De Legazpi a Sol

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Summary

Ella es orden, libros y paz. Él es caos, rock y delitos. Thiago no busca amor; busca sobrevivir a una adicción que lo consume y a un ritmo de vida que sólo encuentra calma en el riesgo de un robo a gran escala. Alma es la única persona capaz de ver al hombre detrás del colgante ancestral, pero su curiosidad profesional se convierte en un juego peligroso cuando descubre la verdadera cara de 'Los Miserables'. En un Madrid de luces y sombras, donde cada concierto es la coartada para un crimen, un secreto familiar amenaza con destruirlo todo. Porque cuando el amor nace entre balas, el único final posible es un sacrificio que ni la ciencia ni la música pueden explicar.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

El móvil vibró, un zumbido sordo que competía con el estruendo de la megafonía. Thiago, sentado en el frío banco del hall, clavó la vista en la pantalla de salidas. Su vuelo ya aparecía en ámbar. Dudó. 

—Hola —contestó.

Al otro lado, el silencio no era vacío, sino un estallido contenido. Escuchó una respiración entrecortada, una voz aplastada por una avalancha de angustia.

—¿De verdad pensabas irte así? —La voz de Alma llegó cargada de indignación—. ¿Sin más, tío? Eres un egoísta.

Thiago sintió un escalofrío. El sonido de la llamada tenía una textura demasiado presente. Levantó la mirada, buscándola entre el vaivén de gente y el rítmico traqueteo de las maletas.

Allí estaba ella.

Alma caminaba hacia él, con el abrigo desabrochado y los ojos encendidos. Se detuvo a escasos centímetros, obligándolo a ponerse en pie.

—Siento si te he ofendido antes, pero sabes de sobra que no fue tu culpa —soltó ella, sin preámbulos, con esa honestidad brutal que a él siempre le había desarmado—. ¡Me da una rabia que no pelees! No huyas, Thiago. ¿Por qué tienes que boicotearlo todo?

Thiago la observó en silencio. Cada palabra de Alma parecía transformarse en una lágrima que caía con la fuerza de una cascada. Él sentía el peso de su propia derrota en los hombros.

—No quiero arrastrarte más, flaca —logró decir él, con el acento suave, casi una caricia—. Ya no puedo.

—¡Que no fue tu culpa! ¡Perdónate de una vez! —gritó ella, perdiendo los papeles, mientras golpeaba con el puño cerrado el pecho de él, una, dos veces.

Thiago le sujetó las muñecas con delicadeza, frenando el envite.

—Tranquila, guapa... —la interrumpió, forzando una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Todo va a estar bien.

Alma se quedó quieta. Le acarició la mejilla, buscando refugio en esa pequeña frase que suele rescatar a los náufragos.

—Te quiero —dijo ella.

Él se negó a sí mismo el derecho de corresponderle con las mismas palabras; sabía que, si lo hacía, no subiría a ese avión. En su lugar, la atrajo hacia sí y, pegando los labios a su oído, empezó a susurrar aquella canción que habla de fundar una ciudad en otro sistema solar. Alma sonrió al oír el nombre de aquella ciudad imaginaria. Era su código secreto.

La pantalla de salidas parpadeó en rojo: Última llamada.

Las pulsaciones de Alma resonaban como ecos en una catedral, anunciando el último latido compartido. Thiago, que siempre se había jactado de su temple, sintió de pronto que empezaba a nevar en su interior. Fue un golpe seco, un hoyo abriéndose en el esternón, la sensación exacta de caer al vacío, a ese vacío que hay entre dos trapecios.

Tocaba decir adiós.

Se fundieron en un abrazo. Uno de esos que se daban en los jardines del Buen Retiro o entre los estantes de aquella librería de Gran Vía. Un abrazo de los que compartían en el Metro de Madrid: infinito en espacio, pero efímero en tiempo; de esos que sólo se rompen cuando la megafonía anuncia la próxima parada.

Se despidieron así, con un abrazo que va sin escalas, de Legazpi a Sol.