Chapter 1
El despertador sonó a las 6:30 de la mañana.
Andrés no lo escuchó.
Cinco minutos después volvió a sonar.
Andrés tampoco lo escuchó.
La tercera vez sonó tan fuerte que el celular vibró hasta caer al suelo.
—…cinco minutos más… —murmuró Andrés con la cara enterrada en la almohada.
El problema era que no tenía cinco minutos más.
Cuando finalmente abrió los ojos y miró el reloj del celular, se quedó congelado.
6:58.
Hubo un silencio de tres segundos.
—…no puede ser.
Saltó de la cama tan rápido que casi se golpea con la mesa. Se vistió a toda velocidad mientras intentaba cepillarse los dientes al mismo tiempo, algo que nunca terminaba bien.
—¡Mamá! ¿Por qué nadie me despertó?
Desde la cocina se escuchó la respuesta.
—¡Porque ayer dijiste que ya eras responsable!
—¡ESO ERA UNA METÁFORA!
Andrés salió de la casa con el bolso medio abierto, una tostada en la boca y el cabello todavía desordenado.
El sol apenas estaba subiendo.
La ciudad todavía estaba despertando.
Los vecinos barrían las aceras, los buses empezaban a llenar las calles y el aire de la mañana era fresco.
Todo parecía normal.
Mientras caminaba, Andrés sacó el celular para ver la hora.
7:12.
—Genial… —murmuró—. Si corro tal vez solo llegue diez minutos tarde.
Empezó a caminar más rápido.
En el camino se encontró con su amigo Mateo, que estaba sentado en una pequeña tienda tomando una gaseosa.
—¡Mira quién decidió aparecer! —dijo Mateo riéndose—. El rey de los retrasos.
—No he desayunado —respondió Andrés—. No estoy en condiciones de recibir críticas.
Mateo le lanzó una bolsa de papas.
—Desayuno equilibrado.
—Te odio.
—Pero me necesitas.
Andrés se sentó un momento.
La mañana era tranquila.
Un par de personas pasaban caminando, los carros circulaban normalmente y el lago de la ciudad se veía a lo lejos, reflejando la luz del sol.
Mateo miró hacia el lago.
—Oye… ¿escuchaste lo que pasó anoche?
—Si es otra de tus historias raras, no.
—Hubo un accidente cerca del lago.
Andrés suspiró.
—Mateo… siempre hay accidentes.
—Sí, pero este fue raro.
—¿Raro cómo?
Mateo se encogió de hombros.
—Dicen que el conductor juraba que algo estaba brillando en el agua.
Andrés levantó una ceja.
—¿Una linterna?
—No sé.
—¿Un pescador?
—Tal vez.
Andrés se levantó.
—Seguro estaba borracho.
Mateo se rió.
—Eso también dijeron los policías.
Andrés empezó a caminar otra vez.
—Nos vemos luego.
—¡Si no te duermes antes!
Andrés levantó la mano sin mirar atrás.
La mañana continuó normalmente.
La gente trabajaba.
Los autos pasaban.
Los pájaros volaban sobre el lago.
Todo parecía completamente normal.
Pero, por un segundo…
La superficie del agua se movió.
No como una ola.
No como el viento.
Fue algo muy pequeño.
Algo que nadie vio.
Como si algo debajo del lago hubiera cambiado de posición.