Despecho

Summary

La travesía de dos hombres cuyas parejas los engañaron.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1.

La música resonaba con fuerza junto a las luces fosforescentes que iluminaban cada milímetro del club nocturno.

Cada rincón del lugar se encontraba abarrotado de jóvenes y adultos. Cada uno de ellos, con la esperanza de alejarse de sus problemas, su vidas, la moralidad o con la simpleza de tener la mejor noche de sus vidas, ya sea ligando, drogándose, o tomando hasta el punto de estar a dos pasos hábiles de un coma etílico.

Entre ellos, se encontraba Tweek. Un pobre diablo que había salido está tarde de su trabajo, con la esperanza de, finalmente, hacer algo para arreglar su desmoronada relación con su esposo, Pete Thelman.

El rubios esperaba, ansioso, el poder llegar a su hogar y sorprender a su esposo con una improvisada cita y, quién sabe, quizás una ronda de buen sexo esporádico, de esas que solían tener en su adolescencia.

Aunque, por asares del destino, el sorprendido terminó siendo él, cuándo al llegar al hogar que compartia con Pete, vió desde la ventana a una chica rubia semi-desnudo en el sillón de su sala.

Había sido horrible.

La pesadez que se instalo en su estómago, su garganta y ojos punzando ante las ganas de llorar. Y, su corazon desmoronandose segundo trás segundo, junto a la imágen de su esposo dándole mimos a aquella mujer.

Había sido una cruel forma de decirle: ¡Hey, lo nuestro ya no funciona! ¡Ni lo hará!

Ni siquiera había sido capaz de entrar y enfrentar a su esposo. O siquiera correr a la desgraciada que se encontraba en su jodido sillón color camel, riendo cómo la perra que era.

Se había alejado en total silencio del hogar.

Sí, había sido horrible ver aquella escena. Pero más horrible había sido caer en cuenta que el amor de su esposo hacía él se había acabado.

Sin embargo, eso ahora era pasado.

Y, él estaba en el presente, no en el pasado. Y, su presente se encontraba ahí.

En el gran club nocturno de los ángeles.

Tweek acariciaba la áspera madera de la barra, cómo si aquello pudiera distraerlo del diluvio que era su mente. Frente a él, se encontraba una gran, y bastante avanzada, botella de Jack Daniel's.

Su cuerpo se sentía cansado, su cabeza mareada. Y, ¿su corazón? Ja, hecho mierda.

Había pasado 7 años de su vida con Pete. Desde el tercer semestre de Universidad, hasta ahora, a sus 26 años. Y no lo comprendía.

Sí, su relación había cambiado.

El trabajo y la preocupaciones habían apagado su vida relativamente activa, el sexo ya no era tan bueno ni tan regular cómo en su época de estudiantes y los actos románticos habían sido totalmente opacados por la incesante y abrumadora vida adulta.

Sin embargo, Tweek había crédito fervientemente que el amor aún seguía ahí. Osea, vamos. Incluso se habían casado hace 3 años atrás.

Entonces, ¿Por qué?

¿Por qué, en lugar de terminar con su relación de una manera madura, prefirió engañarlo en la misma casa que compartían? La misma que con tanta ilusión habían comprado el año pasado.

¿Por qué había dejado que su matrimonio se desmoronara?

¿Por qué seguía con él, si ya no lo deseaba?

¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?

No lo entendía. Y eso dolía más que tener todas las respuestas. Se sentía culpable y a la vez tan lastimado.

— Mierda!

Dejó con un golpe secó el vaso vacío sobre la barra. El trago se había agotado, necesitaba otro. Alzó su mano derecha en dirección al bartender, aunque eso no fue necesario, púes dos segundos después, un nuevo vaso de licor fue deslizado hacía sus manos.

Tweek parpadeó. Confundido. Observó el vaso de licor con desconfianza y confusión.

— Una noche difícil, eh. — Dijo una voz desconocida, mientras se sentaba a su lado.

Tweek alzó la cabeza. Para éste punto de la noche se encontraba bastante borracho (e intolerante) así que no dudo en intentar mostrarse reacio a la interrupción. Sin embargo, apenas su vista se aclaró, las palabras murieron en su garganta.

Carajo, era guapo.

El hombre frente a él era jodidamente guapo.

El rubio se mantuvo en silencio, mientras analizaba al hombre a su lado.

Era alto, muy alto desde su perspectiva. Pelo negro perfectamente peinado y unos atrayentes ojos de color esmeralda. Y, a diferencia de él, su vestimenta era mucho más elegante. Mordió su labio inferior.

Su mirada se deslizó, sin vergüenza alguna, por todo el cuerpo del hombre. Sin embargo, su análisis se detuvo cuándo observo la placa dorada en su traje con la leyenda "Black's Inovattion" . La misma que usaba su esposo en la empresa donde trabaja.

"Esposo", "trabajo", "su esposo y esa mujer"

Tweek sintió un repentino asco, y no pudo evitar toser bruscamente al atragantarse con su propia bilis.

— ¡Hey, chico! ¿Te encuentras bien? — Preguntó el hombre, con genuina preocupación. — ¡Demonios, creo que has tomado mucho! Ya ha sido suficiente, claro, a menos que quieras terminar en el hospital con una infección estomacal.

El rubio negó. Y, al contrario de la petición, tomó nuevamente entre sus manos el vaso de licor, sin importarle si esté se tratará de algún tipo de engaño o un trago manipulado, y tomó un sorbo.

— Déjame. — Masculló al separ sus labios del licor. Se sentía miserable, no quería, ni deseaba, la prescencia de otra persona en estos momentos. No cuándo debía enfrentarse a la idea de que la más importante desapareciera.

— Déjame aquí. — Sollozó. — Me quedaré aquí, hasta que el dinero se me agoté. O hasta que me de un coma etílico y tres tipos de cirrosis, lo que pase primero...

Tweek escuchó al hombre reír, al mismo tiempo en que se empinaba el trago que le habían obsequiado. El pelinegro negó con la cabeza, con gracia, y olvidando la reciente situación, se acomodó una vez más en el asiento a su lado.

— Supongo que la vida se vuelve difícil cuándo tu esposo te engaña con su secretario.

Tweek se detuvo al escuchar las palabras.

¿Cómo...? ¿Cómo sabía él?

— ¿Cómo? — Fue lo único que logró gesticular.

El hombre negó. Casí con ironía.

— Mi nombre es Craig, Craig Tucker.

— Se presentó con la normalidad de quién se cruza a otro en medio de la calle.

— Tweek. — Respondió el rubio, confundido. — Y... ¿Cómo?

— ¿Cómo sé lo de tu esposo?

Tweek asintió. El hombre ladeo la cabeza, sonriente. Tweek tragó saliva con incomodidad y, con esa acción, el hombre desvío la mirada, mientras tomaba de su propio trago.

— Annie. — Murmuró.

— ¿Annie?

— Ese es el nombre de la secretaria de tu esposo. La misma con la que te engaño.

La sangre de Tweek bajo hasta sus pies. Tuvo que agarrarse de la barra para evitar que el mareó lo empujara hasta el fondo del piso.

— ¿Cómo? ¡Cómo sabes todo eso! — Masculló Tweek, su voz saliendo más dolida de lo que le gustaría.

Craig no contestó, siguió tomando de su trago con tranquilidad, lo que provocó que la molestias en Tweek aumentará.

— ¡¿Cómo?!

Craig mordió su labio interior, comenzado a dudar si hablar con el rubio había sido su mejor idea.

— Ella... — Hizo una pausa, tomando un gran sorbo de su tragó en busca de agallas. — Ella era mi futura esposa.

Tweek se congeló. — ¿¡Qué!? — Exclamó más alto de lo que pretendía, llamando la atención de la gente a su alrededor. — ¡Mierda, Mierda! ¡Lo siento! — Se encogió en su asiento, avergonzado, pero su mirada seguía clavada en Craig. — ¡¿Cómo que era tu "Futura esposa"?! ¡Osea que!

Craig asintió.

— Sí, lo mismo que te imaginas, Tweek. Tu esposo se cogía a mi prometida. — Masculló con gracia.