“Vida Ordinaria en el Infierno”

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Summary

⚠️ Advertencia de contenido La siguiente imagen contiene representaciones ficticias de demonios y un entorno infernal en estilo fantasía/anime. Puede incluir elementos oscuros, criaturas sobrenaturales y una ambientación intensa que podría no ser adecuada para personas sensibles o menores de edad. Se recomienda discreción del espectador.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

La mesa era un tablón de hueso carbonizado, iluminada por el candelabro de cadenas y velas hechas de grasa humana que goteaban cera negra. En el centro, un pavo infernal asado entero —aún con plumas chamuscadas y ojos que parpadeaban débilmente— rodeado de costillas humeantes, trozos de carne que se retorcían como si intentaran escapar, y cuencos de sangre espesa que burbujeaba como vino.

Kroth devoraba un muslo con los dientes, la salsa negra chorreándole por la barbilla.

Vexara, sentada a su lado con los seis pezones asomando bajo su harapo de cuero, pinchaba trozos de carne con su tenedor oxidado, pero sus ojos amarillos no dejaban de lanzar dagas a su esposo.

Gorg y Slaag, los imps, se reían mientras se arrojaban pedazos de cráneo entre ellos, masticando con la boca abierta.

Elena no estaba sentada a la mesa.

Estaba de rodillas junto al pozo de lava que hacía de fogón, encadenada por el tobillo, limpiando el suelo con un trapo hecho de su propia piel arrancada días atrás. Cada movimiento le abría las heridas de la espalda. No había comido nada sólido desde que llegó; solo le daban restos quemados cuando Vexara estaba de "buen humor".

Kroth eructó, un sonido que hizo vibrar las cadenas del techo, y miró a su esposa.

—Buena cena, Vex. El estofado de alma de hoy estuvo decente.

Vexara clavó el tenedor en la mesa con tanta fuerza que astilló el hueso.

—¿Decente? ¿Gracias a la puta humana que trajiste? ¿La que limpias, cocina y luego te follas cuando crees que duermo?

Los imps se callaron de golpe. Gorg dejó de masticar un ojo humano a medio comer.

Kroth suspiró, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

—No empieces otra vez, Vex. Es solo una esclava. Carne fresca para la casa. Nada más.

Vexara se levantó tan rápido que volcó su copa de sangre. El líquido rojo oscuro salpicó el suelo y chisporroteó al tocar la lava.

—¿Nada más? ¡Te oí anoche! Gruñendo como un cerdo en celo mientras la empalabas. ¿Crees que soy ciega? ¿Que no huelo su coño humano en tu polla cada mañana?

Kroth intentó mantener la calma, pero su cola se agitó irritada.

—Es una humana, Vex. Débil. Estúpida. Solo sirve para fregar y abrir las piernas cuando estoy aburrido. Tú eres mi esposa. La madre de mis crías. Mil veces mejor.

Eso fue el error.

Los ojos de Vexara se encendieron como brasas. Se giró hacia Elena, que se encogió en el suelo, temblando.

—¿Mil veces mejor? Entonces demuéstramelo. Demuestra que no la necesitas.

Sin aviso, Vexara cruzó la habitación en dos zancadas. Agarró a Elena por el cabello y la arrastró hasta el centro de la choza, frente a la mesa familiar.

Elena gritó, pataleando.

—¡No! ¡Por favor! ¡Yo no…!

Vexara le puso una garra en la garganta y la obligó a arrodillarse.

—Mírenla, familia. Esta es la "ayuda" de tu padre. Una puta mortal que cree que puede reemplazarme.

Kroth se puso de pie, la silla cayendo hacia atrás.

—Vex, basta. No vale la pena. Déjala.

Pero Vexara ya había abierto la boca. Sus colmillos se alargaron, brillando con saliva ácida. Un aura negra comenzó a salir del cuerpo de Elena: su alma, un hilo etéreo y plateado que se retorcía de terror.

Con un rugido, Vexara hundió los dientes en el pecho de Elena —no en la carne, sino directamente en el alma. Elena chilló como si la estuvieran despellejando viva. El hilo plateado se retorció, intentó escapar, pero Vexara lo succionó como si fuera un fideo. Tragó, tragó, tragó... hasta que el alma desapareció por completo en su garganta.

Elena se desplomó, inerte. Su cuerpo quedó vacío, como una marioneta sin hilos. Pero no estaba muerta del todo; en el Infierno, devorar el alma no mata... solo destierra. Pasarían décadas, quizás siglos, antes de que esa alma volviera a formarse en algún rincón olvidado del averno.

Vexara se limpió la boca con el dorso de la mano, sonriendo con dientes manchados de luz plateada.

—Listo. Ya no volverá a molestar. ¿Contento ahora, esposo?

Kroth miró el cuerpo vacío de Elena, luego a su esposa. Por un segundo, la ira le cruzó el rostro... pero luego suavizó la expresión. Se acercó despacio, puso una mano enorme en el hombro de Vexara.

—Vex... escúchame.

Ella se tensó, lista para atacar.

—No fue nada. Solo un capricho. Un desahogo. Tú eres la que manda aquí. La que me calienta la sangre de verdad. La que parió a Gorg y Slaag. La que me aguanta todos estos eones de mierda.

Vexara lo miró fijamente, los ojos aún ardiendo.

—¿Y no lo volverás a hacer?

Kroth la atrajo hacia él, pegándola contra su pecho ancho y quemado. Su cola se enroscó alrededor de la de ella en un gesto posesivo.

—Nunca más traeré una humana a esta casa sin tu permiso. Tú eres suficiente. Más que suficiente. Eres mi reina del estiércol y el fuego.

Vexara respiró hondo... y poco a poco, su rabia se disolvió en una sonrisa torcida.

—Bien. Porque la próxima vez no me conformaré con comerme su alma. Te comeré a ti también.

Se besaron entonces, un beso brutal, con lenguas que se enredaban y dientes que se rozaban. Los imps aplaudieron y rieron, volviendo a su cena como si nada hubiera pasado.

El cuerpo vacío de Elena quedó tirado en un rincón, olvidado. Su alma... perdida en la oscuridad profunda del Infierno, tardaría mucho en regresar.

Y la familia siguió comiendo, bebiendo y riendo bajo el candelabro de cadenas.

Fin del Capítulo 1