TRAMPAS DE LA REALEZA —Espectros que No Perdónan—

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Summary

Hay mundos que crecen del mismo tronco – uno tejido con seda y coronas, el otro forjado en asfalto y silencio. Dos realidades, talladas por cada elección que se hizo… y por cada elección que se negó. Entre muros de piedra y pantallas de cristal, la realeza teje sus redes: alianzas que se rompen como cristal, amores que se pierden en el tiempo, destinos que se bifurcan como ríos en la niebla. Un trono brilla bajo el sol de un reino antiguo; otro aguarda en la penumbra de lo que pudo haber sido. Y entre ambos, una sombra que no conoce fronteras – un eco de promesas rotas, de guerras que nunca terminaron, de un pasado que sigue respirando. Porque las decisiones de los poderosos no solo construyen reinos… también despiertan espectros que jamás olvidan.

Status
Complete
Chapters
31
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n/a
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13+

Prólogo

<~~| 𝑃𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑖𝑙 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑣𝑖𝑣𝑖𝑟 / ~~>

°®®®. 🌷🌷🌷🌷🌷 . ®®®°

°°[ Lilith ]Saint evangeline °°

Fuera, la lluvia azotaba los cristales de la ventana con un ruido constante y pesado, mientras de vez en cuando un rayo iluminaba la estancia de un blanco cegador, seguido del retumbo ensordecedor del trueno que hacía temblar hasta los cubiertos sobre la mesa.

El olor a humedad y tierra mojada se colaba por las rendijas, mezclándose con el aroma a papel viejo y tinta de los libros que había esparcido sobre la madera oscura del comedor.

-¿Por qué cuando se trata de distraerme vienes a mis pensamientos?- Preguntó ella en voz baja, cerrando con determinación el libro de tapas rojas que sostenía entre sus manos, con un chasquido seco que se perdió entre el ruido de la tormenta.

La frustración la consumía por dentro, caliente y abrasadora, como si tuviera un nudo de hierro en la garganta que no podía deshacer.

-Eso solo tiene una explicación y usted la sabe.-

La voz resonó en la estancia, clara y cálida a pesar del torbellino que reinaba fuera.

Un frío helado recorrió por todo el cuerpo de Evelyn, desde la nuca hasta los dedos de los pies, haciendo que se erizara la piel de los brazos.

Al escucharla, quedó perpleja, con la respiración atascada en los pulmones -había creído estar sola, había buscado en esos libros un refugio donde él no pudiera llegar.

-No eres real.- Ejecutó la frase con nerviosismo, haciendo fuerza para mantener la voz firme mientras sus ojos se movían por la estancia, buscando algo en lo que apoyar la mirada que no fuera él.

El ruido de la lluvia se intensificó, como si quisiera cubrir sus palabras.

-No... Pero sí lo soy para usted, y lo prefieres así.- Con esa misma gracia que siempre lo caracterizaba, él sonrió, mostrando un control absoluto ante la situación.

El olor a pino y cuero que siempre lo acompañaba se hizo presente en el aire húmedo, y Evelyn sintió cómo su corazón daba un vuelco de tristeza y rabia mezcladas.

-Piérdete.- Argumentó con rabia, golpeando ligeramente la mesa con la palma de la mano.

El sonido fue débil, pero en su interior gritaba esas palabras con toda la fuerza que tenía, cansada de que él invadiera cada rincón de su vida, cada espacio que trataba de reservar para olvidar.

Evelyn con mucho pesar suspiró, un suspiro cargado de cansancio y desesperación, y se levantó del comedor con movimientos rígidos.

Al atravesar al espectro sin sentir más que un escalofrío aún más intenso que el que la envolvía, sus pies resbalaron un poco sobre el suelo frío de piedra.

La lluvia seguía cayendo sin cesar, y ella se preguntó si alguna vez dejaría de empapar tanto el mundo... tanto como él inundaba sus pensamientos con su presencia inquebrantable.-

-Vas a necesitar más que un espectro para perturbar mi calma.- Arrojó el libro al suelo con un estruendo seco que resonó en la estancia, sus páginas de color amarillento se abrieron al impacto, esparciendo hojas por el suelo de madera oscura.

-Lo sé, pero aunque me quiera ir no puedo.- Su voz era suave, cargada de una tristeza que parecía pintar el aire de un tono grisáceo.

-Y ¿por qué la forma de él? ¿Por qué no sería mi padre?- La ira en sus ojos celestes brillaba con intensidad, como si tuvieran llamas azules dentro, mientras un rayo iluminaba el comedor de un blanco cegador, revelando el polvo que bailaba en el aire y los jarrones de porcelana azul que adornaban la repisa.

Sin repuesta alguna el espectro se quedó en silencio. Esa acción la perturbó profundamente; cerró los ojos con pesadez, sintiendo cómo el peso del pasado la apretaba el pecho como una mano de hierro.

En su mente resonaban los gritos de cuando era niña, el crujido del bastón de su padre sobre el suelo de piedra.

-¡Bien! Si te voy a tener conmigo por lo menos no me molestes cuando estudio.- Argumentó con ira mientras se caía exhausta sobre el mueble tapizado en terciopelo verde oliva, cuyos cojines estaban desordenados por su llegada.

El ruido de la lluvia seguía azotando los cristales, mezclándose con el crujido de la madera del mueble bajo su peso.

-¿Por qué estudias? No es usted lo suficientemente mayor para seguir estudiando.- Con curiosidad observó el libro que yacía en el suelo, su portada roja oscura contrastaba con las hojas blancas esparcidas alrededor.

Se acercó un poco, y su sombra proyectaba formas extrañas sobre la mesa donde había un candelabro de bronce con velas de color amarillo pálido que aún no se habían encendido.

-Y ¿por qué me lo preguntas tú? Deberías saber todo de mí.- Evelyn frunció el ceño, mientras su mente recorría miles de pensamientos: ¿Qué más sabe de mí? ¿Ha visto mis momentos más vulnerables? El olor a humedad y papel viejo la envolvía, haciéndola sentir atrapada.

-Prefiero que usted me diga las cosas antes de meterme a su mente. No sería muy cortés de mi parte hacer eso, señorita Evelyn.- Sus palabras eran cálidas, pero en ellas había un matiz de firmeza que recordaba al rugido del trueno.

-Qué considerado. Pensé que las criaturas como tú no tenían consideración.- La ironía de Evelyn hizo que él cambiara repentinamente su apariencia, adoptando la que menos le agradaba.

En segundos, su figura se transformó: el cabello grisáceo y canoso, la cara marcada por arrugas severas, la mirada fría como el hielo.

-Cuidado, jovencita, no es una forma de hablar a tu padre.- Su voz robusta y grave hizo que todo el cuerpo de Parkinson se erizara, los pelos de la nuca se pusieron de punta.

El bastón de roble de su padre apareció en su mano derecha, golpeando el suelo con un sonido seco y contundente que resonó en cada rincón de la habitación.

Llevaba su irreconocible atuendo negro de terciopelo, con botones de plata que brillaban bajo la luz tenue.

-No me intimidas si piensas que lo puedes hacer.- Intentó sonar fuerte, pero la debilidad en su voz dejaba mucho que desear.

Sus manos temblaban ligeramente, y ella las escondió detrás de la espalda, sintiendo cómo el dolor del pasado volvía a inundarla, convirtiendo sus ojos celestes en un abismo oscuro donde se reflejaban todas sus heridas, como si el cielo azul se cubriera de nubes negras.

-¿Qué haces perdiendo el tiempo? Deberías estar haciendo algo productivo a esta hora.- La voz de su "padre" era tajante, igual que cuando era pequeña, cuando le gritaba por leer en lugar de aprender labores de dama.

-¡Definitivamente esto es irritante!- Exclamó, observándolo de pies a cabeza con una mezcla de rabia y tristeza que pintaba sus mejillas de un tono rojo intenso.

El bastón seguía ahí, ese objeto que tanto la había marcado, que representaba tanto el miedo como la protección que nunca tuvo.

En su ser comenzó a revolverse todos sus sentidos como un huracán andante, sin percatarse de que sus vistas habían expresado todo el dolor que sentía, tornándose oscuras como la noche tormentosa que reinaba fuera, aunque aún se adivinaba el tono azul profundo que caracterizaba sus ojos.

-Será mejor que vuelva...- Pronunció el espectro antes de transformar su apariencia de nuevo en Erick

La cabellera se tornó castaña con algunos rayos dorados que brillaban como el sol a través de las nubes, una barba bien cuidada y diferente a la anterior le daba un aire más moderno.

Sus ojos se tornaron cálidos como el ámbar, reflejando la luz de la fogata que alimentaba el calor de la habitación, proyectando tonos naranjas y dorados sobre las paredes de color crema y resaltando el azul claro de los ojos de Evelyn.

-Por tu bien será mejor que te quedes con esa apariencia.- Sin mirarlo, se marchó del lugar con pasos rápidos y decididos, rozando con su falda de color burdeos los jarrones de cerámica que decoraban los pasillos, haciendo que emitieran un suave tintineo.

Sin tiempo que perder, "Erick" apareció junto con ella entre los pasillos, cuyas paredes estaban cubiertas de cuadros con marcos dorados que reflejaban la luz de los apliques de pared.

-Le puedo hacer una pregunta.- Su voz era suave ahora, con el mismo tono que tenía cuando estaban frente a la chimenea, y el olor a pino y cuero volvió a envolverla.

-¿Qué?- Con poca paciencia decidió responder, aunque sentía cómo su corazón comenzaba a latir más rápido, como si supiera lo que iba a preguntar.

Sus ojos celestes mostraban ahora un brillo incierto, como un día nublado en primavera.

-¿Lo ama?-

Esa pregunta tan directa y sin filtro alguno la hizo detener su trascurso de golpe. Era claro que este ser no solo se había apoderado de la apariencia de Erick, sino que también de todos sus atributos -incluyendo esa valentía al hablar que siempre la había sorprendido.

Se apoyó en la pared fría de piedra, sintiendo cómo las palabras se quedaban atascadas en su garganta, mientras su mente volvía al príncipe del siglo XVI, a sus ojos cálidos como el ámbar, a la forma en que le había tomado la mano.

Sus propios ojos celestes se llenaron de un brillo vidrioso, como si reflejaran el mar en un día de viento.

-El amor no funciona si no es correspondido, que eso te quede claro, Espectro.- Sus palabras salieron más débiles de lo que esperaba, y en sus ojos celestes brillaron lágrimas que no se atrevieron a caer, mientras la luz de los apliques proyectaba sombras que parecían envolverla en un abrazo frío.