Capitulo 1
En las sombras de la Agencia de Héroes Eclipse, donde el sol de Tokio apenas filtraba a través de las persianas cerradas, Toru Hagakure, de 25 años, se movía como un fantasma viviente. Su quirk de invisibilidad la había convertido en una heroína legendaria durante la guerra contra los villanos, pero ahora, en la paz frágil post-apocalíptica, ese mismo poder alimentaba un lado oscuro que nadie sospechaba. O al menos, nadie vivo para contarlo.
Toru siempre había carried un secreto desde sus días en la UA, un hábito que nació de la curiosidad adolescente y se torció en algo siniestro. En aquellos baños de chicos, invisible y temblorosa, había descubierto el placer prohibido de observar, de tocarse en silencio mientras los cuerpos ajenos se exponían sin saberlo. Era su escape, su vicio privado. Pero el tiempo no la curó; al contrario, lo profundizó. Ahora, como jefa de su propia agencia, ese comportamiento no había cambiado. Solo había empeorado.
La agencia era su reino. Un edificio moderno en el distrito de Shibuya, lleno de héroes jóvenes y ambiciosos que la admiraban por su "sigilo impecable". Ellos no sabían que Toru usaba su invisibilidad para algo más que misiones. Entraba en los vestidores después de entrenamientos, flotando como un espectro, observando cómo sus compañeros se desvestían, sudados y vulnerables. Su mano invisible descendía sobre su propio cuerpo, el pulso acelerado por el riesgo. Pero ya no era solo voyeurismo. Ahora era poder.
Un día, captó a Kaminari Denki, ahora un héroe eléctrico de 24 años en su equipo, robando suministros menores de la agencia – nada grave, solo baterías quirk-enhancers para revender en el mercado negro. Invisible, lo siguió a su apartamento, registrando cada cajón, cada mensaje en su teléfono. Encontró más: chats con villanos menores, un desliz de lealtad. Toru no reportó a la policía. En cambio, lo confrontó en privado.
"Denki-kun," susurró invisible en su oído mientras él se duchaba, su voz un eco fantasmal que lo hizo saltar. "Sé lo que haces. Tus secretitos sucios."
Él se giró, aterrorizado, cubriéndose con una toalla. "¿Quién... Toru? ¿Eres tú?"
Ella se materializó parcialmente, solo su rostro flotando en el vapor, sonriendo con una dulzura falsa. "Shh. No grites. O todos sabrán de tus traiciones." Sus manos invisibles lo tocaron entonces, no con gentileza. Lo empujó contra la pared, explorando su cuerpo con una autoridad fría, abusiva. "Harás lo que yo diga. Serás mío, o te destruiré."
Denki cedió, temblando. No fue el único. Toru había escalado: usaba su invisibilidad para infiltrarse en las vidas de sus compañeros, buscando "pruebas" de infidelidades, adicciones, incluso pensamientos disidentes contra el nuevo régimen de héroes. A una chica nueva en la agencia, una quirk-user de telepatía ligera, la sorprendió en un momento íntimo con un amante no autorizado. Invisible, grabó todo, luego la chantajeó. "Únete a mi círculo privado," le dijo, forzándola a una noche de sumisión en su oficina, donde el abuso de poder se mezclaba con toques no consentidos, justificándolo como "justicia".
Bakugo Katsuki, ahora un héroe explosivo independiente de 25 años, fue su mayor obsesión. Lo espiaba en sus misiones, invisible a su lado, rozando su piel cuando dormía en hoteles después de batallas. Encontró su debilidad: un viejo archivo hackeado de la UA, pruebas de que había cubierto un accidente quirk que mató a un civil. Toru lo usó para atraerlo a una trampa.
En un callejón oscuro, lo emboscó. "Kacchan," ronroneó, materializándose con una mano en su pecho. "Sé todo. Tus explosiones no controladas. Únete a mí, o te expongo."
Bakugo rugió, lanzando una explosión que la rozó. Pero ella era más rápida, invisible de nuevo, rodeándolo, tocándolo en lugares que lo enfurecían y humillaban. "No luchas contra fantasmas," susurró, forzando un beso invisible que lo dejó marcado. Él escapó, pero el daño estaba hecho: ahora dudaba de cada sombra, paranoico.
Toru no veía mal en ello. En su mente retorcida, era la heroína definitiva: invisible, intocable, juez y verdugo. Sus víctimas callaban por miedo, y la agencia prosperaba en la superficie. Pero en las noches, sola en su habitación, se tocaba recordando aquellos baños de la UA, el origen de todo. El ciclo continuaba, más oscuro, más ilegal. Abuso de poder, abuso sexual, todo envuelto en invisibilidad.
Hasta que un día, Deku –Izuku Midoriya, de 25 años, el símbolo de la paz– comenzó a investigar rumores. "¿Toru... qué has hecho?" murmuró al aire, sintiendo una presencia invisible. Pero ella ya estaba allí, observando, planeando su siguiente sentencia.
Fin del one-shot.