Chapter 1
Mi mamá me preguntó hoy cómo se llamaba mi papá.
Llevamos cuatro horas en el hospital esperando que le revisen los niveles y yo estoy en esta silla de plástico naranja que me está matando la espalda y tengo hambre porque no desayuné bien y entonces me pregunta, así, como si nada, cómo se llama el señor de la foto que carga en la cartera.
Roberto, mamá. Se llama Roberto. Se llamó Roberto. Lleva siete años muerto.
—Ah —dijo—. Tiene cara de buena persona.
Y yo no supe qué hacer con eso entonces dije que sí y agarré el teléfono y me puse a ver nada, el feed de Instagram sin leer nada, solo scrolling porque necesitaba meter los ojos en algo que no fuera su cara.
Tiene setenta y un años. El médico dice que todavía está en etapa temprana, que hay cosas que se pueden hacer, que la memoria episódica se va primero pero que hay mucho que conserva. Me explicó todo muy bien y yo asentí en los momentos correctos y escribí las cosas importantes en las notas del teléfono y cuando salimos del consultorio lo primero que pensé fue que tenía ganas de un cigarro y yo ni fumo.
El problema es que no es solo que olvide.
Es que a veces está completamente ahí. Esta mañana me contó, con todos los detalles, la historia de cuando yo tenía seis años y se me perdió en el mercado Juárez y ella me encontró llorando junto a un puesto de cassettes preguntándole al señor si me podía prestar el teléfono para llamarle a mi mamá. Se rió mientras lo contaba. Yo también me reí.
Cuarenta minutos después no sabía quién era mi papá.
No sé cómo estar triste de manera consistente con algo así. La tristeza no tiene dónde agarrarse porque ella tampoco es consistente. Hay días en que pienso que estoy exagerando, que está bien, que solo es la memoria episódica como dijo el doctor. Hay días como hoy en que estoy sentada en esta silla naranja con hambre y la espalda rota y pienso que ya la estoy perdiendo y que además me va a tocar perderla despacio, en fragmentos desordenados, sin ningún orden que tenga sentido.
Hay una señora al otro lado de la sala llorando quedito por algo. No sé por qué. Aquí todos tienen su cosa.
Mi mamá está dormida en la silla de al lado con la boca un poco abierta y las manos juntas sobre la bolsa como siempre, como cuando yo era chica y nos quedábamos dormidas en el camión de regreso de casa de mis tías. Siempre dormía así. La bolsa apretada aunque estuviera dormida.
Eso no lo ha olvidado.
Le voy a comprar algo de la máquina cuando despierte. Tiene un antojo de papitas desde temprano y no le he comprado. Eso sí puedo hacerlo.