Skymagic : The Spirit of the White Wind

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Summary

En las antiguas eras de los archipiélagos Syrevianos, se encontraba uno de los primeros asentamientos humanos de la región y del mundo conocido. Este asentamiento era bastante joven. Un guerrero saldría al mundo, en contra de su voluntad, a explorar este mundo de islas casi desconocidas, para acabar con el mal que surge de lo más profundo del vacío sin fin y se dispone a conquistarlo todo.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Silbidos del viento

El viento sopla continuamente sobre el archipiélago de Syrev, donde las bajas temperaturas y la nieve entierran los bellos campos verdes, cubiertos por ese grueso manto blanco. Los bosques que alrededor de las montañas, están cubiertos por el nevado ambiente. El aire está tan frío que complica la respiración. Si no estuviera todo cubierto por la nieve y el hielo, se vería la gran isla del archipiélago, llena de vida en un ambiente ya frío de por sí.

En medio de la nieve y el hielo de los bosques se escucha el rastro de dos de los habitantes de estas tierras, el más viejo de ellos arrastra el trineo, cargado en este, con poco más que unos conejos.

Vestían las ropas típicas de esta región de los cielos: un manto marrón sobre los hombros, sujeto por cinturones que cruzan del hombro a la cintura y otro de izquierda a derecha en el abdomen. Llevaban una túnica verde con un cuello de pelaje que se extendía hasta los hombros, unos pantalones blancos y botas marrones forradas de pelaje.

—Oye, Eriks —comenta el que arrastraba el trineo, con su barba algo descuidada de pelo negro y canoso, con una cicatriz en los labios— No creo que sea suficiente.

El de al frente, con la nariz rosa por el frío, se voltea y lo observa un segundo.

—No podemos hacer más por hoy, viejito —decía el de al frente, de cabello marrón y ojos grises, mientras sus botas se hunden en la nieve—

Luego siguen caminando por el sendero, con la nieve hasta las rodillas, con la poca comida que consiguieron, apenas alcanzaba para alimentar a los más jóvenes de su fuerte.

Al llegar al fuerte de madera y piedras, Eriks golpea fuerte el portón. Luego, una persona con las mismas vestimentas se asoma por el muro y hace un silbido. Después, el portón de madera se abrió y entraron con el trineo.

—¿Y cómo les fue? —dice uno de ellos—

Eriks dejó el trineo amarrado a un poste y les mostró los tres conejos.

—Nada bien —respondió el viejo de barba descuidada— No es suficiente para hoy; los huesos ya no me dan para más para ir de nuevo.

—Yo tampoco tengo ganas de salir —decía Eriks—. Que vayan otros, ya hemos salido tres veces en la semana y estoy demasiado cansado de caminar por la nieve hasta las rodillas —decía mientras se sacaba la bota para vaciar la nieve de esta—

—El invierno no dejaría llegar barcos con mercadería, el viento los arrojaría al vacío que rodea todas estas islas en el cielo —respondió uno de los guardias— Eriks, tú tienes más energía que Nicolay, sal tú otra vez y haz algo útil.

—Ya lo dije, ya salí tres veces en la semana, te recomendaría que dejes de llamarme inútil, si soy el que más se esfuerza. ¿Por qué no mueves tu gordo culo y piel de chivita y ayudas? como matar al maldito Vóudoa del este.

—Una palabra más, Eriks, y te entierro la cabeza bajo la nieve —espetó el guardia, con su cabello blanco contrastando ferozmente contra su piel morena y su nariz aguileña—

—Quiero ver que lo intentes cuernudo y sucio Chivita —Le respondió con una sonrisa—

El guardia frunce el ceño y lo mira enfadado

—Repítelo Eriks

Eriks sin perder su arrogancia le responde de manera burlona

—Cuernudo, Cuernudo, Cuernudo…

—Eriks suficiente —le dijo Nicolay molesto— Discúlpalo Gyu, este anda medio insoportable hoy

—Cambiado el tema —decía el guardia a la derecha de Gyu— si es buena idea cazar a esa bestia

—No servirá —responde Nicolay, tomando un trago de Chuve de trigo mientras acaricia su barba— En el invierno él tiene ventaja y nos caza en vez de que nosotros lo cazamos a él.

—Oye, viejo, no te tomes todo el Chuve, que nos queda poco de ese trago y no podremos hacer hasta primavera —le decía Eriks, pelando con un cuchillo la piel de los conejos, sentado en un banco—. Deberíamos ir a la iglesia, va a nevar otra vez y no creo que las casas aguanten más.

Todos, al ver que caían copos de nieve y la advertencia de Eriks, se fueron a sus casas. La nieve caía lentamente sobre los techos de madera y paja; en la calle central empezaron a tirar un poco de sal.

Después de unas horas, la nevada se convirtió en una tormenta de nieve muy fuerte en todo el archipiélago Syreviano.

En la iglesia de madera de pinos, ubicada cerca de uno de los muros de la fortaleza, se discutía entre los residentes de ¿cómo solucionar los problemas de alimentación del invierno?

—Ya todos cálmense -decía el padre Hurto, de pelo negro y ojos verdosos— Todos sabemos que este es un invierno complicado. El año pasado éramos ciento cincuenta, ahora solo quedamos cien... Nos quedan tres conejos que trajeron Nicolay y Eriks, además de lo poco que queda de la carne seca.

—Con eso no va a aguantar el invierno —decía la señora Nielagena, una mujer de pelo castaño y ojos verdes— Alcanzaría apenas para que los niños coman algo durante tres días.

El ambiente se tensó un poco entre la madera de la iglesia y los Syrevianos, que estaban viendo cómo solucionar el problema de la comida.

¿Y Eriks? —preguntó Gyu sentado en el medio de la capilla—

Miraron a su alrededor y no estaba; luego, todos miraron a Nicolay.

—Nicolay, ¿Dónde está tu pupilo? —le preguntaba el padre de la iglesia.

Este se estiró un poco y miró por la ventana, apuntando hacia los bosques del este.

—Eriks salió, lo más probable, al este... Sí, el tonto va a ir a por provisiones que guardó hace semanas. Las escondió de todos para quedárselas él, ya le dije que si no traía eso se las vería conmigo

—¡Nicolay! Pero por esa dirección está la bestia —le contestó el padre—

—Él lo sabe, en todo caso no perdemos mucho —decía, mientras agarraba su lanza y botas de la entrada—. No tengo de otra, voy a ver cómo le va.

Al salir Nicolay de la iglesia, ya se hizo de noche; ya había el sol frio se había puesto sobre los espesos bosques del este de la isla de Syrev, en un territorio en los cielos, sin más que el vacío, con las nubes y el archipiélago.

Al salir del fuerte de los Syrevianos, Nicolay empezó a caminar hacia el este, donde al inicio hay un prado cubierto por la nieve, con las pisadas de un humano, lo más probable, de Eriks.

—Te dije que esperaras, maldito Eriks —decía Nicolay mientras atravesaba el campo de nieve—

No muy lejos de ahí, en los bosques nevados del este, se encontraba el pupilo desenterrando, con su escudo de cuero con un símbolo de dragón blanco, los suministros que guardó hace semanas.

—Vamos, debe ser aquí —se escuchó otra vez el rugido aterrador que hizo que los pájaros salieran volando al instante y que le erizó la piel— Es el Vóudoa, tengo que darme prisa.

Eriks excavó más rápido entre la nieve y la tierra, hasta que encontró un saco de cuero lleno de sal para conservar alimentos; había carne y champiñones en buena cantidad.

—Bien, ya me voy rápido de aquí —se decía a sí mismo—

De repente, escucha pisadas cerca; eran de una bestia cuadrúpeda, la profundidad de las pisadas hacía que se marcara más la presencia de la criatura, Eriks sabía de quién era y sacó su espada de hierro y escudo de madera.

—Sabía que esa cosa vendría —decía, temblando de miedo, escuchando las pisadas cada vez más cerca— chica lista.

Y en medio de esos árboles apareció la bestia, lo que los Syrevianos bautizaron como... El Vóudoa.

Su apariencia era bestial: una criatura de cuatro patas, una cabeza doble felina, de león y la otra de tigre, ambas con una melena; un cuerpo felino con garras filosas, como un cuchillo Shibalí y una cola con la punta afilada como la de una lanza. Su piel es completamente blanca para camuflarse en la nieve, también era forrada de un buen pelaje para el frío invierno. Sin más, el segundo mayor depredador del archipiélago Syreviano.

Eriks jadeaba, y su aliento se congelaba en el aire helado.

Las manos le temblaban mientras sujetaba el mango de cuero de su espada; su escudo de color bronce con un dragón pintado no se movía y su otro brazo no respondía se dedicaba solo a temblar, por el miedo que sentía en ese momento, sin quitarle los ojos de encima a la feroz criatura. Que lo miraba con sus dos ojos en cada cabeza de fiera.

Eriks había escuchado, cuando era más joven, una de las historias que siempre les contaba Nicolay a los niños y a él, sobre las temibles habilidades y apariencia de la bestia.

—Una criatura feroz y fuerte, con un rugido que paraliza a la mayoría de las especies, de la más débil a las más valientes, cuyas garras afiliadas, rebana a sus presas y las devora aún vivas —se le venía a la cabeza el recuerdo vago de la historia de Nicolay—

En ese momento, no sabía qué hacer y la bestia emitió su rugido gigante, que hizo que las pocas hojas de los árboles cayeran al piso entre la nieve y los frutos de los pinos, los pájaros se quedaran por un breve momento sin moverse para luego escapar deprisa en bandada.

Eriks, en esa situación desesperada, no tuvo otra opción: se puso en posición de combate y salió corriendo por el sendero del bosque, con su trote siendo ralentizado por la nieve gruesa que llegaba hasta las rodillas.

El Vóudoa fue tras de él, corriendo en sus cuatro patas sin mucha dificultad, y cuando estuvo cerca, le dio un zarpazo con sus garras.

Afortunadamente para Eriks, pudo bloquearlo con el escudo, pero este se rompió en pedazos. Luego guardó sus armas y huyó lo más rápido que pudo.

—Demonios, estuvo cerca —decía mientras se iba corriendo por la espesa nieve del bosque de pinos—

Mientras Nicolay caminaba a ritmo constante sobre la nieve de los prados, no podía dejar de pensar que su propio pupilo se había metido en algún problema, como casi siempre lo hacía.

—Eriks, ¿Cuándo será el día en que pueda estar yo tranquilo? —se decía a sí mismo el viejo lancero—

A lo lejos, Nicolay observó algo salir de los bosques de pinos. Era Eriks, que venía corriendo dejando sus huellas de las botas en la nieve hundida.

—¡Eriks! ¡¿A dónde vas?! ¡¿Ya conseguiste los recursos?! —le gritaba Nicolay apoyándose en su lanza como si fuera un bastón.

Eriks, venía corriendo lo más rápido posible y luego, cuando estuvo más cerca de Nicolay gritó en desesperación y pánico

—¡Nicolay! ¡Corre! —Pasó corriendo al lado de Nicolay— ¡No te quedes ahí parado! —Decía mientras iba corriendo despavorido—

Nicolay confundido, escucha un ruido fuerte y al voltear en dirección donde corría Eriks, ve al Vóudoa que venía a toda velocidad.

—¡Mierda! —Se va corriendo como puede alcanzando a Eriks— ¿¡Qué hiciste!?

Eriks estaba cada vez más cansado, pero no podía parar de correr. Sus suspiros se volvían congelados por el frío extremo.

—¡No hice nada! ¡Solo tomé lo que ocultaba y estaba en su territorio!

—¡Mierda! ¡Solo sigue corriendo, en algún momento lo perderemos!

Ambos siguieron corriendo por los prados tapados por el manto blanco. Las huellas de los dos se marcaban en la nieve y rezando de que el Vóudoa fuera más tonto que ellos y no supiera rastrear. El Vóudoa seguía buscándolos, pero ambos se ocultaron detrás de unos pinos de un pequeño conjunto de bosques al que lograron llegar.

Eriks asoma un poco la cabeza y veía muy cerca de unas hojas secas en la nieve al Vóudoa buscándolos. Luego, cuando el Vóudoa giró la cabeza en su dirección, Eriks la escondió de inmediato.

—Espero que no me haya visto —susurraba mientras le temblaban las manos y el cuerpo del miedo—

—Silencio, Eriks —temblándole las manos al agarrar su lanza—. No podremos pelear solos con esa bestia, así que lo mejor es retirarnos.

—Creo que tienes razón, vámonos mientras podamos —agarra una piedra del suelo cubierta por la manta blanca y la lanza contra un árbol lejano—

La piedra choca con una de las ramas lejanas de un árbol viejo, que hace que caiga la nieve que se acumulaba en las ramas de ese viejo tronco. El Vóudoa al escuchar el ruido del golpe y la nieve caer, se dirige en esa dirección dando un rugido con una de sus dos cabezas, específicamente la de tigre.

—Eso nos dará tiempo, corre —Eriks salió corriendo a través de la pequeña arboleda de pinos—

Nicolay le siguió el paso, hasta que llegaron hasta el fuerte nuevamente. Al llegar, los recibieron otra vez y se sientan en la iglesia que seguía en reunión por el tema del bien escaso de la comida, que, mientras se habían ido, habían alcanzado a cazar un pequeño pájaro.

—Fue arriesgado, pero lo conseguí —decía Eriks que se encontraba cansado y mostrando el pequeño saco con la mano alzada—

Nicolay tomó el pequeño saco y puso sus recursos en la mesa: unos champiñones en su mayoría, y pedazos de carne y mucha sal para conservar.

—Servirán, pero no es mucho para la cantidad de personas que somos —decía Nicolay con un tono menos preocupado por la situación en la que se encontraban—

—Creo que no tenemos de otra, Nicolay —decía Eriks—. Tenemos que matar a ese Vóudoa.

Nicolay respiró un poco y con los ojos cansados afirmó con la cabeza

—Creo que tienes razón, también podríamos comer al Vóudoa, en cualquier caso —lo decía en desagrado— Aunque sea apacible su carne, el pelaje nos vendría bien... Por lo menos para comerciar cuando el invierno pase.

La idea para los demás del fuerte era la única opción, todo este tiempo trataron de evadir al Vóudoa, pero parece que no hay más opción y solo quedara matarlo. Su fuerza es mucha, puede partir a alguien en dos con un mordisco y sus garras son filosas como un diamante, estas características dan un miedo increíble a la población.

—Bueno —decía el padre de la iglesia sacando un libro de bestiario de la estantería de la iglesia—. Tendremos que saber si tiene alguna debilidad, no vamos a lanzarnos a lo loco encima de él.

—Tiene razón padre —decía Eriks parándose—. Por lo que pudimos ver es que se distrae fácil por su buena audición, cuando lance la piedra y choco el Vóudoa lo escucho al instante y se dirigió hacia la dirección del ruido, solo se concentró en el ruido que escucho. Así que podríamos usar eso a nuestro favor.

El padre se levanta con dificultad cojeando, ajusta las gafas, se pone la bufanda y su abrigo de pelaje

—No hay de otra, preparen la mitad de las provisiones alimenten a los niños primero y luego las mujeres, comeremos últimos las sobras, para ir a por ese Vóudoa —No aguanta su peso más y se recuesta nuevamente en el asiento— Dios que me falte una pierna me está afectando demasiado.

Eriks se levantó y se llevó el saco para dejarlo en la olla.

—Padre Hurto —Decía Nicolay— lo mejor es que se quede. Eriks, usa esa buena percepción en la casería

—Gracias —Decía Eriks golpeándose el pecho con orgullo—

—Pero eres muy tonto —Nicolay se cruza de brazos y se apoya contra la madera de la vieja iglesia— Debiste decirme que ibas a hacer salir a buscar esos recursos pudimos haber muerto.

Eriks, lo mira algo enojado, pero rápidamente se le cambia la cara, el joven sabe que no es momento para fastidiar se con los sermones de su viejo tutor.

—Eriks, ve a alimentar por mientras. Alos dragones de tierra con esos frutos de pino... Enserio si veo uno de esos voy a vomitar por su horrible sabor.

—Está bien viejo —Eriks sale por la vieja puerta trasera de la iglesia—

Al salir, por esa puerta trasera Eriks ya estaba en el lugar donde guardan los dragones de tierra, criaturas de carácter dócil, parecidas físicamente a lo que es una tortuga, más bien como si fuera un armadillo/tortuga gigante.

Eriks se acerca a uno de ellos, al suyo propio “Chiku” le acaricia la cabeza y Chiku responde lamiéndole la mano.

—Parece que tienes hambre grandote —Le arroja a su boca los frutos de pino que tanto detesta Nicolay, su olor es horrible—

El dragón de tierra se lo come con gusto, sus grandes molares mastican los frutos llenos de espigas de los pinos y tierra acumulada.

—¿Sabes algo? —Dice Eriks apoyándose en la estructura de madera del establo— Estoy harto que Nicolay siempre me de sus discursos, “Eriks esto…Eriks eres impulsivo” Si, lo soy, soy impotente y lo mas probable es que estaré atrapado en esta maldita isla de nieve y polvo sin siquiera hacer algo por mi cuenta, o peor, tener que compartir mis recursos que encontré para mí, pero que por la situación de todos me dio lastima y fui a buscarlas —Estira los brazos— Se sintió increíble, como si fuera el héroe o algo así, pero aun siento que hubiera sido mejor guardarlo para mí.

Chiku lo mira recostándose nuevamente, se quedó inmóvil al escuchar lo que dijo Eriks. Lentamente, levantó la mirada mientras sus ojos se entrecerraban con una mezcla de incredulidad y desconcierto. Sus mandíbulas se curvaron hacia un lado, formando una mueca entre la tristeza y el desconcierto, como si entendiera lo que su dueño dijo.

Eriks lo mira reflexivamente, mientras ve como como el viento mueve uno de los listones que se les ponen a los pinos, con una campana en la punta del listón hacen un sonido tranquilizador e inquietante por lo fuerte que es.

—¿Qué estoy diciendo? Este invierno me volverá loco…

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