❝ Madreselva ❞ | Taekook

Summary

La primavera, con sus noches tibias, le traería las respuestas que tanto deseaba a Jungkook. Un instinto que comenzaba a despertar y verdades que iban a destrozar toda su realidad. El recuerdo de un hechizo que le había silenciado, y un vínculo que incluso dormido, ya lo reclamaba como propio. Porque algunas flores no esperan permiso para enredarse en el destino. Y ningún hechizo es capaz de contener lo que está destinado a florecer. ⮕ Taekook ⮕ Omegaverse ⮕ +18 (contenido explícito) ⮕ Temas sensibles - leer bajo responsabilidad propia ⮕ Mención a otras parejas ⮕ Ficción ⮕ No se permiten adaptaciones ⮕ Todos los derechos reservados

Genre
Romance
Author
Alpaca
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

0

Lobos, eso era lo que eran, o al menos eso seguían siendo quienes aún preservaban la genética de sus antepasados.

Pero el equilibrio estaba cambiando. Mientras los alfas y omegas disminuían año tras año, los betas crecían de forma exponencial, ocupando cada espacio que antes pertenecía a la vieja jerarquía.

Desde muy pequeño había escuchado hablar de los problemas que acechaban a su especie, amenazas que según decían, terminarían con extinguir su linaje. Aquello le abrumó, con apenas nueve años sintió miedo real al oír y leer que la sangre de su familia, la de las personas que más amaba, estaba destinada a desaparecer.

No lograba comprender que para que algo así sucediera tendrían que pasar décadas, quizás tantas que la sociedad sería completamente diferente a la que conocía. Para él, el fin parecía inminente.

Ese temor se hizo más tangible el día que su madre le explico que, llegado el momento, debía esposar una omega. No había alternativa, era su deber, su destino. La única forma que el linaje sobreviviera.

En ese entonces, elevo apenas las comisuras y le dedico a su madre aquella sonrisa amplia, casi rectangular que tanto le caracterizaba, dejando ver sus dientes blancos como una silenciosa confirmación de que le molestaba lo que decía.

Para él era evidente que, en unos años, se presentaría como alfa, y cuando eso ocurriera, seria responsabilidad asegurar la continuidad de la familia, preservar el linaje que tanto veneraban, mantener intacta esa sangre que llamaban pura.

—Escucha, cariño. Nosotros no odiamos a los betas, eso debes tenerlo claro desde ahora. Pero el destino de un alfa es unirse a un omega. Nuestro lobo interior, nuestro instinto, siempre nos guiara por el camino correcto para evitar que el linaje se extinga ¿Entiendes?

Él tenia claro que al igual que su madre, muchos alfas y omegas en el mundo repetían el mismo discurso moralista, no podían permitir que el linaje muriera.

Siempre había sido así, sin embargo, estaba convencido de que aquella insistencia se intensifico cuando se hizo pública la información sobre la alarmante disminución de su población.

“En las últimas décadas ya se había registrado un notorio descenso en la natalidad de alfas y omegas; sin embargo, expertos advierten que la situación continúa agravándose.

Datos recientes indican que, por cada diez nacimientos beta, apenas seis corresponden a omegas y solo tres a alfas.

Genetistas señalan que el fenómeno podría relacionarse con la mezcla entre linajes y la progresiva perdida de la llamada “pureza sanguínea” entendida como la usencia de sangre beta en el árbol genealógico familiar.

Asimismo, se ha observado que muchas de las familias de linaje puro que aún permanecen en la sociedad actual están retomando antiguas costumbres con el fin de evitar su posible extinción”

Costumbres como que un alfa de sangre pura se uniera, sin objeciones, a una omega del mismo linaje antes que a cualquier otra pareja. La justificación era simple, la tasa de supervivencia en el parto era mayor y también aumentaba la probabilidad de nacimientos múltiples, mellizos, gemelos e incluso trillizos.

Le habría gustado pensar que muchos se opusieron, pero no fue así. La mayoría estaba demasiado agobiada por el posible fin de su estirpe como para cuestionar aquellas prácticas. Preservar la pureza se había convertido en prioridad absoluta, como en la antigüedad.

Con apenas quince años, observo como diversos alfas comenzaban a unirse con omegas y a tener cachorros con una rapidez que lo dejo impresionado. Con el tiempo comprendió que la fecundidad de una omega era, en efecto, asombrosa; eran pocas las que tenían un único cachorro.

Mientras tanto, muchos betas comenzaron a difundir temores que el consideraba exagerados. Temían el regreso de la antigua jerarquía, el resurgimiento de los clanes e incluso la reaparición de los cambia formas.

El colectivo estaba temeroso y descontento. La mayoría de los lideres políticos pertenecían al ya reducido grupo de alfas, lo que avivaba la sospecha y el resentimiento, las autoridades se vieron obligadas a hacer llamados públicos a la calma para contener a las masas.

Cuando él tenía diecinueve años, miles de betas y omegas se movilizaron en las calles de distintos países, ninguno quería volver a ocupar el último escalón de la sociedad, no estaban dispuesto a repetir la historia. No deseaban entregar el poder absoluto a los alfas, aunque, en la práctica muchos tenían en claro que ese poder nunca había sido quitado de aquel género.

Era innegable que los alfas destacaban en posiciones de mando, liderazgo y dirección, incluso él lo reconocía, aunque detestara lo que aquello implicaba.

Se río al ver las protestas transmitidas en la pantalla, y su padre no tardo en reprenderlo. Le recordó que los conflictos sociales eran peligrosos y que, en ciertos aspectos, la sociedad actual era preferible en comparación a la época de los clanes.

Él dudo. Apenas había encontrado información fiable sobre ese periodo, y lo poco que circulaba parecía mas mito que historia.

—En la época de tu bisabuelo existían clanes. Eran familias con gran poder que gobernaban extensas porciones de tierra, había varios en cada región del mundo, aunque cinco destacaban en Asia; concentraban la mayor cantidad de personas bajo su dominio y poseían las tierras mas vastas.

En aquellos años, la jerarquía se organizaba en algo similar a lo que hoy llamaríamos clase baja, media y alta, aun que mucho mas rígida. El líder casi siempre, un alfa varón y, en contadas ocasiones, una mujer alfa. A su lado se encontraba su Luna omega, sin importar en aquella época, si fuese hombre o mujer.

Debajo de ellos se situaban los alfas de élite y los omegas nacidos en aquellas familias, los betas por su parte, se consideraban simples humanos, trabajadores al servicio de las mansiones y bajo la protección del clan. Y, al final de la estructura, estaban los omegas sin linajes, muchos de ellos esclavizados y vendidos como objetos de entretenimiento.

Los cambiaformas eran algo común en aquel tiempo, los alfas y omegas de sangre pura podían transformarse a voluntad, liberando a su lobo interior, y por esos las guerras resultaban feroces y sanguinarias.

Lo que quiero que entiendas Taehyung, es que no debemos retroceder como sociedad. Tenemos que avanzar, pero también debemos impedir que nuestro linaje desaparezca ¿Lo comprendes?

El tema de los cambiaformas siempre le había fascinado, en la actualidad, encontrar un alfa u omega capaz de adoptar su forma primitiva era casi imposible. Solo quedaba esa conexión interna con el lobo, y si aun existían verdaderos cambiaformas, probablemente vivían ocultos por miedo a ser capturados y utilizados como experimentos.

Con el tiempo, los llamados a la calma y la promulgación de leyes en distintos países lograron apaciguar los disturbios. Para entonces, él ya había cumplidos veintidós años y comenzaba a comprender el preso real de ser un alfa de sangre pura dentro de aquella sociedad.

Maldición. Ser alfa era exigente, no quería imaginar lo que implicaba ser omega.

(...)

Sábado 13 de enero, 2024

Debería haber estado acostado en su amplia cama king, entre sábanas tibias, aquella mañana helada de enero. Debería estar descansando el cuerpo trasnochado después de largas horas en el bar, probando el café de grano que había comprado por un capricho impulsivo, buscando algún libro antes de continuar con sus proyectos.

Pero no.

Estaba allí. En un sitio abarrotado desde temprano, un sitio en el que no deseaba estar y al que había acudido únicamente por obligación.

Respiro hondo, intentando llenar sus pulmones con el poco aire limpio que aun quedaba antes de entrar. Sabia que aquel encuentro seria igual a los anteriores.

Empujo las grandes puertas con suavidad y adopto la mejor expresión que su ánimo le permitió.

“Recuerda que la persona que te espera no tiene la culpa” se lo repitió varias veces para evitar ser descortés.

Se acerco al mención y pregunto por su cita. Una mujer baja de sonrisa firme, amplia y profesional le indico el salón privado al que debía de dirigirse.

—Muchas gracias, que tengas un buen día— se despidió, tomando rumbo por el pasillo de aquel restaurante en busca de la sala privada donde lo esperaban.

Luego de un par de puertas cerradas, llego hasta la que le correspondía, observo el número incrustado en resplandeciente plata sobre la oscura madera “15”

“Aquí vamos otra vez” murmuró apenas para sí, respirando hondo una vez más antes de tocar con suavidad. No quería asustar a la otra persona, abrió al sentir la voz dar el paso.

El aroma que tanto detestaba lo golpeó sin piedad, invadiendo sus sentidos con violencia. El gesto de disgusto fue inmediato, una arcada seca resonó en la estancia antes de que pudiera contenerla. A esas alturas su vida, ya no le importaba parecer maleducado, no era la primera vez y estaba seguro de que no sería la última.

Llevo un pañuelo de seda a su nariz y elevo la mirada, la chica frente a él parecía apenada.

Solo pudo dedicarle una sonrisa educada, esforzando, intentando mostrarse agradable, aunque después de lo ocurrido dudaba que esa fuera la impresión que estaba causando.

—Un gusto conocerte — saludó con cordialidad, elevando la mano a modo de saludos sin acercarse más a la omega. No aparto el pañuelo arrugado de su nariz, impregnado con el perfume que había elegido esa mañana.

—El placer es mío — respondió ella con una sonrisa tenue. Sus mejillas se tiñeron de un rosa suave, u el no supo distinguir si era vergüenza, molestia o ambas.

—Lamento mi actuar — intento explicarse.

Pero no podría avanzar, la sala, con las ventanas cerradas, estaba saturada. Una nube densa de feromonas con un intenso aroma a melocotón flotaba en el aire, sus piernas se negaron a obedecerlo, como si su propio cuerpo se resistiera a dar un solo paso hacia lo que, para el, era un infierno aromático.

Lunes 15 de Julio, 2024

Caminó molesto por los pasillos largos y angostos de aquel restaurante chino de lujo hasta llegar a la habitación privada que su madre la había mencionado apenas dos horas antes.

“Por favor, que haya tomado supresores” imploro en silencio. No quería sentir las feromonas de una omega en un espacio tan reducido, y menos cuando ya estaba irritado por la falta de consideración de su madre.

Tragó saliva y abrió la puerta.

El aroma a caramelo invadió de inmediato sus fosas nasales.

—Maldición …

Llevo la mano a su nariz, rezando por no sufrir una arcada.

—Es todo un placer conocerte — saludó desde el umbral, sin intención real en entrar.

La escena era un déjà vu, no era la primera ni la segunda vez, cambiaban de lugar, pero no la situación, él de pie afuera de la habitación, una omega dentro, y las feromonas formando una barrera invisible que le impedía avanzar.

—Al parecer no es un placer conocerme …

Tragó duro.

Era la primera vez que una omega le reclamaba algo, y contra todo pronóstico, aquello le agradó. Le gustaba que tuvieran voz, que no fueran completamente sumisas como la sociedad había impuesto durante décadas.

Hizo un esfuerzo y entró finalmente, tomando asiento frente a ella. Al menos intentaría sostener una conversación breve con ella.

Viernes 13 de septiembre, 2024

Otra vez estaba de pie en la entrada de aquella cafetería, que a esas alturas, solo le traía malos recuerdos.

“Espero que sea la última vez” eso era lo que pensaba desde los veintidós años.

Tomó una profunda bocanada de aire y entró, buscando con la mirada —Es bueno verte otra vez, Ji Soo — dijo al sentarse frente a ella.

—Veo que te encuentras muy bien, Jungkook — respondió, con una leve sonrisa.

Era la primera cita que podía llevar con relativa tranquilidad. Ji Soo, al parecer, había tomado supresores. ¿Tan difícil era cumplir la ley?

Hacía once años que el uso de supresores de feromonas era obligatorio en espacios públicos para evitar conflictos legales. Según él, esa era una de las razones que la sociedad había logrado avanzar.

Observó a la chica frente a él y solo pudo pensar que la escena se repetía sin cesar, sábados, domingos, días de semana, diferentes rostros, misma dinámica.

A veces hablaban más, otras, apenas intercambiaban saludos antes de escapar.

Pasaban días, meses, años y la rutina de su madre no cambiaba, presentarle posibles candidatas para el matrimonio.

No sentía un rechazo personal hacia ellas.

Era el aroma, esas malditas feromonas, siempre lo arruinaban todos.

Ser alfa en aquella sociedad, regida por una jerarquía instaurada desde el año cero, se resumía en una exigencia contante de ser el mejor. El mejor estudiante, el mejor deportista, el mejor socializando.

Dominante, autoritario, ejemplar.

Y por supuesto, poseer una bella omega que lo acompañara hasta que decidiera cambiarla por otra. Porque sí, un alfa podía cambiar de omega como si cambiara de zapatos.

Una mierda.

—Jeon Jungkook, me estoy cansando de tu comportamiento — la voz áspera de su madre atravesó sus oídos.

—Pues cánsate de una vez. Ya sabes que no voy a quedarme con ninguna omega que me presentes — respondió, cruzándose de brazos bajo la mirada severa de la mayor.

—¿Otra vez la misma conversación? Llevas toda la vida diciendo lo mismo — bufó, dejándose caer en el sofá del salón.

—Y al parecer tendré que repetirlo hasta morir — se llevó los dedos al puente de la nariz —Cánsate de verdad.

—¿Quieres un omega hombre? ¿Eso es? — su tono se volvió aún más rígido —Puedo hablar con tu padre, sabes que lo ideal es una omega mujer, pero por ti podría buscar un muchacho de linaje puro.

—No, madre. No quiero estar con nadie ¿Entiendes? Y no tengo que explicarle las razones. Tu y toda esta familia las conocen, y aún así siguen insistiendo. ¿De verdad?

Desde que se presentó como alfa a los quince años, su vida dejó de pertenecerle.

Se convirtió en el orgullo familiar. El heredero ejemplar, el futuro gerente de la empresa familiar.

Debía de casarse pronto.

Tener descendencia.

Tres cachorros, preferiblemente, según su madre.

(...)

La sociedad avanzaba a pasos agigantados en tecnología, salud y estructura social.

Más de sesenta años atrás habían aparecido los primeros anticonceptivos orales para betas, treinta años después, tras escándalos, protestas y marchas que sacudieron gobiernos en distintos países, finalmente surgieron los anticonceptivos orales para omegas.

Un logro.

Un avance.

Un “Beneficio”, si es que podía llamarse así.

Porque incluso con esos progresos, los alfas seguían controlando a los omegas de múltiples maneras. Todo comenzaba con las malditas feromonas, los omegas no podían resistirse a ellas, los alfas tampoco, aunque pocos lo admitieran.

Pero todos sabían quién pagaba el precio.

Las noches dominadas por el instinto y la lujuria rara vez dejaba consecuencias para alfas, en cambio, los omegas cargaban con embarazos no deseados y marcas permanentes de alfas que, en muchos casos, apenas conocían.

De esa necesidad nacieron también los supresores de feromonas.

Para algunos, el mejor invento de la humanidad.

Para otros, una aberración contra la naturaleza.

Afortunadamente, aquellos casos comenzaron a disminuir gracias a los anticonceptivos y las leyes estrictas, los alfas, poco a poco, comprendían que ya no podían hacer lo que quisieran, o al menos, que no podían hacerlo con la impunidad de antaño.

Los omegas, por su parte, dejaron de ocupar el último peldaño de la jerarquía, podían trabajar, independizarse, sostenerse sin la necesidad de un alfa. Muchos optaban por formar pareja con betas quienes ofrecían mayor estabilidad y respeto.

Y él estaba completamente de acuerdo con ello.

Para Jeon Jungkook, alfa, la sociedad era una mierda.

Y lo supo desde muy joven.

A los dieciséis años, exactamente un año después de manifestarse como alfa ante la sociedad.

Y a los veintiocho, cuando su hermano menor presentó a su novia omega durante la cena de navidad.

Dos momentos, dos recuerdos grabados a fuego.

Dos razones que, día tras día, reforzaban la misma convicción: la sociedad era una mierda.