Dónde florecen los cerezos

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Summary

Hana se lleva mal con todo el mundo. Leo quiere saber por qué. Hana desea ser amada pero tiene miedo. Leo no entiende. Quizás, entre silencios, lluvia y cerezos en flor, encuentre la respuesta.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Primer Encuentro


LEO




Sentirse cohibido es una sensación extraña.

Ya habías estado aquí.

Ya habías hablado con ellos.

Pero estar en un salón diferente se siente como si fueras un alien parado en el marco de la puerta, por alguna razón todos te miran.

Cuando entré a ese salón las chicas soltaban risas agudas y fingidas, los chicos me miraban con una sonrisa burlesca y el profesor me veía como si esperaba algo de mi.

— Preséntate con tus compañeros, Leo. — Extendió la mano mostrándome al salón.

— Buenos días, mi nombre es Leo Akira, me transfirieron a este salón a manera preventiva por una pelea tonta por un balón de fútbol. — La clase se burló y el maestro intervino.

— Gracias, Leo, busca un lugar donde sentarte. — Caminé hasta la única banca vacía, ella estaba ahí, ajena de todo aparentemente, ella estaba…¿Dibujando?

— ¿Eso es un braquiosaurio? ¿Te gustan los dinosaurios? — susurré para no recibir un llamado de atención. — sí, bienvenido. — ella cerró la libreta lentamente como si no quisiera seguir la conversación, cosa que no me importaba mucho, esperaba hacer algún otro amigo y sentarme con ellos después. Se veía incómoda, como si hubiese invadido su hábitat natural, subió la mochila a la mesa, tenía un llavero de dinosaurio con un listón rojo en el cuello, un pin de wave to earth y otro de un cheesecake, no se veía grosera, era bonita, tenía una mejillas abultadas, parecía una ardilla, sus ojos eran enormes y oscuros, parecían dos bolitas de boba, sus labios eran finos y sus cejas muy expresivas. Era incluso más linda que las demás y era eso lo que me desconcertaba ¿Por qué una chica que fácilmente podía ser popular por su apariencia estaba en un rincón? ¿Y si le hacían bullying? ¿Y si era mala persona? Aquellos pensamientos que bailaban en mi mente se esfumaron cuando sentí la punta de una pluma picarme el brazo, estaba a nada de molestarme con ella cuando me pidieron seguir la lectura. — Señor, Akira, continúe por favor — y como si un acto de caridad se tratase ella colocó la punta de la pluma donde empezaba el párrafo que debía leer.

Entre clases ella no salió, no se movió y se dedicó a repasar lo que acabamos de leer. Me levanté de mi lugar y fui directo a tratar de conversar con alguien, había un grupo de chicos que rápidamente me aceptaron en su “manada” sonaba estúpido.

— ¿Qué se siente ser el centro de atención? — preguntó el de la nariz de bola con una sonrisa burlona. — Nada. Ella es rara. — susurré únicamente para nosotros. — Por algo es la primera de la clase. Hana es el terror de los nerds, — mencionó el chico más bajo del grupo. Así que “Hana” es tu nombre, como una flor.




HANA



Escuché una voz diferente, no era molesta, de hecho era agradable, apenas alcé la vista para ver quién era. Era el chico a quien le había ensuciado la mochila de lodo el año pasado. Bajé la vista a la libreta, “si no me muevo, no me ve” en cuanto menos lo pensé ya caminaba hasta mi mesa, me daba pena que fuese a molestarse por lo de la mochila pero probablemente ya ni siquiera lo recordaba.

— ¿Eso es un braquiosaurio? ¿Te gustan los dinosaurios? — preguntó quizás fingiendo interés. — Sí, bienvenido — respondí algo incómoda. Ahora había alguien donde debería ir mi mochila ¿Y si le pongo la mochila encima para que se quite? No, eso sería grosero. Elegí subir la mochila suavemente sobre la mesa, saqué el resto de cosas que necesitaba. En mi mochila había las cosas más importantes, mi pin de mi postre favorito, el pin de mi banda favorita y el llavero que me regaló mi progenitora, no lo digo así por sonar pomposa, no soy capaz de llamarla “madre” el listón del cuello, era mi mayor recordatorio, el más importante, mi tía solía decir que “El amor es un arma de doble filo” y me lo contaba cada que hablaba de sus divorcios, pero tenía razón, no conocía nada más que el dolor de un cariño ausente o un cariño que no terminaste en abandono.

Lo escuché hablando con los enfadosos, probablemente ya estaba hablando mal de mí, no era algo extraño o ajeno a lo cotidiano, mis compañeros ya habían entendido que la línea entre ser “amigos” y “compañeros” era muy gruesa y jamás podrían pasar de ahí.