Prologo.
En el comienzo de todo, tan solo había oscuridad, hasta que una chispa broto de ella y doto de luz dorada al universo.
-Hécate.
Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo atrás, en un planeta muy lejano, donde los grandes reyes luchaban en épicas batallas y donde las personas convivían con hadas, duende y sirenas, un lugar habitado por grandes señores, que detrás de sus grandes castillos, hechos de mármol y otras piedras finas, gobernaban con puño de hierro a toda su gente por igual, aunque ellos tuviesen, poder y riquezas más allá de su imaginación, para ellos no era sufriente, sintiéndose vacíos buscaron cada vez más y más, hasta perderse ellos mismos. En su infinita arrogancia hacían que su pueblo luchase en sus batallas por ellos; Mas temprano que tarde, se llegó a la conclusión de que, si se quiere ganar en las guerras, era necesario tener mejores armas y equipamiento.
Así fue como la magia, que de por si era difícil de ver, ahora pareciera que se hubiera quedado absoluta, ante los beneficios que ofrecía la ciencia. En un día cualquiera, mientras hombres y enanos libraban una lucha por el control de la montaña más importante de su época, el cielo se oscureció por los grandes escupe fuegos de bronce, y que, con una sola de sus olas, podían derribar el hierro más fuerte
La intensa batalla, que había comenzado, desde que apareció el sol, de repente se había detenido, cuando ambos bandos habían escuchado y visto como el mismismo Zeus abrió las nubes negras y había bajado desde el Olimpo, solo para ponerle fin a tal guerra absurda.
Zeus dejo caer su ultimo rayo, muy diferente a lo que uno esperaría, el rayo fue tan fuerte que dejo un gran cráter sobre el piso, perfectamente alineado entre ambos bandos.
El lugar que una vez había sido controlado por el odio, ahora se sentía tenso, una de las razones, saber que había dejado, algunos no tuvieron el valor de ir a verlo, pero otros, en comparación, si se atrevieron a ir, una gran nube de polvo limitaba la visión de aquellos que por curiosidad, fueron a ver. Cuando al fin se quitó la nube de polvo, un mago se encontraba sentado, miro directo hacia uno de los soldados y le hablo delante de todos:
- Terminemos con esto, de una buena vez