Chapter 1 : la casa del final de la calle
El pueblo de San Valle siempre había sido silencioso.
No era un silencio incómodo… sino uno extraño. Como si el lugar estuviera conteniendo la respiración.
Emma Salvatierra lo notó apenas bajó del auto.
—¿Este es el lugar? —preguntó mirando las casas viejas alineadas a lo largo de la calle.
Su madre, Laura Salvatierra, asintió mientras apagaba el motor.
—Sí. Aquí vivía tu abuela.
Emma observó la casa frente a ellas.
Era grande, antigua, con pintura blanca descascarada y ventanas altas cubiertas por cortinas amarillentas. El jardín estaba lleno de pasto alto y el portón oxidado chirrió cuando Tomás lo empujó.
—Me encanta —dijo Tomás con una sonrisa—. Parece una casa embrujada.
—No digas eso —respondió Laura rápidamente.
Emma notó algo en el tono de su madre.
Nervios.
Como si no estuviera contenta de volver.
Entraron a la casa y el olor a madera vieja y polvo llenó el aire.
El piso crujía con cada paso.
—Bueno —dijo Laura intentando sonar alegre—. Vamos a limpiar un poco antes de instalar todo.
Tomás subió corriendo las escaleras.
—¡Yo quiero la habitación del fondo!
Emma rodó los ojos y comenzó a recorrer el living.
Había muebles cubiertos con sábanas, un reloj antiguo detenido y fotografías viejas colgadas en la pared.
En una de ellas estaba su madre.
Pero no estaba sola.
Había otra niña al lado.
Emma frunció el ceño.
—Mamá… ¿quién es esta?
Laura se acercó lentamente.
Cuando vio la foto, su expresión cambió.
—Nadie —dijo rápido—. Una amiga de la infancia.
Pero Emma notó algo.
Laura no quería mirar esa foto.
Esa noche llovió.
La tormenta golpeaba fuerte las ventanas.
Emma no podía dormir.
Se levantó para cerrar la cortina de su habitación cuando algo llamó su atención.
En la casa de enfrente…
había una ventana iluminada.
Y alguien estaba allí.
Una niña.
Estaba parada completamente quieta.
Mirándola.
Emma levantó la mano lentamente para saludar.
Pero la niña no se movió.
Solo seguía mirándola.
Fijamente.
Entonces Emma notó algo que le heló la sangre.
La niña no estaba dentro de la casa.
Estaba del lado de afuera de la ventana.
Y su sonrisa…
no era normal.