Vitrum

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Summary

El diluvio no fue el fin. Fue el comienzo. La humanidad, reducida a ruinas sumergidas, levantó Vitrum: una ciudad de "cristal" suspendida sobre un océano que devora todo lo que toca. No es un refugio. Es el último cálculo contra la extinción. Aquí, la reproducción no es una elección. Es un mandato. Meira, ejecutora de la Paridad, recibe a Seth —Arcángel 6—, desactivado desde la guerra y ahora reactivado con un fallo en el borrado de memoria. Él no recuerda por qué lo apagaron. Ella no sabe qué hará si lo descubre. Entre capas de acero y silencio, la convivencia obligatoria no busca amor. Busca equilibrio. Pero el equilibrio se quiebra cuando aquello que quedó enterrado bajo el agua empieza a regresar.

Genre
Scifi
Author
MJ_Glass
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Vitrum

"Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente". El Libro de las Revelaciones 13:16


La vida después del diluvio

La ciudad flotaba porque el mundo ya no podía sostenerla. Desde las plataformas superiores, el horizonte era una extensión interminable de agua oscura. No quedaban continentes, ni costas, ni líneas que separaran lo habitable de lo perdido. Solo océano. Una superficie inestable que había reclamado lo que antes fue tierra firme.

Entre las nubes bajas aún asomaban las puntas oxidadas de antiguas torres, emergiendo del agua como huesos que se negaban a desaparecer.

Arriba, en Vitrum, todo era precisión.

Estructuras de cristal reforzado se elevaban en líneas limpias y exactas. Pasarelas suspendidas conectaban sectores completos en trayectorias calculadas al milímetro. Núcleos gravitacionales mantenían la ciudad inmóvil, lejos del oleaje y lejos del pasado. No había humo.

No había explosiones.

La guerra había terminado.

Lo que permanecía era algo más difícil de sostener. Paz.

A las 06:12, el sistema marcó una irregularidad. Sector 14.

Pareja asignada — incumplimiento de enlace. Tiempo de tolerancia: agotado.

La notificación apareció en su visor antes de que el transporte aterrizara. La nanotecnología se activó desde la base del uniforme y recorrió su cuerpo como una sombra líquida. Se adhirió a su piel, se solidificó en placas oscuras y reforzó puntos vitales con precisión programada.

El casco ascendió desde la nuca y selló su rostro. El visor se tiñó. La ciudad dejó de ser paisaje y se convirtió en datos. Frecuencias cardíacas detectadas en interior del edificio: dos. Niveles de cortisol elevados.

Riesgo de propagación ideológica: moderado.

Descendió acompañada por dos soldados. Drones tácticos aseguraron la fachada antes del ingreso. Desde fuera, todo parecía intacto.

Eso era lo importante.

Que la estabilidad no necesitara explicación. La puerta fue sellada desde el exterior.

La pareja estaba en el centro de la habitación. No había armas.

No había barricadas.

Solo respiración acelerada y un silencio que vibraba bajo la piel. La mujer sostuvo su mirada.

No lloraba.

Eso lo hacía más difícil.

—El enlace es obligatorio —informó uno de los soldados.

El hombre apretó los puños, pero no avanzó. Fue ella quien habló primero.

—Solo queríamos tiempo. Tiempo.

Durante la guerra, el tiempo había sido lo primero en desaparecer. Las decisiones postergadas habían costado ciudades enteras. Las discusiones habían precedido al diluvio. El mundo se había hundido mientras todos pedían más tiempo.

La Ley de Paridad no había nacido del deseo. Había nacido del cálculo.

La población disminuía.

La estabilidad requería reproducción estratégica. El emparejamiento era obligatorio.

No era su función preguntarse si el sistema era justo. Era su función mantenerlo en equilibrio.

Realizó un gesto mínimo. Los brazaletes se activaron.

Un pulso breve de luz recorrió las muñecas de ambos y selló el enlace ante la red pública. La transmisión comenzó de inmediato. La ciudad debía ver que el orden se cumplía sin violencia.

Cuando regresó a la plataforma, el océano seguía extendiéndose hasta perderse en el horizonte.

Oscuro. Infinito.

Bajo esa superficie estaban los restos de lo que no se supo sostener. La irregularidad había sido contenida.

Pero no era el único desequilibrio en curso.

Horas después, fue convocada a los niveles inferiores de Vitrum.

El Consejo la esperaba en una sala sin ventanas, donde las paredes proyectaban datos en movimiento constante.

—Su desempeño ha sido evaluado —dijo la voz central—. Ha sido seleccionada para emparejamiento estratégico.

La palabra no llevaba emoción.

—¿Con quién?

Hubo una pausa apenas perceptible.

—Con el Arcángel 6. Hubo seis.

Durante la guerra fueron la última línea. Después fueron desactivados.

Solo quedaron dos.

El Arcángel 1 fue activado un año antes.

El 6 permanecía en latencia desde el final del conflicto.

—Será activado en catorce horas. Entonces lo comprendió.

Si lo despertaban ahora, no era por protocolo. Era por presión.

Y en Vitrum, la presión siempre tenía nombre.

Abaddon

El sector de activación se encontraba varios niveles por debajo de la ciudad visible. Allí no había cristal ni horizonte, solo acero estructural, compuertas presurizadas y una iluminación

blanca que no variaba nunca. El aire era más frío, más denso, como si estuviera diseñado para contener algo más que sonido.

Unidad 14 descendió por el corredor central junto a otras unidades tácticas. Las placas oscuras de sus armaduras absorbían la luz en lugar de reflejarla. Eran quince en total, dispuestas en formación cerrada.

Demasiadas para una simple supervisión.

En el centro del recinto, suspendida por anclajes electromagnéticos, se encontraba la cápsula.

ARCÁNGEL 6 ESTADO: LATENTE

ACTIVACIÓN PROGRAMADA: 00:00:10

El contador descendía en silencio.

Separada del cuerpo, en una plataforma lateral, reposaba la armadura. No era un uniforme ni una extensión ornamental del sujeto: era una estructura pesada, imponente, diseñada para resistir impacto directo. Placas superpuestas de un material oscuro absorbían la luz, mientras filamentos de nanotecnología recorrían la superficie como venas metálicas en espera de impulso neural. En el núcleo, nodos energéticos latían con una pulsación contenida.

No parecía una herramienta. Parecía una declaración.

Cinco.

La cápsula se abrió con un sonido seco y contenido. El líquido drenó.

El cuerpo descendió hasta tocar la base de la cámara. El Arcángel 6 inhaló.

Sus ojos se abrieron.

Las unidades elevaron sus armas un grado más, siguiendo protocolo. Meira no.

Los signos vitales del sujeto se estabilizaron en menos de dos segundos. No hubo desorientación visible. Su mirada enfocó con claridad inmediata.

No buscó salida. No buscó amenaza.

Sus ojos se detuvieron directamente en Meira. Como si la reconociera.

—Registro neural activo —anunció un técnico.

—Confirmando activación de la Unidad Arcángel 6… Identificador nominal: Seth.

—Bloqueo de memoria en ejecución… Una pausa demasiado larga.

—…incompleto.

El silencio se volvió más denso que el acero que los rodeaba. El Arcángel 6 no apartó la mirada.

Y por primera vez desde que recibió la asignación, Meira sintió algo que no figuraba en ningún protocolo.

Incertidumbre.

Los técnicos no celebraron la activación. No hubo aplausos.

No hubo alivio. Solo protocolos.

El Arcángel 6 descendió completamente de la cápsula. El líquido residual terminó de drenarse por los conductos inferiores mientras los sistemas de monitoreo ajustaban su respiración y frecuencia cardíaca en tiempo real.

—Estabilidad fisiológica confirmada —anunció una voz desde la consola principal. Las quince unidades tácticas mantuvieron posición.

No se activaba un Arcángel como quien enciende una máquina. Se despertaba algo que había sido desactivado por una razón.

—Proceder con contención preventiva.

Uno de los técnicos avanzó con el primer dispositivo.

El anillo gravitatorio se cerró alrededor de su muñeca derecha con un ajuste milimétrico. No era una simple restricción física. Era un limitador de vector. Una corrección constante de fuerza y desplazamiento.

El segundo anillo aseguró la muñeca izquierda. Después los tobillos.

Cada cierre produjo un clic seco, quirúrgico. Finalmente, el collar.

La estructura oscura se ajustó a la base de su cuello. Sensores internos se alinearon con la columna cervical y el tallo neural.

Un pulso azul recorrió los cinco dispositivos al unísono.

—Limitadores activos. No opuso resistencia. No preguntó.

Observó.

Sus ojos rojos se desplazaron lentamente por el perímetro armado, registrando ángulos, distancias, respiraciones alteradas bajo las armaduras.

Luego se detuvieron en Meira. Como si el resto no existiera.

—Designación —dijo por primera vez.

Su voz era grave. Estable. Sin distorsión por latencia.

—¿Unidad 14?

Ella sostuvo su mirada.

—Meira.

Hubo una pausa breve.

—Meira —repitió él. No sonó como eco.

Sonó como almacenamiento.

—Asignación confirmada —anunció el sistema central—. Unidad 14 designada como enlace operativo y supervisión primaria del Arcángel 6.

Las armas descendieron un grado. No completamente.

—Residencia asignada bajo Decreto de Paridad —continuó la voz—. Convivencia obligatoria. Traslado inmediato a nivel residencial.

La palabra quedó suspendida en el aire clínico del sector. Convivencia.

El Arcángel 6 no reaccionó visiblemente.

Pero sus sensores oculares realizaron un microajuste.

El corredor hacia el ascensor era largo y blanco. Acero estructural, iluminación invariable, puertas presurizadas que se abrían solo al reconocimiento biométrico conjunto.

Seguía siendo Vitrum.

Solo su estrato más profundo. El ascensor inició el ascenso.

Los niveles inferiores de la ciudad albergaban lo que no debía verse: activaciones, protocolos, decisiones irreversibles.

A medida que ascendían, la luz cambiaba.

El blanco quirúrgico dio paso a superficies translúcidas, paneles de cristal reforzado, estructuras que fingían ligereza.

Pero todo pertenecía al mismo organismo. Vitrum no tenía exterior.

Solo capas.

Dentro del ascensor, quedaron solos. El silencio no era incómodo.

Era analítico.

—¿Estoy operativo? —preguntó él. La pregunta no llevaba ansiedad. Era una verificación de estado.

—Sí —respondió Meira.

—¿Estoy en uso?

Ella lo observó de perfil.

—No como antes. Silencio.

—Entonces, ¿cuál es mi función? Las puertas se abrieron.

El nivel residencial se desplegó ante ellos: pasarelas suspendidas, ventanales abiertos al océano infinito, arquitectura diseñada para recordar estabilidad.

—Adaptarte —dijo ella.

El sistema confirmó la llegada.

—Unidad 14 y Arcángel 6: residencia asignada. Enlace registrado bajo Decreto de Paridad. El término no implicaba afecto.

Implicaba estructura social.

Caminaron en paralelo por el corredor transparente. Las luces de Vitrum se reflejaban en las superficies oscuras de los anillos gravitatorios.

Nadie los observaba directamente. Pero la red sí.

Cuando la puerta del apartamento se selló con un chasquido magnético, comenzó la convivencia.

El Jardín del Edén

Primera Noche

La puerta se selló detrás de ellos con un cierre hermético. Meira no avanzó de inmediato.

Evaluó el espacio. Accesos.

Altura.

Rutas de contención.

No porque esperara un ataque. Porque siempre evaluaba.

Retiró el arma de su funda. No para apuntar.

Para reubicarla.

La dejó sobre la encimera, dentro de su radio inmediato de alcance. Seth observó.

—Preservas ventaja táctica.

—Preservo hábitos. Él no respondió.

No parecía inquieto. Pero tampoco relajado.

Su postura era vertical. Precisa.

Como si aún estuviera esperando una orden de activación. La puerta del dormitorio se abrió.

Una sola cama.

—Configuración compatible con Decreto de Paridad —dijo Seth. No había intención en el tono.

Solo correspondencia de datos.

Meira abrió el armario. Sacó una manta. La dejó sobre el sofá.

—Cohabitar no es lo mismo que ejecutar. Pausa.

Seth procesó.

—El Decreto establece residencia compartida.

—Eso es lo único que nos compete esta noche. Silencio.

Él no discutió. No sabía discutir.

Sus ojos recorrieron el espacio como si intentara asignarle función a cada objeto. Mientras activaba el sello magnético de su armadura, el blindaje táctico se ajustó a su cuerpo con precisión mecánica.

Seth no llevaba armadura. Solo los cinco anillos.

Uno en el cuello. Dos en muñecas. Dos en tobillos.

Sistemas de contención.

Ella sabía lo que podían hacer. Él también.

Pero no había tensión en él por eso. Solo registro.

—Requiero instrucciones para este entorno —dijo. No era urgencia emocional.

Era ausencia de marco.

—No es un entorno operativo.

—Entonces defina su naturaleza. Ella lo miró.

Recién activado.

Sin experiencia doméstica. Sin referencia social.

Solo mandato estructural.

—Es un espacio habitacional —dijo finalmente—. Aquí se descansa.

—¿Descanso implica suspensión completa de vigilancia?

—Implica que no necesitas analizar cada variable. Eso le generó un microsegundo de latencia.

—Eso reduce eficiencia.

—Aumenta estabilidad. Pausa.

—Estabilidad priorizada.

Seth dio un paso hacia la ventana. No hacia ella.

Estaba midiendo la altura, el perímetro, la iluminación urbana. Intentaba entender el entorno.

No a Meira.

Ella lo observó hacerlo. No lo atacó.

No lo contuvo. Lo dejó mapear.

—No hay amenaza inmediata —dijo él.

—Lo sé. Silencio.

Era la primera vez que ambos estaban en un espacio sin jerarquía clara. Ella no estaba dándole órdenes tácticas.

Él no estaba en modo combate.

—¿Dónde debo ubicarme? —preguntó.

—Ahí está bien.

Señaló un punto cerca de la pared, con visión parcial del apartamento. Seth se desplazó exactamente hasta allí.

Se quedó de pie.

—Puedes sentarte.

—No es necesario.

—Aquí no estamos en formación. Pausa.

Procesamiento. Se sentó.

El movimiento fue medido, como si estuviera replicando una acción observada en otro lugar. Las luces descendieron a modo nocturno.

Meira se acomodó en el sofá.

Mantuvo los ojos abiertos un poco más. No por miedo.

Por evaluación. Seth no la miraba. Miraba el espacio.

Como si aún estuviera aprendiendo qué significaba estar en él.

—¿Intervalo de descanso estimado? —preguntó.

—Seis horas.

—Registrado. Silencio.

Los anillos permanecían inactivos. No había pulso azul.

No había advertencia. Solo presencia.

Era un arcángel. Recién despertado.

Con mandato de cohabitar. Nada más.

Meira cerró los ojos. No porque confiara.

Sino porque entendía que si esa noche no lograban coexistir sin activar protocolos, el problema no sería el Decreto.

Sería todo lo que vendría después.

Meira no durmió.

No porque temiera que Seth se moviera. Sino porque la frase seguía regresando. Bloqueo de memoria… incompleto.

La repetía mentalmente como si al aislarla pudiera encontrar la fisura exacta. Repasó la activación segundo por segundo.

Pulso estable. Lecturas sin picos. Transición limpia.

Nada indicaba desestabilización. Nada, excepto la pausa del técnico.

Giró el rostro hacia el otro extremo de la habitación.

Seth permanecía sentado en el borde de la cama, exactamente en la misma posición en la que se había quedado horas antes. Espalda recta. Manos apoyadas sobre los muslos. Ojos abiertos.

No parecía vigilarla. Parecía procesar.

Los cinco anillos gravitatorios —cuello, muñecas y tobillos— mantenían un pulso azul constante. Estables. Sin advertencias.

El silencio no era incómodo. Era uniforme.

Eso la inquietaba más.

—Seth.

Él giró el rostro hacia ella con precisión mecánica.

—Activo.

No había variación en el tono. Ni inflexión.

Ni espera.

—Describe tu estado operativo. Una pausa mínima.

—Funciones primarias en ejecución. Directrices del Decreto registradas. Unidad de cohabitación asignada.

Nada más.

No mencionó el bloqueo. No mencionó anomalías. Demasiado limpio.

Meira activó su interfaz interna y solicitó el informe completo de la activación. La notificación apareció frente a su visión.

Acceso restringido.

No reaccionó de inmediato.

Dejó el mensaje suspendido varios segundos antes de intentar de nuevo. Esta vez utilizó credencial ejecutiva.

Competencia del Consejo.

El texto desapareció con suavidad, como si nunca hubiera estado allí. La exclusión fue más clara que cualquier advertencia.

Volvió la vista hacia Seth. Él seguía inmóvil.

Activo.

Observándola con un nivel de atención que no parecía curiosidad. Parecía registro.

—El reporte de tu activación presenta una variación técnica —dijo finalmente—. El Consejo indicó que la gestionará directamente.

Seth procesó la información.

—¿La variación compromete la ejecución del Decreto? Directo. Funcional.

—No.

Una fracción de segundo.

—Entonces la variación no es prioritaria. No era desafío.

Era estructura lógica.

Y eso la tensó más de lo que esperaba.

Se levantó y caminó hasta la pared principal del apartamento. Superficie lisa. Sin aperturas visibles. Sabía que el espacio estaba monitorizado. Todos los enlaces lo estaban.

Frecuencia cardíaca. Índices hormonales. Distancia corporal.

Paridad no era solo convivencia. Era medición constante.

Durante un instante consideró enviar un reporte ampliado. Exigir acceso. Solicitar revisión presencial.

Pero la respuesta ya estaba dada. El Consejo se encargará.

Traducción implícita:

No es tu competencia. Permaneció quieta.

Luego regresó a la cama.

Seth no había cambiado de postura.

—¿Existe una amenaza externa? —preguntó él de pronto.

Meira se detuvo.

—No.

—Tus niveles de cortisol aumentaron en un siete por ciento. Ella no respondió.

No le gustó que lo detectara.

No le gustó que pudiera medirla sin interfaz visible.

—No es relevante.

—Registro: variación emocional sin asociación a peligro inmediato. Sin juicio.

Sin intención. Solo archivo.

El silencio volvió a extenderse.

Si el bloqueo estaba incompleto…

si existía una variable no controlada… El Consejo no perdería un arcángel.

Ajustaría el entorno.

Y ella formaba parte del entorno. La idea no la asustó.

Pero dejó de permitirle descanso.

Se sentó en el extremo opuesto de la cama.

—Seth.

—Activo.

—Tu prioridad inmediata es estabilidad. No ejecución.

—Directriz registrada.

—Hasta nueva orden, ninguna acción relacionada con el Decreto se iniciará sin instrucción explícita.

Un breve intervalo.

—Confirmado.

Eso la tranquilizó apenas. No porque confiara en él.

Sino porque necesitaba establecer límites operativos.

Las luces del apartamento descendieron automáticamente al modo nocturno profundo. Seth no se recostó.

No cerró los ojos.

No mostró señales de fatiga. Simplemente permaneció allí. Activo.

Operativo.

Y mientras la noche continuaba avanzando sin variaciones, Meira dejó de preguntarse si él era peligroso.

Comenzó a preguntarse si ella era prescindible.