Luz de otro mundo

All Rights Reserved ©

Summary

Titla, una chica de 15 años de la Tierra, despierta en Auren: un mundo donde la magia es real. Al llegar, se encuentra con Manahu, un joven mago solitario que, a regañadientes, se convierte en su guía por este mundo desconocido. Arrebatada de su vida y de su familia, buscan juntos un camino de regreso mientras ella lucha contra la tristeza, la nostalgia y los enigmas de esta realidad. Pero Auren no es un lugar seguro: criaturas mágicas, conflictos que se avecinan y pasados trágicos los pondrán a prueba. ¿Podrá Titla encontrar su lugar en este nuevo mundo y algún día volver a casa?

Genre
Fantasy
Author
SimpleB
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1.1: Negación (Parte 1)

—Ellos te necesitan, ÉL te necesita.

—¿Eh?

Antes de darme cuenta, una intensa pero cálida luz me envolvió, deslumbrando mis ojos. Los cubrí con mis brazos. Sin saber qué estaba pasando... mi conciencia se desvaneció.

...

Tras el paso de ¿minutos, horas? recobré nuevamente la consciencia. El olor del bosque inundó mi nariz. Luego de unos segundos, lentamente abrí mis ojos, como si hubiera despertado de un largo sueño... Frente a mí se hallaba un techo de madera, iluminado por la errática y cambiante luz del fuego. Escuchaba el crujir de la madera, el silbar del viento en las hojas de los árboles, pero salvo por eso... no se escuchaba nada. No había cantos de aves, grillos ni otros sonidos que esperaría en un bosque, como si el mundo temiera ser escuchado...

En medio de la confusión surgió una pregunta: ¿Dónde estoy?

Esta no es mi casa, ni siquiera la de mis amigas o algún familiar. ¿Acaso pasó algo y estoy en un hospital? Pero... no me duele nada... espera...¿acaso... me secuestraron?

Ese simple pensamiento fue suficiente para estremecer mi cuerpo. Lentamente giré la cabeza... Mi mirada se posó hacia el otro lado de la habitación. Allí, se encontraba sentado un joven. No parecía muy alto, cabello negro y rizado, piel bronceada y ojos... ¿dorados? Vestía un abrigo negro con patrones verdes. Su mirada era sombría; parecía observar cada uno de mis movimientos. Pero algo más llamó mi atención. Bajé la mirada... En su mano derecha había una especie de espada... Mis ojos se abrieron de par en par. Mi corazón comenzó a latir fuerte y rápidamente, mi respiración se aceleró y, antes de que pudiera pensar qué hacer, él habló:

—¿?: Otihcīx? Axān, aquīn tic?

¿Era por miedo? No entendí una palabra... pero eso no importaba, claramente estaba en peligro. Casi por instinto salté de la cama y comencé a correr tan rápido como pude.

—T: ¡A... AYUDAAA! ¡ALGUIEN POR FAVOR!

El miedo se apoderó completamente de mí. Corrí a tropezones hacia la puerta más cercana y la empujé con todas mis fuerzas, abriéndola violentamente. Pude escuchar cómo parte de la cerradura se rompió al abrirla. Frente a mí apareció la imagen de un bello bosque iluminado fuertemente por la luz de la Luna, bajo un cielo lleno de estrellas, algo que sin dudas me habría quedado admirando si no estuviera corriendo por mi vida. Pero antes de poder dar un paso afuera... el joven habló.

—¿?: ¡TLEIN TICCHĪHUA? ¡XIMOCĀHUA!

Y en ese instante sentí que mi cuerpo se paralizó. No por miedo: “algo” me impedía seguir avanzando. Traté de correr más rápido, pero no podía. Y luego de unos momentos me di cuenta... estaba en el aire. ¿Qué está pasando? ¿No puedo escapar? ¿Acaso... se acabó? Las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos.

—T: Por favor no me hagas daño, déjame ir...

Mi voz sonaba quebrada, resignada a apelar a la misericordia y humanidad del joven que se encontraba detrás de mí.

—¿?: ¡XIMOC... TE! Idiota, ¿acaso quieres morir?

Mis ojos se abrieron con ligera sorpresa. Lo... lo entendí. ¿Habló en español? No, era... extraño. No era español, pero de alguna forma comencé a entender sus palabras. Sin embargo, estas... no eran reconfortantes en absoluto y su tono irritado tampoco ayudaba.

—T: NO... por favor, no me mates, por favor.

Dije entre sollozos con lágrimas escurriendo por mis mejillas.

—¿?: ¿Matarte? ¿De qué estás...? Solo cállate idiota y deja de llorar, los vas a atraer si sigues gritando de esa manera.

Su voz sonaba baja, apenas lo suficientemente fuerte para poderla escuchar desde mi distancia. Mi cuerpo dio media vuelta, quedando frente a él. Sentí el suelo nuevamente bajo mis pies... Levanté mi mirada hacia el joven desconocido. Estaba extendiendo su brazo izquierdo hacia mí, apuntándome con ¿un palo?... Lo miré con más detenimiento. En efecto, no era muy alto; probablemente era unos centímetros más alta que él. Tampoco parecía especialmente fuerte, era delgado. “Puedo... ¿puedo ganarle no? Si peleo con él...” Volví a ver la espada. Real o no, no podía arriesgarme a descubrirlo. Mi mirada se cruzó con la de él. Parecía... confundido, algo irritado y... ¿asustado?

—¿?: Escucha, voy a soltarte, pero solo si prometes mantenerte callada y no salir corriendo como una idiota. ¿Bien?

No sabía si me haría daño; al menos no parecía que lo fuera a hacer en ese momento. No podía estar segura, pero por ahora no tenía más opción que obedecer.

—T: Está... está bien.

Murmuré, y casi inmediatamente pude sentir como esa extraña opresión que me impedía moverme con libertad desapareció. Observé extrañada mi propio cuerpo moviendo ligeramente mis brazos y piernas. ¿Qué había pasado? Poco a poco un dolor en mi brazo derecho comenzaba a hacerse presente. Al mirar pude ver una herida en mi antebrazo que sangraba, probablemente me la había hecho con la puerta. Llevé mi otra mano hacia mi brazo y una ligera mueca de dolor se hizo presente en mi rostro.

—¿?: Te lastimaste el brazo, déjame verlo...

El joven envainó la espada en la funda de su cintura y dio un paso hacia el frente extendiendo su mano para alcanzarme. De manera instintiva di un paso hacia atrás chocando contra el marco de la puerta.

—T:¡NO ME TOQUES!

—¿?: Tranquila, niña, no te haré daño. Ahora, muéstrame tu brazo.

El joven se detuvo al ver que me alejaba de él. Parecía que realmente no tenía intenciones de hacerme daño. Sin más opciones decidí confiar en sus palabras y extendí mi brazo hacia él. Tras unos pocos segundos en los que observó la herida, acercó el palo que tenía empuñado, el cual, viéndolo más de cerca, me di cuenta de que era... ¿una varita?... De la punta comenzó a emitir un cálido y tenue brillo verde.

—T: ¿Eh?

Casi al instante pude sentir cómo el dolor disminuía y, tras un par de segundos, la herida y el dolor habían desaparecido por completo, quedando sobre mi brazo solo la poca sangre que había brotado de ella.

—T: ¿Q... qué?

—¿?: Parece que solo era algo superficial. Ahora... ¿quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Qué clase de idiota con deseo suicida entra haciendo ruido? ¿Qué fue esa luz? ¿Fue alguna magia tuya? ...

Podía escuchar que el joven me bombardeaba con preguntas, pero mi mente aún estaba procesando lo ocurrido... ¿Qué fue eso? Él... acercó su mano, apareció esa luz y luego mi herida... Una de sus palabras captó mi atención.

—T: ¿M... magia?

Espera, eso no... no es posible... ¿verdad? Pero... mi brazo, la luz, esto... ¿Es un sueño?

—¿?: Sí, magia. ¿Esa “estrella fugaz” fue algo tuyo? ¿Cómo lo hiciste? ¿Qué fue eso? ¿O acaso no fue magia?

Mi corazón comenzaba a latir nuevamente, pero no por miedo, sino por incredulidad y emoción creciente. De repente una idea cruzó mi cabeza.

—T: ¿Otro mundo?

Recordé todas esas novelas, mangas y animes de personas siendo transportadas a otro mundo y ahora... ¿yo estaba en esa situación?

—T: Estoy en otro mundo...

Mis ojos comenzaron a brillar de emoción y confusión mientras esas mismas sensaciones recorrían mi cuerpo, reemplazando el miedo de hace unos momentos. Casi inconscientemente comencé a dar saltos.

—T: Estoy en otro mundo, estoy en otro mundo...

Reí, reí demasiado fuerte llevándome la mano al pecho. Mi corazón latía tan fuerte que casi dolía. Recordando todas las historias de fantasía que había leído, mi mente comenzó a volar.

—T: Espera... eso quiere decir que debo tener alguna habilidad especial ¿verdad? O debo ser súper fuerte... ¡ESTADO!... uh... ¿¡Estatus!? Ahhh...

Con esfuerzo trataba de abrir alguna ventana de habilidades, inventario o algo, pero nada pasaba.

—¿?: ¿Otro mundo, esta...? Idiota, te dije que te callaras.

La voz del joven me sacudió y volví mi atención nuevamente a mi situación actual. Un desconocido estaba delante mío. No sabía sus intenciones ni en dónde me encontraba, pero... me había curado y hasta ahora no me había hecho daño, así que por el momento podía confiar en él... ¿no?

—T: S... sí, lo siento.

Bajé mi voz y me quedé quieta.

—¿?: Así está mejor. Ahora... ¿podrías comenzar a contestar mis preguntas? ¿Quién eres?

El joven parecía mucho más relajado, con una cara que denotaba auténtica confusión y curiosidad. Mientras nuevamente era bombardeada por preguntas, tomé unos segundos para pensar en las respuestas.

—T: Mi nombre es Titlauili. Yo... no sé qué hago aquí ni cómo llegué, tampoco sé nada sobre esa luz y yo... vengo de...

Vacilé por un momento. ¿Era seguro decir que vengo de otro mundo? ¿Será visto como algo malo? ¿Son los habitantes de este mundo xenofóbicos? ¿Siquiera me creerá? Tras otro par de segundos de vacilación finalmente tomé la decisión.

—T: ...yo... vengo de otro mundo... creo...

—¿?: ¿Otro mundo?

Comencé a reír, una risa corta, nerviosa.