Capítulo 1
La luz de la tarde atravesaba las ventanas del taller y alcanzaba la mitad del lienzo. Taehyung inclinó un pincel para revisar las cerdas, lo pasó una vez más por el paño y lo dejó junto a los demás. Sobre la mesa quedaban dos tubos de óleo abiertos y una espátula que alguien le había devuelto con restos de pintura azul.
—Tae, por el amor de Dios, deja de limpiar eso.
Jimin entró esquivando un caballete y una mochila abandonada en el suelo. Llevaba la chaqueta de cuero sobre un hombro. Se detuvo junto a la mesa y echó un vistazo al maletín abierto. Taehyung recogió la espátula. A sus veintidós años, todavía conservaba algunos de los pinceles con los que había entrado en la facultad. Había conocido a Jimin por aquellas fechas.
—Es el final del día, Jimin —respondió mientras retiraba la pintura adherida al metal—. Si no los limpio ahora, mañana la pintura se habrá secado y perderé media hora tratando de recuperarlos.
—Mañana es sábado, Taehyung. Nadie viene a la facultad un sábado a menos que tenga un proyecto final que entregar. —Jimin se apoyó en la mesa de trabajo, moviendo una pierna con impaciencia—. Vámonos. Hobi me prometió que hoy el lugar se llena.
Taehyung enroscó las tapas de los tubos y los acomodó en el maletín. Llevaban semanas hablando de aquel club del centro; o, más bien, Jimin hablaba y él aceptaba ir algún día. Hasta esa mañana, cuando su amigo le había escrito para decirle que pasaría a buscarlo al taller.
Guardó la espátula, cerró el maletín y se colgó el bolso al hombro. Salieron del taller mientras Taehyung se bajaba las mangas de la camisa. En el pasillo, Jimin aprovechó el reflejo de una ventana para ponerse la chaqueta.
—¿Voy bien así? —preguntó Taehyung.
Jimin lo miró a través del vidrio.
—Vas bien.
—Es que, por cómo describes el sitio...
—Tae, vamos a escuchar música. Ponte lo que quieras.
Taehyung se acomodó la correa del bolso.
—Sabes que prefiero los lugares donde se puede conversar.
—Podemos conversar ahora. Cuando empiece lo de esta noche, me vas a agradecer que me calle.
Al salir del edificio, el sol iluminaba las ventanas de la facultad de enfrente. Jimin empezó a contarle cómo había conocido a Hoseok y por qué llevaba tanto tiempo insistiendo en ir a verlo. Taehyung lo había visto un par de veces en la universidad. Pasaron por su apartamento para dejar los materiales. Taehyung subió mientras Jimin lo esperaba abajo y, unos minutos después, continuaron hacia el centro.
Cuando llegaron al club, ya había gente esperando junto a la entrada. Desde la acera se oía el bajo cada vez que alguien abría la puerta. Dentro, el calor le alcanzó el rostro. Taehyung se hizo a un lado para dejar salir a una pareja y esperó a distinguir algo entre las luces rojas y azules. El local se extendía más allá de lo que había calculado desde fuera. Una barra a la derecha, columnas cubiertas de pegatinas y grupos de personas que ocupaban casi todo el espacio hasta el escenario.
Jimin le tomó la muñeca.
—Por aquí.
Taehyung lo siguió entre los vasos que la gente levantaba para dejarlos pasar. Un muchacho retrocedió justo delante de él y le pisó el zapato. Se giró para disculparse; Taehyung le indicó que siguiera y alcanzó a Jimin. Se detuvieron cerca del escenario. Taehyung agradeció haber dejado el maletín en casa. Se metió las manos en los bolsillos y observó los grafitis que cubrían la pared. Las capas de pintura se superponían alrededor de una salida de emergencia; alguien había incorporado el marco de la puerta al dibujo.
Desde donde estaba, el bajo le vibraba en el pecho. A su lado, una muchacha recogió su cabello y dejó al descubierto la nuca húmeda. Cada vez que alguien pasaba detrás de él, tenía que acercarse un poco más a Jimin, hasta que ambos quedaron junto a un grupo que discutía a gritos sobre la siguiente actuación.
Jimin le tocó el brazo para llamar su atención.
—¡Mira!
El escenario era una plataforma baja, separada del público por una valla metálica. Detrás, un hombre revisaba la mesa de sonido. Otro apareció por un costado con una gorra negra y el micrófono en la mano. Alguien gritó un nombre cerca de ellos. Varias voces lo repitieron.
—¡Agust D!
El hombre levantó dos dedos hacia la mesa. Taehyung escuchó conversaciones sueltas, una risa a su espalda y el golpe de un vaso contra la valla. Entonces entró la base. La primera frase lo hizo mirar por completo hacia el escenario. El rapero avanzó hasta el frente, con una mano en el bolsillo y la cabeza ligeramente inclinada. Apenas se le veían los ojos bajo la visera.
Taehyung intentó seguir la letra. Perdió algunas palabras cuando aceleró, pero alcanzó a escuchar las burlas hacia las jornadas de trabajo y las cuentas que seguían pendientes. Las groserías provocaban gritos a su alrededor; una frase sobre el miedo al fracaso le hizo prestar todavía más atención. Había ido esperando ruido y una noche que le daría a Jimin tema de conversación durante semanas. Ahora se inclinaba un poco hacia delante cada vez que las voces del público le impedían entender.
El rapero sacó la mano del bolsillo y marcó el ritmo con ella. Se movía por el espacio reducido del escenario, deteniéndose frente a distintos sectores de la sala. En una pausa, extendió el micrófono hacia el público, que completó el verso a gritos. La sonrisa que apareció bajo la gorra duró lo que tardó en volver a cantar. Taehyung se sorprendió, esperando que lo hiciera otra vez.
—¿Te gusta? —le preguntó Jimin al oído.
—¿Él escribe todo esto?
—¡Sí!
Quiso preguntar algo más, pero empezó otra canción y Jimin alzó los brazos. Taehyung volvió hacia el escenario. Agust D se había detenido cerca de la mesa de sonido y señalaba hacia uno de los altavoces mientras seguía rapeando. El hombre que estaba detrás ajustó algo. El rapero lo observó unos segundos antes de regresar al frente.
Esta vez se quedó cerca de donde estaban ellos. Taehyung pudo distinguir cómo sujetaba el micrófono y el movimiento de su mandíbula al terminar algunas frases. En los momentos en que bajaba la voz, los de alrededor se inclinaban hacia la plataforma; apenas volvía a acelerarse el ritmo, levantaban los brazos.
En algún momento, el rapero se echó la gorra hacia atrás. Tenía el cabello pegado a las sienes y una gota de sudor le bajó por el cuello hasta perderse bajo la camiseta. Taehyung siguió el recorrido antes de darse cuenta de que había dejado de escuchar la letra.
Se quedó atento durante el resto de la actuación, moviéndose cuando alguien necesitaba pasar y volviendo enseguida hacia el escenario. Cerca del final, Jimin le rodeó los hombros con un brazo y saltó junto a él, cantando un estribillo que buena parte de la sala parecía conocer. La última canción terminó entre gritos y aplausos. Agust D bajó el micrófono, hizo un gesto hacia el público y se dirigió a un costado de la plataforma.
Taehyung todavía miraba hacia ese lugar cuando Jimin lo tomó del brazo. Lo siguió, con un zumbido en los oídos que le dificultaba distinguir las voces cercanas. Llegaron a una puerta custodiada por un hombre recostado contra la pared. Al reconocer a Jimin, se apartó para dejarlos pasar.
—Hobi nos espera atrás —dijo Jimin, emocionado—. Prepárate, el ambiente es... distinto.
El pasillo era estrecho, con paredes de bloques de cemento cubiertas de pegatinas de bandas. Taehyung tuvo que ponerse detrás de Jimin para dejar pasar a un hombre que cargaba una caja de cables. La música llegaba amortiguada desde la sala; más adelante se oían risas a través de una puerta abierta.
Entraron en una habitación pequeña que servía de camerino compartido. Olía a cigarrillo y a humedad. Había varias sillas de plástico, una mesa llena de botellas y un espejo con una esquina rota. Hoseok estaba junto a la mesa, secándose la nuca con una toalla.
—¡Jimin! ¡Viniste!
—No me lo perdería. Hobi, este es mi amigo Taehyung.
Hoseok lo saludó con un gesto amable. Taehyung correspondió al saludo; su atención se desvió hacia una de las sillas, junto a la pared. Justo donde estaba el hombre del escenario. Había dejado la gorra sobre la mesa. Bajo la lámpara se le distinguía mejor, el cabello revuelto por el sudor y el ceño fruncido mientras se tocaba el oído izquierdo. Sostenía una botella de agua entre las rodillas.
—Puta madre, Hobi —soltó sin levantar la vista—. El equipo de sonido es una basura. Si ese idiota de la mesa vuelve a subirme el retorno así, voy a terminar reventándole la cara. Me ha dejado sordo del lado izquierdo.
Taehyung se detuvo junto a Jimin. Recordó la señal hacia el altavoz durante la actuación. Sin la base y los gritos del público, la voz del rapero se escuchaba más grave. Tenía que esforzarse menos para oírlo, pero seguía prestándole la misma atención.
—Tranquilo, Yoongi. Salió bien, la gente se volvió loca —dijo Hoseok. Luego señaló hacia los recién llegados—. Mira, vino Jimin con un amigo.
Yoongi levantó la cabeza. Tenía unas ojeras oscuras bajo las pestañas. Miró a Jimin y después se detuvo en Taehyung. Su mirada bajó hasta la camisa de lino, pasó por el bolso de cuero que llevaba al hombro y regresó a su cara. Taehyung enderezó los dedos sobre la correa. De cerca podía ver la marca que la gorra le había dejado en la frente y algunos mechones húmedos junto a las orejas.
Había pensado decirle algo sobre la actuación. Ahora que lo tenía delante, tardaba en encontrar por dónde empezar.
—¿Y este quién es? —preguntó Yoongi, entornando los ojos—. ¿Te has traído a un modelo para que vea cómo vive la clase obrera, Jimin?
Taehyung entreabrió los labios. Miró a Jimin antes de dar un paso adelante e inclinar un poco la cabeza.
—Mucho gusto. Me llamo Kim Taehyung —dijo con voz suave—. Ha sido una presentación impresionante. Nunca había escuchado nada parecido.
Yoongi soltó un bufido. Volvió a beber agua y dejó la botella en el suelo.
—Claro que no. En tu mundo la gente no dice las cosas por su nombre, ¿verdad, principito? —Se puso en pie y estiró la espalda—. Vámonos de aquí, Hobi. Este lugar apesta. Necesito aire de verdad.
Pasó junto a Taehyung sin volver a mirarlo. Sus hombros se rozaron y Taehyung giró la cabeza. Siguió a Yoongi con la mirada hasta que desapareció por la puerta, con el pulso acelerado.








