VISLUMBRE

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Summary

(Episodio Semanal) Edward, se mudó a Boston para estudiar una carrera universitaria. Para mantener dichos costos su trabajo de medio tiempo y el dinero que le envía su familia no es suficiente, pero se le ofrece una oportunidad imperdible, "cuidar" de una chica en silla de ruedas de familia rica.

Status
Ongoing
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1: TRABAJO DE MEDIO TIEMPO

"Si pudiera elegir la mayor de las virtudes, seguramente sería el amar la que eligiría"

BOSTON 2024

–Se supone que es esta puerta...

Ring

–Oh, ¡voy! – Gritó Edward mientras se dirigía hacia la puerta.

—Buenas noches, venía a entregar los últimos paquetes de la mudanza. —Dijo un trabajador con una sonrisa en el rostro. —Solo firme aquí y con gusto lo traeré.

–Claro. – Respondió Edward mientras Firmaba. – Pero, déjeme ayudarle, son mis cosas después de todo jaja.

–Y es mi trabajo también, pero, si quiere ayudar, no se lo voy a impedir.

Ambos subieron la última carga de la mudanza.

–Entonces, ¿se independizó verdad? – Preguntaba el transportista mientras subían las escaleras con cajas.

–Bueno, si, me dieron una beca en la universidad de Boston entonces tenía que mudarme aquí. – Respondió Edward esforzándose para que la caja no se cayera de sus manos.

–Vaya, ¡felicidades! y ¿Qué va a estudiar? si no me entrometo.

–Para nada. Economía, siempre me interesó.

–Ya veo, pero, la universidad de Boston está un poco lejos de aquí, casi una hora en metro.

–Bueno, mis ingresos son limitados... bastante, gasté mis ahorros en una motocicleta así que iré en ella, y por ahora pago este departamento con lo que mis padres pueden ayudarme. Mañana al salir de la universidad tendré que encontrar un trabajo de medio tiempo. – Dijo Edward soltando la caja en la sala y luego cruzando sus brazos mientras explicaba la situación.

–Oh, tiene sentido, los departamentos aquí en el Este de Boston son de lo mejor en cuanto a precio. Lo siento, te ayudaría si pudiera, pero en mi trabajo ahora mismo no se necesita personal...

–No te preocupes, ¿quieres café? Agradezco mucho tu ayuda, lo que he desempacado viene en perfectas condiciones. – Dijo Edward dirigiéndose a la cocina.

–Si. Muchas gracias. Aunque yo solo tengo el turno de noche, yo estoy a cargo de solo estos últimos paquetes jaja. – Dijo el transportista mientras pensaba.

–¿Con o sin azúcar? – preguntó Edward.

El repartidor pensó por un momento

–Pero... Ahora que lo pienso, tengo una tía que trabaja en un café cerca de allí, en Back Bay, ella me dijo que dejara este trabajo y trabajara allí con ella porque era más "seguro" jaja.

–Y ¿por qué no tomas el trabajo tu? – Preguntó Edward acercándose a la sala.

–Bueno, yo vivo algo retirado de aquí, y allí no hay una estación de metro cercana, mi trabajo actual me queda bastante cerca y me gusta. Si quieres puedo hablar con ella cuando llegue a mi casa y pasas por allí mañana.

–Bueno... no tengo como pagarte esto... de verdad te agradecería que lo hicieras. – Dijo Edward buscando su billetera los bolsillos de su pantalón

–Oh no tienes que agradecerme, además no será algo sencillo, esa es una zona bastante cara, por lo que manejar con gente rica y quisquillosa no es nada fácil, créeme, incluso en mi trabajo he tenido que tratar con gente así. – Respondió mientras movía sus manos para que Edward no le pagara nada.

Para Edward eso no era un problema, él siempre trató bien a cualquier persona sin importar quien sea

–Bueno, igualmente te lo agradezco mucho. ¿Cómo es tu nombre?

–Jeremy, un placer. Escribiré en una nota la dirección exacta. – Dijo buscando un papel en donde anotar.

–Bueno Jeremy, espero que nos volvamos a ver algún día. Toma, no respondiste si querías azúcar o no, así que no le puse por si acaso, este vaso es de cartón, así que puedes llevártelo, no quiero retenerte más aquí, se hace tarde. – Dijo Edward ofreciéndole el café.

–Jaja, y acertaste, ¡suerte con la universidad!

Así Jeremy se fue, y Edward se quedó mirando la puerta con la mano levantada despidiéndose, luego de cinco segundos la bajó y cerró la puerta.

–Bueno, espero que el golpe de suerte no sea en vano. – Dijo para sí mismo.

Y es que a pesar de ser alguien amigable con cualquier persona, desde siempre Edward ha tenido dos problemas...

–Ya no quiero temerle más a vivir...

La segunda es que casi siempre se arrepiente de sus decisiones

LA MAÑANA SIGUIENTE

–"Bien, tengo todo listo" – Pensó Edward mientras se ponía su casco. – Ah... bien, ahí voy. – Exclamó poniendo la dirección de la universidad de Boston en su teléfono.

Por el camino que tomaba pasaba justo por la cafetería de la cual Jeremy le habló, ciertamente la zona se veía lujosa, pero ahora mismo tenía que llegar a otro lugar

–Ok, es aquí, pero... ¿Dónde dejo mi moto? – Se preguntó estático.

Al final pasó de preguntarle al guardia de seguridad y pagó en un estacionamiento cerca del recinto.

–Ese dinero me habría servido para comer algo...

Al entrar, la vista era espectacular, era impresionante y el campus era imponente. Las cosas pasaron de manera común, al presentarse no se equivocó al hablar pues se preparó para ello con minutos de antelación pero de igual forma, nadie reaccionó, es de esas cosas que son obvias pero realmente no esperas en el momento. Ese día comenzaron a formarse grupos de personas, pero Edward simplemente no encontraba una buena excusa para hablar con alguien, cosa que sí había logrado con Jeremy, al final simplemente se retiró solo hacia la cafetería que Jeremy le había recomendado.

–Bueno, pudo haber estado peor... – Dijo mientras se subía a la moto. – Ahora tengo otras cosas en las que pensar.

EN LA CAFETERÍA

–Vaya... – Exclamó sorprendido mientras entraba a la cafetería.

El lugar era mucho más grande de lo que aparentaba, era acogedor y el suave Jazz de fondo ciertamente lo hacía el lugar ideal para tomar un café mientras lees algo.

–Hola, disculpe, me dijeron que estaban buscando personal y yo venía a preguntar sobre ello... – Dijo Edward un poco cohibido pero seguro.

–Oh, ¿eres Edward? – Preguntó la mujer en la caja.

–Si, un placer conocerla.

–Mi sobrino me habló de ti, al fin y al cabo si necesitamos a un mesero, y ciertamente tienes tu atractivo... Pero no te confundas, podría ser tu madre. Hablé con mi jefe y va a hablar contigo, agradéceme, tuve fe ciega en ti.

Edward se puso algo nervioso con eso, aunque le pareció algo un poco injusto, eso significaba que si no tenía ese (Atractivo) no lo habrían aceptado. Ciertamente Edward tenía unas facciones que juntas lo hacían ver bien, pero no era una persona que llamarías hermosa si la ves en la calle

–Muchas gracias. – Dijo Edward.

–Siéntate en aquella mesa, le avisaré que llegaste y él llegará enseguida.

Edward obedeció y se sentó en esa mesa. Su corazón se aceleró un poco, pues, aparte de hablar con quien esperaba fuera su jefe, sentía que las personas en el café lo veían, se sentía extraño esperando solo ahí. Puso las manos en sus pies mientras esperaba mirando la mesa.

–Hola muchacho. – Dijo quien parecía ser el dueño del local.

–Oh, hola, mucho gusto señor. Me llamo Edward Force. – Exclamó Edward levantando la mirada.

–Mi nombre es Josh Leon, pero llámame solo Josh. Me dijeron entonces que querías aplicar al cargo de mesero. – Dijo el hombre con una voz grave pero a la vez cálida.

–Si señor, estoy estudiando y me serviría mucho un trabajo de medio tiempo.

–Bueno, te comento, aquí te pagaré ocho dólares la hora, tendrás que trabajar de igual manera ocho horas al día, ¿a qué hora llegarías aquí? – Dijo poniendo sus manos en la mesa.

Realmente no era la mejor oferta, pero arriesgarse a no conseguir un trabajo en otro lado por mucho tiempo y el hecho de que fuera un trabajo relativamente tranquilo hizo que Edward aceptara las condiciones.

–A las dos en punto señor, en dado caso de tener algo especial en la universidad, ¿tendría que reponerlo después verdad? – Preguntó con algo de duda.

–Naturalmente, tienes los domingos libres así que sería tiempo de ese día o extras algun otro de la semana.

–Bien... Acepto. – Dijo Edward decidido.

–Estás contratado, comienzas ahora.

–¿Eh?

–Ve a ponerte tu uniforme, el tiempo pasa.

Y así, Edward también se arrepentiría de esta decisión.

Con el paso de los días Edward comprendería lo que Jeremy le había dicho la noche en la que lo conoció, y es que al ser su primer trabajo, cometía errores, pero las personas que frecuentaban el lugar no los dejaban pasar como si nada, vivió humillaciones, gritos, y comentarios despectivos por parte de muchos clientes, esto con la carga académica y que llegaba a su casa prácticamente a las once de la noche, lo mantenían cansado, sin embargo siguió esforzándose mucho a pesar de que muchos domingos tenía que trabajar para suplir horas que normalmente pensaría que sí hizo, pero, ¿Qué podía hacer el? pasaron dos meses desde que aceptó ese trabajo y aún con eso y lo que le enviaban sus padres vivía bastante apretado, además, seguía sin tener un amigo, ocasionalmente para algún trabajo tenía que hablar con otros alumnos, pero las conversaciones no pasaban de lo académico, al menos con él, porque veía cómo algunos compañeros usaban los grupos de chat de trabajos para organizar salidas mientras que el pasaba las noches haciendo trabajos luego de salir de trabajar. Así pasaron esos dos meses, hasta que aquél día llegó.

–Buenas tardes... ¿Qué puedo servirles hoy? – Preguntó Edward un poco cansado.

–Buenas tardes joven, a mi puede...

El sonido de la voz de aquella mujer se hacía distante mientras Edward veía un grupo de chicos pasando frente al café riendo.

–¿Me estás escuchando? ¿Hola? – Preguntaba la mujer un poco molesta y Edward se percató y se disculpó.

–Espera mamá, creo que él ha trabajado demasiado hoy. Mira las ojeras que tiene. – Dijo una chica que estaba en la misma mesa.

Parecía que ella se había notado mucho más que solo las ojeras que Edward tenía, era como si sintiera que había pasado por algo parecido

–Discúlpenme, no es su culpa que yo haya descansado mal, ¿podrían repetirme lo que quieren? – Respondió Edward apenado.

Mientras pedían y él anotaba notó que la chica que notó su cansancio le sonrió moviendo la cabeza hacia un lado, indicando que se tranquilizara y que no había problema, él le regresó la sonrisa como agradecimiento

–Bien, no tardaré en tenerlo todo entonces. – Dijo Edward antes de retirarse de la mesa.

–Ciertamente se veía cansado, pero no debería dormir hasta tarde entonces... Los jóvenes solo viven pensando en las fiestas, es totalmente su culpa. – Dijo la mujer algo enojada hacia las demás.

Eran tres, la madre quien se quejó y sus dos hijas

–Bueno madre, el lado bueno es que al fin Charlotte le ha dirigido la palabra a alguien por voluntad propia, además de eso para defenderlo. – Dijo la otra chica quien sería su hermana con tono burlón.

–No entiendo por qué te creas ideas para niños en la cabeza, simplemente se ve que está cansado. Nada más. – Dijo girando la cabeza hacia el lado contrario desaprobando lo que su hermana dijo.

–Bueno, eso da igual, lo que importa es que traiga ese delicioso Frappé que hacen aquí, no vengo desde el viaje a Europa, ya lo extrañaba. – Respondió la madre expectante.

–"Bien, quizá esta sea mi oportunidad, ella se veía amigable, quizá podría hacer una amiga." – Pensó Edward.

Edward entonces entregó el pedido y sin decir nada volvió a su lugar esperando más clientes para atender, arrepintiéndose por dentro de no tener el valor para hablarle. Luego de un rato, las tres mujeres se levantaron de su mesa, Edward se percató entonces que aquella chica usaba una silla de ruedas y algo lo movió por dentro mientras que ellas se dirigieron a la salida.

...

–¡Espera! – Dijo en voz alta Edward antes de que la chica saliera.

Las personas cerca se voltearon junto a la chica quien giró su silla.

–A-ah... ¿podrías venir un segundo? si puedes claro. – Dijo Edward bajando la voz.

–Claro... Madre, dame un segundo. – Ella se dirigió a El – Bien, ¿Qué necesitas? – Preguntó ella.

A pesar de haberlo conseguido, Edward ya no sabía que decirle a este punto (¿Seamos amigos? ¿Dame tu número para seguir hablando?) no quería sonar como un acosador.

–Bueno... quería... ¡Darte las gracias por darme una mano! Realmente recibo muchos regaños al día, así que uno menos se aprecia de verdad. – Dijo calmado por haber encontrado una excusa.

–Oh, no te preocupes jaja, sé como te sientes... Como sea, espero volver a verte aquí, ¡un placer! — Dijo mientras se alejaba.

Edward no pudo decirle nada más.

–Esto es una victoria o una derrota... – Dijo Edward para sí mismo.

–Sea cual sea a atender esa mesa, están esperando. – Dijo su jefe poniendo su mano en el hombro de Edward.

–Sí señor...

Mientras que Edward continuaba con su trabajo, aquellas chicas volvían a su hogar, que quedaba cerca de allí; era un departamento bastante grande.

–Entonces... ¿Qué hablabas con el mesero? ¿te gustan los chicos humildes? – Preguntaba su hermana mientras dejaba su bolso en el sofá.

–Por favor... – Se quejó Charlotte.

–A Charlotte no podría gustarle alguien tan corriente, así que no la molestes con ello Mery. – Respondió la madre desde la cocina.

–¿Con eso puedes dejarme en paz? simplemente me estaba dando las gracias. – Dijo Charlotte mientras se dirigía a su habitación.

–Si, pero ciertamente no puedo cuidarte toda la vida... – Respondió Mery en voz baja, con una idea en mente.

Esa noche Mery habló algunas cosas con su madre.

–Ah, bueno, al menos puede que vuelva a verla otro día, y ahí le hablaré más... Aunque, si es una chica de familia rica como parecía probablemente tenga muchos amigos más, no creo que quisiera escogerme a mí antes que otras personas más interesantes... Tengo trabajos para entregar mañana, da igual.

AL DÍA SIGUIENTE

–Entonces, ¿aceptarías trabajar cuidando de mi hermana? – Dijo Mery.

–¡¿Qué?!