Cap.1 un encuentro inesperado
Caminas por la calle empedrada del barrio viejo, intentando sacudirte el peso de la última conversación con quien, hasta hace apenas unas horas, era tu novio. Sus palabras siguen resonando en tu cabeza como un eco imposible de silenciar.
—No vales nada.
Lo dijo mientras rodeaba a otra mujer con sus brazos, como si tú ya fueras parte del pasado, como si nunca hubieras significado algo. Te pidió que no lo buscaras jamás.
Y tú… tú simplemente te fuiste.
Estabas acostumbrada a sus desplantes, a su frialdad, a tragarte lo que dolía. Pero esa frase fue diferente. Durante todo el tiempo que estuviste con él jamás te había dicho algo tan cruel. Tan directo. Tan definitivo.
Intentas seguir caminando, pero de pronto sientes algo cálido recorrer tus mejillas.
Lágrimas.
Te sorprendes.
¿Desde cuándo no llorabas?
¿Desde cuándo decidiste que tus sentimientos eran el problema?
¿Desde cuándo te convenciste de que amar significaba callar, soportar, someterte?
Te habías apagado poco a poco, creyendo que así lo conservarías a tu lado.
Y ahora, por primera vez en mucho tiempo, lloras. Lloras de verdad. Dejas salir a esa chica que una vez se enamoró sin miedo, que sentía sin pedir permiso, que no tenía vergüenza de ser vulnerable.
El aire se siente más frío cuando por fin logras calmarte. Respiras hondo y sigues caminando hacia tu casa, intentando ordenar el caos dentro de tu pecho.
“Ya se hizo muy tarde… debería darme prisa.”
Apenas terminas de pensarlo cuando el suelo tiembla bajo tus pies.
Una explosión sacude el aire.
El ruido es ensordecedor.
Levantas la vista.
Y lo que ves no tiene sentido.
Monstruos. Criaturas enormes y deformes avanzan entre los edificios, mientras personas —¿personas?— los enfrentan con armas y poderes que jamás imaginaste que existieran. El cielo parece quebrarse sobre tu cabeza.
Te quedas paralizada.
El miedo te ancla al suelo.
Entonces escuchas un crujido.
Escombros.
Caen directamente hacia ti.
No reaccionas. No puedes.
Pero justo cuando el impacto parece inevitable, unos brazos firmes te rodean y el mundo se mueve de golpe. Sientes el aire cortarte el rostro mientras alguien te levanta y te aparta del peligro.
Cuando todo se detiene, estás en sus brazos.
Un chico. De tu misma edad.
Sin pensarlo, te aferras a su cuello con fuerza, como si soltarlo significara desaparecer.
—¡¿QUÉ OCURRE?! ¡TENGO MIEDO!
Tu voz se quiebra. El caos sigue alrededor, pero el ruido comienza a disminuir poco a poco.
Sientes cómo él se tensa ante tu abrazo.
Cuando por fin reúnes valor y apartas el rostro de su cuello, sus miradas se encuentran.
Sus ojos reflejan sorpresa… y algo más. Nerviosismo.
Con movimientos torpes, te baja con cuidado al suelo, claramente alterado por la cercanía.
Y por un segundo, en medio de monstruos, destrucción y un mundo que acaba de romperse frente a ti, olvidas el dolor que llevabas dentro.
Porque algo acaba de cambiar.
Y lo sabes.








