: brasier push-up que le hacía unos escotes imposibles y una tanguita a juego que apenas cubría nada. Se miró al espejo. No se reconocía del todo… y eso la excitó.

Puso el celular en trípode, enfocó desde el pecho hasta los muslos. Se sentó en la cama, abrió las piernas lentamente. Al principio solo se acarició por encima de la tela, sintiendo cómo se mojaba casi de inmediato. Cerró los ojos y dejó escapar un gemidito bajito. Se bajó el brasier, dejó que sus pechos saltaran libres, los apretó con ambas manos, pellizcó los pezones hasta que se pusieron duros como piedritas.

Bajó la mano derecha dentro de la tanguita. Estaba empapada. Empezó a frotar su clítoris en círculos lentos, subiendo y bajando la velocidad. Su respiración se volvió entrecortada. Se mordía el labio inferior para no gemir demasiado alto, pero no pudo evitarlo: cuando metió dos dedos dentro de sí misma, un “ahhh… mierda…” se le escapó sin querer.

Aceleró. Los dedos entraban y salían, el sonido húmedo se escuchaba claramente en el silencio de la habitación. Su otra mano apretaba un pecho, tiraba del pezón. Su cadera empezó a moverse sola, buscando más fricción. Sintió el orgasmo acercarse como una ola inevitable.

—Voy a… voy a correrme… —susurró al micrófono sin darse cuenta.

Arqueó la espalda, los muslos temblaron, un chorrito caliente escapó entre sus dedos mientras su cuerpo se convulsionaba. Se quedó jadeando, con la mano todavía dentro, los pechos subiendo y bajando con cada respiración agitada.

Cuando por fin se detuvo, miró la cámara. Sonrió tímidamente, casi con culpa.

—Primer video… espero que les haya gustado.

Lo envió al privado por $300.

Pero esa misma noche, antes de dormir, lo subió a su feed principal por $15 extra para sus suscriptores.

A la mañana siguiente tenía 412 suscriptores nuevos.

Y Sofía ya no se sentía tan tímida.