El decreto
La carta tenía el sello del Ministerio en el ángulo superior izquierdo.
Hermione la abrió en la cocina, de pie, con el té sin hacer en el fogón. El papel era diferente al correo ordinario: bordes perfectos, color marfil, franja gris en el margen izquierdo. Las franjas grises eran de Seguridad. Las había visto dos veces antes, siempre después de algo que el Ministerio quería gestionar antes de que se convirtiera en problema público.
Citación de Comparecencia Obligatoria. Dirección de Seguridad y Reintegración. Sala 407-B. Mañana, nueve de la mañana. Asistencia no opcional.
Esa última línea no era estándar. El Ministerio no usaba ese lenguaje a menos que ya supiera que ibas a intentar no ir.
Llegó a las ocho y cincuenta y dos.
La sala 407-B no tenía nombre en la puerta. Solo el número, y la puerta era más estrecha que las demás, lo que obligaba a entrar ligeramente de lado si llevabas abrigo. Hermione entró de lado. Notó que la habían construido así a propósito, aunque no sabía todavía para qué.
El inspector Rowle ya estaba dentro.
Lo había visto antes en reuniones de departamento. Era el tipo de funcionario cuya presencia uno dejaba de registrar después de tres sesiones, como el ruido del sistema de ventilación. No levantó la vista cuando ella entró. Tenía una carpeta roja sobre la mesa, dos vasos de agua sin beber, una libreta cerrada con el bolígrafo encima en ángulo exacto.
—Siéntese, señorita Granger.
Hermione se sentó. Cogió uno de los vasos. Era algo que hacer con las manos.
Rowle abrió la carpeta. Sacó un documento. Lo puso sobre la mesa orientado hacia ella.
OFFICIAL-SENSITIVE. Decreto 13. Programa de Reintegración Licántropa Controlada. Sujeto: MALFOY, Draco Lucius.
Hermione leyó el nombre. Lo leyó otra vez.
—El Ministerio ha activado el Decreto Trece —dijo Rowle—. Usted ha sido designada como ancla estabilizadora.
—¿Designada?
—Sí. El proceso de evaluación se completó hace tres semanas.
Tres semanas atrás ella había estado redactando enmiendas al Registro de Hombres Lobo. Había tenido acceso a expedientes clasificados porque su rol lo requería. Alguien había leído su ficha de acceso y había tomado una decisión sin decírselo. Hermione calculó cuántas veces en esas tres semanas había podido notar algo diferente en el trato del departamento y no lo había notado.
—Puedo leerlo completo antes de que continúe —dijo.
No era una pregunta.
—Por supuesto. —Rowle cogió su vaso. Esperó.
El Decreto Trece era largo. Residencia aprobada. Restricción geográfica. Toque de queda cuarenta y ocho horas antes de cada luna llena. Visitas no anunciadas. Y en el punto cinco, en letra idéntica a los demás puntos, sin ningún énfasis: Ancla estabilizadora designada por orden administrativa: GRANGER, Hermione Jean.
El régimen de incumplimientos la frenó. Primera infracción: amonestación y anillo trazador. Segunda: arresto y vista ante el Wizengamot. Revocación: Vuelta a Azkaban sin nuevo juicio.
Dejó el documento sobre la mesa.
—¿Qué ocurre si me niego?
—El Ministerio inicia búsqueda de ancla alternativa. El proceso puede tardar entre tres y seis meses.
—¿Y el sujeto mientras tanto?
—Unidad de contención. —Rowle abrió una segunda hoja, la miró brevemente, la cerró—. El ala médica de Azkaban tiene capacidad.
Hermione miró la ventana que no existía. Luego miró el sello del Ministerio grabado en la puerta, tan desgastado que apenas se leía. Pensó en lo que era una luna llena en un espacio cerrado, sin Wolfsbane, sin nadie que supiera lo que estaba haciendo.
—¿Hay alguna condición que pueda poner?
—Puede solicitarlo al Gestor Ministerial. El proceso de revisión tarda entre cuatro y ocho semanas.
Cuatro a ocho semanas. La primera luna llena era en dieciséis días. Rowle no había necesitado decirlo explícitamente.
—De acuerdo —dijo Hermione.
Rowle asintió. Recogió el documento. Lo dobló y lo devolvió a la carpeta antes de que ella pudiera memorizar qué artículo no había terminado de leer.
El resumen del Decreto que Hermione vio antes de que Rowle lo cerrara:
MINISTERIO DE MAGIA — Dirección de Seguridad y Reintegración
OFFICIAL-SENSITIVE
Sujeto: MALFOY, Draco Lucius · Residencia: Malfoy Manor, Wiltshire
Condiciones: residencia aprobada, restricción Wiltshire, toque de queda 48h/luna, controles mensuales y visitas no anunciadas, ancla designada: GRANGER, Hermione Jean.
Incumplimientos: 1.ª amonestación + anillo trazador → 2.ª arresto 24-72h + Wizengamot → revocación: Azkaban.
Firmado: Ministra de Magia · Sello rúnico validado
Malfoy Manor. Las verjas se abrieron solas cuando Rowle acercó la varita. No había nadie en la entrada. El aire dentro era estancado, el tipo de estancamiento de una casa donde las ventanas llevaban semanas sin abrirse.
Rowle sabía dónde ir sin preguntar.
Draco Malfoy estaba en la biblioteca, sentado a la mesa de lectura con un libro abierto delante. Cuando levantó la vista no fue una expresión de sorpresa sino de alguien que conocía la hora de llegada y había decidido no ponerse de pie de todas formas. Estaba más delgado que en la segunda audiencia del Wizengamot, año y medio atrás. Con unas sombras debajo de los ojos que no eran de una noche mala sino de semanas.
—Malfoy. —Rowle dejó la carpeta sobre la mesa—. Notificación formal del Decreto Trece. La señorita Granger ha aceptado el rol de ancla estabilizadora.
Draco miró a Hermione. No a Rowle.
—¿Voluntariamente?
—Las condiciones del programa establecen que —empezó Rowle.
—Le estaba preguntando a ella.
Hermione sostuvo la mirada.
—El Ministerio dejó pocas alternativas razonables.
—Eso es un no con traje de respuesta diplomática. —Se recostó en la silla—. Cuánto has aprendido.
Rowle deslizó un formulario sobre la mesa.
—Acuse de recibo de notificación. Firma aquí.
Draco cogió la pluma. No leyó el formulario. Firmó con la misma indiferencia con que habría firmado un recibo de correo. Hermione observó ese gesto. Lo anotó para después aunque no sabía exactamente para qué.
Rowle sacó de la carpeta una caja pequeña de madera oscura.
—El anillo trazador. Se activa únicamente ante incumplimiento.
Draco abrió la caja. Sacó el anillo. Lo examinó. Se lo puso.
Fue un movimiento rápido y directo. En el segundo en que la plata tocó el hueso del nudillo, Draco detuvo el gesto durante una fracción. Tan breve que podría no haber ocurrido. Luego terminó de ponérselo y bajó la mano a la mesa con normalidad.
Rowle no lo vio.
Hermione sí.
—¿Cuánto tiempo dura esto? —dijo Draco.
—El Decreto se revisa anualmente.
—Cuánto tiempo en realidad.
—Eso depende de la evaluación.
Draco estudió el anillo. Luego miró a Rowle con la expresión de alguien haciendo una valoración cuyo resultado ya conoce pero necesita confirmar los números.
Hermione tenía que firmar todavía. Rowle sacó la hoja de designación de ancla y la puso sobre la mesa frente a ella. Cuatro párrafos de condiciones y, al pie, en letra más pequeña con encabezado propio: Cláusula de Variación Discrecional — Artículo 12.
Empezó a leer. Primer párrafo. Segundo.
—Granger. —La voz de Draco.
Ella levantó la vista.
Él miraba el anillo, no a ella.
—¿Viste la guerra desde dentro o desde el perímetro?
Era una pregunta fuera de sitio. No era el momento para esa pregunta. Hermione tardó un segundo en procesar el cambio, y en ese segundo el bolígrafo que tenía en la mano terminó el movimiento que había empezado antes de que Draco hablara.
Su firma estaba al final de la hoja. Encima de la cláusula que no había terminado de leer.
Rowle recogió el documento antes de que ella pudiera continuar leyendo. Lo metió en la sección cerrada de la carpeta. Sin prisa.
—La primera sesión de Wolfsbane es en diez días, en la unidad clínica del Ministerio —dijo—. El cuarto del ala sur queda habilitado para controles domiciliarios y visitas del inspector.
Hermione no respondió. Tenía el bolígrafo en la mano y la hoja ya no estaba.
—Inspector. Quiero una copia del documento completo. Hoy.
—Recibirá copia en cinco días hábiles. Protocolo estándar.
—Acabo de firmar algo que no he leído completo.
—La firma cubre el documento completo. —Rowle cerró la carpeta—. Como usted sabe bien. Trabajó dieciocho meses en regulación de criaturas mágicas. Ha procesado suficientes cláusulas adjuntas para reconocer el procedimiento.
Hermione esperaba que Draco dijera algo. No dijo nada. Estaba mirando la mesa con la mano apoyada plana sobre el tablero, el anillo visible, la posición de alguien que acaba de gastar energía y está calculando cuánta le queda.
Rowle salió de la biblioteca.
Hermione escuchó los pasos alejarse por el corredor de mármol hasta que desaparecieron. Luego miró a Draco.
—¿Por qué me preguntaste eso?
—Curiosidad.
—En ese momento concreto.
Draco no respondió de inmediato. Levantó la mano, examinó la runa grabada en la plata, la volvió a bajar.
—¿Funcionó? —preguntó.
Hermione entendió la pregunta dos segundos después de oírla. Entendió que la pregunta sobre la guerra había sido deliberada. Que el momento había sido calculado. Que Draco Malfoy, con un anillo trazador en la mano y dieciséis días antes de la primera luna, había usado treinta palabras para conseguir que ella firmara una cláusula que no había leído.
—Sí —dijo—. Funcionó.
—Bien. —Se puso de pie. Era varios centímetros más alto de lo que Hermione recordaba, o quizás era que la última vez no habían estado en el mismo lado de nada—. Entonces no somos tan distintos.
Se fue por la puerta del fondo sin esperarla.
Hermione se quedó en la biblioteca. El libro que Draco había tenido abierto sobre la mesa seguía allí. Lo miró de cerca.
Las páginas estaban en blanco.
Era un cuaderno sin usar, abierto en el centro. No había estado leyendo. Solo había estado esperando, con algo en las manos para parecer ocupado mientras esperaba que llegaran a decirle cuánto tiempo le quedaba de vida normal.
Hermione salió del Manor sin hablar con nadie.
En el camino de gravilla, con el sonido de las verjas cerrándose detrás, recibió una notificación del sistema del Ministerio en su varita de servicio. Una sola línea de texto rúnico:
Registro de ancla completado. TAG-RUNE-01 activo en 48h preventivo. Sesión Wolfsbane adelantada: 8 días.
Ocho días. No diez.
La cláusula doce viajaba en la carpeta de Rowle. Llegaría en cinco días.