UN PLAN CASI PERFECTO

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Summary

Lía Corgan parece llevar una vida tranquila en la preparatoria, rodeada de amigos y enfocada en lo que más le importa: su hermanito, sus estudios y las competencias escolares. Después de un intento fallido en el amor, ha decidido que los romances no son para ella. Las fiestas tampoco, pero su padre la obliga a asistir a una reunión donde se siente fuera de lugar. Justo cuando está lista para escapar de esa incomodidad, una voz la detiene. Lía reconoce al instante aquel tono familiar: es Mark Rider, su mejor amigo de la infancia, con quien solo hablaba por teléfono desde hace años. Ahora con la llegada de Mark, Lía buscará su ayuda para alejar a su ex que la sigue buscando. Su plan. Fingir ser pareja de Mark. Pero, ¿Que pasa cuando el corazón empieza a contradecir las promesas que hiciste? ¿Que pasa cuando la mentira perfecta se convierta en un sentimiento no permitido? Fingir sería fácil...hasta que el corazón decidió no seguir el juego.

Genre
Romance
Author
Amalia
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

"Siempre dije que el primer amor se supera y se olvida, pero cuando te volví a ver supe que no seria nada fácil, y no poder reprimirlo me está matando"

No quiero olvidarte, quiero recordarte que cada latido mío te pertenece, porque eres lo más bonito que me ha pasado. —

Mark Rider.

Nunca me han gustado las fiestas. Bueno, no todas.

A veces salgo, sí, pero solo si voy con mis amigas. Sin ellas, no salgo. Ya sea porque no conozco a mucha gente o porque, sinceramente, no les caigo bien.

Estoy acostumbrada a ese tipo de ambiente: música alta, luces que marean, y miradas encima de mí como si fuera la gran cosa. Como si hubiera algo que envidiar. Todavía no entiendo por qué me odian.

Y para mi mala suerte, justo ahora estoy viviendo eso otra vez.

Mi papá me trajo a una fiesta que organizaron sus amigos de la universidad. Cualquiera pensaría que no está tan mal: adultos platicando sobre sus épocas, sus aventuras, sus recuerdos. Pero esos adultos tienen hijos. Hijos e hijas de mi edad.

Genial.

No, nada genial.

Son chicos de mi misma preparatoria, algunos mayores. Y lo juro, no es exageración: no les caigo bien. Me observan como si tuviera un cartel pegado en la frente que dijera "escúpeme".

Me cruzo de brazos para no parecer intimidada, pero parece que no funciona.

Debí pensarlo dos veces antes de venir. Pero papá estaba tan emocionado con la idea de que conociera más gente... no pude decirle que no.

Ahora que lo pienso, pude haber usado la excusa de Billy.

Pude parecer una hermana responsable, preocupada, que no quería dejarlo solo.

Pero bueno, creo que se lo está pasando mejor en casa de la tía Klia.

Incluso desde hace un mes llevaba planeando una salida con mis amigas. Teníamos todo listo: el lugar, la hora, incluso la playlist para migajeras de Mon Laferte. Y justo hoy... no pude ir.

Les mandé un mensaje diez minutos antes explicando la situación. Sé que quizá se molesten un poco conmigo, para nosotras es importante ese tipo de cosas por más de que sean cosas sin sentido y cada una tiene sus razones para creerlo, pero también sé que me comprenderán. Las conozco. Yo escojo bien a mis amistades, y ellas son excelentes.

Incluso Nico y Stephen estaban emocionados por la salida, porque después íbamos a ir a la feria y Stephen estaba feliz de que me animaría a subir a un juego mecánico con el ya que a las demás les da miedo. Lo sé, me van a reclamar, pero ya tengo pensado cómo compensarlos: les voy a comprar esos llaveros de sus personajes favoritos que llevan prometiendo desde secundaria y nunca compraron. Opuesto que a Zefir le gustará su llavero de tung tung safur o sajur como se le llame a esos muñequitos.

Claro, todo eso será después de lograr salir de esta fiesta.

Por lo menos, mi papá parece divertirse. Lo veo reír con sus amigos, contar historias de la universidad. Y eso, de alguna manera, me hace sentir mejor.

Saco unos audífonos de mi bolso y reproduzco una canción de mi playlist. Una de Morat.

Me levanto del lugar donde estaba sentada y empiezo a caminar. Me da mucha pena preguntar dónde está el baño, así que decido buscarlo por mi cuenta.

El pasillo parece no acabar. Sí, esta es la casa de un rico. Qué suerte la mía de poder ver una casa tan enorme con mis propios ojos. Es más grande que la nuestra. Claro, mi casa es bonita, pero esta... esta es hermosa.

Aunque prefiero la mía. No soportaría vivir rodeada de gente tan molesta.

Un enorme candelabro cuelga en la sala. Llevaba años sin ver uno.

Por fin encuentro el baño.

Después de un rato, salgo.

Y en el marco de la puerta está parado Carlo. Carlo Peret, el hijo del dueño de la casa.

Me mira de arriba abajo. Su mirada incómoda me recuerda a mi gato cuando lo observo mientras duerme. Pobrecito, ya no lo volveré a hacer.

Ay no... ¿qué hago pensando en mi gato justo ahora, cuando Carlo está frente a mí? Seguro me molestará por ir al baño. Viniendo de él, no me sorprendería. Podría molestarme hasta por cagar, claro, Zefir y Stephen harían lo mismo pero a ellos se los dejo pasar, y me imagino que Scarlett también se reiría, después de todo ella dice que solo va al baño una vez a la semana, lo se, quizá tenga un problema digestivo.

—Lía... —dice con una sonrisa torcida.

—¿Qué quieres, Carlo? No me digas que ahora también me vas a molestar por defe...

No termino la frase porque da un paso hacia mí e inclina el rostro. Su sonrisa no me provoca ni un poquito.

—No pensé que vendrías. Creí que no te gustaban las fiestas —menciona, cruzándose de brazos sin apartar sus ojos de mí—. Oh, claro, veniste por mí, ¿cierto?

Ruedo los ojos y suelto una risita burlona.

—Carlo, no eres tan importante como crees.

—Pensé que sí. Después de todo, yo era el que siempre te traía a las fiestas... y te gustaba.

Su voz suave y provocadora roza mi mejilla por lo cerca que se ha puesto. Siento mi piel erizarse por un instante, pero me hago a un lado.

—Para informarte bien, venía porque mis amigas también venían. Nunca hubiera venido sola, y mucho menos contigo. No después de que tú...

Me detengo aún señalando lo con el dedo. Me giro hacia el espejo, intentando tranquilizarme antes de decir algo que no quiero decir.

Carlo se endereza, serio, y vuelve a cruzarse de brazos.

—¿Ah, sí? Sigue mintiéndote. Dilo, Lía, no te quedes callada. ¿Quieres que te pida perdón otra vez? —exclama con ironía.

—No —respondo con voz más calmada-. Porque no importa las veces que lo intentes, Carlo. Lo que hiciste no tiene remedio.

—Tú tampoco eres una santa, Corgan, además ... sin mi tu no los hubieras conocido y no serían tus amigos-murmura acercándose. Puedo sentir el calor de su cuerpo cada vez más cerca. No puedo alejarme aunque quisiera. Quizá ya me acostumbré a él y a esto, pero después de lo que hizo... no lo podría perdonar. Y aun así, aquí está.

Toma suavemente mi mejilla, acercando sus labios a los míos.

No. Lo prometí. Me lo prometí. No me podía rebajar a un tipejo como Carlo. No después de todo. No después de que me lastimara una y otra vez y aún así lo perdonaba, hasta ese dia. No después de que jurará ser distinto y me engañara con sus dulces palabras que hacían que se me acelerara el corazón y me hiciera sentir que por primera vez alguien me amaba de verdad, quizá fue porque nadie me había tratado haci y me hizo tener una perperstiva distinta al amor y si fue muy distinta, lo idealice mucho lo acepto. Pero también lo ame, lo ame como nunca había amado a nadie más, y no volveré a amar a nadie asi, porque nadie se lo merece, y si tal vez ame a alguien estoy segura que no será como a Carlos, será mejor. Y se lo prometí a mis amigas: si ellas estuvieran aquí, ya lo habrían pateado lejos.

Lo empujé y salí rápidamente de allí sin mirar atrás. Tomé mi bolso y respiré hondo, intentando que el aire me devolviera la calma.

—¿Ya te vas? —escuché una voz detrás de mí.

Me giré. Segura de que era Carlo molestando otra vez.

Pero está vez no era el.

En cambio.

Un chico alto, de ojos oscuros, cabello ondulado de las puntas con un color café oscuro, y mechones acariciando su mejilla tornada de un suave rosado. Su sonrisa, su voz.

Todo eso ya lo había visto.

Que hacía allí parado la persona que no había visto en años, con el que solo me comunicaba por teléfono.

Mi mejor amigo.

Mark Rider.

Estaba apoyado en el marco de la puerta, con esa sonrisa tranquila que parecía no necesitar esfuerzo. Su mirada no era como la de los demás.

—Sí... —respondí, todavía con el corazón acelerado.

—A mí tampoco me gustan estas fiestas —dijo, encogiéndose de hombros.

---

—¿Quieres caminar un rato? —preguntó, señalando el pasillo que llevaba al jardín.

Aún estaba paralizada. Quería pensar que quizá estaba alucinando después de todo lo que me había pasado minutos antes, pero no. Allí estaba, parado frente a mí, sonriente.

Di un paso apenas hacia él y sentí mi corazón acelerarse. Unas lágrimas bajaron por mi mejilla. Era un sentimiento diferente: me hacía sentir contenta, sorprendida... no lo sé, no puedo describirlo. Solo quería abrazarlo tan fuerte.

Di otro paso y lo abracé rápidamente, con el corazón latiendo frenéticamente como nunca.

Sí, era real. Aquí estaba.

Mark.

Para mi sorpresa, no se movió ni me alejó. Tal vez porque lo estaba abrazando tan fuerte que pensó que no podría escapar. Y no, no lo dejaría ir. Si era un sueño, tenía que aprovecharlo.

Sentí su mano rodearme por los hombros y la espalda.

—¿Por qué lloras? —preguntó Mark.

—Eres un idiota —grité, limpiándome las lágrimas con mis dedos, sonriendo un poco para no parecer exagerada. Aunque después de gritar no creo que funcione.

Se cruzó de brazos.

—¿Y ahora qué hice para ser llamado idiota? Pensé que te alegraría verme... ¿o no, señorita Corgan? —mencionó con una sonrisita coqueta, inclinándose un poco para estar a mi altura.

—Tal vez debería volver a donde pertenezco —susurró más para sí mismo que para mí.

Lo miré de nuevo a los ojos.

—¿Te parece gracioso? Además, no sé por qué me preguntas si estoy llorando, ¡claro que lo estoy! ¿Cómo te atreves a volver así como así?

Estaba agitada, sorprendida, impactada. No todos los días regresa tu amigo, el que no has visto en años, a la ciudad como si nada. Me sentía afortunada de verlo presente. Seguro Billy también se alegraría. Pero un pensamiento me invadió: ¿y si solo vino por esta fiesta y se va de nuevo?

Mis pensamientos se interrumpieron cuando Mark me dio un codazo en el brazo.

—Eres muy bipolar, ¿lo sabías? Me acabas de decir que no querías verme y que soy estúpido. Genial.

Se enderezó y me miró un poco molesto. Yo también intente parecer sería.

—¡Oye, yo no dije eso! —reclamé.

—Ajá, como digas —evitó mirarme. Segui observándolo sería, me ofende que se ofenda por algo no ofendible. Además no quiero parecer tan exagerada, pero mis ojos llorosos y el mocote que se me quiere salir parecen no ayudar.

—Solo quise decir que llegaste de la nada y no me avisaste. Estuviste una semana sin darme una señal de vida, ni un "hola". Pensé que estabas molesto. Y llegas aquí como si nada... aunque me alegra verte, tengo que admitirlo.

Con esa conversación se me olvidó que estaba en una fiesta que odiaba hace unos minutos. Ahora la adoraba. Gracias, dioses de la fiesta.

—Yo no estaba molesto, solo quería que fuese una sorpresa —exclamó con su tono normal de antes. Me alivió un poco.

Se acercó más a mí, dando pasos más cerca ue resonaban aunque fuese pasto, tiene los pies de troncha toro, cuando ya estaba frente a mi me tomó de los hombros y me dio un abrazo rápido.

Que se sentía muy reconfortante.

—Solo estaba jugando. Yo nunca estaría molesto contigo. Te extrañaba mucho, Eli... —dijo Mark, abrazándome rápido, como si quisiera asegurarse de que estuviera muy segura de que no estuvo ignorandone por casi dos semanas.

---

Después de caminar un rato, Mark y yo nos sentamos en el pasto del jardín, alejados del ruido de la fiesta. Aún estaba sorprendida, sin terminar de creerlo. Crucé las piernas y las rodeé con los brazos, apoyando mi cabeza contra ellas.

Mark estaba a mi lado, sereno, con el viento fresco moviendo su cabello oscuro. Aun tenía un poco de duda e curiosidad sobre su repentina aparición y no quería quedarme con la duda, soy de esas personas que les gusta saber hasta la mínima cosa o no podré dormir en toda la noche.

—Dime, Mark... ¿por qué volviste? —pregunté.

—Mamá quería verme y no podía viajar por temas de trabajo, así que vine yo. Además, me sentía muy solo allá.

—Pero me dijiste que tenías muchos amigos.

Me sentí un poco mal por el, entendí perfectamente a lo que se refería, me paso cuánto entre en secundaria y mark ya no estaba, y yo no conocía a nadie. Pero quería preguntarle, quería saber cómo se sentía, queme lo digiera el mismo. Y también me sentí mal por no haber ido a visitarlo todas la veces que se lo prometí.

—Sí, pero no es lo mismo, ¿sabes? Y siendo sincero... quería verte de nuevo. Tú mencionaste que le interesé a alguna de tus amigas cuando les contaste sobre mi.

Menciono con sarcasmo, observándome con una sonrisa como si esperara mi respuesta.

Lo miré y sonreí un poco por su tonta idea de creer que tendría oportunidad con alguna de ellas.

—No lo pienses, Rider. No te harán caso.

Mark sonrió, bajando la mirada al suelo. Tocándose el brazo, un poco avergonzado, tal vez de lo que el mismo menciono.

—Y pienso quedarme aquí a estudiar y graduarme.

Soltó.

—¿Qué? —me levanté de inmediato y lo tomé de los hombros, sacudiéndolo-. ¿Lo dices en serio? ¡Mark! ¿Te quedarás?

—Sí, sí, pero tranquila, me mareas.

Lo solté, pero sin apartar mi mirada de encima. La emoción me desbordaba. Solo pensar en compartir aula con él, bueno, no, por qué es mayor, pero la idea de presentarlo a mis amigos me hacía gritar por dentro. Las salidas a la plaza y en la feria, o las pláticas con ellos.

—Dime, Mark... ¿estudiarás en mi misma preparatoria? ¡Dime que sí! —exclamé rápidamente, con una emoción que nunca había sentido.

—Sí.

—¡Ahhh! —grité como loca en un concierto incapaz de contenerme.

—¿Y cuándo te inscribes a la escuela? —pregunté, todavía con la emoción en la voz.

—Ya lo hicieron mis papás —respondió con calma, como si eso no fuera tan emocionante.

Me quedé mirándolo, y un pensamiento me atravesó de inmediato: mañana mismo podré presentarlo con mis amigos. Ya me imaginaba cómo sería, cómo se llevarían, cómo reaccionarían al verlo.

—Quiero que conozcas a mis amigos —le dije, sonriendo, pero me puse a pensar que quizá el sentiría que lo estoy obligando y que estaba siendo muy intensa—. Aunque si no quieres, no te voy a obligar.

Mark me miró en silencio, con esa expresión seria que siempre tiene. Y yo pensé: él nunca ha sido muy sociable, siempre es muy callado y no es de esas personas que puedan conectar con otras tan rápido, haci que tampoco lo voy a forzar. Solo quiero que se sienta seguro e cómodo, y también quiero que conozca más gente distinta, no solo a mis amigos, quiero que el elija a sus amigos y logré socializar..

Mark siempre fue callado, parecía serio, pero mis amigos ya tenían una buena imagen de él gracias a mí. Les había contado tantas cosas sobre nosotros, sobre cómo era, que seguramente se llevarían bien. No lo harían sentir incómodo... bueno, no mucho.

Lo observé de nuevo, sentado en el pasto, tranquilo, como si todo estuviera en orden. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que lo estaba.

—No te preocupes, sí puedes presentarme mañana —dijo con una sonrisa suave. Pero algo me decía que Mark no estaba tan seguro, que lo hacía solo para no dejarme mal y evitar que me sintiera triste o decepcionada. Mark siendo Mark.

Miré hacia unas flores hermosas que estaban a un lado, moviéndose con el viento, mientras él y yo manteníamos silencio. Recuerdo que solíamos cortar flores como esas en mi jardín, hasta que mi antiguo gato las arrancará. Antiguo, porque ya estaba viejo.

Y se murió.

Descansa en paz Pancho.

Todo esto es culpa de Gege.

Vas a caer Gege.

Regresame a Gojo.

No tiene nada que ver con mi Pancho pero VAS A CAER GATO MIERDERO.

—También quiero que mañana me enseñes la escuela, si tienes tiempo —dijo con voz más suave.

—Será un gusto —respondí, sonriendo.

Ahora pensándolo bien.

Esto se sentía un poco incómodo. No nos habíamos visto en persona en mucho tiempo, y era raro volver a estar juntos. En mensajes éramos más informales, hablábamos más. Pero ahora que lo tenía a mi lado... no sabía qué decirle.

—Esto es incómodo.

—¿Ah, sí? No me había dado cuenta -mencionó con sarcasmo, llevándose la mano a la nuca. Esa era su señal de incomodidad.

—Mark, ten la confianza de hablarme de lo que quieras. Por ejemplo, puedes decirme cuántas veces vas al baño. No seas tan formal, eso me incomoda más. Trátame con normalidad, nos conocemos desde hace años. Puedes pegarme también. Y no me mires con esa cara... si Zefir te viera, diría que tienes cara de culo.

No aguanté el silencio ni un segundo más, tenía que soltarlo.

Me miró con los ojos muy abiertos. Creo que lo asusté un poco. Tal vez fui demasiado directa.

—Perdón... ¿te molesto?

No contestó. Seguía con esa expresión rara en su rostro como si no quisiese volver a conversar con alguien. De repente se levantó del suelo. Pensé que estaba molesto por lo que le dije.

—Mark, lo siento. No quería decir eso. No pensé que te molestaría.

—Nunca sabes —dijo con voz molesta. Y por un momento pensé que de verdad lo estaba. Me sorprendió, porque nunca se había enojado por algo así. Siempre le decía esas cosas por mensaje, incluso me burlaba de él por ser fan de los Raja Boys, y jamás se ofendía.

Pero en vez de irse, se puso a reír a carcajadas.

—¡Mira tu cara! —me señaló, mientras se tocaba el estómago como si le doliera de tanto reír.

—¿Qué tiene mi cara? ¡Cara de culo! —me levanté de inmediato, poniéndome frente a él.

Y él seguía riendo.

—Nada, nada —dijo Mark, dejando de reír poco a poco. Volvió a sentarse en el pasto y yo me acomodé a su lado otra vez.

Empezaba a hacer más frío. Yo no tolero ni un poquito el frío; aunque me guste el invierno, siempre voy abrigada. Hoy no traje nada para cubrirme y mis manos ya estaban congeladas, la tía Klio estaría riéndose de mi, ella dice ser team cola sudada. Mark, en cambio, parecía no sentirlo. Suéter fino, su postura relajada.

Me gustaba estar ahí, en silencio con mi mejor amigo, como cuando venía a pasar la tarde y no quería irse cuando su mamá lo buscaba. Yo rogaba a la tía para que lo dejara quedarse; él dormía en el suelo y yo en mi cama, y nunca me gustó compartir mi cobija menos mi cama, prefiera que el se muriese de frío a arriesgarme yo, que quedará Ice frío hielo. Ahora, sin embargo, deseaba que estuviera más cerca.

—¿Tienes frío? —preguntó él, rompiendo el silencio.

—Un poco —mentí al principio, porque no quería parecer débil-. iNada que no pueda soportar.

Mark me miró con esa calma suya y, sin decir más, se quitó el suéter y me lo ofreció. Me quedé paralizada. Era un gesto tan simple y tan suyo que me dolió el pecho. Oh esto sabes ser macho pecho peludo o ¿como es que me dijo Nico?, bueno no importa.

—No, no —protesté, intentando devolverlo—. No quiero incomodarte.

—No me incomodas —respondió—. Además, te ves ridícula temblando.

Me ofende un poco pero lo puse de inmediato. Olía a él, a jabón y a algo que no supe identificar; era familiar y me hizo sonreír. El suéter me quedaba grande, las mangas me tapaban las manos, y por primera vez en la noche el frío dejó de importarme. Ahora el podía morirse de frío.

—Gracias —susurré, apoyando la barbilla en las rodillas-. Esto se siente bien.

—Te queda mejor a ti —dijo Mark, con una sonrisa pequeña.

Nos quedamos así, mirándonos las manos, el pasto, las luces lejanas de la fiesta. Hablamos de cosas pequeñas: la tía Klio, la última vez que Billy rompió algo en la casa, la canción que siempre nos hacía bailar. Todo lo cotidiano se volvió importante porque lo compartíamos. Por qué estábamos juntos.

Antes de que nos levantáramos, Mark me miró serio por un segundo.

—Mañana te llevo a la escuela —dijo—. Te prometo que te le caeré bien a tus amigos.

Mi corazón dio un vuelco. Ya me imaginaba las caras de mis amigas, la forma en que Billy se reiría, cómo Mark se quedaría quieto al principio y luego, quizá, se soltaría.

También me sorprendió que dijera que pasaría por para ir a la escuela, aunque pensándolo bien no me vendría mal, pues e estado llegando tarde a clases últimamente y los profesores me han estado bajando puntos. Pero tampoco quería ser un estorbo para Mark y que por mi culpa también llegase tarde a su primer día en la escuela Kaisen.

—Si no quieres, no tienes que... —empecé a decir, pero él negó con la cabeza.

—Quiero —contestó—. Y además, quiero conocer más gente. Por ti.

Derrepente el pregunto con calma.

—¿Puedo hacerte una pregunta, Mango?

Oh lo dijo, ese es el apodo que me puso cuando éramos niños, no teníamos buena imaginacion para ponernos unos buenos apodos, de hecho nos lo pusimos porque habíamos visto que nuestros vecinos se llamaban por apodos y sinceramente nosotros tambien quisimos ponernos uno para mostrarle que el nuestro era mejor, yo le puse "chamoy".

Obviamente se burlaron.

—Si, puedes hacer las preguntas que quieras.

—Es sobre Carlo.

Me enderecé, tragué saliva y respiré hondo. Yo ya le había platicado a Mark sobre todo lo que me pasó con Carlo y como terminaron las cosas, y estás semanas que Mark me estuvo ignorando no le pude decir lo que estaban pasando estos últimos dias. Y como me había estado molestando e incomodando en cada lugar que iba y me lo encontraba, literalmente me atormentaba. Tenía que contarle lo de Carlo, lo que había pasado minutos antes, pero justo cuando iba a empezar, como si no pudiera estar más salada lo vi: Carlo caminando hacia nosotros como si hubiera salido de la nada.

Se plantó frente a nosotros y, sin importarle que Mark estuviera ahí, dijo:

—Se te olvidó esto, nena.

Extendió la mano mostrando mi celular. Revisé mi bolso de un golpe y no estaba. Mark frunció el ceño y se levantó. Ahora si que me lleva la que me trajo. En ese momento sentí mucho pánico.

—¿Lía, por qué él tiene tu teléfono? —preguntó, señalando el celular en las manos de Carlo, con incredulidad en la voz.

Intenté tomarlo, pero Carlo lo alzó fuera de mi alcance.

—Dame mi celular —dije, molesta.

—Lo tengo porque se te olvidó en mi habitación, ¿verdad, linda? —respondió él con una sonrisa burlona.

Mi cuerpo se tenso, que quería Carlo, que ganaba con molestarme.

Mark me miró como si temiera lo peor.

—¿Qué está diciendo, Carlo? ¿A qué te refieres? —me pidió, con la voz tensa.

—¿Estás escondiendo nuestro secretito de tu amiguito? —añadió Carlo, mintiendo con descaro. Se notaba que lo estaba disfrutando.

Me dieron ganas de golpearlo en los huevos y romperlos en pedacitos a patadas hasta que fuese estéril. No entendía a dónde quería llegar.

—¡No, claro que no! —le grite—. Pásame mi celular.

Mark se acercó y se lo arrebató de las manos.

—Te dijo que se lo dieras. —su voz era firme.

—No te metas. -contestó Carlo.

—Tú eres el que se está metiendo donde no lo llamaron. Y si no te molesta, Vete. -ordenó Mark, con voz controlada.

Carlo se mordió el labio, molesto, pero se dio la vuelta y se marchó. No dijo más. Eso fue sorprendente, quizá no quería causar más problemas de los que ya había causado con solo su presencia, y también porque había fiesta. Me gire hacia Mark.

—Gracias, Mark —susurré, aliviada—. No sabes cuánto...

Él no respondió de inmediato. Encendió mi teléfono y su rostro cambió. Vi en la pantalla la imagen de bloqueo: una foto de Carlo sonriendo. No era una foto mía. No la había puesto yo. ¡Dónde estaba el papucho de Loid forger!, como se atrevía a quitar tremenda obra de arte y reemplazarlo por esa cosa. Bueno enfócate en lo que está pasando ahora, tengo que ponerme sería.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Esto... ¿me ibas a contar, cierto? —dijo él con la voz cortada. Su decepción era palpable.

Tragué saliva. Intenté explicarme, pero las palabras se enredaron.

—Mark, no sé cómo llegó eso ahí. No estoy saliendo con Carlo. —mi voz sonó más débil de lo que quería. Ay Liaaaaa, como se te ocurre decirle eso, tengo un maldito cerebro de papa.

—Inventa una mejor excusa —me dijo, entregándome el teléfono con los ojos llenos de reproche.

Se notaba herido. No era solo enfado; era la mezcla de preocupación y decepción de alguien que te quiere y te vio sufrir antes.

—No me molesta por otra cosa —continuó—. Me molesta porque eres mi amiga. Sé cómo sufriste por un imbécil y cuando me dijiste que lo habías dejado atrás me alegré por ti. Vine para pasar tiempo contigo y me entero así.

Me quedé sin palabras. Sentí que el suelo se abría bajo mis pies. Quería gritar que no era verdad, que no había vuelto a caer, que Carlo había hecho algo para provocarme, o que alguien había metido esa foto en mi teléfono. Pero todo sonó a excusa incluso en mi propia cabeza.

Mark se levantó, recogió su suéter del pasto que minutos antes yo me había quitado y me miró con los ojos húmedos.

—Si me mentiste, Lía, no sé qué hacer. —dijo en voz baja—. No quiero verte sufrir otra vez.

Antes de que pudiera responder, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la casa. El suéter que me había prestado rozó mi mano y, por un segundo, todo lo que quería era que se quedara.

Me quedé sentada en el pasto, con el teléfono frío en la mano y la noche cerrándose alrededor. Tenía que explicarme, tenía que demostrarle que no era lo que parecía. Pero no sabía por dónde empezar.

Ahora entendía la razón por la que todos se alejaban de mi. No podía expresarme bien. No podía decir que no a cualquier mínima cosa e insignificante. Soy muy fácil de manipular. Siempre he sido haci, y e hecho sufrir conmigo a mis amigos, y lo peor es que esto ya me había pasado antes, y en vez de haber aprendido y ir detrás de Mark y explicarle bien y no pude, por cobarde, el solo quería pasar una buena noche de reencuentro conmigo después de años y yo decepcionando lo una vez mas, no fue algo tan impactante pero para mí y para el fue algo muy decepcionante y grave.

Aunque me lo intentará mil veces siempre seré solo una molestia para mis amigos y no quiero lastimarlos . Ni por mi, ni por Carlo.

Ha sido una decisión que tome hace tiempo pro que no había cumplido, voy a borrar a Carlo de mi vida, cueste lo que cueste. Y tal vez todo eso no tengo que ver pero mis pensamientos me hacen creer que si y no puedo contradecirla aunque quiera.

Apreté los puños y me llevé una mano a la cabeza, que empezaba a dolerme.

- - -

Hola!!

Soy Elia mucho gusto.

Muchas gracias por tu tiempo!!

Se que estuvo corto pero estaré escribiendo más para ti.

Para finalizar Una frase de su escritora Elia para ustedes mis queridas e queridos lectores:

"No dejes que nadie te convenza de que mereces menos de lo que sueñas, las personas como Carlo pasan, tu dignidad se queda y nunca olvides que tu valor no depende de la atención de un/a chic@, es mejor elegirte a ti mism@, siempre".

Eso es todo, por ahora.

Tengan buenas noches!! 💗

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