Faire le ménage...
El ambiente era tranquilo, silencioso. los salones vacíos y el sonido de los pájaros mientras la luz del sol entraba por las ventanas con las cortinas tambaleándose por el viento y el tic-tac del reloj en la pared marcando las 6 PM.
Un chico caminaba por los pasillos acomodando su bolso mientras sacaba su suéter, la luz del sol iluminando mientras se reflejaba en el pasillo. El chico dejó el bolso en el suelo y luego sostuvo su suéter dándole la vuelta y sacudiendo la prenda, el sonido tuvo eco. Luego se lo puso y agarró su bolso colgando lo de su hombro.
El sonido de sus pasos era leve, y su respiración regular. Metió sus manos en los bolsillos de su suéter y bajó las escaleras. El chico cerró los ojos y bostezó justo al detenerse en el último escalón.
Volvió con su caminata, el suelo pulido y brillante reflejaba al chico, los salones ordenados y los de la limpieza haciendo su deber. Al llegar a la salida el sonido de los pájaros lo interceptó, la luz del sol lo cegó por un momento.
Sacó sus audífonos y lentamente se los colocó antes de sacar su celular y poner música baja mientras miraba los árboles cuyas hojas se movían con el viento y algunas caían.
—”Hey girl, open the walls, play with your dolls”—
El chico tarareó la canción en su cabeza mientras miraba el suelo tratando de no pisar la separación de las baldosas con forma infantil.
La gente caminaba a su alrededor y los sonidos de los autos se hicieron notorios, los claxon de los camiones, gente corriendo, agentes de marketing, perros robando comida. Miró a su alrededor y notó el semáforo en rojo, al detenerse un grupo de chicos de otra escuela también lo hizo, sus sonrisas entran grandes y se veían notoriamente animados.
Entonces se le cayó su peluche de su llavero, uno de los chicos se acercó y lo recogió del suelo limpiándolo y entregándoselo.
El chico acercó su mano hacia su rostro y con la yema de sus dedos rozó sus labios, luego extendió su palma hacia el chico que recogió su llavero. Pero luego miró el suelo e hizo una reverencia sincera.
Los minutos pasaron y el grupo de chicos se disolvió con cada paso, cada uno despidiéndose. Quedando solo uno, el trayecto se volvió lentamente silencioso hasta quedar el bullicio de fondo, los pasos de ambos chicos se escuchaban a través de los audífonos.
—¡Hey! Hace rato nos vimos, yo recogí tu llavero… mi nombre es [...]
Pero fue incapaz de escuchar las palabras, ignorando completamente al chico que solo buscaba socializar.
—¡Ah! Ya veo, tienes audífonos. Eso tiene más sentido… bueno…
El joven miró hacia al frente y siguió caminando junto al chico.
—(ahora que lo pienso, siento que ya había visto ese gesto en un vídeo…)
Pensó el joven antes de volver a mirar de reojo al chico, quien miraba el suelo tratando de no pisar las rayas, su cabello moviéndose por los pasos y el viento.
El joven ladeó la cabeza y luego desvió la mirada. —(supongo que será mejor que no lo moleste)—
Ambos chicos se detuvieron en un lugar, una parada, el chico se sentó posicionando su bolso en frente de su abdomen mientras escuchaba música.
El joven se acercó y se sentó al otro extremo de la banca.
Los minutos pasaron, la gente fue disminuyendo, la brisa nocturna era melodía para el joven, quien estaba aburrido.
Entonces el chico se quitó los audífonos y los guardó en su bolso.
Un autobús pasó y se detuvo, ambos chicos se levantaron y subieron al bus.
El chico se detuvo y observó al joven detrás de él, para luego irse al fondo, la gente dentro del bus eran mayormente adolescentes y universitarios. El chico se sentó y dejó su bolso en el suelo sacando un termo de café.
El silencio reina en el bus, el chico se sirvió café, tomando sorbos lentos mientras miraba su teléfono. Algunos hablaban con tono de voz bajo debido al cansancio de los demás.
El chico guardó sus cosas y cerró sus ojos recostándose del asiento.
La luna se alzó sobre el cielo, miró por la ventana y luego vio su parada.
Él simplemente agarró sus cosas y bajó del bus, el sonido de los grillos, las luciérnagas pasando lentamente por el frente. La pequeña fuente de agua sonaba con fluidez. Entró a casa y se desplomó en su cama, finalmente durmiendo.
Al día siguiente era un nuevo día.
El chico estaba en su asiento, los sonidos y bullicio de sus compañeros en la hora del receso era ensordecedor.
—¡Izan!
Gritó uno de sus compañeros al ver que les tocó su nombre en una lista.
Él miró a sus compañeros que rápidamente lo rodearon sin salida. Una chica se acercó a él y le dió un beso en la mejilla.
—¡Listo!
Ella sonrió emocionada con las mejillas sonrojadas, sus amigas gritaron emocionadas y se la llevaron.
El sonido fuerte irritó a Izan, sacó su suéter y se cubrió con la prenda, su mirada se dirigió hacia la ventana mirando los pájaros.
Entonces la puerta se abrió abruptamente, tanto Izan como los demás se sobresaltaron y observaron el origen del estruendo. Una chica respiró agitadamente pero luego se recompuso.
—¡Buenos días! Por favor, ¿podrían hacer el favor de ir al gimnasio? Para ya.
La chica cerró la puerta y se marchó, sus compañeros miraron a Izan. Este recogió cuidadosamente sus cosas y agarró su bolso sin colgarlo de su hombro. Apoyó su palma de la mano contra la mesa y luego se levantó caminando hacia la puerta para abrirla y salir.
Los demás recogieron sus cosas y ordenaron el salón, la líder del salón empezó a limpiar todo y ordenar dos columnas para femeninos y masculinos.
—Muy bien, Izan, hazme el favor de guiarlos al gimnasio, yo cerraré el aula.
Ordenó la líder dándole una palmada en el hombro. Izan observó a Sakura y luego asintió dándole vuelta y colgando su bolso de su hombro, sus pasos se volvieron lentos y silenciosos mientras observaba el suelo con naturalidad. Los demás caminaron detrás de él, sus voces chillonas y sus bromas entre ellos eran molestas. Algunos salones estaban preparando sus salidas, Izan bajó las escaleras apoyando la palma de su mano izquierda contra el barandal.
Izan observó los pasillos, habían algunos estudiantes que se habían quedado atrás, que habían escapado o ignorado la orden. Izan caminó hacia el pasillo izquierdo, sus compañeros lo siguieron mientras reían. Comían o tomaban algo, él tocó el hombro de una chica en el pasillo y le señaló la puerta hacia la parte trasera.
La chica asintió y se llevó a su amiga, Izan siguió el camino y finalmente llegaron al gimnasio, lleno de gente. El ruido era tan fuerte que Izan sacó sus audífonos listo para ponérselos, el tacto frío de sus audífonos se sentía bien.
Los segundos poco a poco se convirtieron en minutos, minutos en horas. Hasta que finalmente acabó, los estudiantes empezaron a retirarse apresurados. Izan caminó hacia la salida cuando Sakura lo detuvo.
—¿Escapando? Recuerda, está semana te toca limpiar el aula junto con Yuri.
Ella luego ordenó a sus compañeros retirarse, Izan miró el suelo y luego juntó sus manos, sus dedos acariciando el dorso de sus manos con fuerza.
Su camino al aula fue silencioso, Yuri estaba detrás de él, ella estaba nerviosa y emocionada.
—Oye… Izan… jeje, ¿puedo preguntarte algo íntimo?
Ella se acercó y caminó a su lado, sus manos juntas mientras su mirada nerviosa se desviaba hacia el paisaje.
Izan estaba centrado al frente, llegó a las escaleras y se detuvo.
Yuri sonrió emocionada y se acercó para tomarle las manos.
—¿A ti te gusta una chica?
Izan se quedó congelado, sus piernas temblaron mientras sus ojos se quedaron fijos en los ojos marrones de Yuri, ambos quedaron cara a cara por unos instantes hasta que Izan apretó los labios y negó con la cabeza.
El sonido se detuvo de repente, el reloj sonó con un suave tic-tac justo antes de que Yuri abriera ligeramente la boca antes de pronunciar sus siguientes palabras.
—Me gustas.
Confesó tiernamente antes de separarse de Izan quien visiblemente parecía agitado. Él simplemente tocó su pecho y sintió su corazón acelerado, la palma de su mano en su pecho. Izan observó la ventana del pasillo antes de mirar a Yuri con culpa.
Yuri se tensó mientras analizaba la mirada de Izan, ella miró el suelo rápidamente y sus dedos se cerraron fuertemente contra su palma, sus uñas clavándose en la palma.
—Entiendo… Gracias por al menos haberme escuchado.
Declaró con severidad antes de salir corriendo, sus pasos resonando por el pasillo, poco a poco Izan fue recuperando la compostura, el sonido volvió. Las hojas de los árboles afuera sonando con el viento, los pájaros cantando. Uno de ellos se posó en la ventana del pasillo y miró a Izan.
Este simplemente agarró su celular, sintiendo el frío en la yema de sus dedos.
—*limpiar...*
Pensó mientras su miraba se relajaba y su respiración se calmó, el brillo de su teléfono se reflejó en sus ojos.
—*Joven gana competencia de matemáticas*
Observó en unas noticias locales, su pulgar se deslizó contra la pantalla observando todo…
Las horas pasaron, Izan estuvo limpiando con paciencia. Los pájaros eran los acompañantes perfectos, el reloj pasó de estar de las 4 hasta las 6, fue entonces que Izan terminó de limpiar. El tiempo se oscureció y el sol se ocultó entre las nubes. Iba a llover, Izan miró el cielo por la ventana y luego las cerró mientras acomodó las cortinas.
Reposo su palma de contra el frío casillero en la parte trasera del aula, sus dedos se movieron en círculos mientras sus ojos cansados estaban observando sin emoción. Se sentó en su puesto y sacó sus audífonos, su pulgar se deslizó lentamente por su playlist.
—*Guess it's time that I tell you the truth
If I share my toys, will you let me stay?
Don't want to leave this play date with you*
La melodía resonó por la mente de Izan con paz y tranquilidad, sus ojos se cerraron y su respiración se volvió lenta y profunda. Sus dedos tocando la mesa con suavidad mientras la lluvia empezaba a caer lentamente afuera.