Prólogo.
Esta historia comienza en medio de la locura de las fiestas decembrinas, para muchos la época más importante del año, pero no para todos. Existen personas que tienen tanto dolor encima que festejar les resulta imposible. Existen otras a las que simplemente no les gusta la temporada porque no es lo suyo: no quieren estar cerca de tanta gente que se arremolina en las tiendas; son más privadas y discretas, menos públicas, si queremos llamarlas así.
En medio del caos de la compra de regalos, las decoraciones, las reuniones, los tragos y la comida, muchos terminan odiando la Navidad y lo que conlleva llegar a estas fechas. No todo el mundo está dispuesto a celebrar. Es bien sabido que los suicidios en estas fechas se elevan tan exponencialmente como lo hace el sol todas las mañanas.
Pero esta historia en particular no trata de un suicidio; no, esta historia trata de vidas arruinadas por una fiesta navideña.
Y podrás creer que tal vez me refiera a una discusión, o a que alguien se metió con la pareja de alguien más, o incluso a un embarazo inesperado, pero déjame decirte que estás muy lejos de la verdad. Si leíste La novia fantasma, reconocerás a algunos personajes; si no fue así, no importa: seguro igual te engancharás a desenterrar este evento que muchos no lograron digerir.
Esta vez, yo seré tu guía en esta novela de acontecimientos. Si en la historia anterior descubriste quién la narraba, también podrás hacerlo en esta.
Iremos del pasado al presente, y del presente al pasado; conoceremos detalles de los protagonistas, algunos un tanto escabrosos, otros no, y, entre tanto, podremos ver la luz en la oscuridad de esta historia. La vida ya es compleja desde cualquier punto de vista que se le vea; sobrevivir en la jungla de asfalto es duro, pero existen depredadores con piel de oveja. Depredadores que se acercan a ti sin que sospeches siquiera que están a punto de devorarte.
Eso hacen las ciudades con las personas que vienen de fuera. Pero ¿qué pasa cuando tu depredador lo ha sido por más de diez años y tú solo te dejaste manipular? Quizá no sabías que eras manipulada, quizá el depredador fue tan astuto que hasta la fecha sigue comiéndote y tú ni lo sospechas, solo has seguido tu papel al pie de la letra. Es difícil identificar al depredador, tanto que puede que llegue a ti, y eso es lo que pasó aquí: un depredador devorando a su presa, donde la manipulación y la extorsión hicieron su parte en esta trágica historia.
Esta vez no te introduciré al tema directo; no, esta vez conocerás primero a las víctimas, a sus vidas y lo jodidas que ya estaban antes de todo esto. Pero antes de llegar a ese punto, permíteme llevarte al pasado, a la preparatoria de las protagonistas y al baile de la Reina de Invierno.
Es una noche especial. Cinco señoritas se preparan para este baile; es la noche más importante de diciembre, días antes de Navidad. Se hace un baile y se escoge a quien será la nueva reina del invierno de ese año. La popularidad es lo que lleva a alguna participante a ganar, pues se vota por ella. Esta noche, estas cinco señoritas se verán en el baile; claro que solo dos de ellas se postularon y obviamente tienen dos rivales más, pero uno nunca sabe qué puede pasar.
— ¡Qué emoción! Esta noche cualquiera de nosotras dos puede ser la reina.
— No importa quién de las dos sea la reina, somos amigas.
— Lo sé, espero que también lo recuerden y no pelean arriba del escenario.
— Eso no va a pasar, Cat, somos amigas; Amanda y yo no vamos a pelear por ello.
— Cierto, Angélica, no voy a pelear; somos amigas.
— Esto es tan frívolo.
— Eire, tú siempre ves esto mal. Estoy segura de que Amanda y Angélica son capaces de comportarse si Astrid o Georgia ganan.
— Sabes, Andrea, que no hablo de eso; hablo de lo ridículo que es competir por algo que fuera del mundo escolar es inservible.
— ¿Qué sería de ti si no fueras así, amiga? Te amo, siempre con los pies en la tierra.
— ¿Tú crees, Cat? —respondió Eire muy seria.
— Sí, amiga, nadie te gana; puedes tenerlo por seguro.
— Bueno, ya entremos. El As de Reinas está junto y reinará esta noche... —manifestó por lo alto Angélica.
Típicas adolescentes, ¿no creen?, con sueños y ambiciones. El As de Reinas: Angélica, Andrea y Amanda, siempre juntas; y detrás de ellas, Catalina y Eire.
Esta noche comenzará la ruptura de esta “amistad” de adolescentes. Esta noche todo va a cambiar para ellas porque las consecuencias de los actos de este baile se verán reflejadas unos quince años después. Pero ¿quién cuenta el tiempo, no?
— Bien, jóvenes, vamos a ver la votación para la Reina de Invierno.
— Del infierno, querrá decir —dijo Eire.
— Amiga, eres tan oscura —dijo Cat con una sonrisa pícara.
— Lo sé.
— ¡Con el setenta por ciento de los votos, la nueva Reina de Invierno es Amanda Serna!
— ¿Gané...?
— ¡Su princesa es la señorita Astrid Ledo!
— ¡Ese era mi lugar! —gritó Angélica, molesta.
— Respira, Angélica, estás roja como un tomate; dijiste que no te molestarías.
— No puedo, Andrea, yo tenía que ganar, no ella.
— Espera, ¿te refieres a Astrid o a Amanda?
— ¡Qué más da, Cat!
— Y el Rey de Invierno es Daniel Lasa.
— ¿Ese no es el chico que te gusta, Eire? —preguntó Andrea.
— Qué más da, ahora bailará con Amanda.
— Y el príncipe de invierno es Uriel Erkeengel.
— ¿Ven? Esto es frívolo, me largo —dijo Eire, aburrida.
— Eire, voy contigo.
— Cat, ¿a dónde vas? —preguntó Andrea.
— Eire es la única con sentido común y lógica —contestó Cat.
— ¿Me van a dejar? —preguntó Angélica.
— Puedes venir con nosotras —dijo Eire.
— Soy un As de Reinas, mi lugar es aquí —dijeron Angélica y Andrea al unísono.
— Como quieran... Eire, vámonos —dijo Cat.
Sí, esa noche se rompieron cosas: la amistad que decían tener se esfumó, la envidia invadió sus corazones y después de esta noche nada volvió a la normalidad. Cat y Eire no hablaron más con Andrea y Angélica, aunque sí llegaban a hablar con Amanda.
Amanda seguía en el grupo con Andrea y Angélica, pero algo había cambiado; Angélica no era como antes y, por consiguiente, su relación fue más extraña aún. Y un día ya había pasado tanto tiempo que eso había quedado atrás, o al menos eso era lo que dictaba la lógica.
Ahora, Amanda llamaba a Cat o a Eire, pero ella también seguía en contacto con las otras dos. Pese a todo, parecía atada al dominio de Angélica.
Más años pasaron, para ser exactos quince, y es justo en este punto de sus vidas que la historia que te traigo comienza. Y como cualquier otra historia, esta comienza de la nada.








