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El olor a desesperaciΓ³n de Jimin era un perfume Γ‘cido y constante. Se adherΓa a su piel, a sus sΓ‘banas, al aire viciado de su habitaciΓ³n. Cada ciclo que pasaba era una puΓ±alada en el vientre, un recordatorio sangriento de su vacΓo. No era solo el anhelo de un hijo; era una necesidad biolΓ³gica, un grito de su Omega que exigΓa ser llenado, sembrado, marcado. Su cuerpo, pequeΓ±o y de caderas anchas, estaba hecho para la procreaciΓ³n, y cada cΓ©lula de su ser lo sabΓa, pero el mundo no cooperaba. Los potenciales parejas eran Alfas dΓ©biles, sin olor, sin fuerza, incapaces de despertar en Γ©l ese temblor primitivo que aseguraba la concepciΓ³n. Necesitaba un Alfa de verdad. Uno que lo dominara, que lo tomara con la ferocidad de la naturaleza misma.
Y esa persona estaba prohibida.
Jungkook, su padrastro. El Alfa que su madre habΓa traΓdo a casa hace tres aΓ±os, un hombre cuya presencia llenaba cada espacio con un aroma a madera, tierra hΓΊmeda y poder puro. Un hombre que lo miraba con una intensidad que no era paternal, que se demoraba un segundo de mΓ‘s en la curva de su cuello o en el balanceo de sus caderas cuando caminaba. Jimin lo sentΓa en sus huesos, esa atracciΓ³n magnΓ©tica y pecaminosa. Era la ΓΊnica fuente de alfa genuina en un radio de kilΓ³metros, la ΓΊnica promesa de la semilla que su cuerpo pedΓa a gritos.
La decisiΓ³n no tomΓ³ forma de plan, sino de rendiciΓ³n. Una noche, mientras su madre trabajaba el turno de noche, el calor de Jimin se adelantΓ³, una fiebre sΓΊbita y hΓΊmeda que lo dejΓ³ temblando en la cama. Sus ropas se sentΓan como lija contra su piel sobrecalentada. Un hambre profunda y baja se despertΓ³ en su abdomen, un anillo de contracciΓ³n Γ‘vida que solo conocΓa una cura. Con la mente nublada por el lujurioso vapor de su biologΓa, se levantΓ³. No pensaba, solo actuaba.
CaminΓ³ hasta la habitaciΓ³n de Jungkook. La puerta entreabierta era una invitaciΓ³n. El olor del Alfa era abrumador allΓ, un torbellino de masculinidad que hizo que sus rodillas temblaran y un charco de humedad se formara entre sus muslos. Jungkook estaba dormido, solo con unos pantalones de pijama que dejaban al descubierto su torso musculoso y tatuado. El pecho subΓa y bajaba con un ritmo poderoso y calmado. Jimin se acercΓ³, su respiraciΓ³n era un susurro ahogado. Se arrodillΓ³ junto a la cama, como en plegaria, y extendiΓ³ una mano temblorosa para tocar la piel del abdomen de Jungkook.
El Alfa se despertΓ³ al instante, no con sobresalto, sino con la alerta tensa de un depredador. Sus ojos se abrieron en la oscuridad, brillando como ascuas. No dijo nada, solo oliΓ³ el aire. El aroma del Omega en celo, puro, intenso y familiar, golpeΓ³ sus sentidos como una ola. Su mirada se encontrΓ³ con la de Jimin, y en ella vio todo, la sΓΊplica, la necesidad, el tabΓΊ y el deseo inconfesable.
β Jimin.. βsu voz era un gruΓ±ido bajo, arenoso, vibrando en el silencio de la habitaciΓ³n.
β Necesito.. βla voz de Jimin se quebrΓ³, una mezcla de llanto y lujuriaβ Necesito que me llenes. Por favor..
Jungkook se quedΓ³ quieto por un segundo, una batalla silenciosa librΓ‘ndose en su interior. La parte racional, la que era su padrastro, le gritaba que se detuviera. Pero el Alfa, el animal que yacΓa debajo de la piel, olΓa la oportunidad, la fertilidad, la sumisiΓ³n perfecta. Con un movimiento fluido y rΓ‘pido, se sentΓ³, agarrΓ³ a Jimin por los brazos y lo tirΓ³ sobre la cama. El Omega exhalΓ³ un gemido de alivio y sumisiΓ³n, arqueando la espalda instintivamente, presentΓ‘ndose.
No hubo mΓ‘s palabras. Solo acciΓ³n cruda y primitiva. Jungkook desgarrΓ³ la fina camiseta de dormir de Jimin, sus manos grandes y callosas recorriendo la piel suave y caliente del Omega. Sus dedos encontraron los pezones, ya duros y sensibles, y los pellizcΓ³ con una fuerza que hizo que Jimin gritara, no de dolor, sino de un placer agudo y elΓ©ctrico. El Alfa bajΓ³ la cabeza, su lengua Γ‘spera lamiendo, mordisqueando, marcando cada centΓmetro de ese torso que le pertenecΓa por derecho de conquista.
El olor a excitaciΓ³n de Jimin se intensificΓ³, un dulzor embriagador que llenaba la habitaciΓ³n. Jungkook deslizΓ³ una mano por la espalda de Jimin, siguiendo la curva de su columna vertebral hasta llegar a sus nalgas. Las apretΓ³, separΓ‘ndolas, y sus dedos encontraron el centro hΓΊmedo y ardiente. Jimin se estremeciΓ³ por completo, un espasmo incontrolable recorriΓ©ndole el cuerpo cuando un dedo grueso entrΓ³ en Γ©l fΓ‘cilmente gracias al lubricante natural que su celo prodigaba. Era una entrada cΓ‘lida, apretada, que parecΓa succionar su dedo pidiendo mΓ‘s.
β EstΓ‘s hecho para esto.. βgruΓ±Γ³ Jungkook en su oΓdo, su aliento caliente y su olor a Alfa dominante haciΓ©ndolo perder la cabezaβ Un agujero perfecto y caliente, listo para ser sembrado..
AΓ±adiΓ³ otro dedo, abriΓ©ndolo, preparΓ‘ndolo. Jimin solo podΓa gemir y empujar hacia atrΓ‘s, buscando mΓ‘s profundidad, mΓ‘s fricciΓ³n, mΓ‘s del hombre que estaba encima de Γ©l. Cada movimiento de los dedos de Jungkook era una promesa de lo que vendrΓa, una preparaciΓ³n visceral para el acto de posesiΓ³n total. El mundo se habΓa reducido a esa habitaciΓ³n, a esos olores, a esas sensaciones. La moral, la familia, las reglas, todo se habΓa disuelto en un vapor de necesidad animal.
Jungkook retirΓ³ sus dedos y se posicionΓ³ entre las piernas de Jimin. El Omega sintiΓ³ el peso del Alfa sobre Γ©l, la cabeza pesada y erecta de su miembro rozando su entrada. Era un calor intenso, una pulsaciΓ³n de vida que lo llamaba. Con un movimiento de caderas lento y deliberado, Jungkook comenzΓ³ a entrar. La sensaciΓ³n fue abrumadora. Una mezcla de un dolor agudo y delicioso y un placer expansivo que se apoderΓ³ de todo su ser. La cabeza del miembro de Jungkook se abriΓ³ paso, estirΓ‘ndolo, llenΓ‘ndolo mΓ‘s de lo que jamΓ‘s habΓa imaginado. Jimin gritΓ³ contra la almohada, sus manos aferrΓ‘ndose a las sΓ‘banas mientras el Alfa continuaba su penetraciΓ³n lenta y implacable, hasta que estuvo completamente dentro, hasta que sus testigos golpearon contra su piel.
Se quedΓ³ quieto por un momento, permitiendo que Jimin se acostumbrara a su tamaΓ±o, a la sensaciΓ³n de estar completamente lleno. Para Jimin, era el paraΓso. Se sentΓa completo, unido al Alfa de una manera que su biologΓa siempre habΓa anhelado. Entonces, Jungkook comenzΓ³ a moverse.
No fue tierno. No fue amoroso. Fue una fiera brutal.
Un ritmo profundo y duro que sacudΓa el cuerpo de Jimin hasta los cimientos. Cada embestida era una declaraciΓ³n de propiedad, cada golpe contra su prΓ³stata una explosiΓ³n de luz y placer que lo dejaba sin aliento. Los gemidos de Jimin se mezclaban con los gruΓ±idos guturales de Jungkook, una sinfonΓa sucia y primitiva de carne contra carne. El olor a sudor, a sexo y a la feromona de un Alfa reclamando a su Omega era tan denso que casi se podΓa saborear.
Jungkook lo tomΓ³ por la cadera, levantΓ‘ndolo un poco para cambiar el Γ‘ngulo, y su siguiente embestida golpeΓ³ un punto tan profundo y sensible dentro de Γ©l que Jimin vio estrellas. Un grito ronco y animal escapΓ³ de su garganta, sus piernas comenzaron a temblar incontrolablemente. El placer era una ola creciente, un tsunami que amenazaba con ahogarlo, con destrozarlo y reconstruirlo en el mismo instante. SentΓa cada mΓΊsculo de Jungkook tensarse sobre Γ©l, la fuerza de sus caderas martilleando sin piedad, una furia contenida que se liberaba en cada embestida.
β MΓo.. βgruΓ±Γ³ Jungkook, sus dientes se clavaron suavemente en el hombro de Jimin, no para romper la piel, sino como una marca de posesiΓ³nβ Este cuerpo es mΓo. Este agujero es mΓo. Y te voy a llenar hasta que te desborde..
Las palabras sucias y autoritarias fueron la chispa final. El control de Jimin se hizo aΓ±icos. La ola de placer rompiΓ³ con una fuerza que lo dejΓ³ paralizado, un espasmo elΓ©ctrico que recorriΓ³ cada nervio de su cuerpo. Su contracciΓ³n interna fue violenta, un anillo de mΓΊsculo que se apretΓ³ alrededor del miembro de Jungkook con una fuerza desesperada. GritΓ³, un sonido largo y roto de pura liberaciΓ³n, mientras un calor intenso se extendΓa desde su centro hasta las puntas de sus dedos y de su pelo. El mundo desapareciΓ³ en un blanco cegador, una explosiΓ³n de Γ©xtasis que lo dejΓ³ jadeando y temblando, un montΓ³n de huesos y piel satisfecha sobre el colchΓ³n.
Jungkook sintiΓ³ esa contracciΓ³n desesperada y profunda, ese abrazo visceral de su Omega, y fue su perdiciΓ³n. Con un rugido que pareciΓ³ sacudir las paredes, hundiΓ³ su miembro hasta el fondo, una ΓΊltima vez, con una fuerza brutal. Su cuerpo se tensΓ³ como un arco, y sintiΓ³ cΓ³mo su testΓculos se contraΓan. La descarga fue violenta, una torrente de calor lΓquido y espeso que disparΓ³ dentro de Jimin. Era una eyecciΓ³n profunda, una inyecciΓ³n de vida que el Omega sintiΓ³ con una claridad asombrosa, un chorro de calor que se esparcΓa por su interior, llenando cada rincΓ³n, satisfaciendo ese hambre primordial. No fue una sola vez; fueron varias pulsaciones, cada una con menos fuerza pero con la misma promesa de semilla, hasta que Jungkook se vaciΓ³ por completo dentro de Γ©l.
Se derrumbΓ³ sobre Jimin, su peso inmenso y reconfortante. Los dos permanecieron asΓ, unidos, jadeando en la oscuridad, sus cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. El olor en la habitaciΓ³n habΓa cambiado. Ahora era una mezcla compleja de sus feromonas, el olor a satisfacciΓ³n, a posesiΓ³n y, sobre todo, a la semilla de un Alfa que habΓa encontrado su hogar en un Omega fΓ©rtil. Para Jimin, era el olor de la victoria.
No se movieron durante mucho tiempo. Jungkook finalmente se girΓ³, sacando su miembro con un sonido hΓΊmedo y obsceno. Un torrente de su semen, blanco y espeso, se derramΓ³ del agujero bien usado de Jimin, manchando las sΓ‘banas. Jimin sintiΓ³ una punzada de pΓ©rdida, pero tambiΓ©n una profunda satisfacciΓ³n. Se habΓa logrado. La semilla estaba plantada.
Fue en ese momento de calma posterior, de euforia sucia y silenciosa, cuando la puerta de la habitaciΓ³n se abriΓ³ de golpe.
La silueta de su madre se recortΓ³ en el marco de la puerta, iluminada por la luz del pasillo. El olor a su perfume, a su cansancio del trabajo, se mezclΓ³ de inmediato con el denso y hedonista aroma de la habitaciΓ³n que acababa de violar. Sus ojos se adaptaron a la penumbra y vieron la escena; su hijo, desnudo y temblando en la cama de su esposo, con las marcas de una posesiΓ³n reciente en su piel, y un charco blanco de semen manchando las sΓ‘banas entre sus muslos abiertos. Y su esposo, Jungkook, de pie junto a la cama, tambiΓ©n desnudo, su cuerpo aΓΊn brillando por el sudor del acto que acababa de cometer.
El silencio que siguiΓ³ fue peor que cualquier grito. La expresiΓ³n en el rostro de su madre pasΓ³ de la confusiΓ³n a un horror absoluto, a un asco visceral que torciΓ³ sus facciones.
No dijo nada. No pudo. El aire se volviΓ³ sΓ³lido, irrespirable.
Lentamente, como si estuviera en una pesadilla, su madre girΓ³ la cabeza. Sus ojos, llenos de una rabia frΓa y venenosa, se clavaron en Jimin. No mirΓ³ a Jungkook. Toda su furia, todo su veneno, se dirigieron a una sola persona.
β Β‘Serpiente!.. βsu voz fue un silbido helado, lleno de un odio que Jimin nunca habΓa escuchadoβ Β‘Zorra resbalosa! Β‘Te metiste en mi cama, con mi marido! Β‘Te arrancarΓ© los ojos de la cara!..
Se abalanzΓ³ hacia Jimin, no hacia Jungkook. Sus manos tenΓan las uΓ±as afiladas como garras, listas para desgarrar la piel de su propio hijo. Jimin se encogiΓ³, aterrorizado, esperando el dolor.
Pero nunca llegΓ³.
En un movimiento mΓ‘s rΓ‘pido que la vista, Jungkook interceptΓ³ a su esposa. La agarrΓ³ por el brazo con una fuerza que la detuvo en seco. Su rostro ya no tenΓa el rastro de la lujuria, sino una mΓ‘scara de determinaciΓ³n frΓa y desafiante.
β No lo toques.. βsu voz era baja, pero cargada de un poder que no admitΓa discusiΓ³n.
β Β‘SuΓ©ltame!.. βgritΓ³ ella, luchandoβ Β‘Voy a matar a ese pequeΓ±o traidor!..
β Te dije que no lo toques.. βrepitiΓ³ Jungkook, su apretΓ³n se hizo mΓ‘s fuerte, haciΓ©ndola gritar de dolorβ Y no lo volverΓ‘s a hacer nunca mΓ‘s..
Con un movimiento brusco, la empujΓ³ hacia atrΓ‘s, lejos de la cama. Ella tropezΓ³ y cayΓ³ al suelo, mirΓ‘ndolos con una mezcla de incredulidad y furia desenfrenada. En consecuencia, Jungkook hizo algo que ella nunca se esperarΓa. Se girΓ³ hacia la cama, tomΓ³ una manta y cubriΓ³ con cuidado a Jimin, protegiendo su cuerpo desnudo. Luego se arrodillΓ³ y recogiΓ³ la ropa de Jimin del suelo.
β VΓ‘monos.. βdijo, su voz ahora suave pero firme, dirigida solo a Jimin.
Jimin lo mirΓ³, con los ojos llenos de lΓ‘grimas de miedo y confusiΓ³n. Jungkook le extendiΓ³ la mano. Era una promesa, un salvavidas en medio del naufragio.
β LevΓ‘ntate. Estoy contigo. No te dejarΓ© solo..
Mientras su madre yacΓa en el suelo, sollozando y maldiciendo en el umbral, Jimin tomΓ³ la mano de su padrastro. Se vistiΓ³ con movimientos torpes, bajo la mirada vigilante y protectora de Jungkook. Cuando estuvieron listos, Jungkook lo tomΓ³ de la mano, interpuso su cuerpo entre Jimin y su madre, y lo guio hacia la puerta.
β Β‘Jungkook! Β‘No te vayas!.. βgritΓ³ ella desde el sueloβ Β‘DΓ©jame con Γ©l, dΓ©jame con esa escoria!..
Jungkook no se detuvo. No mirΓ³ atrΓ‘s. SaliΓ³ de la habitaciΓ³n, llevando a Jimin con Γ©l. Bajaron las escaleras, dejando atrΓ‘s los gritos y el caos. La puerta principal se cerrΓ³ con un eco final, cortando los lazos con esa casa, con esa vida. En la calle frΓa de la noche, bajo la luz de la luna, Jimin no sintiΓ³ miedo ni remordimiento. Solo sintiΓ³ la mano fuerte y segura de su Alfa entrelazada con la suya, y la cΓ‘lida promesa de vida creciendo en su interior. HabΓan perdido todo, pero acababan de ganar su propio y prohibido mundo.
πΥκ.Μ«.κΥπ¦―








