Entreabierta

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Summary

No encaja. El aire lo sabe antes que nadie. Ahora está bajo vigilancia directa. Y algo se está corrigiendo.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Algo cambia.

Las voces se escuchan lejanas.

Es confuso, borroso.

No debería suceder.

Siento movimiento a mi alrededor.

Y un vacío que duele.

Siento que voy a perder la consciencia.

Cerca de mí las cosas se distorsionan, percibo como se rompen.

Algo cambia.

El vacío deja de doler, pero se aferra a mí.

Todo debería haberse acabado.

Me despierto, pero todavía no abro los ojos, escucho.

Los pasos, los intercambios de palabras, el crujir de la madera envejecida.

Respiro hondo; huelo la cera y la tela vieja de las cortinas.

Abro los ojos y miro el techo, sintiéndome extraña, como siempre.

Paso entre la gente como cada día, piso las mismas piedras, esquivo a la misma gente, observo los mismos rostros.

El mercado seguía funcionando. Nadie parecía esperar nada de él.

Me paro frente al mismo puesto de todos los días, el viejo me mira de reojo y yo cojo una manzana. Le dejo las monedas en el mostrador de madera.

-¿Registro?

De repente me siento cansada.

Es fugaz.

Se me cae la cartera.

Niego con la cabeza y me agacho a recogerla mientras él sigue con lo suyo. Nadie nunca hace preguntas.

En mitad del mercado oigo algo de ruido y me acerco.

Me quedo quieta, veo a un tipo con una pistola, parece afectado, fuera de sí.

El hombre grita alterado, la gente está tensa pero intentan no empeorar la situación.

Se me eriza la piel.

Al no ver respuesta el hombre se altera más y dispara.

La bala pasa demasiado cerca de mi cabeza.

Doy un paso atrás y el hombre es contenido por dos miembros del orden.

La gente se dispersa y todo vuelve a su incomodidad habitual.

Me dirijo al umbral, debía llevar un archivo de una cesión ilegal, ese era mi trabajo, una mensajera.

No suelo ir al núcleo antiguo si no es por el trabajo, es un lugar que prefiero evitar.

Paso el arco del umbral y mi cuerpo se detiene abruptamente.

Me paralizo y el aire de mis pulmones me abandona; siento que pasa una eternidad hasta que puedo moverme otra vez, aunque sé que no ha pasado ni un segundo real.

Sigo caminando con normalidad, me muevo sigilosamente por las calles hasta llegar a un callejón, hago mi entrega, cobro mis monedas y me voy.

Me siento observada todo el camino.

Cuando llego al arco del umbral para regresar a mi casa, el aire cambia otra vez.

Dos miembros del orden me detienen, no me tocan, pero el mundo pesa de golpe.