Perdóname por crecer tan rápido
_¿Por qué llorabas tanto?.
— Porque nadie preguntaba qué me pasaba.
— ¿Por qué te quedabas callada?
— Porque sentía que molestaba.
— ¿Te sentías sola?
— A veces estaba rodeada de gente… y aun así me sentía invisible.
(Silencio)
— Perdóname.
— ¿Por qué?
— Por no defenderte cuando más lo necesitabas.
Por pensar que ser fuerte era no sentir.
Por obligarte a madurar cuando todavía querías jugar.
— Yo solo quería que alguien me abrazara y me dijera que no era mi culpa.
— No era tu culpa.
Nunca lo fue.
La niña me mira con los ojos llenos de preguntas que nadie respondió en su momento.
Tiene miedo de confiar.
Tiene miedo de que la vuelva a dejar sola.
— Te prometo algo — le digo, con la voz temblando pero firme.
— ¿Qué cosa?
— Que ahora sí voy a cuidarte.
Que no volverás a sentir que estorbas.
Que ya no tienes que ser fuerte todo el tiempo.
La niña no sonríe… pero por primera vez, deja de llorar.
Y eso…
eso ya es un comienzo.