Prólogo
Hay muchas reglas que un sacerdote no puede romper.
Un sacerdote no se puede casar. Un sacerdote no puede abandonar a su rebaño. Un sacerdote no puede romper la sagrada confianza que su parroquia ha depositado en él.
Reglas que parecen obvias. Reglas que recuerdo mientras me ato el cinturón. Reglas por las que prometo regir mi vida mientras me pongo la casulla y me ajusto la estola.
Siempre se me ha dado bien seguir las reglas.
Hasta que apareció ella.
Me llamo Hiromi Higuruma. Tengo veintinueve años. Me licencié en Lenguas Clásicas y tengo un máster en Teología. Llevo tres años en mi congregación y me encanta.
Hace varios meses rompí mi voto de celibato en el altar de mi propia iglesia y, que Dios me perdone, lo volvería a hacer.
Soy sacerdote y esta es mi confesión.








