The Fleshrot (version español)

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Summary

"Así comenzó. Así terminó. El mismo día. En la misma mujer." Antes de que el mundo ardiera, Emma ya estaba rota. A sus 43 años, había enterrado a un esposo y perdido a una hija a manos de la desesperación humana, justo cuando un virus desconocido, bautizado como 'El Descarne', comenzó a pudrir la civilización desde adentro. Cinco años después, la doctora que una vez juró salvar vidas ahora sobrevive en las ruinas de Seattle, bajo el yugo de Nuevo Renacer, una comunidad gobernada por un tirano sádico. Confinada a la enfermería y fingiendo un matrimonio por pura supervivencia, Emma se ha convertido en una sombra silenciosa que sutura heridas y entierra secretos. Pero cuando la crueldad de los líderes cruza un límite imperdonable, dejando a una niña masacrada en su camilla, el silencio de Emma se rompe. Armada con sus conocimientos médicos, un hacha de bombero y un odio acumulado de cinco años, la doctora dejará de curar. En un mundo donde los infectados te arrancan la piel y los vivos te arrancan la humanidad, la piedad es un lujo extinto. Y Emma está a punto de demostrar que la venganza es la enfermedad más letal de todas.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Antes de que todo ardiera, ya algo se había apagado en ella.

El verano llegó con un silencio demasiado limpio.

Uno de esos que engañan. Que te invitan a cerrar las cortinas, a preparar té con tilo y manzanilla y a creer —aunque sea por minutos— que el mundo afuera sigue siendo el mismo.

Pero Emma ya sabía que no lo era.

Lo sentía en la médula desde que Frank dejó de sonreír. Desde que Mika comenzó a dormir sin que nadie cantara. Desde que el álbum de fotos se convirtió en un ritual… y no en un recuerdo.

Ese día —el primero— no empezó con gritos.

Comenzó con una casa vacía, con el vapor de la infusión flotando sobre la mesa, con el crujido suave del sofá al sentarse. Y terminó con sangre. Con carne rota. Con una anciana que ya no era anciana. Con Mia dejando de gritar. Y con Emma al volante, con el alma entumecida y la voz quebrada, diciendo:

“No llores, amor… por favor, hazlo por mami.”

Nadie avisa cuándo empieza el fin del mundo.

Pero a Emma le bastó ver esos ojos.

Los de la anciana.

Los de Mika.

Los suyos reflejados en el retrovisor.

Tan abiertos que ya no sabían si lo que miraban seguía vivo.

Así comenzó.

Así terminó.

El mismo día.

En la misma mujer.

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