ᴜɴɪᴄᴏ🍥
¡Jisung! —alguien gritó desde afuera del baño—. ¿Puedes darte prisa? Se nos va a hacer tarde para ir a la universidad.
—¡Dame un segundo, Félix! Solo necesito un toque de maquillaje en el rostro —respondió Jisung.
Félix rodó los ojos y, al instante, vio salir a su amigo ya completamente listo.
—¿Ya? —preguntó.
El otro omega asintió con una sonrisa.
—Bien, vámonos, Sung.
—Está bien, vámonos —dijo Jisung mientras tomaba su bolso y salía de la habitación.
Félix y Jisung son amigos desde la infancia, un par de mejores amigos inseparables. Forman un dúo dinámico y, al cumplir los 18 años, decidieron mudarse juntos a un apartamento porque querían asistir a la misma universidad. Así lo hicieron y, desde entonces, nunca se separan.
Jisung llegó junto a Félix y ambos entraron a la universidad con los brazos entrelazados. Mientras avanzaban por los pasillos, algunas personas los saludaban con entusiasmo y otras los juzgaban con la mirada. Dos omegas siendo los más codiciados y adorados por su belleza como dúo. Nadie imaginaba que un par de chicos pudieran acaparar tanto la atención y la atracción de alfas —tanto hombres como mujeres— e incluso de otros omegas. Lo que más los atraía a todos era su dulce aroma frutal, tan intensamente dulzón.
Al entrar al salón, no pasaron desapercibidos. Sus compañeros murmuraban o los saludaban; por un lado, ambos omegas eran demasiado amables, pero algunas veces los comentarios inofensivos de los demás lograban hacerlos enojar y no querían desafiar su confianza. Todos se morían por llevarse a ese par a la cama. Aunque tenían ese toque dulzón, a veces usaban ropa afeminada y eso volvía locos a los alfas cuando estaban cerca de ellos.
Durante la clase, Jisung escuchaba con postura firme cada palabra del profesor, prestando mucha atención. Era un chico extremadamente inteligente.
—Jisung —susurró Félix.
El nombrado lo miró de reojo.
—Ya no soporto esos olores asquerosos de Jungwoo y Taeyong.
—Tranquilo, Félix. Sé que lo hacen para molestarnos —respondió el castaño rodando los ojos.
—Buenos chicos, es todo por hoy —dijo el profesor con una sonrisa mientras guardaba sus cosas en el maletín—. Que tengan un lindo fin de semana.
Félix y Jisung salieron del salón tomados de la mano. De repente, alguien les habló justo enfrente.
—¿A dónde van, preciosuras?
—¿Ahora qué quieren ustedes? —replicó el omega rubio de mala gana—. ¿No ven que nos estorban el camino?
—Oh, vamos, precioso. Podemos acompañarlos hasta la cafetería… o, si quieren, almorzamos juntos —dijo el alfa tomando el mentón del rubio.
Félix, fastidiado, le dio un manotazo.
—Ay, qué agresivo…
—¿Y tú, Jisung, lindo? —El otro alfa se acercó al omega pelinegro e inesperadamente le tomó la cintura, pero Jisung se alejó de inmediato y se pegó más a su amigo.
—Lo siento, pero ustedes no están a la altura de lo que buscamos —respondió seriamente el castaño.
—¿Qué buscan? ¿Que alguien sea bueno follando? —soltó el alfa con una risa burlona—. No sean malos, preciosos, acepten salir con nosotros…
—¡Que no entienden! —intervino ahora el omega rubio con el entrecejo fruncido—. ¡Que no estamos interesados en ustedes! ¡Déjennos en paz! —Y le dio un empujón al alfa, quien hizo lo mismo con Jisung.
La mayoría del tiempo, desde que empezaron a estudiar en esa universidad, los alfas les decían cosas sucias o halagos, pero ellos no tenían interés en cualquier alfa. Buscaban algo mejor…
Ahora estaban en la cafetería sintiendo las miradas sobre ellos: unas por su belleza y otras por la envidia de la atención que recibían de los alfas. Félix se encontraba sentado entre las piernas de Jisung, quien tenía las manos en la cintura de su amigo. De repente, se acercó un omega.
—¡Hello! No saben qué les traigo: ¡una excelente noticia, chicos! —llegó casi gritando un omega de cabello rosa, con una sonrisa que mostraba sus encías y los ojos achinados. Se sentó frente a ellos en uno de los banquillos.
—A ver, cuenta el chisme, Jimin —dijo el omega rubio con curiosidad mientras dejaba su teléfono sobre la mesa—. Sabes que a mí y a Jisung nos encanta enterarnos de todo. Ahora habla.
—Bueno, solo les digo que ¡están invitados a la fiesta más exclusiva e importante de Wang! —chilló de alegría.
—Espera, ¿Wang? —cuestionó el omega castaño—. ¿El alfa más popular de la universidad más importante de Corea, el Sky School?
—Así es. Los conoce a través de las redes sociales y publicó en Twitter que son bienvenidos a su fiesta, no importa de dónde vengan.
—Wow, eso es genial —chilló el rubio—. ¿No lo crees, Sung?
El castaño solo asintió.
—¿Y sabes cuándo es la fiesta? —preguntó Jisung, apoyando el mentón en el hombro de Félix, quien seguía sentado sobre él.
—Al parecer, hoy por la noche —respondió Jimin sin despegar la vista de su teléfono—. Oh, miren. —Les mostró una imagen de la invitación—. Llegarán personas de varias universidades diferentes.
—Será divertido. Tal vez conozcamos algún alfa que nos llame la atención en la fiesta —canturreó Félix—. ¿Qué dices, Jimin?
El nombrado solo asintió.
—No exageres, Félix. Iremos a divertirnos —respondió Jisung con una sonrisa—. Además, es lo que nos gusta.
—Tú no seas aguafiestas, Sung. Sabes que estamos en busca de un buen alfa —empezó a mover las caderas mientras pasaba las manos por su cuerpo con un toque coqueto—. No me gustaría llamar la atención de alguno. —Elevó las cejas con picardía.
Jisung solo negó con la cabeza, como preguntándose cómo podía ser su amigo así.
—Te imaginas encontrar uno y foll… —No terminó la frase porque el castaño lo interrumpió.
—Bueno, bueno… Lix, está bien. Sería genial ir a la fiesta de Jackson —dijo con una sonrisa ladina.
—Espero que se diviertan, chicos. Les deseo la mayor suerte —dijo Jimin con una sonrisa—. Ustedes son la atención de los alfas, sé que algunos son muy insistentes.
Tanto el rubio como el castaño asintieron.
Después de terminar las clases, los dos amigos se dirigieron a la salida de la universidad con los brazos entrelazados. Mientras pasaban por los pasillos, escuchaban murmullos de otros omegas, pues sabían que ellos tenían una belleza envidiable en el rostro y en el cuerpo.
Pasando las horas, Félix y Jisung ya estaban en el apartamento terminando de alistar su ropa para ir a la fiesta juntos. Ambos se encontraban muy emocionados por ese evento tan importante.
El omega castaño estaba frente al espejo, terminando de arreglarse. Esta vez, Jisung llevaba un conjunto compuesto por un top de tirantes de cuadros con encaje en contraste y una falda con ojal y cordón; medias de malla y botas negras; desde la mano hasta más abajo del hombro, un par de guantes de encaje; maquillaje oscuro perfecto y el cabello castaño rizado con un aire de chico malo. Completaban el look una gargantilla en el cuello y varios piercings en las orejas.
Por otro lado de la habitación, Félix también ya estaba listo y perfectamente hermoso. Llevaba un conjunto de dos piezas: top tipo camiseta de tirantes roja con estampado de una rosa negra y falda de dobladillo asimétrico del mismo color; un par de zapatillas Converse de tacón grueso rojas. Su cabello rubio estaba perfectamente rizado, llevaba una boina de lana color roja, maquillaje muy suave y un collar de perlas en el cuello.
—Wow, te queda increíble —alagó el omega rubio a su amigo—. Serás la atención de los alfas.
—No hay que exagerar tanto, Félix —dijo Jisung acercándose al rubio—. Además, tú también tendrás la atención de los alfas —rió el omega castaño mientras tomaba su bolsa—. Bueno, es hora de irnos.
—¡Sí! ¡A conquistar alfas! —chilló Félix.
Jisung solo rodó los ojos al ver lo exagerado que podía ser su amigo.
Después de un largo rato de viaje, los dos omegas finalmente llegaron a la fiesta exclusiva. Desde afuera ya se escuchaba la ruidosa música que salía de un gran salón. Al llegar a la entrada, un alfa los vio y quedó tan sorprendido ante el par de omegas que, sin rechistar ni preguntar de dónde venían o quiénes eran, los dejó pasar de inmediato. Félix miró de reojo a su amigo, divertido por lo fácil que ponían a los alfas con solo esos encantos.
Una vez adentro, vieron que había demasiadas personas en el lugar. Sin embargo, ellos no pasaron desapercibidos: todos bailaban y muchos estaban borrachos al mismo tiempo. Mientras avanzaban entre la multitud, no dejaban de escuchar murmullos: algunos alagos por parte de alfas u omegas, y otros comentarios nada amigables hacia ambos omegas. Pero a ellos no les importaba; habían llegado para disfrutar la fiesta.
—Miren no más quiénes vinieron —dijo una voz a sus espaldas, haciendo que voltearan—. Mis dos personas favoritas de las redes. Me alegro muchísimo de que hayan venido, preciosos.
El alfa alto les sonrió ampliamente.
—Oh, gracias. Fue un gusto venir a tu fiesta, Jackson —respondió el omega castaño—. Félix y yo estamos encantados de estar aquí.
—Me alegra mucho, chicos. Si quieren, pueden ir a tomar algo… Esta es su casa —los encaminó hacia la mesa de bebidas y bocadillos—. Ustedes son la atención de las redes, bonitos.
—Nadie resiste a nuestros encantos, Jackson —respondió con un toque de picardía el omega rubio—. Y por casualidad… ¿habrá alfas guapos?
—¡Félix! —exclamaron Jisung al ver a su amigo en plena misión de buscar alfas.
—¿Qué? Solo preguntaba. Sabes que vengo también a divertirme, aparte de bailar.
—Discúlpame, Jack. Es que a veces Félix… —Jisung jaló el brazo de su amigo—. Es muy pervertido. Pareciera que estuvieras en gata en celo.
—Tú también lo eres, Jisung —reclamó el omega rubio, cruzándose de brazos.
—No te preocupes, Félix. Aquí tienes a uno enfrente —dijo Jackson guiñándole un ojo.
Eso hizo reír al omega rubio, mientras que el castaño solo negó con la cabeza otra vez.
Después de una larga plática con el dueño de la fiesta, Félix tomó de inmediato la mano de Jisung y lo jaló hacia la pista para bailar un poco. Y, bueno, Jisung no se resistió en absoluto.
En las afueras de la fiesta, un auto deportivo azul de último modelo se estacionó frente a la mansión.
—Creo que llegamos justo a tiempo —comentó un alfa de cabello azulado mientras escuchaba el sonido de la música que salía de la mansión—. Será divertido para nosotros. La actitud tan fiestera de Wang… me agrada su personalidad.
—Jackson es un idiota. Todo fin de semana hace fiesta, Hyunjin —dijo cortante el alfa pelinegro al bajarse del auto—. Que seamos de la misma universidad no significa que tengamos que ir a todas sus fiestas —bufó—. Claro, como es amante del dinero, le encanta gastarlo en estas fiestas… ¿Quién se cree?
—Minho… Tú también vienes de familia con dinero, al igual que yo, pero nunca me quejo —encogió los hombros Hyunjin—. Además, a ti también te gusta gastar el dinero… pero en alcohol. Así que están a mano —sonrió burlonamente.
Eso hizo que el otro alfa le lanzara una mirada fulminante.
—Agh, no seas aguafiestas, Minho —rodó los ojos el alto mientras se subía las gafas de sol entre el cabello—. La verdad es que nos conviene venir para quitarnos todo el estrés de las clases de la universidad —sonrió acercándose a su amigo—. Y tal vez conozcamos algún omega para pasarla bien.
—Bueno… por una parte tienes razón, Hyunjin —asintió el alfa pelinegro. Guardó las llaves del auto en el bolsillo y sacó unas gafas de sol para ponérselas.
Ambos alfas entraron a la mansión y, de inmediato, recibieron miradas de admiración por parte de varias personas. Pero en ese preciso instante, se miraron entre sí al notar que sus lobos internos empezaron a mover las colas con ansiedad. Ninguno de los dos dijo nada; fue algo muy extraño y ninguno entendía qué estaba pasando.
—Al parecer llegaron, chicos. Creí que iban a rechazar la invitación a mi fiesta —dijo Jackson acercándose a los alfas con una sonrisa.
—Tú sabes que tus fiestas jamás me las pierdo, Jackson —respondió el alfa peliazul dándole un golpe amistoso en el hombro.
—Y tú, Minho… Pensé que te ibas a quedar en casa. Sé que no te gustan mis fiestas —sonrió Jackson sin ofenderse en lo más mínimo.
—Lo iba a hacer, pero Hyunjin me convenció —respondió Minho encogiéndose de hombros.
—Está bien, son bienvenidos —dijo el anfitrión antes de irse y dejar a los dos alfas ahí parado.
Minho y Hyunjin estaban junto a la mesa de bebidas, observando cómo las personas bailaban en la pista. Para ellos no había nada particularmente interesante hasta que, de pronto, sintieron cómo sus lobos internos empezaban a inquietarse de forma incontrolable.
—Minho… Mi lobo está como loco, no entiendo nada —dijo algo confundido el peliazul, tomando su bebida de un trago—. Sabes qué, olvídalo. Iré a buscar algo bueno para divertirme.
Al momento en que iba a irse, su amigo detuvo sus pasos.
—¿Pero qué? ¿Minho? —Frunció levemente el ceño Hyunjin al ver cómo su amigo estaba perdido mirando en una sola dirección: la pista. Así que él también giró la cabeza hacia allá.
Minho no podía apartar la vista de la pista; algo —o más bien alguien— le había llamado poderosamente la atención. Su lobo movía la cola con una emoción desbordante. Era ver una verdadera belleza.
—Minho, dime si estás viendo lo mismo que yo —habló Hyunjin sin despegar la vista de aquel chico rubio que había hecho enloquecer a su lobo, al igual que a él.
—S-sí —respondió Minho asintiendo, sin dejar de mirar al chico castaño que bailaba muy pegado a un chico rubio. En ese instante, su lobo gruñó de forma inesperada y extraña.
Por su parte, Félix y Jisung se divertían bailando en medio de la multitud desconocida. A los omegas les encantaba esa adrenalina de soltarse entre extraños y pasarla genial. La fuerza de las bocinas retumbaba dentro de la mansión; ambos reían mientras bailaban al compás de la música, con sus respectivas bebidas en las manos.
Pero en ese mismo momento, Jisung dejó de bailar al sentir dos miradas pesadas y dominantes desde lejos, justo donde estaban las mesas de bebidas. Supo de inmediato que no solo lo miraban a él, sino también a su amigo Félix. Le dio un codazo al omega rubio, quien rápidamente le hizo caso. El castaño señaló discretamente hacia donde estaban esos dos chicos que no les quitaban los ojos de encima.
Los omegas hicieron contacto visual con los alfas y, sin dudarlo, les dedicaron una sonrisa coqueta.
Por otro lado, Minho y Hyunjin vieron cómo esos dos omegas habían notado que los estaban observando.
—Mierda… son hermosos, Minho. Pero más el chico rubio —dijo Hyunjin, mirando fijamente al omega rubio que acababa de sonreírle.
Minho apenas le prestaba atención a su amigo; estaba completamente hipnotizado por ese lindo castañito. Su lobo agitaba la cola con ansiedad, desesperado por verlo de cerca. Notó cómo el omega evitaba su mirada de vez en cuando, pero sabía perfectamente que lo estaba viendo.
—Vamos hacia ellos, Minho. Quiero conocer a ese lindo rubio… —Hyunjin no dejaba de morderse los labios mientras miraba en esa dirección.
—Cálmate, Hyunjin. No querrás asustarlos y lanzarte así nada más —dijo Minho deteniendo los pasos de su amigo.
Félix y Jisung observaban desde lejos lo que estaba pasando con esos chicos. Sabían perfectamente cuáles eran sus intenciones y, al mirarse fijamente, intercambiaron una sonrisa cargada de picardía. Conocían muy bien ese tipo de comportamiento en un alfa: llamarles la atención con sus encantos era el primer paso.
—¿Crees que se fijaron en nosotros, Jisung? —preguntó el omega rubio mordiéndose los labios sin dejar de mirar al chico peliazul.
—Tal vez… No se ven tan mal esos chicos —sonrió Jisung ladino.
—¿Qué haremos, Sunggie? Me muero por conocer a él.
—Mmm… Podemos separarnos por unos momentos para hacerles creer que no estamos interesados. ¿Qué opinas?
—Ahora que lo pienso… ¿Y no que no querías conocer a un alfa? —interrogó Félix con picardía.
—Digamos que… me interesa un poco conocer a ese chico —respondió Jisung sin apartar la vista del alfa pelinegro, quien le sonreía coquetamente.
Hyunjin y Minho seguían perdidos por esos lindos chicos. Sabían que querían acercarse a ellos, pero en ese instante se dieron cuenta de que ya no estaban en la pista donde bailaban. Se miraron decepcionados por haber perdido la oportunidad, así que rápidamente se pusieron de acuerdo para ir a buscarlos por cualquier parte de la casa.
Por su lado, Félix se encontraba en uno de los pasillos de la mansión. Sabía que ese chico le había llamado poderosamente la atención, al igual que él a él. Caminaba despacio por si lo encontraba o lo buscaba, hasta que de repente sintió un leve empujón que lo acorraló contra la pared. Soltó un chillido por el repentino movimiento.
—A ti te andaba buscando —dijo esa voz tan masculina que le erizó la piel—. No pensabas que te ibas a escapar, ¿verdad, preciosura?
Lo vio: era él. Ese chico. Y supo de inmediato que ese aroma tan fuerte y llamativo a romero y pino pertenecía a un alfa. Sus ojos dorados lo hipnotizaban por completo; de cerca se veía aún más sexy.
—Lo siento, solo me perdí, nada más —respondió el omega rubio con una sonrisa de lado—. No estaba escapando de nadie.
—¿Estás seguro de eso? —cuestionó el alfa con un toque de coquetería.
El rubio asintió, dedicándole una mirada seductora.
—Así que… preciosura —acercó su nariz al cuello ajeno para aspirar ese olor dulzón. Félix se estremeció al sentir ese contacto en su piel—. ¿Te gustaría pasar un buen rato conmigo? Digo, pasarla bien como se debe.
—Todo un alfa que le interesa tener sexo para quedar bien —dijo entre risas el omega, llevando sus brazos alrededor del cuello ajeno—. Aunque, pensándolo bien… no nos conocemos antes de todo.
—Eso no le veo problema —llevó sus manos a la cintura ajena y lo atrajo hacia él—. Entre tú y yo podemos divertirnos a nuestra manera.
Félix no podía resistirse a ese alfa; no podía despegar la mirada de él. Se veía tan atractivo… Era exactamente el alfa que había estado buscando. Estaba tan sumergido en sus pensamientos cuando sintió unos labios sobre su cuello. Solo jadeó por ese contacto. Sin pensarlo, soltó su aroma a durazno y miel, dejándose llevar por unos minutos con ese alfa tan sexy.
Hyunjin, por otra parte, sabía que ese chico era el omega que le había llamado la atención desde que entró a la mansión. Era un lindo ángel caído del cielo: ojos azules, cabello rubio entre rizado, un cuerpo detalladamente formado como si estuviera esculpido, con curvas que recordaban a una chica. Pero lo que más lo había atrapado era su aroma tan llamativo para él. No perdió tiempo: estampó sus labios contra los de él, provocando un calor intenso en su cuerpo. Ese omega solo sería para él.
Minho miraba por doquier buscando a aquel chico castañito. Quería conocerlo un poco y, de paso, hacerlo suyo también. Hasta que finalmente lo vio: sentado en un sofá en una de las esquinas de la mansión. Sonrió al darse cuenta de que estaba solo, sin acompañante. Esa era su oportunidad. Se dirigió directo hacia él y, al llegar cerca, decidió hablarle.
—Hola —saludó el alfa pelinegro al omega castaño.
Este lo miró directamente y, en ese instante, Minho quedó atrapado por esa carita de ciervo tan hermosa: cachetes regordetes, labios en forma de corazón y ojos claros café como la miel. Pero fue su aroma a mora y chocolate lo que realmente le hizo perder la conciencia por un momento.
—Hola —contestó Jisung con una sonrisa de lado. Su voz era aguda y perfecta—. ¿Buscas a alguien?
—No, te buscaba a ti…
—¿A mí? —alzó una ceja el omega castaño, y el pelinegro solo asintió.
—La verdad, desde que te vi en la pista de baile quería acercarme a ti para hablar un poco. Digo, sería entretenido conocernos, ¿no lo crees?
—Mmm, entiendo —dijo Jisung con elegancia, alzando su pierna derecha y cruzándola sobre la otra—. ¿Por qué querrás hablar conmigo?
Jisung no era tonto. Sabía que cualquier alfa que se acercaba a él solía pensar que “hablar” con un omega era solo una tonta excusa para tener sexo. Así eran los alfas, claramente. Pero con este en particular sentía que le interesaba de verdad mucho.
—Solo quiero conocerte —dijo Minho sentándose a su lado. Jisung notó esa sonrisa pícara en el alfa—. No cualquier omega tiene una belleza como la tuya, hermoso —habló acercándose al castañito, quien se hizo un poco hacia atrás hasta quedar acorralado en la esquina del sofá—. Y dime… ¿tienes interés en un alfa? —El omega soltó una pequeña risa—. Podría ser cualquier… como yo, en ese caso.
—Lo siento. Solo me interesa algo que me llame la atención en los alfas.
—¿Así? —sonrió Minho ladino, llevando una mano a la pierna contraria del omega. Notó el leve temblor por el contacto—. ¿Y cuál es tu interés en un alfa? —cuestionó sin dejar de mirar a ese omega castañito.
—Mmm, veamos… Me interesa cuando son buenos en lo que hacen —dijo Jisung mirando directamente al alfa pelinegro, quien entendió perfectamente a qué se refería—. ¿Y tú eres bueno en lo que haces?
Jisung sabía que no iba a contestar esa pregunta; lo dejaría con la duda. Así que, sin pensarlo más, soltó su aroma deliberadamente. Eso llamó muchísimo la atención del alfa, quien tragó saliva con fuerza.
Minho, por su parte, sentía esa urgencia de tomar a ese pequeño omega, de tocarlo con sus propias manos. El aroma a mora y chocolate entraba en sus fosas nasales y su lobo se removía ansiosamente, desesperado por tener a ese castañito solo para él.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Minho atrayendo al menor hacia él para cortar la distancia.
—Jisung. ¿Y tú? —preguntó el omega, sintiendo cómo las manos ajenas apretaban su cintura.
—Minho… Para servirte —susurró cerca de su oído.
El omega solo jadeó en respuesta y su lobo agitó la cola muy emocionado. Ese alfa lo estaba poniendo muy nervioso.
—En todo lo que necesites y en tus mayores deseos que quieras… —continuó Minho.
En ese preciso momento, ese aroma tan excitante a menta y jengibre lo estaba volviendo loco a Jisung. Volvió a conectar su mirada con el alfa y vio cómo…
—¡Jisung! —El grito chillón hizo que ambos se separaran de golpe.
Era Félix, que venía junto a Hyunjin.
—Oh, lamento interrumpirlos, pero baby, ya es hora de irnos —dijo mirando a su amigo, quien se había levantado del sofá—. Bebí demasiado y quiero irme a dormir.
El castaño frunció el ceño al notar que el omega rubio tenía varias marcas en el cuello. No era tonto; se dio cuenta de inmediato, pero no le iba a reclamar por haber pasado un rato con un alfa totalmente desconocido.
Sí, claramente su amigo no perdía el tiempo de cogerse con ese alfa que ambos habían visto desde la pista. Y sabía que jamás iba a desaprovechar una oportunidad así.
—Podremos volvernos a ver, Jisung —habló el pelinegro, quien también se había levantado del sofá sin dejar de mirar al castaño—. O reunirnos de nuevo.
—Oh, sí, cierto. ¿Por qué no nos encontramos otra vez? ¿Qué tal si nos reunimos entre los cuatro en nuestro apartamento, Jisung? ¿Qué te parece? —dijo Félix guiñándole un ojo a su amigo, quien asintió al saber que el rubio tenía sus travesuras planeadas—. Yo y Jisung los estamos invitando y así podemos conocernos un poco mejor —agregó Félix con una sonrisa pícara.
—Suena genial —respondió Hyunjin mirando con esa mirada seductora al omega rubio, quien solo mordió su labio al ver esa sonrisa pícara del peliazul—. ¿Qué dices, Minho?
—No está tan mal, Hyunjin —dijo ahora sin dejar de mirar al castaño—. Entonces la pasaremos muy bien.
—S-sí, la pasaremos bien —sonrió Jisung encogiéndose de hombros—. ¿Qué tal mañana por la tarde o noche, como ustedes digan? Es sábado…
Ambos alfas se miraron fijamente y volvieron a mirar a los omeg
as, quienes asintieron. Estaba bien la invitación para mañana.
Al día siguiente por la noche, ambos omegas habían preparado todo porque llegarían los alfas que conocieron en la fiesta. Sabían que les habían llamado poderosamente la atención, y más por sus olores tan atrayentes para cualquier alfa. Aunque ellos siempre buscaban algo mejor, esta vez sintieron que ya habían encontrado exactamente lo que querían: alfas extremadamente guapos y sexys, con una apariencia dominante que los volvía locos.
Los dos omegas estaban en la habitación, terminando de arreglarse para la llegada de sus futuros alfas —o al menos eso pensaban ellos—. Félix, en una esquina, se aplicaba lo último de su maquillaje en el rostro para verse aún más angelical, como todos solían decir. Llevaba un conjunto de lencería con falda de encaje rojo, la tela fina y provocadora abrazando su figura; su cabello rubio caía en rizos perfectos.
Por otra parte, Jisung se acomodaba su cabello castaño rizado. También llevaba el mismo estilo de conjunto que su amigo, pero en color negro intenso. Se había puesto una bata del mismo tono para cubrirse un poco y miró de reojo a Félix. En su mente se preguntó si era buena idea meter a dos alfas desconocidos en su apartamento. Pero sabía que no harían nada malo… ¿verdad?
Los alfas finalmente llegaron al apartamento de los lindos omegas. Desde el auto, ambos notaron que el lugar se veía muy acogedor, así que bajaron sin dudarlo y caminaron hacia la entrada. Minho tocó el timbre, esperando que abrieran esos dos omegas que no salían de su cabeza. Miró de reojo a su amigo y esperaron unos minutos hasta que la puerta se abrió, revelando a los dos chicos en la entrada.
Se quedaron embobados. Sí, se veían demasiado hermosos; parecían gemelos de tanta perfección que compartían.
—¡Hola, chicos! —saludó el rubio entre chillidos emocionados—. Bienvenidos a nuestro hogar —sonrió, apartándose para dejarlos pasar al apartamento.
—Minho… Dime si estoy en un sueño, porque estoy viendo a dos angelitos caídos del cielo —le susurró Hyunjin al oído a su amigo.
Minho solo rodó los ojos y le dio un codazo en las costillas para que se tranquilizara.
—Me da gusto que hayan venido y aceptado nuestra invitación —habló Félix, sentándose junto a Jisung en el sofá grande de la sala.
Ambos alfas caminaron hacia donde estaban los omegas y se detuvieron frente a ellos.
—Hey, no se queden ahí parados. Tomen asiento —dijo Félix palmeando el espacio sobrante del sofá.
Hyunjin sonrió asintiendo y se sentó al lado del rubio; Minho hizo lo mismo, colocándose a la par del castaño. Este último le dedicó una sonrisa que mostró sus encías, y el alfa pelinegro se perdió por completo en esa linda expresión.
—¿Y…? ¿De qué universidad son? —preguntó el castaño mientras se acomodaba mejor en el sofá—. ¿Por qué jamás los hemos visto en alguna parte donde nosotros estamos?
—Ambos somos de la Sky School —respondió Minho sin una pizca de vergüenza. Con su brazo atrajo el cuerpo del castañito, pegándolo hacia él
Jisung se estremeció al sentir ese contacto directo del alfa; su lobo se puso ansioso de inmediato.
—Oh, ¿entonces son de la misma universidad que Jackson Wang? —preguntó Félix.
—Exactamente —confirmó Hyunjin, quien no pudo evitar poner al rubio sobre sus piernas. Era casi imposible resistirse a tenerlo en su regazo.
El omega solo sonrió sin decir nada y rodeó sus brazos alrededor del cuello ajeno.
—Ustedes… por lo que se ve, son de la Sunshine School —dijo el peliazul.
—Así es. Aunque, por una parte, la mayoría en nuestra universidad somos la atención de varios alfas… —habló Félix, viendo cómo el alfa posaba su mano en su pierna derecha y la acariciaba lentamente—. Pero los terminamos rechazando, ¿verdad, Jisung?
—Sí, solo les interesa tener sexo para satisfacerlos a su antojo —jadeó sorpresivamente al sentir los labios ajenos en su cuello—. Cuando uno de los dos estamos en celo… no nos ayudamos entre nosotros.
—¿Un omega complaciendo a otro omega? —habló Minho deteniéndose para mirar directamente al castaño con una ceja alzada al escuchar aquello—. Eso es imposible.
—Claro que lo es —respondió rápido el omega rubio, bajándose del regazo y poniéndose de pie frente al alfa alto—. Aunque, pensándolo bien… les podemos demostrar.
—Qué ridiculez —dijo Hyunjin negando con la cabeza—. Los omegas no pueden hacer eso… ni siquiera darse un beso.
—¿Quién dice que no podemos? —cuestionó Jisung encarando al peliazul—. ¿No nos creen?
—Oh, vamos, hermoso. Los omegas solo tienen que complacer al alfa —dijo ahora Minho con una sonrisa pícara que Jisung notó de inmediato—. Que con otro omega… pss, no tiene sentido —agregó negando y recostándose en el respaldo del sofá.
—Si tanto insisten, yo y Jisung podemos demostrarles… Nos creerían.
—Preciosura, no es necesario. Ya sabemos que eso no va a pasar —dijo Hyunjin.
El omega rubio, al escuchar aquello, miró de reojo a su amigo. Jisung inmediatamente sonrió con picardía, sabiendo perfectamente cuáles eran sus planes.
—Bien —dijo Félix acercándose hacia el castaño que seguía sentado en el sofá. Le tomó la mano haciendo que se levantara de inmediato—. Entonces les mostraremos que somos capaces de hacer entre omegas… —Levemente, el castaño mordió sus labios sin apartar la mirada del pelinegro—. Si tanto les interesa, vengan con nosotros… ahí les vamos a demostrar.
Félix, sin soltar la mano de Jisung, le dio unas miradas cargadas de picardía a su amigo para que los alfas supieran que no estaba jugando en absoluto. Minho y Hyunjin se miraron entre sí antes de levantarse del sofá y seguirlos hacia donde los omegas los guiaban.
Al llegar a la habitación que los dos omegas compartían, ambos ya estaban adentro. El primero en subir a la cama fue Jisung, quien se sentó sobre sus talones y colocó las manos en medio de sus piernas, adoptando una postura inocente pero provocadora. Los alfas entraron y los omegas les sonrieron al verlos ahí parados, visiblemente confundidos por cuál sería el siguiente movimiento.
—Así que… pónganse cómodos, alfas —dijo Félix canturreando mientras también se subía a la cama y se colocaba justo detrás del castaño, posando sus manos en su cintura—. Sé que ustedes piensan que un omega no puede complacer a otro omega.
Minho y Hyunjin, todavía en la entrada de la habitación, se miraron asombrados. Esos omegas realmente estaban aceptando el reto y demostrando cómo se complacerían entre ellos. Sin decir nada, se acercaron a la cama; cada uno se sentó en una esquina distinta, listos para observar.
Los omegas intercambiaron una sonrisa pícara al ver que los alfas solo se encargarían de mirar su “intento de complacencia”. Se dieron una mirada cómplice antes de quitarse lentamente las batas, dejando a la vista sus conjuntos de lencería. Miraron de reojo a los alfas y notaron cómo se sorprendían: abrieron los ojos de par en par ante esa imagen encantadora, la tela fina y provocadora abrazando sus cuerpos de forma perfecta.
Sin perder más tiempo, se dieron otra mirada antes de acortar la distancia. Sus labios se unieron en un beso lento… por el momento. Jisung llevó sus brazos alrededor del cuello de Félix para disfrutarlo plenamente, profundizando el contacto con calma y deliberación.
—No, aquí vamos de nuevo —dijo el lobo de Jisung a través de su mente, escondiendo las orejas entre sus patas por lo que iba a pasar su parte humana.
—Como siempre… pero se ve divertido —respondió el lobo de Félix, moviendo la cola con entusiasmo.
No podían creer lo que estaban viendo ambos alfas: cómo esos dos omegas se devoraban a besos con total naturalidad. Minho, desde su esquina, observaba cómo el castaño disfrutaba cada roce; se removía sutilmente cada vez que el otro omega se encargaba de besar sus labios con más intensidad. Se relamió los labios al ver tal escena y solo escuchó un jadeo ahogado escapar de su propia garganta.
Por la otra esquina, Hyunjin estaba más confundido y encantado a la vez al ver cómo ese lindo omega rubio besaba al castaño. Notó las miradas de picardía que Félix le lanzaba de reojo, sabiendo perfectamente que estaba cumpliendo su reto de hacer lo que fuera con Jisung.
—Son unos grandes idiotas esos alfas, Lixie —dijo Jisung con un puchero en los labios—. Piensan que no podemos hacernos esto.
Posicionó sus manos en las mejillas ajenas, le dio una mirada al pelinegro —quien tenía el ceño fruncido— y volvió a unir sus labios con los de su amigo en un beso profundo y lento.
Félix siguió besando a Jisung sin importar las dos miradas lujuriosas clavadas en ellos. El beso fue aumentando de intensidad: sus lenguas se entrelazaban perfectamente, encajando como si lo hubieran hecho mil veces. No era la primera ocasión; en algunas, cuando entraban en celo, se ayudaban mutuamente. Otras veces, simplemente se dejaban llevar cuando se volvían demasiado cariñosos, lo que les ocasionaba una necesidad imperiosa de complacerse. Sin dejar de besarlo, el omega rubio deslizaba caricias suaves sobre la piel expuesta de su amigo.
—Pensaban que estábamos bromeando —relamió Félix sus labios antes de soltar una risa pícara.
El castaño le siguió la corriente riéndose también. Cambiaron de posición: el rubio puso a su amigo debajo de él con facilidad.
—Los omegas como nosotros no tenemos mucho interés en alfas para complacernos —soltó con una sonrisa socarrona dirigida a los alfas antes de bajar los labios desde la boca de Jisung hasta su cuello, dejando besos húmedos y lentos.
Y ahí empezaron a soltar sus aromas y feromonas de excitación, llenando el aire con dulzura embriagadora.
Ambos alfas seguían perdidos en la escena que iba en aumento. Escuchaban cómo esos omegas se reían entre coqueteos; los chasquidos húmedos de los besos se hicieron más presentes, cada vez más rápidos y desesperados.
—Mierda, qué malditamente caliente está esta escena, Minho —gruñó fascinado el peliazul, mirando cómo el omega rubio ahora se encargaba de todo—. ¿Cómo pueden hacer esto?
Félix notaba cómo esos alfas estaban desesperados; su desesperación era evidente en cada músculo tenso y en sus respiraciones agitadas.
—¿Crees que lo estamos provocando, Lixie? —susurró el castaño, llevando sus brazos alrededor del cuello de su amigo—. Siento demasiado sus feromonas… mi cuerpo se calienta solo con su presencia.
—Sin duda. Aunque tenemos que seguirles el juego… podemos llegar mucho más lejos —rió el omega rubio.
Se levantó para sentarse en sus talones; Jisung hizo lo mismo. Volvió a besar sus labios sin esperar más. Sus feromonas y aromas se hicieron aún más dulzones, mezclándose y abarcando toda la habitación. De reojo vieron cómo los ojos dominantes de los alfas seguían puestos en ellos, intensos y hambrientos. Siguieron besando hasta que el castaño soltó un gemido involuntario: el rubio había rozado su rodilla contra su entrepierna, aún con las bragas de por medio.
—Joder, ¡ya no puedo más! —gruñó el alfa peliazul, levantándose de inmediato.
Escuchó cómo los omegas volvían a reírse con ese tono coqueto y provocador. Hyunjin miró a su amigo; Minho solo asintió en silencio, confirmando que ya era demasiado.
El alfa peliazul se subió a la cama sin dudarlo, acercándose a los omegas. Aún desde ahí se oían los chasquidos húmedos de sus besos. Su erección, ya completamente despierta, lo estaba matando solo con ver cómo esos omegas se devoraban las bocas entre sí y con el torrente de feromonas que llenaba la habitación.
—Son unos omegas traviesos —dijo Hyunjin poniéndose justo detrás del rubio. Llevó sus manos alrededor de su cintura, arrancándole un jadeo en medio del beso—. Ustedes ganan, pequeños omegas.
—Teníamos que hacerlo —respondió Félix mordiéndose el labio inferior, sin soltar aún los brazos alrededor de la cintura del castaño—. Como no nos creían…
—Al menos tuvieron lo que querían: enseñarnos que sí pueden besarse entre ustedes siendo omegas —dijo Hyunjin rodando los ojos, aunque su voz estaba cargada de excitación.
—Pero este es solo el comienzo, querido… —habló Jisung con picardía.
—¿Así? —cuestionó ahora el pelinegro, acercándose al cuerpo del castaño hasta que su torso —aún cubierto por la camiseta— se pegó completamente a su espalda—. ¿Y qué planean hacer… más que besos, hermoso omega? —murmuró dejando varios besos húmedos en su cuello.
Jisung giró el rostro, haciendo que sus respiraciones se mezclaran muy cerca.
—Tenemos nuestros propios juegos —respondió con una picardía que no pasó desapercibida. Sintió esa dura y exquisita erección rozando contra su culo—. ¿Quieren que lo demostremos aquí… con ustedes?
—No creo que sea buena idea —dijo Minho, aunque no dejó de besar la piel acanelada del castaño en su espalda, dejando besos lentos y posesivos.
—Claro que podemos —intervino Félix entre jadeos, mientras Hyunjin le dejaba leves chupetones en el cuello y los hombros.
El primero en moverse fue Jisung. Tomó la mano del alfa pelinegro; los ojos de Minho se oscurecieron al instante por la lujuria. Siguió el paso del menor, quien lo hizo sentarse en la orilla de la cama. Vio cómo el omega le quitaba la camiseta —con su ayuda evidente— y se colocaba de rodillas frente a él, justo en medio de sus piernas abiertas.
—Yo tengo mi propio juego, Minho —soltó Jisung con una sonrisa ladina, liberando deliberadamente su aroma a mora y chocolate—. ¿Quieres que lo haga?
Preguntó mientras ponía sus manos sobre los gruesos muslos del pelinegro, dándole caricias lentas sobre el pantalón de cuero. Lo miró fijamente; un destello de deseo brillaba en los ojos del alfa.
—Si tanto insistes, pequeño… —Minho apoyó las manos sobre el colchón y le regaló una sonrisa coqueta—. Demuéstrame lo que puedes hacer.
Se escuchó el sonido metálico de la hebilla cuando Jisung desabrochó el cinturón del pantalón del alfa. Con su ayuda, el pelinegro se deshizo del pantalón y del bóxer en un movimiento fluido. El omega se dio cuenta del tamaño grueso y venoso del falo; se le hizo agua en la boca y tragó grueso. ¿Le cabría eso en la boca?
—¿Qué pasa? ¿Te sorprendiste, pequeño? —dijo Minho acariciando su regordete mejilla con el pulgar.
El castaño solo se mordió el labio, tomó el miembro en su mano y empezó a masturbarlo de arriba hacia abajo lentamente, viendo cómo el prepucio se movía con cada caricia.
Félix, por su parte, seguía en la cama con el peliazul encima de él. Hyunjin repartía besos por su clavícula y su cuello; el omega solo podía ver de reojo la escena subida de tono de su amigo con el pelinegro. Sintió unas leves mordidas que lo hicieron chillar suavemente, arqueando la espalda por el placer.
-Sabes que es de mala educación espiar a las personas, preciosura —dijo Hyunjin bajando sus besos por el cuello del rubio, dejando chupetones rojos y posesivos que marcaban su piel pálida. Giró el rostro de Félix con delicadeza pero firmeza para unir sus labios en un beso profundo—. Un omega así… No sabes las ganas que te tengo en este momento.
Una sonrisa ladina apareció en los labios del rubio.
—Entonces, ¿qué esperas? —susurró Félix, poniendo sus brazos alrededor del cuello ajeno y pegándose más a él—. Puedes complacer a un omega como yo.
Un gruñido bajo y animal se escapó del pecho de Hyunjin al escuchar esas palabras provocadoras. Sin esperar más, besó esta vez con mayor énfasis, devorando su boca con hambre, sacándole un jadeo ahogado al menor que reverberó entre sus labios.
Las manos del alfa empezaron a recorrer cada rincón del cuerpo del omega rubio. Cada caricia era lenta, deliberada, como si quisiera grabar cada centímetro de su piel en su memoria. En un momento de puro desespero, le quitó la parte superior de la lencería —el top de encaje rojo— dejándolo caer a un lado. Los pezones erectos del omega quedaron expuestos; Hyunjin los lamió con demencia, alternando entre succiones suaves y mordidas leves que hicieron que Félix soltara un gemido entrecortado. El alfa sonrió con picardía al notar la reacción inmediata.
—Así que… este es tu punto débil, preciosura —murmuró Hyunjin, llevando sus dedos a los pezones y apretándolos lentamente, girándolos con precisión—. No me sorprende en absoluto.
Siguió lamiendo cada uno, dándole su turno, observando cómo el omega se retorcía bajo su cuerpo, arqueando la espalda y jadeando con cada roce de su lengua.
El alfa fue bajando con besos húmedos, dejando un largo camino de saliva brillante sobre la piel del rubio. Sintió las manos ajenas posarse en su cabeza y darle un leve empujón hacia abajo. Hyunjin lo miró de reojo, captando la desesperación en los ojos azules del omega. Bajó hasta llegar a su vientre, depositando besos y pequeñas marcas rojas aquí y allá. De repente se levantó por unos segundos; Félix abrió la boca para quejarse, pero antes deque pudiera decir algo, el alfa giró su cuerpo con facilidad, dejándolo boca abajo.
Félix soltó un chillido inesperado por el movimiento repentino. Alzó un poco el trasero instintivamente mientras apoyaba los codos en la cama, ofreciéndose sin palabras.
—Qué omega tan obediente —gruñó Hyunjin al ver esa imagen tan excitante: el rubio expuesto, las piernas ligeramente abiertas, el encaje rojo de las bragas contrastando con su piel—. Como a mí me gustan.
Se quitó la camisa con desespero, arrojándola a un lado, y se inclinó para pegar su torso desnudo y caliente contra la espalda del omega.
—Hoy mismo… —dejó un beso lento en la espalda ajena—. Te haré mío.
Otro beso, más abajo.
Sin esperar más, jugó con el encaje de las bragas del omega, deslizando los dedos por los bordes antes de quitárselas de un tirón. El lubricante natural ya las había empapado; el aroma dulce y embriagador del omega lo golpeó con fuerza, atrayéndolo como un imán.
—Ya estás lubricando por mí… qué amable de tu parte, preciosura —dijo con voz ronca y sinvergüenza.
Le dio una azotada firme en el culo; Félix brincó y chilló en su lugar, el sonido reverberando en la habitación.
—Por lo que veo, te gusta sentir mis manos en tu cuerpo.
Félix, sin pensarlo dos veces, abrió sus piernas lentamente. El lubricante cayó en gotas sobre las sábanas y escurrió por sus muslos internos. Hyunjin gruñó ante la escena, abriendo sus nalgas con ambas manos. Pasó la lengua directamente en medio de ellas, sintiendo cómo el cuerpo del omega temblaba por completo a su disposición. Sonrió con ironía antes de jugar con la lengua totalmente mojada por sus fluidos, rodeando la entrada sensible, presionando y lamiendo con movimientos lentos y tortuosos.
—Mhg… sí~… —gimió bajito Félix, apretando las sábanas en puños con ambas manos mientras espasmos de placer recorrían todo su cuerpo.
Hyunjin seguía ahora con fervor, llevando su mano al pene del menor para prestarle atención a su erección ya completamente despierta. La movía lentamente, arriba y abajo, mientras sus gemidos roncos llenaban la habitación. Al mismo tiempo, su lengua no dejaba de atender la entrada del omega: lengüetazos largos y profundos que exploraban cada pliegue sensible. Apoyó su mano izquierda contra una nalga firme para abrirla un poco más y, sin dudarlo, introdujo un dedo sin hueso, empujando con lentitud para darle unas cuantas embestidas suaves pero precisas que hicieron arquear la espalda de Félix.
Del otro extremo de la cama, Jisung se encargaba ahora de complacer al alfa pelinegro. Escuchaba sus gemidos roncos y gruesos mientras se dedicaba a su hombría: daba varias lamidas largas sobre el falo, recorriendo cada vena con la lengua hasta llegar al glande. Sin una pizca de vergüenza, escupió directamente ahí mismo para lubricarlo más y, con su mano, extendió la saliva alrededor de la polla en movimientos circulares lentos y firmes. Le dio una mirada al alfa, quien apoyaba la mano izquierda sobre el colchón para sostenerse mientras con la otra acariciaba los cabellos rizados del castañito, dedicándole una sonrisa socarrona y llena de deseo. Hyunjin echó la cabeza hacia atrás al sentir cómo esa lengüita jugaba con él; de repente soltó un gruñido profundo desde lo más hondo de su garganta cuando el omega introdujo el pene en su boquita pequeña. Solo lo llevó hasta la mitad —lo suficiente para sentirlo llenar su boca—, y con lo que sobraba usó su mano para masturbarlo en movimientos leves y sincronizados. Eso fascinó por completo al alfa, quien apretó los dientes para contener un gemido más fuerte.
—Oh… mierda~… —gimió Minho gustoso, disfrutando la manera en que se encargaba de darle una mamada tan dedicada. Miró al omega con esa carita de inocencia falsa que lo volvía loco—. E-eso… sigue así…
—¿Te gusta cómo lo hago? —preguntó Jisung con esa carita de ciervo, sus mejillas levemente rojas, algunas lágrimas de esfuerzo brillando en las comisuras de sus ojos y el rostro completamente sudoroso.
—No sabes cuánto, hermoso —respondió Minho, acariciando su mejilla con el pulgar en un gesto sorprendentemente tierno.
Jisung solo sonrió, levantándose de su lugar para subirse al regazo del pelinegro. Se sentó a horcajadas, rodeando sus brazos alrededor del cuello ajeno. Sin esperar, unió sus labios en un beso fogoso; sus lenguas se entrelazaron con urgencia, explorando cada rincón de la boca del otro con hambre acumulada.
Minho llevó sus manos a la cintura del menor y fue bajando poco a poco hasta llegar a su trasero, amasándolo lentamente y con firmeza, sacándole jadeos entrecortados al castaño. Se separó de sus labios solo para bajar a su cuello, dejando varios chupetones rojos y posesivos. Con la otra mano jaló sus cabellos rizados hacia atrás, exponiendo más la piel de su garganta; eso le sacó un quejido placentero al omega, quien se rindió por completo al placer. Minho disfrutaba cada parte de su piel: lamidas lentas y marcas húmedas sobre su mandíbula y clavícula.
En un movimiento fluido, cambió la posición haciendo que Jisung quedara bajo su cuerpo. Abrió sus piernas con cuidado y se colocó entre ellas. Para entonces, ya estaba completamente desnudo a la vista del menor, quien solo con esa imagen se mordió los labios con picardía, los ojos brillando de anticipación y deseo.
Todo era un sueño húmedo para el omega: exactamente lo que siempre había querido.
Félix y Jisung se encontraban en medio de la cama, completamente desnudos, con los alfas a cada lado de sus cuerpos, esperando algún movimiento o señal de ellos. Fue el rubio quien decidió romper la tensión: abrió lentamente sus piernas, invitando a su mejor amigo con una mirada cargada de complicidad. Jisung entendió de inmediato y se acercó; adoptaron la posición de “tijeras”, encajando sus cuerpos de forma natural y cómoda. No era incómodo para ellos; de hecho, siempre lo hacían de vez en cuando cuando la necesidad se volvía insoportable. Una vez en posición, Félix tomó con su mano ambas entrepiernas, empezando a dar movimientos lentos y tortuosos que hicieron que ambos jadearan al unísono.
Mientras tanto, Jisung sentía su cuerpo arder: Minho no dejaba de dejar besos húmedos y posesivos por su piel, haciendo que su lubricante fluyera más abundantemente. Su aroma se intensificaba, llenando la habitación, y sus ojos ya estaban demasiado dilatados por el placer. Pero de repente, un movimiento brusco lo removió; el alfa pelinegro lo cambió de posición, poniéndolo en cuatro: manos y rodillas apoyadas firmemente en el colchón, el trasero alzado en una invitación muda.
—¿Esa es tu manera de hacerte fácil, Hanji? —dijo Minho con voz ronca, acariciando sus caderas con manos venosas y fuertes.
El omega solo jadeó al sentir esas palmas grandes recorriendo su trasero; asintió rápidamente a la pregunta, mordiéndose el labio inferior.
La habitación se llenó de gemidos entrecortados y sonidos húmedos. Los alfas manipulaban sus cuerpos con precisión y deseo creciente. Jisung ya no aguantaba más: el pelinegro daba estocadas profundas y rítmicas en su entrada, creando un sonido morboso y obsceno con cada choque de pelvis contra sus nalgas. El castaño viró los ojos hacia atrás al ser tocado justo en su punto sensible; miró a su amigo Félix, quien desde el regazo del peliazul daba saltos desesperados sobre su polla, rebotando con cada embestida.
—Oh… por Dios… —chilló Félix al sentir otra estocada más profunda que lo hizo arquear la espalda.
—Mírate, preciosura —habló Hyunjin con voz grave, apoyando los talones en la cama para darle embestidas más bruscas mientras el omega lo montaba—. ¿Quieres que siga?
—S-sí… ¡oh, Hyunjin hyung!~ —gimió el rubio, poniendo los ojos en blanco por el énfasis de esa penetración tan profunda y posesiva—. ¡Mmh! ¡Sí!~
Pasado un rato, Jisung ahora estaba recostado sobre la cama, con los codos apoyados en el colchón para sostenerse. Minho abrió sus piernas con cuidado y se colocó entre ellas. Sin preaviso, su polla entró lentamente en la entrada del omega, arrancándole un gemido agudo y tembloroso. Alzó la pierna izquierda del castaño hasta su hombro y dejó la otra sobre su pecho, exponiéndolo por completo. En un segundo, dio una gran estocada que hizo rebotar todo el cuerpo del menor, sacándole un grito ahogado de placer.
Félix veía cómo su amigo era follado por ese alfa dominante, mientras él mismo estaba en la misma condición: en posición de cuatro, con Hyunjin de rodillas detrás de él, penetrándolo tan profundo con su larga polla que cada movimiento enviaba espasmos de placer por todo su cuerpo. Gemía al gusto, su cabello rubio mojado por el sudor pegándose a su frente, sus mejillas y pecas brillando bajo la luz tenue. Volvió la vista hacia Jisung, quien rápidamente le sonrió con picardía; ambos entendieron de inmediato lo que significaba esa mirada.
Siempre habían soñado con estar en esa situación.
En ese instante, Félix se inclinó hacia adelante y unió sus labios contra los de su amigo. Jisung puso una mano sobre la mejilla del rubio; el beso se intensificó rápidamente, con chasquidos húmedos y saliva compartida que creaban una imagen exótica y prohibida para los alfas. Ambos seguían besándose sin romper el contacto, mientras sus cuerpos seguían siendo follados con ritmo implacable.
—Eres una perra necesitada, Félix —bromeó Jisung con una sonrisa socarrona entre besos.
—Querías tener el pene de Hyunjin como tanto querías.
—Tú lo eres más, Jisung, pero… ¡Mhgm! —gimió Félix poniendo los ojos en blanco porque el alfa había tocado justo su punto sensible—. Eres una zorrita por tener la polla de Minho en tu culo.
Siguió la corriente con sus bromas y volvió a besar a su amigo con más urgencia.
—¿Qué tanto se cuchichean ustedes dos? —gruñó Hyunjin, tomando un puñado del cabello rubio y dándole un jalón firme que hizo que su cabeza se echara hacia atrás, arrancándole un quejido de placer mezclado con sorpresa.
—Nada —respondió Jisung en un jadeo, moviendo su mano en su propia entrepierna mientras le dedicaba una sonrisa pícara al alfa alto—. Solo hablamos entre omegas. No es nada en lo que deban preocuparse.
—Sí —agregó Félix entre jadeos—, solo le estaba diciendo lo buenos que son en la cama ustedes dos.
Los gruñidos se hicieron presentes, profundos y guturales, haciendo que los omegas se estremecieran en su lugar por la intensidad que vibraba en el aire. Minho salió rápidamente del interior del castaño y cambió de posición: se recostó sobre el colchón y atrajo a Jisung hacia él con un movimiento firme. El omega no entendía en ese preciso instante qué pretendía, hasta que el alfa lo posicionó subiéndolo a su regazo, pero dándole la espalda. Acomodó la espalda del castaño contra su torso desnudo y caliente, pegándolo por completo.
—¿Q-qué estás haciendo? —preguntó Jisung con voz temblorosa.
Minho lo ignoró por completo y miró a Hyunjin, quien le devolvió una sonrisa pícara; sabía exactamente lo que su amigo quería.
Hyunjin, por su parte, salió lentamente de la entrada del omega rubio. Lo tomó con cuidado y lo colocó encima del castaño. Ambos omegas se miraron confundidos al principio, tratando de descifrar las intenciones de los alfas, hasta que Jisung soltó un gemido agudo y prolongado al sentir de nuevo cómo la polla de Minho lo llenaba por completo. El alfa abrió más sus piernas, colocando sus manos debajo de los muslos del omega para sostenerlo y exponerlo aún más. Félix, desde arriba, hacía muecas no de dolor, sino de puro placer abrumador; apoyó sus manos sobre los hombros de Minho para estabilizarse.
—¿Te gusta la imagen, Félix? —preguntó Minho con una sonrisa burlesca pero cargada de coquetería—. Ver a Jisung siendo cogido por mi polla.
Félix abrió la boca para responder, pero una azotada firme en sus nalgas lo interrumpió, sacándole un chillido agudo. Miró de reojo por encima del hombro y vio a Hyunjin sonriendo con ironía mientras bombardeaba su entrada con embestidas rápidas antes de volver a penetrarlo profundamente. El rubio gimió alto y se aferró con fuerza a los hombros del pelinegro. Jisung, sin perder el ritmo, llevó sus brazos alrededor del cuello del rubio para volver a unir sus labios en un beso lujurioso y descontrolado. Con más intensidad, los alfas empezaron a moverse en sus respectivas entradas, haciendo que los gemidos de los omegas se mezclaran entre sus bocas compartidas.
Jisung, aún en medio del beso con Félix, sonrió de lado y llevó su mano hacia abajo. Tomó su propia entrepierna junto con la del rubio, masturbándolos a ambos con movimientos frenéticos y precisos. El pre-semen salió en gotas brillantes sobre los glandes, lubricando más la fricción. Ambos jadearon contra los labios del otro.
—¡Oh!~ ¡M-mierda, sí!~ —chilló Félix al sentir otra estocada profunda que golpeó justo su punto sensible. Se recostó sobre el torso desnudo de Jisung, temblando de placer.
—Nunca voy a olvidar esta noche —murmuró entre chillidos y risas el omega castaño, su voz entrecortada por el éxtasis.
Las feromonas de excitación y el olor denso a sexo impregnaban por completo la habitación, creando una atmósfera embriagadora y pesada. Minho estaba recostado contra el respaldo de la cama, observando cómo su amigo Hyunjin se encontraba en medio de los dos omegas, recibiendo toda su atención.
—Joder… estoy viviendo un sueño demasiado exótico, Minho —dijo Hyunjin con voz ronca, sintiendo los besos húmedos y calientes de los omegas recorriendo su piel ardiente.
El pelinegro solo rió mientras seguía la escena, masturbándose lentamente con movimientos firmes.
Hyunjin estaba en una situación de placer absoluto: Félix enfrente de él, besándolo con fulgor y pasión desmedida; Jisung detrás de su espalda, dejando besos suaves y mordidas leves en su cuello y hombros. Nunca había imaginado tener a ambos dándole tanta atención simultánea. Gimió y gruñó gustoso al sentir una mano moviéndose lentamente en su polla; miró hacia abajo y vio que era el castañito. Sin importarle nada, besó esos labios en forma de corazón con pasión, devorándolos. Félix, con una sonrisa pícara, dejó una pequeña mordida en su hombro que hizo jadear al alfa en medio del beso. Al separarse, le dio una mirada lujuriosa antes de volver su concentración al rubio para besarlo con la misma intensidad.
Minho seguía concentrado en la escena, moviendo su mano en su pene con ritmo creciente y gimiendo bajo. Eso llamó la atención del castañito, quien le sonrió con picardía y miró de reojo a Félix. Este asintió de inmediato, sabiendo exactamente qué hacer. Ambos se acercaron a gateos hacia Minho, que también necesitaba —y merecía— su atención. Jisung fue el primero en llegar: se sentó a horcajadas sobre él.
—¿Quieres atención, alfa? —canturreó el castaño con un puchero juguetón, moviendo sus caderas en círculos lentos y provocadores.
Minho sintió cómo sus manos se apoderaban de la cintura del omega con firmeza.
—¿Lo quieres tanto, Minho? —cuestionó ahora Félix, poniéndose a su lado con una sonrisa traviesa—. Jisung y yo también podemos darte atención… como lo hicimos con Hyunjinnie.
Minho miró a Hyunjin, quien se acercó con una sonrisa socarrona y se sentó junto a su amigo, disfrutando del espectáculo. Ahora esos omegas compartían la atención del pelinegro: Jisung besó al alfa con profundidad y hambre, mientras Félix dejaba besos suaves y mordidas leves en su cuello. Minho rodeó con un brazo la cintura del rubio, atrayéndolo más cerca, y con la otra mano mantuvo a Jisung pegado a su regazo, perdido en el placer que ambos le estaban dando.
—¿Lo quieres tanto, Minho? —cuestionó Félix poniéndose a su lado.
Minho sonrió enternecido ante la pregunta.
—Jisung y yo también podemos darte atención… como lo hicimos con Hyunjinnie.
Minho miró a Hyunjin, quien se acercó con una sonrisa socarrona y se sentó junto a su amigo, disfrutando del espectáculo. Ahora los omegas compartían la atención del pelinegro: Jisung besó al alfa con profundidad y hambre, mientras Félix dejaba besos suaves y mordidas leves en su cuello. Minho rodeó con un brazo la cintura del rubio, atrayéndolo más cerca.
—Estamos tan afortunados, Hyunjin —dijo Minho entre jadeos, observando cómo el omega castaño empezaba a montar lentamente su polla, moviendo las caderas atrás y adelante en círculos deliberados mientras recibía besos húmedos de Félix en su cuello.
—Lo sé, tenemos tanta suerte —acertó Hyunjin, mirando al castaño con deseo—. Tuvimos una buena oportunidad con ellos.
Detuvo sus palabras para tomar la nuca de Jisung y besar nuevamente esos labios en forma de corazón. Minho sonrió pícaramente al verlo y, de reojo, captó al rubio. No se quedó atrás: tomó el cuello de Félix con firmeza, sacándole un gemido suave, y sus lenguas danzaron en un beso profundo y posesivo.
Después de tanto tiempo de juegos y exploración, cambiaron las posiciones una vez más. Hyunjin ahora estaba recostado en el colchón, con Félix a horcajadas sobre él, montando su polla con leves saltos rítmicos que hacían rebotar sus cuerpos. Al mismo tiempo, tenía al castañito sentado en su cara: Jisung apoyaba las rodillas a ambos lados de su cabeza mientras la lengua del alfa jugaba con su entrada, rodeándola y penetrándola con movimientos precisos. Hyunjin rodeaba con sus brazos las piernas del omega para mantenerlo firme y expuesto.
Minho se acercó por detrás de Félix, bombardeando su entrada con embestidas profundas y rápidas. El rubio soltó un gemido agudo, echando la cabeza hacia atrás hasta recostarla sobre el hombro del pelinegro, quien llevó sus manos a su cintura para guiar el movimiento de sus caderas con más fuerza y control.
Entre las cuatro paredes de la habitación retumbaban los gemidos y chillidos de placer, el choque obsceno de pieles sudorosas, el aroma denso y embriagador de feromonas de excitación y sexo crudo. Eran un completo desastre glorioso. Con tanta estimulación simultánea en sus cuerpos, los omegas ya no aguantaban más; ambos necesitaban liberarse desesperadamente. Al mismo tiempo, llegaron al clímax: sus fluidos cayeron calientes y abundantes sobre el abdomen del peliazul. Los alfas, al notar eso, supieron que también necesitaban su liberación; colocaron a los omegas sobre la cama con cuidado y se dejaron llevar hasta el final.
Fue una noche demasiado húmeda, intensa y excitante para los cuatro.
....
Jisung despertó a la mañana siguiente por la luz del sol que se filtraba entre las cortinas. Frotó sus nudillos en los ojos para combatir la pesadez del sueño y miró a su amigo, que seguía durmiendo profundamente a su lado.
—Félix —llamó en voz baja, moviéndose un poco para despertarlo.
El rubio se removió con un murmullo somnoliento.
—¿Mm?
—Despierta… Creo que esta vez sí nos dejamos llevar por completo —dijo Jisung sentándose entre las sábanas revueltas.
—No le veo nada malo —sonrió Félix con ironía, abriendo un ojo—. Fue una noche bastante… bien… mhm~ —canturreó volviéndose a acostar—. Y más con estos alfas demasiado guapos y sexys, Jisung… Quisiera que vuelva a repetirse.
—Mm, tal vez tienes razón… —con una sonrisa, Jisung miró de reojo a los alfas que dormían cerca.
Volvió a acostarse y se tapó con las sábanas. Inesperadamente, sintió unos brazos fuertes rodear su cintura desde atrás; supo de inmediato que era Minho. Félix, por su parte, vio cómo el peliazul hacía lo mismo: rodeó su cintura con un abrazo cálido y posesivo. El contacto se sintió tan bien, tan natural, que ambos omegas se estremecieron de placer residual y emoción.
Entre murmullos y chillidos bajos de alegría, se dieron cuenta de que esos alfas ya les pertenecían… al igual que ellos a ellos. Habían obtenido exactamente lo que querían.
Con el paso del tiempo, entre los cuatro se conocieron poco a poco, profundizando la conexión que había comenzado esa noche.
Una noche que fue un Dulce Desastre para los omegas por dejarse llevar por completo… y que, sin duda, volvería a repetirse en algún momento.
Holis, aquí les traigo a Sweet Disaster un 2pa2.
Hubo de todo un poco jsjs
Felix Y Jisung luego de una buena detonada:









