LA REINA DE UN TRONO DE HIELO
Me viste marchar con el paso elegante,los labios pintados de un rojo de guerra, fingiendo que el alma no estaba sangrante y que mis tacones pisaban la tierra.
Te puse una queja, te alcé la mirada, te dije que el tiempo no sabe de olvidos, pero en mi garganta quedó sepultada la voz de mis ruegos y mis alaridos.
Lo que no te dije por orgullo ciego es que cada noche me invento tu abrazo, que soy la madera que busca tu fuego y que me desarmo tras cada rechazo.
Me puse el vestido de la indiferencia, joyas de piedra para no sentir, dictando yo misma mi propia sentencia: la de perderte por no sucumbir.
Qué tonta la astucia de mi personaje, qué limpia la herida que no te mostré, preferí quemar todo nuestro equipaje antes que admitir que por ti me quebré.
No quise ser "loca", ni "débil", ni "intensa", quise ser roca, diamante y metal, y hoy esta victoria se siente una ofensa, un brindis amargo con sal y cristal.
Lo que no te dije mientras te alejabas es que mi reflejo ya no me conoce, que busco en el aire las cosas que hablabas y el eco bendito de tu dulce roce.
Fingí que otras manos borraron tu huella, que el rímel no sabe de llanto ni duelo, mientras le pido a la más alta estrella que me devuelva tu trozo de cielo.
Me muero de ganas de enviarte un mensaje, de romper el pacto de este mudo adiós, de soltar por fin este inútil coraje que puso una valla entre medio de dos.
Pero soy la dama de la frente erguida, la que no suplica, la que sabe andar, aunque por dentro me desangre en vida por un "lo siento" que no quiero dar.
Hoy duermo abrazada a mi propia mentira, cenando el silencio que yo misma armé, mientras mi orgullo de lejos admira la hermosa ruina que en mí construí.
Gané la partida, guardé el decoro, nadie me vio por tu amor naufragar...¡Pero qué caro es este maldito tesoro de tener la razón y no tener a quién amar!