Versania

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Summary

En las entrañas de la prisión, donde la mayoría se rompe o se apaga, ella arde con una calma letal. Nadie en la ciudad olvidará lo que hizo por amor: un acto tan brutal y calculado que aún susurra en las sombras de los pasillos y en las pesadillas de quienes la juzgaron. Una joven que finge fragilidad mientras teje su venganza como una araña paciente. Que sacrificó su libertad para arrancar del infierno a la única persona que le dio sentido a su existencia. Ahora, entre barrotes oxidados y ojos que la vigilan, la cárcel no es su castigo. Es su nuevo tablero. Con inteligencia fría y una sonrisa que desarma, mueve cada pieza: guardias, reclusas, secretos… todo para salir de allí y reencontrarse con su amado. No dudará en manipular, seducir o destruir a quien sea necesario. Cualquier alma, cualquier regla, cualquier moral será solo una herramienta más en sus manos. Pero en la oscuridad absoluta, donde la sangre seca y las cadenas pesan, algo inesperado comienza a resquebrajar su armadura. ¿Puede nacer algo puro en un lugar construido sobre culpa y violencia? ¿O el amor que nace de la sangre solo puede sobrevivir si se alimenta de más oscuridad? Ella no busca redención. Solo busca la libertad… y el reencuentro que justificó cada gota de sangre derramada.

Genre
Drama
Author
Clownaccio
Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Monstruo Herido

El pasillo de la prisión era un túnel de gritos y manos desesperadas que se lanzaban entre los barrotes como garras rotas. Adelin caminaba flanqueada por dos guardias, la cabeza baja, la mandíbula tan apretada que sentía el gusto metálico de su propia sangre.

Cada paso resonaba más pesado que el anterior, como si el suelo quisiera tragársela.

Solo cuando la puerta de acero se cerró a su espalda con un golpe seco y definitivo, se permitió romperse.

El sonido que salió de su garganta no era un llanto. Era algo más antiguo, más salvaje. Un aullido ronco, desgarrado, que reverberó contra las paredes desnudas. Se desplomó sobre el suelo helado, abrazándose las rodillas con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. El cuerpo le temblaba entre rabia y un dolor tan profundo que parecía partirle los huesos por dentro.

Pensaba en Liora. En esa niña de cinco años a la que había convertido en pieza de su propio juego sucio. No podía odiarla. Liora solo era otra víctima inocente… igual que ella lo había sido una vez.

Entre sollozos ahogados, repetía una y otra vez, como una promesa y una maldición:

—Nos voy a proteger, Anton… Nos voy a proteger. Saldré de aquí. Y sé que tú también podrás salir. Te amo. Con cada pedazo roto que queda de mí… te amo.

Agotada, se quedó dormida en el suelo, aferrando con fuerza el pequeño botón rojo del traje de Anton contra su pecho. El plástico se le clavaba en la palma, pero no lo soltó.

Ahora estaba mucho más que herida.

Y cuando Versania lograra escapar, Celia Domanti no conocería el infierno.

Conocería al monstruo que ella misma había creado.