Industrias Fénix: Renaciendo desde las cenizas

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Summary

¿Reencarnar como un héroe? Ni de broma. Reencarné como un paria. Tras reencarnar como un refugiado en un mundo de fantasía renacentista, Alaric descubre que su nueva vida tiene los días contados. Con los Fenryr acechando en las sombras y su familia muriendo de hambre, Alaric no busca un arma legendaria, sino un activo comercial. Usando el ingenio de su vida anterior inicia su imperio comercial con... ¿Un jabón? Acompáñalo mientras transforma la miseria en monopolio y demuestra que, ante el caos, la mejor arma es una buena administración. Industrias Fénix: Renaciendo desde las cenizas.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 "Grasa y Esperanza"

—¿Por qué yo? —me pregunté, hundiendo los dedos en la tierra fría—. Se supone que debía ser un guerrero o un noble... no este despojo humano.

—¡Hey! Deja de lamentarte, eso no nos alimentará —el grito de Kaal me golpeó como un bofetón. Me miraba con una ira que apenas ocultaba su propio miedo.

—Perdón, yo solo...

—¡Cállate! No porque pienses en papá él va a volver —bramó, y por un segundo vi el temblor en sus hombros.

Guardé silencio. En mi mente, los recuerdos del dueño anterior de este cuerpo empezaron a encajar como piezas de un rompecabezas sucio: el olor a pelo mojado de los Fenryr, el brillo de las garras de esos hombres-lobo y el sonido del cuerpo de mi padre cayendo al suelo para darnos tiempo de huir. Llevábamos dos semanas caminando hacia ninguna parte.

—Perdón, no debí hablarte así —soltó Kaal de pronto, rompiendo la tensión—. Es solo que... soy el mayor. Debo protegerlos a ti y a mamá. Son lo único que me queda. Lo miré. Sus ojos estaban hundidos por la desnutrición.

—Está bien, Kaal, sobreviviremos. Eché un vistazo al grupo: cincuenta personas, harapos por ropa y raciones que, según mi cálculo visual, no durarían más de seis días. Si no encontraba una forma de generar valor pronto, este “renacimiento” iba a ser el más corto de la historia. Me levanté con esfuerzo; mis piernas temblaban tanto que temí que mis huesos se quebraran como las ramas bajo mis pies. Sacudí el polvo de mis harapos, cuidando de no hacer más agujeros.

—Acompáñame, Kaal —le extendí una mano huesuda—. Mamá no aguantará otro día sin comer. Tenemos que conseguir algo con lo que podamos comer. Kaal me miró con una sonrisa amarga, de esas que solo tienen los que ya aceptaron su muerte.

—¿Con qué? ¿Con piedras? No tenemos nada, Alaric. —Todavía no —respondí, mientras mis ojos escaneaban el entorno con la frialdad de quien revisa un inventario—. El bosque siempre tiene un excedente. Solo hay que saber encontrarlo. Caminamos unos minutos, mis ojos buscaban bayas, conejos, cualquier cosa que se pudiera aprovechar; un olor nauseabundo invadió el ambiente. Buscando encontramos el origen: eran los restos de un jabalí.

—Alaric, ¿qué haces? No toques eso —susurró Kaal, que miraba con asco el cadáver. Alaric no respondió. Se arrodilló sobre el barro y con sus manos desnudas inspeccionó los restos del cadáver.

—Mira esto, es grasa. Con esto y cenizas de la fogata de ayer podemos fabricar algo para salir de esta. Ve y busca unas flores, su fragancia nos vendrá bien.

—Estás loco, creí que se te ocurriría algo, siempre has sido el listo, pero jugar con grasa maloliente... —dijo Kaal mientras en su mirada se veía la furia de quien creía haber sido engañado.

—Kaal, por favor, cree en mí, sé que puedo hacer algo, pero necesito de tu ayuda.

—Está bien —suspiró Kaal. —confiaré en ti si eso puede salvar a mamá.


Alaric se encontraba mezclando las cenizas de la fogata en agua cuando Kaal llegó.

—Toma, es lo que pude encontrar —dijo Kaal mientras arrojaba una pila de flores variadas a los pies de Alaric. —¿Estás seguro de lo que haces? Esas flores no se pueden comer, ya lo intenté.

—No son para comer —dijo Alaric mientras inspeccionaba lo que su hermano había traído. —Excelente, estas flores de aquí son lavanda —dijo Alaric mientras agarraba un puñado de flores moradas con un fuerte aroma.

—Lavanda... —repitió Kaal, mirándome como si hablara en lenguas—. ¡Qué nombre más raro te acabas de inventar! Lo que sea, ¿para qué quieres maleza?

—Observa —corté de forma seca. No tenía energías para dar una clase de química. Avivé el fuego. La grasa del jabalí empezó a sudar en la olla vieja, soltando un olor rancio que revolvió mi estómago vacío. Arrojé la lavanda. El aroma dulce luchó contra la pestilencia de la muerte, y por un momento, el vapor me hizo marear. Vertí el agua de ceniza con cuidado. “Si me paso, quemará la piel; si falta, será solo manteca sucia”, pensé. Comencé a revolver. Pasaron los minutos. Mis brazos, ya débiles por el hambre, empezaron a arder.

Kaal me miraba con una mezcla de lástima y asco. —¿Vas a explicarnos por qué cocinas basura mientras mamá se debilita? —espetó Kaal.

—No es comida, Kaal. Es un activo —respondí sin dejar de revolver. La mezcla empezó a espesar, pasando de un líquido grisáceo a una pasta blanquecina y densa. —El hambre nos matará en una semana, tenemos que convencer al líder de que nos lleve al pueblo en la próxima visita.

Vertí la “natilla” en el molde de madera. El vapor que subía ahora era limpio, floral. Por primera vez en dos semanas, el aire no olía a derrota.

—¿Activo? ¿De qué hablas? —preguntó Kaal mientras se acercaba curioso por el nuevo olor—. Además, ¿por qué el señor Varkas quisiera hablar contigo? Él ya está demasiado ocupado intentando salvarnos a todos, no necesita que un niño vaya a molestarlo.

—Por eso mismo necesito hablar con él. Mira, ya se solidificó —dije, retirando el bloque del molde—. Es nuestra salvación. “Y el inicio de un imperio”, pensé. —¿Esa piedra blanca? El hambre ya te enloqueció —murmuró Kaal con un tono de tristeza. Le arrojé el bloque. Él lo atrapó con cautela, frunciendo el ceño cuando el aroma a lavanda inundó sus sentidos. —Úsalo. Quita la mugre y el olor a muerto de tus manos —ordené—. Esto vale más que cualquier cosa en este campamento. Si logramos vendérselo a los del pueblo, compraremos comida para mamá y raciones para un mes. ¿O tienes alguna idea mejor?

Kaal inspeccionó el objeto. Por primera vez, la incredulidad en sus ojos flaqueó. —Está bien, Alaric. Creeré en ti —asintió con el rostro serio—. Durante la cena, le pediré a Lyra un momento para hablar con su padre. Todo dependerá de ti a partir de ahí. ¿Estás de acuerdo?

—Hecho. —Estreché su mano con fuerza—. Confía en mí, hermano.


—¿Y bien, Kaal, por qué es que me pediste un tiempo a solas? —dijo Lyra con timidez mientras se sonrojaba.

—¡Quiero a tu papá! —gritó Kaal con un tono rígido que demostraba su nerviosismo.

—¡Eh! —soltó Lyra con cara de shock ante tal afirmación.

—No, no es lo que quise decir —corrigió Kaal con nerviosismo—. Mi hermano es quien lo quiere... ver.

—¿Tu hermano quiere a mi papá? —dijo Lyra en tono de burla al darse cuenta de la situación.

—No... —suspiró Kaal derrotado. —En serio Lyra, Alaric tiene una idea y quiero creer en él.

—Ya te entendí —dijo Lyra con una leve risa—. ¿Pero por qué tu hermano quiere hablar con mi papá? Sabes, desde que atacaron nuestro pueblo mi padre ha estado muy ocupado intentando que nadie más muera; le preocupa ver cómo cada día la gente muere de hambre. No importa qué tanto racionemos la comida, no nos queda mucha.

—Por eso mismo quiere hablar con él —sacó el jabón de debajo de su túnica y se lo ofreció a Lyra—. Mi hermano se pasó todo el día haciendo varias de estas cosas; dice que si lo vendemos en el pueblo cercano podremos comprar comida. Sirve para lavarse y huele muy bien, mira. —Kaal le tendió sus manos a Lyra. Lyra agarró las manos de Kaal haciendo que este se ruborizara.

—Tienes razón, huelen muy bien. ¿De verdad está hecho con un jabalí? —Así es, no sé cómo lo hizo o por qué sabe hacerlo —suspiró Kaal mientras se sentaba a mirar las estrellas. — ¿Recuerdas que se golpeó la cabeza hace un par de días? —Lyra asintió ante la pregunta de Kaal. —Pues desde que despertó empezó a comportarse de manera rara. Primero se le veía muy emocionado, empezó a gritar un montón de cosas —dijo Kaal con una leve risa—. Me hizo recordar a cuando mi padre nos contaba historias de su tiempo de aventurero; nos contó que viajó con un hechicero que podía crear fuego de la nada, lanzar rayos desde sus manos y volar por unos segundos —contó Kaal con una sonrisa y una mirada nostálgica—. Pero después de un rato se deprimió; supongo que se acordó de papá y se lamentó de nuevo por lo que pasó aquel día —murmuró Kaal con una tristeza que contrastaba con la sonrisa de hace unos segundos—. Quise ayudarlo, levantarle el ánimo, pero tal vez le dije algo que lo lastimó aún más —dijo Kaal mientras ocultaba su cara con manos y rodillas.

—No creo que lo hayas lastimado —murmuró Lyra. —Si así fuera, no creo que haya hecho este jabón. Pero tienes razón: desde aquel día los ojos de tu hermano cambiaron, ya no son los de un niño.

—Supongo que tienes razón —dijo Kaal mientras levantaba la mirada. —Creo que pasar por esto lo ha hecho más fuerte. Después de lo que le dije se levantó y me pidió ayuda. Por eso —Kaal agarró las manos de Lyra causando su sonrojo. —necesito que me ayudes a hablar con tu padre. Si es cierto lo que dice, tal vez ya no tengamos que perder a nadie más por el hambre.

—Te ayudaré, pero me deberás un favor —dijo Lyra con una gran sonrisa en su rostro.