Distorsión - Parte I

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Summary

Un solo segundo puede cambiar el curso de una vida. Una explosión puede distorsionar la realidad. El sargento William Hicks, líder de un equipo de operaciones especiales, despierta en un hospital trece días después de una misión fallida para capturar a uno de los terroristas más peligrosos del mundo. La mitad de su equipo ha caído. El objetivo ha desaparecido. Y algo dentro de él ya no funciona como antes. Tras la explosión, Hicks comienza a experimentar visiones fragmentadas de futuros posibles: escenarios que se superponen, decisiones que aún no ha tomado, consecuencias que no puede evitar… ni controlar. No sabe cuándo ocurrirán. No sabe cuál será real. Solo sabe que cada visión lo empuja un paso más lejos de la vida que conocía. Mientras intenta reconstruir lo ocurrido durante la operación, una sombra del pasado vuelve a emerger. El enemigo al que creían derrotado sigue ahí fuera. Observando. Esperando. Distorsión: Parte I es el inicio de una saga de ciencia ficción y thriller militar donde el poder no es un don ni una maldición, sino una grieta en la realidad. Una historia de decisiones imposibles, conspiraciones ocultas y un multiverso que comienza a resquebrajarse. Nada ocurre por casualidad. Nada vuelve a ser igual. Distorsión no acaba aquí. Forma parte de una saga multiverso donde cada historia deja huella en la siguiente.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 - Volver a nacer

Lo último que recuerdo antes de morir es que todo iba según lo planeado.

Yo lideraba la incursión. El equipo Delta.

Nuestro objetivo era capturar a Abdul Al-Ben Malik, un líder terrorista de alto valor que se escondía en un edificio a las afueras de Dagbed, la capital de Kair.

Habíamos limpiado varias plantas. Avanzábamos rápido. Silenciosos. Eficientes.

Recuerdo estar frente a otra puerta más. Una de tantas. Una última, pensé. La operación estaba a punto de terminar. Después… nada.

Una explosión. El impacto contra el suelo. Oscuridad.

Cerré los ojos convencido de que ese era el final. Hasta aquí he llegado, pensé.

Nunca me había planteado seriamente qué hay después de la muerte. Ahora creo que empiezo a entenderlo. No es paz. No es calma. Es oscuridad.

Un vacío espeso, acompañado de un ruido ininteligible, constante, como si algo estuviera mal sintonizado.

¿En serio esto es todo? ¿Un vacío… con ruido? Entonces lo noté. Presencias.

No podía verlas, pero sabía que estaban ahí. Y cuanto más me concentraba, más claro se volvía el sonido. Voces. No podía distinguir si me hablaban a mí o hablaban entre ellas.

De repente, la oscuridad empezó a retirarse.

Como si algo la estuviera devorando.

Luz.

Una luz blanca, agresiva, que me obligó a intentar cerrar los ojos… pero no pude.

—Sargento Hicks, ¿puede oírme?

La voz sonaba distante. Artificial. Irreal.

—¿Eres… un espíritu del limbo? —murmuré, sin estar seguro de si aún tenía boca—. ¿O esto es lo que queda de mí?

Hubo una breve pausa.

—Sargento, si puede oírme, apriete mi mano.

Entonces entendí algo.

Quizá no había muerto. Pero tampoco había salido impune.

La luz se estabilizó poco a poco.

Un techo blanco. Demasiado blanco.

Intenté mover la cabeza, pero un dolor seco me atravesó el cráneo. Sentí el peso de tubos, cables, algo presionando mi pecho.

—Tranquilo, sargento —dijo la voz, ahora más cercana—. No intente moverse.

Parpadeé varias veces hasta enfocar un rostro conocido.

—Capitán… —murmuré.

Asintió con gravedad.

—Ha estado inconsciente trece días.

Trece.

Tragué saliva.

—¿El equipo? —pregunté.

El capitán tardó unos segundos en responder. Los suficientes como para que ya supiera la respuesta.

—La mitad no lo consiguió.

El silencio que siguió fue peor que cualquier explosión.

—Necesito que me diga qué recuerda —continuó—. Todo. Desde la preparación de la operación hasta el último segundo antes de la detonación.

Lo miré, intentando ordenar recuerdos que se sentían… fragmentados. Distorsionados.

—Es para comprobar si su memoria ha salido ilesa —añadió.

Quise asentir.

Quise responder.

Pero algo dentro de mí se retorció.

Quizá no había muerto.

Pero estaba seguro de una cosa.

Nada había salido ileso.