Prólogo
Jimin y Jungkook compartían una amistad tan arraigada que ninguno recordaba con exactitud cuándo había comenzado. Sus familias, inseparables desde hacía generaciones, habían cultivado esa unión con la intención de perpetuarla por muchas más.
A ninguno de los dos le pesaba. Al contrario: el tiempo que pasaban juntos era siempre el más valioso. Compartían gustos, risas, silencios cómodos… y, hasta el día de hoy, siguen siendo los mejores amigos inseparables.
Ambos tenían novias, pero las relaciones se habían enfriado hacía tiempo. Simplemente preferían invertir sus horas en el otro antes que en ellas.
Jungkook mantenía la suya por pura estrategia: romper con una chica de su mismo círculo social podría manchar su impecable imagen de popularidad, y eso era lo último que quería arriesgar.
Jimin, en cambio, había empezado con interés real. Pero todo se desmoronó al descubrir las verdaderas intenciones de su novia: el dinero, el estatus, el acceso a un mundo que no le pertenecía.
No era sorpresa. Provenían de las familias más influyentes del país; la gente siempre se acercaba con segundas intenciones. Sus parejas no habían sido la excepción.
La novia de Jimin había fingido afecto genuino al principio, pero ahora era descarada: solo llamaba para pedir dinero. Por eso, ambos optaban por mantener las apariencias un poco más.
En medio de una sociedad tan falsa, confiar era un lujo. Jimin y Jungkook lo sabían bien: el uno era la única persona en quien el otro depositaba una confianza absoluta. Amaban estar juntos, ya fuera maratoneando películas, compitiendo en videojuegos o simplemente tumbados en silencio, disfrutando de la compañía del otro sin necesidad de palabras.
Hacer amigos auténticos nunca había sido fácil en su entorno. Por suerte, habían encontrado un pequeño grupo que los valoraba por quienes eran, no por sus apellidos ni sus cuentas bancarias.
Una broma recurrente entre ellos era emparejarlos: "En cualquier momento terminan juntos", decían entre risas. Jimin y Jungkook siempre lo negaban con vehemencia, insistiendo en que entre ellos solo había una amistad profunda, nada más.
Pero el corazón a veces sabe cosas que la boca aún no admite.
Volviendo al presente: Jimin acababa de llegar a la mansión de Jungkook para una noche entera de videojuegos. Los padres del pelinegro no regresarían hasta la madrugada, así que el volumen podía subir sin remordimientos.
Cuando el cansancio de las partidas los venció, Jungkook dejó el control a un lado y sonrió con esa picardía que Jimin conocía tan bien.
—¿Te animas a algo más interesante? —preguntó, inclinándose un poco hacia él—. ¿Qué tal si jugamos verdad o reto?









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