Hasta que te fuiste

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Summary

Tracy vuelve a casa sin ganas de complicarse la vida. Decidida a cumplir su sueño más secreto, lucha por entrar en la reputada academia de música y danza, Youngstone. Sin embargo, antiguos amores, nuevas oportunidades y deseos que no sabía que tenía, hacen que su mundo se tambalee. Sigue a Tracy, Kyle, Harvey, Melissa, Alice y nuevos personajes en la segunda parte: Hasta que te fuiste.

Genre
Drama
Author
pepperhaze
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Aunque el verano había comenzado siendo uno de los peores de mi vida, había acabado de la mejor manera posible. El viaje hacia Croacia había sido todo un tormento, había llorado a escondidas de mi madre y les hice prometer a Alice y Melissa que no dirían donde me encontraba. Cuando salí de casa de Kyle me sentía perdida, no sabía qué era lo que quería, no sabía si realmente quería estar con él... Hasta que al llegar a casa había visto a Harvey. En ese momento lo había tenido todo claro. Lo que necesitaba era desaparecer. Me urgía un borrón y cuenta nueva. Lo había pasado francamente mal por ambos hermanos y, siendo sinceros, ellos también por mí. No solo les había hecho daño, sino que había aumentado la rivalidad que existía entre ellos, y si una cosa tenía clara en la vida era que la familia iba por encima de todo. Yo era la que sobraba en esa regla de tres. Debía pasar tiempo con alguien que me cuidara y me quisiera incondicionalmente y esa no era otra que mi madre. Las vacaciones en Croacia no consistieron en un par de días, la verdad era que Croacia era un lugar con mucho turismo por hacer, mucho que escribir y mucho que vivir. Las primeras semanas había acompañado a mi madre por todo el país, pero definitivamente nos habíamos hospedado en Dubrovnik, la cual estaba considerada como una de las ciudades más hermosas de Europa. Me quedé hipnotizada por sus paisajes, sus calles, sus playas... Disfruté como hacía tiempo que no disfrutaba. Incluso, acabé trabajando en un pequeño bar como camarera las últimas semanas, después de ayudar a otra camarera con el pedido de un cliente italiano. ¿Quién me hubiera dicho que las lecciones de italiano que había tomado por libre durante el instituto me iban a servir para encontrar un trabajo a media jornada en Croacia? Después de casi dos meses allí, le había cogido demasiado cariño a la ciudad y por eso se me hizo tan duro volver.

Ya no solo era el sentimiento de pérdida que sentía al tener que marcharme de allí, sino que sabía que la realidad me estaba esperando al salir del aeropuerto. Mi futuro era completamente incierto en muchos aspectos. Para empezar, no tenía ni idea de lo ocurrido con Sarah. Quizás cada vez que mandara un currículum a una emisora de radio, acabara quemado en una hoguera provocada por ella utilizando cualquier vodka caro y cerillas. O quizás, Kyle al hablar con ella, la había convencido para que dejara las cosas tranquilas y no me metiera en problemas. Sin embargo, tampoco es que pudiera llamar a Kyle para preguntarlo. No después de haberle dado semejante plantón. Cuando llegué a Croacia, lloraba por las noches, imaginando lo mal que lo estaría pasando al no tener noticias mías, pero con el paso de los días fui recapacitando. Kyle no se habría pasado las noches en vela pensando en mí. Probablemente le habría extrañado no saber nada de mí, pero después habría interpretado mi silencio como una negativa a la pregunta que me hizo... Y seguramente era lo mejor. O al menos, eso quería pensar.

Definitivamente, marcharme a Croacia había sido la mejor decisión, a pesar de no haber tenido en cuenta lo complicado que sería la vuelta a casa. Sin embargo, mi madre, de nuevo, me alegró la vida. Uno de los jefes de la guía turística para los que trabajaba había estado interesado en mí, después de que mi madre le comentara que la había ayudado a redactar varios textos y me había considerado para ocupar un puesto en un periódico digital como columnista. Podía trabajar desde casa y él, se limitaría a mandarme los temas sobre los que debía escribir. Con ese aspecto de mi vida resuelto, el viaje de vuelta en avión fue más o menos tranquilo. Quitarme la presión del trabajo había sido esperanzador y aunque aún quedaba la parte sentimental por resolver, esa era la que menos prisa me corría. A pesar de haber estado tanto tiempo fuera, aún no tenía claro qué hacer. No obstante, también sospechaba que las cosas hubieran cambiado con mi ausencia. Quizás Kyle se había tirado a veinte tías más, quizás Harvey había conocido a alguien... Puede que incluso se hubieran peleado. No tenía ni la más mínima idea de lo que había ocurrido con respecto a ellos porque las pocas veces que había hablado con mis amigas, había decidido no preguntarles por ellos y ellas tampoco me habían contado nada. Creo que todos a mi alrededor se habían dado cuenta de que no era una buena idea.

Quizás, el no querer enfrentarme a eso, era lo que me tenía encerrada en mi casa después de haber vuelto de Croacia. Alice y Melissa habían venido prácticamente todos los días a visitarme tras mi vuelta, pero yo procuraba salir lo menos posible a la calle, y las pocas veces que debía hacerlo, corría por las calles como si fuera una criminal que está en busca y captura. Si seguía conservando el ligero tono bronceado que había ganado en Croacia era gracias a la luz del flexo. Los primeros días mis amigas habían tenido paciencia conmigo, pero ahora que se acercaba la segunda semana consecutiva sin salir de casa, ya empezó a hartarles mi situación de ocultismo.

— Vale, se acabó.— Dijo Alice mientras dejaba las hamburguesas sobre la mesa del salón.— Esta es la última vez que cenamos aquí encerradas.


— Oh, venga ya... Estar aquí es igual que estar en un bar.— Espeté mientras le quitaba el envoltorio a la hamburguesa.


— No puedes esconderte siempre, Tracy.— Resoplé, mirando a Melissa para que me echara un cable.


— Mira, entendemos que lo pasaste mal... Pero ya han pasado dos meses y no puedes estar escondida en tu casa toda la vida.— Puse los ojos en blanco.— En algún momento vas a encontrarte con ellos y es mejor que seas tú la que tenga el control de la situación y que no te pille desprevenida, ¿no?


— Sé que no puedo esconderme para siempre, pero… — Suspiré, echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.— Después de que Kyle me besara... Y después de que Harvey viniera a mi casa a buscarme... Desaparecí sin más y no sé cómo se lo habrán tomado.


— Nunca nos contaste qué te dijo Harvey.— Ni tan siquiera a mi madre le había llegado a contar lo que había hablado con Harvey. Cuando llegué del piso de Kyle solo fluía adrenalina por mis venas, estaba demasiado alterada tras el beso y más aún después de su proposición, y cuando me encontré con Harvey la situación no mejoró. No entablamos una conversación profunda, ni tan siquiera cruzamos más de dos frases aquella noche. Simplemente me miró, me dedicó una de sus típicas sonrisas y me dijo: «A pesar de todo.» No hizo falta más. Supe exactamente a qué se refería. Mi corazón era una oleada de emociones en ese momento y lo único que me salió, fue darle un abrazo, mirarlo a los ojos, sonreírle y decirle: «Mañana hablamos, voy a cenar con mi madre.» ¿Cómo iba a mirarlo a la cara después de haberlo dejado tirado de esa manera?


— Digamos que... Se declaró... De alguna manera.— Susurré mientras me sentaba bien el sofá, dándole después un mordisco a la hamburguesa.


— Vaya… Los dos hermanos en una noche…— Dijo Melissa con una sonrisa burlona en su cara, levantando ambas cejas mientras me miraba.— Si no te hubieses ido... ¿Con cuál te hubieras quedado? — Abrí la boca para responder a su pregunta, pero acabé frunciendo el ceño y dándole de nuevo un bocado a la hamburguesa.


— Espera… ¿Aún no sabes quién te gusta más? — Desvié la mirada. Había intentado no pensar en ninguno de los dos durante mis vacaciones, y mucho menos me había parado a pensar en que tenía que decantarme por alguno. Imaginé que cuando volviera a casa, todo se resolvería solo, e incluso que ninguno de los dos siguiera interesado en mí. Más de una noche había soñado con el beso que había compartido con Kyle, había estado cargado de tanta pasión contenida en un instante tan breve que era sumamente complicado sacármelo de la cabeza. Sin embargo, durante el día a día, Harvey era en quién más pensaba. Me moría de ganas de contarle todo lo que había visto, las tonterías que había hecho siendo turista y lo mucho que había ayudado escribiendo a mi madre, hasta quería contarle que había sido camarera.


— Lo mejor sería que no me gustara ninguno.— Contesté intentando ponerle punto y final al tema.


— Lo mejor sería que te encontraras con ellos... Y dejaras de vivir como una presa. 



No es que sus palabras me inculcaran un ánimo y una valentía desbordantes, pero sí que sus amenazas con sacarme de casa a rastras habían influido un poco en que me estuviera vistiendo para ir al bar de John al día siguiente. Me abroché los botones de mis vaqueros cortos y me metí la camiseta que llevaba por dentro. Me había probado prácticamente todo lo que tenía en el armario hasta que me di cuenta de que eso era lo de menos. Seguramente estarían enfadados conmigo igualmente. Me colgué una pequeña mochila a la espalda con mi cartera, mis llaves y mi móvil en cuanto escuché el telefonillo y bajé en el ascensor para reunirme con Alice y Melissa. Me intenté dar la vuelta un par de veces antes de llegar, pero ambas me impidieron escapar, así que solo podía repetirme a mí misma una y otra vez que debía ser valiente.

El bar de John seguía igual que antes. Nada parecía haber cambiado. Quizás aquel mediodía estaba más lleno de lo normal, pero había un par de mesas disponibles todavía. Quise ir corriendo a una de ellas y sentarme de tal manera que tuviera que darle la espalda a la barra, pero Alice se encargó de agarrarme de la muñeca para que no saliera corriendo como alma que lleva al diablo.

— ¡Hola, Harvey! — Permanecí escondida detrás de ellas mientras lo saludaban.— ¿Nos puedes llevar dos cervezas a la mesa del fondo?


— Marchando.— Contestó alegremente, dándose la vuelta para utilizar el grifo de cerveza. Aproveché para colarme entre Melissa y Alice y así quedarme frente a la barra. Tomé aire y, por fin, fui capaz de hablar.


— Para mí... Un té de melocotón.— Harvey se dio la vuelta de inmediato con un vaso de cerveza en cada una de sus manos y me recorrió el cuerpo con la mirada, como si hubiera visto un fantasma.


— Ya nos las llevamos nosotras.— Intervino Melissa, inclinándose sobre la barra para quitarle los vasos de cerveza, marchándose después de allí. Después de un breve pero incómodo silencio, Harvey sonrió levemente.


— ¿Qué tal la cena con tu madre? — Preguntó mientras sacaba un vaso, dejándolo sobre la barra. Fruncí el ceño, viendo como echaba hielos en el vaso.


— ¿Qué cena con mi madre? — Harvey volvió a sonreír, aunque esta vez sin mirarme a la cara.


— La que tuviste hace dos meses.— Me mordí el labio, notando como mis mejillas se encendía por la vergüenza.


— Fuimos a cenar a Croacia...— Harvey parpadeó, sorprendido, mirándome de nuevo a los ojos.


— ¿A Croacia? — Sonreí ampliamente, asintiendo con la cabeza.


— Točno (exactamente) — Respondí con el mejor acento croato que pude, haciéndolo reír.— ¿Cómo ha sido tu verano?


— Más aburrido que el tuyo, eso seguro... — Me reí suavemente, encogiéndome de hombros, mirando cómo echaba el té de melocotón en el vaso poco a poco.— Estuve ayudando en cocina también.


— Oh, venga ya... ¿Tú en cocina? ¿Y no para lavar los platos? No me lo creo.— Harvey soltó una carcajada.


— Diseñé un nuevo sándwich que fue todo un éxito... Aunque luego Kyle inventó otro y me quitó el protagonismo.— Me rasqué la nuca, pensando por un momento en Kyle y me atreví a mirarlo a los ojos con una pequeña sonrisa.


— Seguro que el tuyo estaba mejor.— Sonrió de lado, enseñándome sus dientes.— ¿Y sigue aquí? — Frunció el ceño, confundido.— Me refiero a tu sándwich, en la carta, ya sabes...


— Ah, claro, ¿quieres probarlo? — Asentí con la cabeza y él terminó de acercarme el vaso con la bebida. Antes de que pudiera macharse a la cocina, lo llamé.


— Harvey.— Se dio la vuelta, mirándome con atención.— Me he acordado de ti durante todo el verano.— Me dedicó una leve sonrisa antes de entrar en la cocina y agarré el vaso para acercarme a la mesa en la que estaban sentadas Alice y Melissa. No había sido tan catastrófico como yo creía.


— ¿Tracy? — Tragué saliva cuando mi mirada se cruzó con la de Kyle. Salía de la cocina con una bandeja llena de platos de comida, la cual soltó en la barra a medida que se dirigía a mí, examinándome de la misma manera que su hermano.— Estás viva.


— Eso creo…— Murmuré con una pequeña sonrisa al ver que él también lo hacía. Sin previo aviso, me rodeó con sus brazos y me estrechó con fuerza. Al principio no supe cómo reaccionar, pero finalmente, correspondí su abrazo con la misma fuerza que él, cerrando los ojos.


— Me alegra que hayas vuelto.— Añadió mientras se separaba de mí.— Imagino que tendrás cosas que hacer, pero cuando tengas un rato... Me gustaría hablar contigo.— Ahí estaban mis temidos nervios, recorriendo mi cuerpo de arriba abajo. Me limité a asentir con la cabeza.— Genial.— Volvió a recoger la bandeja y siguió trabajando como si nada. Me quedé quieta durante un rato, sin saber qué hacer hasta que fui consciente de que mis amigas me llamaban desde su mesa.


— Todo ha ido bien, ¿no? — Preguntó Alice cuando me senté en la silla.


— Demasiado bien.— Melissa frunció el ceño por cómo me había expresado.


— ¿Qué pasa? Parece que los dos han estado simpáticos y comprensivos contigo. Seguro que eso es mucho mejor que lo que te esperabas.— Ladeé la cabeza, mirando de reojo a la barra para buscar a los dos hermanos. Sin embargo, ambos estaban liados trabajando sin ton ni son, y ninguno me prestó atención alguna, aunque así era mucho mejor.


— Eso es lo que me sorprende, que los dos estaban extremadamente simpáticos... Y además, Kyle me ha dicho que le gustaría hablar conmigo a solas en cuanto me sea posible... — Susurré tras darle un sorbo al té de melocotón.


— Vamos, que quiere echarte un polvo.— Soltó Alice, haciendo que se me escapara una incrédula carcajada.— Venga, siempre que estáis a solas acabáis igual.— Fui a negarme, pero Melissa se me adelantó.


— Sí, Tracy, reconócelo, Kyle es tu punto débil.— Me rasqué la nuca, buscándolo con la mirada y me encontré a mí misma, recorriendo su cuerpo con un deseo incontrolable. Tragué saliva y volví a centrar mi atención en mis amigas, obligándome a mí misma a no buscarlo de nuevo.

— Espero que te guste.— Me sorprendió la voz de Harvey, dejando el plato con el sándwich que había creado sobre la mesa.— ¿Vosotras queréis algo?


— Igual que el de ella.— Respondió Alice con una sonrisa.


— Buena elección.— Me guiñó el ojo mientras se marchaba, haciéndome sonreír y me encontré con las miradas desafiantes de Alice y Melissa.


— Si de verdad te gusta Harvey... No hables con Kyle a solas.— Sabía que Melissa tenía razón. Disfruté del sándwich que había preparado, relamiéndome los labios con cada bocado y levanté mi pulgar cuando nuestras miradas se cruzaron para darle mi enhorabuena, ilusionándome al ver de nuevo una de esas típicas sonrisas que antes me dedicaba. Aproveché el momento en el que Harvey volvió a entrar en la cocina para levantar la mano y llamar la atención de Kyle. Éste se dirigió a la mesa, expresando cierta confusión.


— ¿Qué te parece si hablamos aquí y ahora? — Le pregunté con el corazón en la boca cuando llegó a la mesa. Miró a mis amigas, algo incómodo.


— ¿En la puerta del bar en cinco minutos? — Asentí con la cabeza y suspiré cuando se marchó. Alice agarró mi mano, apretándola con suavidad.


— Has hecho bien.— Me mordí el labio. Estaba claro que no conocían lo lanzado que podía ser Kyle cuando se lo proponía. Si de verdad tenía en mente que ocurriera algo entre nosotros, no le importaba el lugar ni la gente que hubiera alrededor. Cuando lo vi dirigirse a la puerta, tomé aire y lo seguí con la mayor tranquilidad que me fue posible reunir. Lo vi esperándome fuera, con ambas manos metidas en los bolsillos traseros de su pan— talón y le regalé una breve sonrisa conciliadora al mirarme.


— ¿De qué querías hablar conmigo? — Pregunté en un hilo de voz, esperándome cualquier cosa.


— Creo que tenemos un asunto pendiente, ¿no? Por lo que pasó antes de que te marcharas.— Tragué saliva, desviando la mirada. «Que quiero que seas mi novia y nos dejemos de tonterías.» Jamás olvidaría esas palabras y mucho menos los nervios que sentí cuando las pronunció. ¿Aún... Seguía con eso en mente? — La verdad es... Que me alegra que te fueras, Tracy.— Abrí los ojos. Eso era lo último que esperaba oír.— No me malinterpretes, me jodió bastante que te fueras sin avisar y... Lo pasé mal, hasta que me di cuenta de que fue lo mejor. Creo que me asustó muchísimo la posibilidad de perderte y por eso te pedí que empezáramos una relación, pero fue una locura hacerlo.— Sabía que tenía que decir algo, pero era incapaz de pronunciar ni una sola palabra.— Los dos sabemos que no estamos hechos el uno para el otro, no aguantaríamos juntos. Ambos vamos a nuestra bola y somos...


— Espíritus libres.— Dije mientras recordaba nuestra primera conversación, sin llegar a mirarlo a los ojos.


— ¡Exacto! — No sabía si su alegría al sentirse comprendido me emocionaba o me dolía.— Por eso, es mejor que nos separáramos durante un tiempo.— Asentí con la cabeza, completamente sorprendida ante sus palabras.


— Entonces... Somos... ¿Amigos? — Pregunté, procurando armarme de valor, frunciendo ligeramente el ceño.


— Si a ti te parece bien.— Le intenté sonreír de la misma manera que él me sonreía a mí, deseando que no notara la falsedad que mostraban mis labios.


— Por supuesto. 
Nunca me había planteado que Kyle y yo fuéramos solo amigos. Ni tan siquiera habíamos podido aguantar una noche siendo solo amigos, y aunque quizás era lo que más me convenía, algo dentro de mí se rompió cuando me lo dijo. Sin embargo, no entendía por qué me había sentado tan mal si realmente me había dado cuenta de que me gustaba Harvey. Probablemente era el simple hecho de que ya no le interesara lo que me había dolido. Aún así, decidí no darle más vueltas. Ya había sobrevivido sin él durante dos meses y no había muerto en el intento, así que tampoco podía ser tan complicado mantenerlo cerca sin que ocurriera nada entre los dos. A mis amigas no les pareció extraña su decisión, y también me pareció raro el comportamiento de ellas. ¿Habría pasado algo más en mi ausencia que no me quisieran contar? No quería preguntarles para no insinuar que tenía la sensación de que me ocultaban algo, pero también me sentía cada día más alejada de los demás. 
Pasaron los días y no fui capaz de preguntarles nada más. Prefería seguir manteniendo la actitud que había tenido en Croacia y desentenderme de todo. Además, a pesar de que las cosas con Harvey hubieran ido bien el día que había ido al bar, no había tenido ganas de ir a visitarlo de nuevo, y mucho menos, yendo yo sola. No obstante, tuve la sensación de que ya no vivía tan encerrada. No daba tanta vuelta para evitar encontrarme con nadie, ni tenía nervios ni malestar cada vez que salía de casa. Me alegraba volver a llevar una vida social medianamente entretenida, ya que al tener que trabajar desde casa, todo se volvía muy rutinario.

Melissa: ¿Te ha dicho Alice lo de esta noche?

El mensaje terminó de despertarme, ya que me había quedado dormida en el sofá tras mandarle el artículo a mi jefe.

Yo: No, ¿qué pasa esta noche?

Melissa: Vamos a ir todo el grupo a un nuevo bar que hay en la playa, te vienes, ¿no?

Yo: ¿Quiénes son los del grupo?

Melissa: Pues somos Alice, Robbie, Walter, Jack, Max, Rose, Nora e Iana. Nos hemos acostumbrado a salir todos juntos, así que venga, anímate.

Recordé que la última vez que había salido con ellos me lo había pasado bien, quitando por supuesto la parte en la que nos habíamos topado con Kyle y Sarah. El recuerdo de Sarah me provocó un horrible escalofrío por todo el cuerpo, agité la cabeza, intentando apartar aquella imagen de mi mente.

Yo: Claro, me apunto a un bombardeo.


Melissa: También puedes invitar a Harvey si quieres...
Sonreí y suspiré al mismo tiempo. Sabía que metería a Harvey siempre que pudiera.


Yo: Quiero salir solo con amigos, me vendrá bien.


Melissa: Está bien, te recogeré en coche con Walter, Max y Jack sobre las nueve.

La verdad es que me hacía ilusión volver a ver a todos. No es que hubiéramos compartido muchos momentos juntos, pero siempre que habíamos estado juntos, nos lo habíamos pasado bien. Incluso con Iana. Me pregunté si también ella habría pasado lograr página con respecto a Kyle. Sin embargo, aunque me hacía especial ilusión divertirme con ellos, también tenía muchas ganas de ver juntos a Walter y a Melissa. Poco sabía de su romance, solo que todo iba de maravilla, según palabras de ella. Me divertía ver a Melissa con novio, y verla con cara de tonta cuando un chico le hablaba después de todas las reticencias que ella tenía respecto a todos los hombres. Ahora que llevaban mucho más tiempo manteniendo una relación, se me haría raro aunque bueno verla con novio.

Cuando fue acercándose la hora de salir, me enfundé dentro de un vestido blanco que me había comprado en Croacia y me miré al espejo. La verdad es que iba bastante simple, pero por primera vez en mucho tiempo, me sentía tremendamente cómoda. El vestido se ajustaba a mi pecho y después caía despegado hasta casi llegar a mis rodillas y ciertos encajes en forma de flor lo decoraban para darle algo de alegría. Me puse unos tacones no muy altos con los que me sentía a gusto y dejé mi pelo suelto, sacudiendo ligeramente la cabeza para que tomara algo de forma. Me eché un poco de colorete en las mejillas y usé un pintalabios rojo como último toque de maquillaje. No tenía ganas de usar nada más. Después del tiempo con Sarah y el tiempo en el hospital, mirarme al espejo me había dado vergüenza. Siempre desaliñada, con los huesos más marcados de lo normal y con ojos rojos. Ahora, después de haber descansado mental y físicamente, parecía una Tracy completamente nueva. Me dediqué una leve sonrisa, la cual desapareció cuando el sonido del porterillo me sobresaltó. Respondí con un ya voy y bajé cuando agarré mi bolso, asegurándome de que llevaba todo lo necesario.


— ¡Joder, Tracy! ¡Qué bien te sienta viajar! — Exclamó Max al verme, tan exagerado como siempre, rodeándome después entre sus brazos, y lo abracé con fuerza.— Te hemos echado de menos.


— Ya me tenéis por aquí, idiota.— Me reí mientras me separaba de él y le daba dos besos a Walter.


— Me alegra que ya estés por aquí.— Dijo sin soltar la mano de Melissa, cosa que me hizo sonreír y guiñarles un ojo a ambos, consiguiendo que se sonrojaran como un par de adolescentes.


— Estás guapísima, Tracy.— Miré a Jack cuando lo escuché hablar y me acerqué a él para darle un abrazo.— Bienvenida a casa. 
El trayecto de ida para el garito de la playa fue tremendamente entretenido. Llevábamos música compuesta por Walter, pero al mismo tiempo íbamos hablando a gritos para poder escucharnos los unos a los otros. Todos me preguntaban cosas sobre Croacia, y también me hicieron decir un par de cosas en croato para acabar intentando imitarme sin mucho éxito. Fue irónico que me recogieran temprano pero que fuéramos los últimos en llegar allí. Nora y Rose hablaban animadamente entre ellas, mientras que Iana estaba en medio de Robbie y Alice sin dejarles decir ni una palabra. Tal y como la recordaba. 
Nora y Rose se lanzaron sobre mí como si fuéramos inseparables, y aunque me sorprendí con su grato recibimiento, me comporté de la misma manera que ellas. No sabía en qué momento exacto me había adentrado en ese grupo de amigos, pero la verdad es que no estaba nada mal. Incluso sonreí cuando Iana me dejó las mejillas pringadas con su gloss. Abracé a Alice y Robbie conjuntamente, aunque a ambos ya los había visto la semana que volví de Croacia, pero no me importó, no entendía por qué pero estaba realmente feliz en aquel momento. Lo había pasado estupendamente con mi madre, pero también sentía que había estado apartada del mundo real, y ahora me sentía de nuevo en él, y quizás no era tan horrible como lo recordaba. Quizás la ausencia de Sarah era la que lo mejoraba todo. Todo había acabado. Debía asumir que lo de Sarah solo había sido una espantosa fase de mi vida, pero que afortunadamente todo había terminado. Había espantado a mis demonios, aunque yo hubiera sido la que hubiera huido de ellos. Mientras probaba el cóctel que Max me había pedido y me contaban la de fiestas que habían tenido durante el verano, me di cuenta de que un invitado más se unía a nosotros. Kyle se dejaba abrazar por Iana, aunque esta vez no mostraba la misma repulsión que solía aparentar, sino que parecía disfrutar de ser estrechado entre sus brazos. Le di un largo sorbo al cóctel, procurando apartar la mirada, sin saber exactamente cómo sentirme. Quizás no había espantado a todos mis demonios.


— Y entonces... ¡Zas! Me empapó con la copa que se había pedido.— Dijo Max entre risas, haciendo que volviera a prestar atención a la conversación.


— No tienes remedio... — Contesté con una media sonrisa, sin saber muy bien qué decir. Max, dándose cuenta de que estaba distraída, se giró para observar la escena entre Kyle e Iana.


— Ah, sí, ahora suele salir bastante con nosotros.— Asentí con la cabeza lentamente. Ese dato no me lo habían dicho ni Alice ni Melissa.


— Sí, desde que vuelve a tirarse a Iana cuando le apetece.— Max le dio un golpe con la palma de la mano a Jack en el hombro para mandarlo a callar, pero me había impactado demasiado la información como para preocuparme del manotazo.


— No seas así, Jack... No solo se tira a Iana, se tira a todo lo que se mueve, pero nos lo pasamos bien con él.— Jack puso los ojos en blanco y yo intenté que no se me notara el enfado repentino que me había entrado por el cuerpo.


— Sí, seguro que a Iana también le hace mucha gracia.— Comentó Jack, mirándolo a los ojos.


— Ella es la que decide seguir ahí.— Añadí yo, haciendo que los dos me miraran. Me encogí de hombros para restarle importancia.— Ella sabrá lo que le conviene o lo que no.— Max asintió con la cabeza, pero sentía como Jack me estudiaba con la mirada.— Ella ya sabe cómo es, no es asunto nuestro.


— ¡Exactamente! — Puntualizó Max, sonriente de que le diera la razón.— No somos nadie para meternos, Jack.


— Sí, eso es verdad.— Aclaró Jack, mirándome fijamente a los ojos después.— No somos nadie.— Suspiré de manera inaudible y busqué a mis amigas entre la multitud sin moverme del taburete en el que estaba sentada, encontrándome repentinamente con los ojos oscuros de Kyle. Desvié la mirada rápidamente, lo que menos necesitaba ahora era comprobar quién mantenía mejor la mirada. Ahora lo que debía hacer era pedirle explicaciones a Melissa y Alice. Sabía que habían intentado protegerme de todo, o más bien de las acciones de Kyle, pero no podía permitir que me mantuvieran ajena a todo.


— Ahora vengo.— Dije antes de levantarme del asiento, dejando mi cóctel a medio terminar sobre la mesa en la que nos encontrábamos. Me mezclé entre la multitud que charlaba amistosamente e incluso recorrí la improvisada pista de baile que se había formado cerca de la arena de la playa, pero no encontraba a las demás. Resoplé frustrada y di marcha atrás para quedarme con Max y Jack. Sin embargo, antes de poder volver a donde estaban mis amigos, me topé con otras dos figuras que terminaron por desconcertarme, pero aún así, les regalé la mejor de mis sonrisas.— ¿Habéis visto a Alice y Melissa?


— Sí, creo que están en el baño, y Walter y Robbie en la barra pidiéndoles algo.— Contestó Iana con una sonrisa de oreja a oreja sin separarse ni un milímetro de Kyle.


— Gracias, guapa.— Mentí con otra sonrisa, sin mirar a Kyle.— Me vuelvo con los chicos.— Me aparté rápidamente de ellos, poniendo los ojos en blanco cuando los dejé atrás y me reuní de nuevo con Max y Jack.


— Ya pensaba que iba a tener que beberme esto por ti.— Comentó Max, sosteniendo mi copa con una divertida sonrisa. Se la arrebaté de las manos, riéndome.


— Ni de coña, necesito esto más que tú.— Le di un largo trago, relamiéndome los labios y sonriendo después.


— Y dime, Tracy, ¿has ligado por Croacia? — Preguntó mientras alzaba las cejas, haciéndome reír.


— No, no era eso lo que buscaba.— Aclaré con decisión. Lo único que procuraba era justo lo contrario.— ¿Y tú qué? ¿Has ligado en mi ausencia? — Max resopló.


— No tanto como él.— Dijo señalando a Jack. Abrí los ojos sorprendida, por un momento pensaba que Jack seguía interesado en mí, pero la nueva noticia me alegró bastante.— Se ha echado novia, ¿increíble, verdad?


— Bueno, aún no somos oficialmente novios, pero... Más o menos.— Le apreté el brazo amistosamente, dedicándole una sonrisa.


— Anda que me lo ibas a contar, ¿eh? — Jack se echó a reír, rojo como un tomate.— ¿Y quién es? ¿No ha venido?


— No, no ha podido venir hoy, pero la conocerás dentro de poco. Se llama Liz y trabaja como enfermera en el hospital, hoy tenía turno de noche.— Me contó que llevaban unas cuantas semanas juntos y que aunque aún no habían decidido llamarse novios el uno al otro, estaban muy ilusionados por su relación.


— Así que ya ves... Todos ligando menos yo.— Dijo Max cuando Jack acabo de hablar, echándose a reír.


— ¿Y a qué esperas? Ve a por alguna de las que hay aquí.— Max se giró para hacer un breve estudio de todas las personas que había en el lugar y sacudió la cabeza.— ¿Ninguna te interesa?


— Ninguna ha estado en Croacia.— Me sonrojé de inmediato, negando una y otra vez con la cabeza, y le di un suave empujón, haciendo que los dos nos riéramos.— Tenía que intentarlo... Pero no me negarás un baile, ¿verdad? — Suspiré contemplando sus ojos brillosos y terminé por acceder, agarrando su mano para levantarme del taburete.


— Cuanta gente... — Comenté mientras nos colábamos entre los demás para hacernos con un sitio en el que bailar. Max colocó sus manos en mi cintura con cierto nerviosismo por mi reacción.


— Oye, lo que he dicho antes... Era broma, lo sabes, ¿verdad? Me caes bien, pero no pretendo ligar contigo.— Solté una suave carcajada.


— Ya lo sé, no te preocupes.— Max suspiró aliviado, y automáticamente sus brazos dejaron de mostrar aquella inflexible tensión.


— Menos mal... No quería que me malinterpretaras. A veces me paso de bromista.— Dijo riéndose, quitó una de mis manos de mi cintura para darme la mano mientras bailamos al son de la música, riéndonos con cada tontería que decíamos de los que bailaban a nuestro alrededor.— ¿Puedo preguntarte algo? — Lo miré a los ojos, cogiendo algo de aire por todo lo que nos habíamos movido, y asentí con la cabeza.— ¿No estabas saliendo con ese tal... Harvey? El hermano de Kyle.


— Algo así... Pero no llegó a nada.— Se acercó un poco a mí, estudiando mi rostro.— ¿Qué?


— ¿Fue por Kyle? — Abrí algo los ojos, tragando saliva. Se suponía que solo Alice, Melissa e Iana sabían lo de Kyle. Probablemente había notado que me había confundido verlo con Iana antes. Tardé en contestar, pero para cuando quise hacerlo, Max me cortó.— Hablando del rey de Roma... ¡Hola, Kyle!


— Hola, Max.— Saludó, haciendo que me diera la vuelta. Era la primera vez que lo veía solo desde que había llegado y me resultó reconfortante que fuera capaz de despegarse de Iana.


— ¿Y tu sombra? — Sonreí al caer en la cuenta de que se refería a Iana.


— O me daba espacio o me marchaba.— Max soltó una contagiosa carcajada.— Venía a hablar con Tracy un momento.— Max asintió.


— Yo voy a refrescarme el gaznate.— Antes de que pudiera decirle a Max que lo acompañaba, ya había desaparecido entre la multitud. A pesar de haber aclarado las cosas con Kyle, no me gustaba mucho estar con él a solas. Aunque hubiera tanta gente alrededor, cuando me miraba sentía que no había nadie más cerca de nosotros, y aquella sensación me dejaba ciertamente indefensa.


— ¿Qué pasa? — Me apresuré a preguntar para acabar con la conversación cuanto antes.


— Nada, que ni siquiera me habías saludado. Quería saber si te pasaba algo.— Cierto era que los amigos solían saludarse al encontrarse, pero aún me resultaba complicado considerarlo mi amigo, a pesar de no querer nada más con él. Tragué saliva al contemplar sus ojos negros.


— No, es solo que no quería molestar, estabas bien acompañado.— Kyle me dedicó una sonrisa que me dejó sin palabras y me crucé de brazos.— ¿Por qué sonríes?


— ¿Estabas celosa? — Resoplé y puse los ojos en blanco.


— No, idiota. No estoy ni estaba celosa. Somos amigos, ¿no? — Aún así, mantuvo la sonrisa en su rostro, asintiendo lentamente con la cabeza.— Pues ya está.


— Oye, Tracy.— Me giré cuando volvió a llamarme, maldiciendo mi suerte al pensar que ya me había librado de él.— Estás impresionante— Mis mejillas se iluminaron, pero intenté contrarrestar el efecto contestándole lo más secamente que podía.


— Gracias.— Me detuvo de nuevo, agarrándome el hombro y tiró de mí, haciendo que mi espalda se chocara contra su pecho. Me di la vuelta poco a poco y tuve que levantar la cabeza para poder mirarlo a la cara.


— ¿Por qué huyes de mí? — Mi piel se erizó al ser consciente de lo cerca que estábamos el uno del otro.— ¿No somos amigos? — Me mordí la lengua, odiándolo por usar mis mismos argumentos.— ¿Bailamos? — Tuvo que leer mi mente antes de contestarle que no.— Con Max lo has hecho y solo sois amigos, ¿por qué conmigo no? — Pasó sus brazos por mi cintura, sintiéndome completamente atrapada. Sin embargo, no era la sensación de no poder huir la que me incomodaba, sino la de no querer marcharme. Desvié la mirada y cerré los ojos un instante para procurar tranquilizarme y empecé a mover mis caderas al ritmo de la música. Tenía que actuar con naturalidad. Estábamos bailando, solo eso. No obstante, recordé la última vez que empezamos bailando y acabamos en mi cama, logrando que una cálida sensación invadiera todo mi cuerpo. Sentí como apartaba las manos de mi cintura y abrí los ojos para comprobar que seguía allí conmigo. Pensé que ya quería separarse de mí, pero lo que hizo fue buscar mis brazos, acariciándolos con suavidad para colocarlos sobre sus hombros. Entrelacé mis dedos por detrás de su cuello y me dejé llevar por los movimientos de sus pies para bailar sobre la pista, sin prestar atención a la gente de mi alrededor. Ese era el problema que me provocaba Kyle, la abstracción. No comprendía cómo tenía la gran capacidad de alejarme mentalmente del resto del mundo.


— Max y yo no bailábamos tan cerca.— Conseguí decir para intentar volver a la realidad. Kyle me miró con gesto serio.


— Yo no soy tan imbécil como para mantenerte lejos cuando puedo tenerte pegada a mí.— Susurró más cerca de mi cara de lo debidamente correcto.


— Solo somos amigos.— Repetí algo más alto. No sabía si para que me escuchara él o para que mi cerebro me hiciera caso.


— Eso no quita que estés buena y quiera tenerte cerca.— Murmuró en mi oreja, rozando ligeramente sus labios contra el lóbulo de ésta, haciéndome estremecer.