Los reyes del pueblo
El reino de Aurelis era conocido en todos los territorios por una sola razón:
No por su riqueza.
No por su ejército.
Sino por sus reyes.
En el gran salón del castillo, la luz del sol atravesaba los vitrales de colores, pintando el suelo con tonos dorados y azules. Los sirvientes caminaban de un lado a otro, ajustando pergaminos y preparando los documentos del día, mientras los miembros del consejo esperaban la llegada de los gobernantes.
El primero en entrar fue Kim Namjoon, el consejero principal del reino. Alto, de porte firme y mirada inteligente, llevaba varios pergaminos en las manos.
—Espero que hoy su majestad llegue a tiempo —murmuró mientras los acomodaba.
A su lado, Min Yoongi, estratega militar, apenas levantó la mirada de un mapa extendido sobre la mesa.
—Es Jungkook —dijo con calma—. Si se retrasa, ya sabemos por qué.
Un resoplido divertido salió de Jung Hoseok, comandante de la guardia real
—Porque está con el príncipe.
—Exacto —asintió Yoongi con una ligera sonrisa.
Desde una de las ventanas, Kim Taehyung observaba los jardines con expresión tranquila.
—Si fueran ustedes los que tuvieran un omega como el príncipe Jimin, tampoco saldrían de la habitación.
Namjoon carraspeó.
—Taehyung…
—¿Qué? —respondió con inocencia.
Antes de que la conversación continuara, las enormes puertas del salón se abrieron.
—Sus majestades.
Todos se pusieron de pie inmediatamente.
Jeon Jungkook entró primero. Alto, imponente, con el porte natural de un alfa dominante, su sola presencia llenaba la sala sin esfuerzo. Vestía un traje negro bordado con detalles plateados que representaban al lobo real del reino.
Pero lo que más destacaba era cómo sus ojos buscaban automáticamente a la persona que caminaba a su lado: Park Jimin.
Su príncipe.
Su omega.
Jimin llevaba una túnica blanca con bordados dorados. Su presencia era completamente distinta: suave, cálida, luminosa. Pero su autoridad era igual de fuerte. El pueblo lo adoraba. Porque si Jungkook era la fuerza del reino… Jimin era su corazón.
Jungkook tomó su mano suavemente mientras caminaban hacia los tronos gemelos.
—Buenos días —dijo con una sonrisa.
Namjoon inclinó la cabeza.
—Majestades.
Jimin sonrió con calidez.
—Buenos días a todos.
Taehyung levantó una ceja traviesa.
—¿Dormimos bien, su majestad?
Jimin se sonrojó ligeramente. Jungkook soltó una pequeña risa.
—Taehyung…
—Solo preguntaba —respondió, levantando las manos en señal de paz.
Yoongi suspiró.
—Por favor… ¿podemos comportarnos como adultos?
Hoseok sonrió.
—Eso va para ti también.
La sala se llenó de una ligera risa. Era una escena común en el castillo. Porque aunque eran reyes… también eran una familia.
Jimin tomó asiento junto a Jungkook en los tronos. Él entrelazó sus dedos con los de él por debajo de la mesa, un gesto que solo Jimin notó.
—¿Todo bien? —preguntó en voz baja.
—Siempre lo está cuando estás conmigo —respondió Jimin suavemente.
Los ojos de Jungkook se suavizaron.
—Eso espero.
Desde el fondo del salón entraron dos mujeres: Yuri, encargada de la administración del reino, conocida por su mente estratégica, y Nayoon, la sanadora real, cargando informes médicos.
Yuri inclinó la cabeza
—Majestades, el pueblo ha enviado nuevas peticiones para la cosecha de invierno.
—¿Las aldeas del sur? —preguntó Jimin, atento.
—Sí. —Yuri asintió.
Jungkook miró a Namjoon.
—Entonces aumentaremos el envío de granos.
Namjoon asintió.
—Lo prepararé.
Jimin sonrió. Ese era uno de los rasgos que más amaba de Jungkook: siempre ponía al pueblo primero. Siempre.
La reunión continuó mientras discutían los asuntos del reino, hasta que finalmente concluyó. Cuando el consejo se retiró, Jungkook y Jimin caminaron hacia los jardines del castillo.
El aire era fresco y el cielo, despejado. El aroma de flores y hierba recién cortada llenaba sus sentidos.
Jungkook rodeó suavemente la cintura de Jimin.
—¿Sabes algo?
—¿Qué cosa? —preguntó Jimin apoyando la cabeza en su hombro.
—Creo que el reino se está volviendo demasiado tranquilo.
Jimin levantó la mirada.
—¿Eso es malo?
—No —respondió Jungkook, besando suavemente su frente—. Significa que estamos haciendo bien nuestro trabajo.
Jimin sonrió.
—Entonces sigamos así… por muchos años.
Jungkook lo miró fijamente y tomó su rostro entre las manos.
—Por toda la eternidad.
Jimin rió suavemente.
—Eres dramático.
—Solo cuando se trata de ti.
Y sin importarle que algunos sirvientes pasaran cerca… Jungkook lo besó.
Un beso cálido. Tranquilo. Lleno de amor.
Estaban felices y era lo que importaba, pase lo que pase.
💭
Holi nueva historia creo que está si la seguiré haciendo más o menos ya tengo como va el giro espero os guste
Bay 😶🌫️








