Capítulo 1
Abrió los ojos y el primer pensamiento que cruzó su mente fue que alguien le estaba martillando las sienes desde adentro. Se quedó inmóvil un momento, tratando de recordar cómo habían pasado de la tercera ronda de tragos en el bar a estar de vuelta en su sala. Soltó un quejido sordo y se sentó en el borde de su cama, esperando a que la habitación dejara de dar vueltas. Cuando finalmente pudo ponerse de pie, caminó descalzo hacia la sala en busca de agua.
Allí estaba Yoongi. Estaba desparramado en el sofá gris, con la cabeza colgando casi por fuera del cojín y un brazo tapándole los ojos para protegerse de la luz que ya se filtraba por las cortinas. Yoongi siempre había sido el amigo que se quedaba hasta el final, el que no ponía peros si la noche se alargaba, pero verlo roncando suavemente en medio del caos de vasos vacíos, le dio a Taehyung una extraña sensación de familiaridad.
Taehyung se detuvo a medio camino de la cocina. El silencio del departamento solo se interrumpía por la respiración pausada de Yoongi. Por un segundo, el dolor de cabeza pasó a segundo plano. Se apoyó en el marco de la puerta, observando a su mejor amigo con la guardia baja. Yoongi se veía más pequeño de lo habitual, envuelto en una de las sudaderas de Taehyung que claramente le quedaba grande, ajeno por completo al escaneo silencioso al que estaba siendo sometido.
Taehyung dio un paso más hacia la cocina, pero se detuvo cuando el ángulo de la luz cambió. Su amigo se había movido entre sueños, pateando la manta que apenas lo cubría hasta dejarla hecha un nudo a los pies del sofá.
Fue entonces cuando lo notó. Yoongi llevaba su sudadera gris, pero debajo no había nada más que unos calzoncillos oscuros. Al parecer, en algún punto de la madrugada, el calor de la calefacción lo había obligado a deshacerse de sus pantalones. Taehyung se quedó petrificado, con la mano aún en el marco de la puerta.
Nunca lo había visto así. Eran amigos de toda la vida, se habían cambiado de ropa mil veces en el mismo cuarto, pero siempre había sido algo rápido, sin importancia. Ahora, bajo la luz cruda de la mañana, la piel de Yoongi se veía casi translúcida, de una blancura que contrastaba con el gris del sofá. No pudo evitar que sus ojos recorrieran la longitud de esas piernas; eran delgadas pero firmes, con una curvatura suave en los gemelos y unos tobillos finos que parecían demasiado delicados para sostenerlo.
Se fijó en la textura. No había vello, solo piel lisa que parecía ignorar el sol, tan suave que Taehyung apretó inconscientemente los dedos contra la madera. Sintió un nudo extraño en el estómago, algo más fuerte que la resaca. Siempre había tenido ese patrón con las mujeres, obsesionarse con sus piernas antes que con cualquier otra cosa, pero ver ese atributo en su mejor amigo lo descolocó.
La sudadera se había subido más de lo que pensaba. Taehyung pudo ver el borde del elástico de los calzoncillos, la curva donde el abdomen se hundía suavemente hacia la cadera, la sombra que sugería más de lo que mostraba. Se le cortó la respiración. Quiso apartar la mirada, pero sus ojos traicionaron la orden, deslizándose de nuevo por el interior de esos muslos pálidos, deteniéndose en la forma en que la tela oscura se tensaba apenas contra la entrepierna.
El calor subió por su cuello con una rapidez que poco tuvo que ver con la vergüenza. Era algo nuevo, una respuesta automática que su cuerpo reconocía antes que su cabeza pudiera procesarla. Se sintió expuesto, como si Yoongi pudiera sentir desde el sofá el desorden que acababa de provocar en su cabeza.
Su amigo soltó un gruñido nasal y empezó a estirarse, desperezándose con esa lentitud propia de quien todavía tiene alcohol en la sangre. Taehyung reaccionó apenas un segundo antes de que los ojos de Yoongi se abrieran, girándose hacia la barra de la cocina tan rápido que casi le hace perder el equilibrio por el mareo.
—Vaya, despertó la bella durmiente —soltó Taehyung, dándole la espalda mientras abría la nevera con un golpe exagerado. Su voz sonó un poco más alta de lo normal, forzando ese tono despreocupado que siempre usaba para ocultar cuando algo lo ponía nervioso—. Pensé que tendrías que pagar renta por el sofá; llevas ahí como diez horas.
Yoongi se incorporó con dificultad, frotándose la cara con las palmas de las manos. Su cabello estaba hecho un desastre y sus ojos eran apenas dos rendijas rojas por el cansancio.
—Cállate... Siento que me pasó un camión por encima —respondió con la voz rota. Al notar el frío en sus piernas, buscó a ciegas la manta y se cubrió de nuevo, sin darle importancia al hecho de estar en ropa interior frente a su amigo.
—Normal, te bebiste hasta el agua de los floreros. —Taehyung se acercó y le lanzó una botella de agua fría, cuidando de mantener la mirada fija en el rostro de Yoongi, haciendo un esfuerzo consciente por no bajar la vista hacia donde el tejido de la manta se amontonaba.
Mientras Yoongi bebía con desesperación, Taehyung dejó escapar una carcajada forzada y empezó a recoger algunos vasos vacíos de la mesa. Sin embargo, por dentro, su mente era un caos. La imagen de la piel pálida se había quedado grabada detrás de sus párpados, superponiéndose a todos sus ideales anteriores. Siempre había buscado esa línea perfecta en chicas que apenas recordaba, pero verla en el tipo que conocía desde que eran adolescentes, le producía un cortocircuito. Y algo más, una curiosidad que no podía ignorar, una presión en la boca del estómago que no quería nombrar.
—¿Qué me miras? —preguntó Yoongi, frunciendo el ceño al notar que Taehyung se había quedado quieto con un vaso en la mano.
—Nada, que tienes una cara de muerto que no puedes con ella —mintió, recuperando la sonrisa y dándole un empujón amistoso en el hombro. El contacto, aunque breve, le quemó la palma de la mano—. Anda, ve a lavarte esa cara, que el desayuno no se va a hacer solo.
Yoongi se levantó arrastrando los pies hacia el baño, mientras Taehyung lo seguía con la mirada.