Apariencias engañosas

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Summary

Doulogia Apariencias PRIMER Y SEGUNDO LIBRO TERMINADO (NUEVA EDICIÓN EN PROCESO) Damara, una detective brillante y decidida, se ve atrapada en la investigación más peligrosa de su vida: el asesinato de una de las personalidades más poderosas del país. Lo que no esperaba era reencontrarse con Yael Carusso, el hombre que marcó su pasado y cuya sola presencia vuelve a encender sentimientos que creía enterrados. Junto a su hermana Aisling, Yael llega a Nueva York para unirse a la cacería del asesino, desatando tensiones tanto en el caso como en el corazón de Damara. Mientras las pistas se vuelven más confusas y las pruebas apuntan a alguien impensado, Damara deberá enfrentarse no solo al peligro acechante, sino también a la atracción imposible de ignorar que amenaza con cambiarlo todo.

Genre
Action/Erotica
Author
LiZ
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

CAPÍTULO 1

Lo que empieza jugando termina gustando…

Asesinato perfecto.

27 de mayo 8:00 am

Damara

El sonido demasiado fuerte de mi teléfono me despierta sobresaltada, me paso la mano por la cara para ver con claridad mi habitación, una vez que lo encuentro debajo de la almohada contesto la llamada sin observar quién es él molesta tan temprano.

—¿Hola? —Cuestiono con la voz ronca por el sueño.

—Hayes, necesito tu presencia de inmediato en al lugar que te mandaré.

—¿Qué pasó?

Me siento en la cama recostando mi espalda contra el respaldar de mi cama, observo con suma atención la habitación que solo se ilumina por los breves rayos de sol que entran por la ventana.

—Alguien mato a una persona influyente, no puedo darte los detalles por teléfono por ciertas reglas, ven de inmediato.

—Ya voy para allá —respondo antes de que cuelgue.

Me incorporo de la cama y me estremezco por la frialdad del piso bajo mis pies. Descalza avanzo hasta el baño para darme una ducha rápida, como dejé mi ropa lista la noche anterior no me preocupo de eso.

Una vez que estoy lista guardo mis pertenecías en mi bolso y salgo de mi departamento no sin antes haber revisado cada habitación del lugar. Soy un poco paranoica por el tema de que siento que me siguen, trato de mantenerme atenta a cualquier cosa. Activo la alarma de seguridad y camino por el pasillo largo dónde las puertas de maderas con números dorados resaltan.

La alfombra rojo vino amortigua el sonido de mis zapatos, algo que me tranquiliza porque ayuda a que nadie escuche en qué momento salgo. Entrando al ascensor que siempre permanece vacío a estas horas, mirando mi reflejo en las puertas del ascensor me repito que todo está bien, estas últimas noches he tenido muchas pesadillas y no he podido dormir bien. Por lo que el maquillaje tapa por completo las ojeras que he tenido últimamente.

Llegando al parqueadero miro todo mi alrededor buscando algo extraño, calmando un poco mis nervios de siempre subo a mi auto, enciendo el motor y pongo rumbo a la casa de Alexander, cada kilómetro aumentando la tensión en mi pecho. Nunca habían matado a magnate millonarios en lo que va mi carrera, pensé que ellos se mantenían resguardados en sus lujosas mansiones.

Bajo la velocidad del auto cuando la imponente casa de Alexander se logra observar, ya que de lejos los árboles tapan casi por completo el lugar. Enseñando mi placa para que me dejen entrar a la escena del crimen a los policiales que vigilan la calle me acerco al portón, el cuál no tiene ningún índice de ser forzado.

Al cruzar la puerta de la casa, el olor metálico me golpea por completo, a pesar de que estoy acostumbrada al olor debo admitir que esta vez percibo el olor más fuerte, como si la sangre fuera de michos días guardadas.

—Sangre de animal —susurro observando toda la habitación.

La sangre mancha toda la pared, como si hubiesen tirado un tarro de sangre solo para ensuciar la sala. Pero no hay señas, dibujos o algo que ayude a que podamos descifrar con rapidez quién está detrás de esto.

—Hayes, llegas tarde.

Ruedo los ojos sin prestar atención, dejo que termine su conversación con el oficial que le describe ciertas cosas que sucedieron antes de que Bastián llegara.

—Tenemos órdenes claras de que si a él le llegaba a pasar algo solo usted podría trabajar en su caso —comenta observándome.

—Por eso estás aquí, Hayes.

—La mano derecha de Virelli se encargará de su pago y el de las personas que se encarguen para ayudarla en el caso.

—Bien, de aquí nos haremos cargo de esto.

—Gracias, si necesitan algo más no duden en llamarme.

Los dos asentimos a sus palabras y observamos como se acerca a los oficiales que hay en la puerta dándoles orden a los que ellos simplemente asienten.

—Tiene tres disparos, tiene uno en la frente y los otros dos en el pecho. Tiene señales de asfixia, los forenses se llevarán el cuerpo así que apresura en observar.

Poniéndome los guantes que me ofrece quito un poco la sábana para ver el agujero en la frente, bajando más la sábana logro ver los disparos restantes en su pecho. Las marcas de su cuello es definitivamente señal de asfixia.

—¿A qué hora sucedió esto? —Le pregunto mientras tapo otra vez el cuerpo, me da la mano para que pueda levantarme.

—A las 7:06 am. Pero la llamada llegó a mi oficina a las 7:50.

—¿Había alguien con él? ¿Quién hizo la llamada al 911?

—Cristina, una de las ayudantes de confianza de Virelli. Fue ella la que llamó que había encontrado el cuerpo muerto de su jefe en el sofá. Como dijo el oficial Mortain, Alexander dejó muy claro de que tú te ocupes del caso así que llamó a mi oficina personalmente.

—¿Hay algo más?

—Sí, Cristina está ocultando algo. Cuando Mortain me llamó avisó que recién iba con sus oficiales a la escena de crimen, pero ella nos dijo que encontró el cuerpo exactamente a las 7:06.

—Esperó mucho tiempo para hacer la llamada…

—Exacto, eres buena para que la gente hable así que intenta sacar lo que puedas. Ella está en la cocina.

Con un asentimiento me alejo de él, desde mi lugar el cuál es a un lado del sofá dónde está el cuerpo cuento los pasos hasta llegar a la cocina, girando un poco mi cuerpo logro ver con perfección el sofá y el reloj grande que hay en la pared cerca del televisor.

—Todo esto se me hace tan planeado que hasta dudo de Alexander —Murmuro desconfianza, pero ver el reloj de nuevo me hace paralizar—. ¿Pero qué demonios?

En el reloj marcan las 7:06, como si el tiempo se hubiese paralizado, llamando al personal que toma las fotografías del lugar le pido una foto del reloj y del lugar dónde estoy parada.

Entro a la cocina una vez que el joven me avisa que entregará las fotos a mi oficina. La cocina está vacía, la presencia de Cristina se nota tan apagada que dudo en llamar a uno de los paramédicos. Su cabeza esta bajada al igual que sus hombros, su posición solo demuestra que algo le está molestando.

Carraspeo para llamar su atención, levanta su cuerpo de manera abrupta haciéndola tropezar, pero no se deja caer. Analizo su cuerpo por completo esperando ver algún rasguño o golpe, pero no encuentro nada.

—Soy la detective privada Damara Hayes, estoy asignada a este caso. ¿Puedo conversar contigo?

—Hola—susurra—, soy Cristina.

—¿Te sientes bien? —me siento en unos de los taburetes.

—Si —responde en voz baja, pero sus ojos nunca dan con los míos, por más que la observo con fijeza.

—Bien. ¿Los demás ayudantes no estaban contigo? —cuestiono con cuidado.

—No. El señor es muy cuidadoso con este lugar, son muy pocos los que estamos aquí, mientras él se queda solo dos ayudantes se quedan en la cocina.

—¿O sea que se turnan? —insisto, mientras tomo nota mental de los posibles horarios y rutinas de los trabajadores.

—Si, los que somos de más confianza para él tenemos permitidos estar aquí. Junto con otra compañera nos tocaba esta semana trabajar, pero ella se puso delicada de salud y yo me tuve que encargar de todo por estos días hasta que llegara alguien nuevo —confiesa.

Bajo la mirada al ver sus manos temblar. —Ey, cálmate —al ver que respira más rápido. Llamo a uno de los paramédicos y de inmediato la tranquilizan.

Salgo de la cocina, sin nada realmente revelador en esta pequeña charla, pero guardando cada detalle: la hora, la rutina, su nerviosismo. Necesitaré que la lleven a la oficina para interrogarla con calma y asegurarme de que no se pierda ninguna pieza del lo sucedido.

—¡Hayes!

Presto atención de inmediato a Bastián cuando grita mi nombre, me hace una seña para que me acerque.

—Dime.

—Ya resolví lo del personal que te ayudará, son muy buenos en lo que hacen. Hoy vendrán dos, el tercero tiene algo que hacer antes de venir.

—¿Quiénes? —le pregunto arqueando mí ceja con curiosidad.

—Los verás apenas lleguen a nuestras oficinas. Necesitamos ayuda para esto; al parecer este magnate no se andaba en buenos pasos —responde, con un dejo de seriedad en la voz.

Asiento ligeramente, procesando la información. Mi instinto ya me decía que este caso no sería sencillo. Todo a mi alrededor apunta a algo más grande de lo que aparenta, y la llegada de estas dos personas me lo confirma. No siempre trabajo acompañada, es muy rara la vez en la que dejo que me ayuden.

Pero esta vez hasta yo siento que todo esto se pondrá feo y no viene mal una ayuda. Y como Bastián está vez se encargará de las personas que se asigne no me preocupo por elegir quién esta dispuesto, ya que como es mediados de año hay muchos chicos nuevos que están cursando para poder obtener por completo su licencia.

—Ya presentía eso —murmuro para mí misma—, todo esto es demasiado raro. Es como si él los hubiera dejado entrar para que lo maten.

—Debemos investigar a los de su trabajo, puede que sepan algunas cosas. Yo me encargo de eso, ve a la oficina tus compañeros no tardarán en llegar

—Te veo más tarde —le digo, dándole unas palmaditas en el hombro. Empiezo a alejarme, pero de repente siento su mano en mi muñeca, tirándome suavemente hacia él.

—Jamás me respondiste la pregunta que te hice hace unas noches —susurra, su rostro tan cerca del mío que casi puedo sentir su aliento. Instintivamente, bajo la mirada, y mis ojos caen sobre sus labios por un instante demasiado largo para ser casual.

Puedo notar la tensión en su voz, y aunque hay un leve temblor que delata lo que siente, no me dejo llevar. Bastián siempre ha tenido esa manera de acercarse, de hacer que un simple gesto parezca algo más que amistad.

—La respuesta es una negativa, jefe —respondo de manera sarcástica. Me suelto de su agarre con suavidad y me alejo de él.


Estaciono mi auto en el lugar que siempre lo hago, apago el motor y salgo una vez que tengo mi bolso en mi mano. Saludo con una leve sonrisa a Carlos el que cuida nuestro edificio todos los días, sus días son rotativos, parece que esta vez le toca turno matutino. Él realmente es una gran compañía cuando me tengo que quedar toda la noche trabajando en algún caso, nunca falla un café y una dona nocturna con Carlos.

—¡Damara!

La voz de Anarela me hace voltear para verla como viene corriendo desde su pequeño escritorio en frente de mi oficina hacia dónde voy llegando, creo que se le haría más fácil si esperara en mi puerta no alcanzando mi presencia antes de llegar. Toma una larga respiración, se acomoda los lentes que usa para no dañar su vista en el computador y luego me mira con sus bonitos ojos verdes.

—¿Qué sucede?

—Bastián llamó y dijo que te entregue estas carpetas —explica, aún agitada.

—Gracias, Anarela.

Tomo las carpetas que me extiende y con una gran sonrisa se gira haciendo que su largo y rizado cabello pelirrojo se mueva, siempre viene con un peinado, pero a las pocas horas ya tiene su cabello hecho un desastre.

Entrando a mi oficina dejo mi cartera en el sillón de la habitación y las carpetas encima de mi escritorio, me acomodo en mi silla para buscar mis lentes los cuales me pongo una vez que los encuentro entre tantos papeles que hay en la mesa.

Agarro una liga para amarrar mi cabello, aunque sea corto es molesto cuando cae en mi cara cada que estoy leyendo algún archivo.

En las notas que siempre me deja Anarela en cada carpeta para que sepa qué tipo de información hay me hace saber que es datos de los nuevos compañeros que vendrán para solucionar casos los cuales son difíciles de descifrar. Centrando mi atención en la información del asesinato reciente, todo me parece confuso. Bastián me comento que no seguía buenos pasos, y puede que eso sea una gran pista en todo este camino lleno de niebla.

Alexander Virelli, magnate millonario. Conocido por su gran apoyo al arte en galerías famosas de New york, era reconocido por sus famosos hoteles que hay en diferentes ciudades. Su muerte era impactante y su importancia no puede ignorase; los detalles del caso señalaban que se trataba de algo mas que un simple crimen. Sus secretos hacían que esta investigación fuera complicada y que cada pista se debiera analizar de manera cuidadosa.

Se sabía que su familia ya tenía dinero,no de la misma manera que Alexander. Hubo un año donde se regaron rumores que había estado haciendo tratos con la mafia ya que su empresa estaba en banca rota, pero después de un largo tiempo él personalmente se encargó de desmentir ese rumor. Pero en esa ocasión es momento de revivir eso porque hay una grande probabilidad que eso no sea un simple rumor de odio.

—Solo entraron a la casa a matar a su víctima, no robaron nada, no le hicieron nada a Cristina y las cerraduras no estaban forzadas —Suelto un suspiro de frustración.

Tocan la puerta murmuro un adelante, el cabello pelirrojo de Ara es lo primero que veo cuando asoma la cabeza.

—El señor Ramírez llego, la está esperando en su oficina.

—Ya voy para allá, gracias —Me levanto de mi silla soltando mi cabello, camino por los pasillos hasta llegar a la oficina de Bastián.

Tengo la confianza suficiente con Bastián para entrar sin tocar, pero tres pares de ojos me observan con curiosidad. Pero son los ojos grises de cierta aventura que tuve en Italia los que me llaman la atención de inmediato. Él sabe que lo reconocería en cualquier lado por lo que la sonrisa juguetona en sus labios me lo confirma, para no subirle el ego paso de él y me acerco al escritorio de mi amigo.

—Ellos serán tus nuevos compañeros —Me dice Bastián apenas me acerco—. Estarán aquí hasta que el caso sea cerrado, tienen permiso hasta quedarse mínimo un año si desean.

Cruzando los brazos con naturalidad los observo, debo de admitir que los dos son idénticos, el cabello negro y denso, era una herencia compartida; él lo llevaba corto y rebelde, mientras que ella lo dejaba caer en una melena oscura que enmarcaba su rostro de la misma manera que el flequillo de él lo hacía con el suyo. La diferencia visible es que los rasgos de el son rudos, mientras que ella tiene rasgos suaves.

—Soy Aisling Carusso, mucho gusto, seguro tu eres Hayes una de las mejores detectives, miles de casos resueltos, nunca has fallado. Escuché mucho de ti...—Se calla cuando su hermano le da una mirada para que se calle —Perdón, me emocione.

Le doy una sonrisa con diversión ante su cantidad de palabras, no sabía que me conocía. Cuando tuve que viajar para obtener mi licencia por completo solo era un principiante, pero después de tantos años en mi trabajo supongo que me gane el título de la “mejor”.

—No pasa nada, es bueno que me conozcas —Le digo con una sonrisa, Bas suelta un bufido.

—Aisling,­ le subes el ego — le reprocha, frunciendo el ceño.

Lo miro con esa expresión que mezcla desaprobación y diversión silenciosa, sin decir nada.

—Lo siento, realmente admiro mucho a los Hayes —explica apenada.

La diversión se borra un poco de miedo sistema, mi padre también fue un detective reconocido el cuál estuvo trabajando en la misma agencia en la que trabajo ahora. Para no mostrar mi incomodidad centro mi atención en él.

—¿Y tú? ¿No te piensas presentar o qué? —Me dirijo al pelinegro que se encuentra en silencio.

En nuestra conversación solo pasó en silencio mientras me miraba de manera fija, no me intimida su mirada pesada, es más, me gusta tener su atención solo en mí. Es como volver a esos meses dónde ninguno de los dos quería dejar de vernos, era como si algo nos lleva a siempre tener nuestra vista en uno de nosotros.

—Me conoces lo suficiente, no debo de presentarme ante tí —responde, levantando una de sus cejas pobladas , con esa seguridad que parece desafiarme.

Siempre queriéndome sacar de quicio, sin dejar de lado mi actitud altanera de fingir que no lo conozco le sonrío levemente. Sus ojos se fruncen invitándome a que siga el teatro, me conoce lo suficiente como para saber que si quiero seguir con el drama de desconocidos lo haré hasta por meses.

—No, no te conozco.

Con una sonrisa ladeada, pasa su lengua por los dientes superiores provocando que mis ojos den con su boca con rapidez, tomo una larga respiración cuando recuerdos que están mejor enterrados comienzan a surgir.

—¿Ahora vamos a fingir que no nos conocemos? —su sarcasmo me provoca un ligero cosquilleo en la mejilla; muerdo el interior de mi boca para ocultar la sonrisa que asoma.

Es divertido jugar con su paciencia; parece que controlar a otros es fácil para él, pero conmigo no. Esa dinámica me resulta entretenida, un pequeño juego de quién se enoja primero es casi primordial en nuestra conexión rara que tenemos.

—¿Ustedes ya se conocen? —Pregunta Bas confundido, con esa mezcla de suspicacia y celos que nunca logra ocultar del todo.

—No.

—Si —respondemos los dos al mismo tiempo.

Los chicos nos miran confundidos.

—¿Se conocen sí o no? —pregunta exasperada Aisling.

—No. Ahora si me permiten tengo trabajo que hacer.

Me alejo del escritorio y camino hasta la puerta antes de irme escucho muy claro lo que Yael dice:

—Créanme, nos conocemos muy bien.

Me giro instintivamente hacia él, pero su mirada ya está fija en la mía. Con una sonrisa ligera, me guiña el ojo. Sin pensarlo, paso la punta de mi lengua por mis labios; noto cómo su mirada baja por un instante, siguiendo el gesto. Sonrío con orgullo cuando mi cometido es un éxito.

—Fue un placer conocerte Aisling, que tengan lindo día. —digo, manteniendo mi compostura mientras salgo de la oficina, consciente de la tensión silenciosa que dejamos atrás.

En la salida me cruzo con Johana, que me lanza una mirada claramente enojada. Creo que si tenia trabajo pendiente.

—Te estoy esperando en la sala de interrogatorio, siempre llegas tarde —Dice agarrándome de la muñeca y jalar de ella.

Llegamos a la sala, ahí está Cristina llorando, es que acaso no va a parar de llorar. Su cara ya esta roja e hinchada por la cantidad de lágrimas que suelta, decidí no dejar que se vaya porque estoy segura de que sabe algo, y creo que tendré que insistir más para que suelte todo lo que sabe.

—Desde que llegó está llorando.

—Si es inocente ¿por qué llora? —cuestiono confundida.

—Debe de estar asustada, vio a su jefe muerto a primera hora de la mañana —masculla encogiendo los hombros.

—No creo que esté asustada de eso, ella vio el cuerpo por minutos y no hizo nada.

Me acerco a dónde está sentada, alza su rostro sus ojos azules me observan con cierto temor, algo que me llama mucho la atención. No es que le vaya hacer algo malo, pero me mira como que si en cualquier momento sacaré un arma y la mataré.

—Voy a hacerte unas preguntas, ¿ya estás calmada? —manteniendo mi voz calmada para que ella no se exalte, ni se ponga nerviosa de nuevo.

—Si.

Golpeo la mesa dos veces para que Joha sepa que la sospechosa va hablar y que tome nota, ella nos observa a través de cierto espejo atrás de mí. Dónde no se observa nada del otro lado.

—Bien. ¿Cómo se llama la chica a la que le tocaba el turno de hoy?

—Gabriela.

—Dijiste que se fue porque no se sentía bien, ¿ella se fue temprano?

—Nosotras tenemos una casa más delante, esa es la casa donde nos quedamos cada que él viene. Por lo que ella se quedó en casa, fui a la casa principal temprano porque el señor siempre llega temprano.

—¿No había nadie en casa? ¿Fuiste la única que entro?

—Solo los guardias que custodian la puerta trasera ya habían intentado matarlo varias veces por aquella puerta por lo que solo hay guardias atrás. Así que tomo cartas en el asunto y siempre dejaba guardias detrás de la casa.

—¿Guardias? No había guardias en la casa, los únicos que estaban allí solo eras tu y Alexander.

—No, lo había. —insiste con firmeza—Pero el señor era muy desconfiado últimamente por lo que cada que se quedaba en esa casa ponía a guardias diferentes. Cuando entre a la casa principal no preste atención a los guardias porque siempre eran diferentes cada día.

—¿Escuchaste o viste algo extraño?

—No vi nada extraño. Tampoco se podía escuchar algo, el señor dijo que tenía una reunión por lo que fue a la sala y todos sabemos que cuando hay reuniones de su trabajo nadie interrumpe. No tenemos permitido ni siquiera rondar por la zona dónde él esté en reuniones.

—¿Sabes si tuvo visitas de alguien sospechoso? ¿Quién lo quería muerto?

—No —dice bajando la mirada al piso.

—Bien —estoy a punto de levantarme—. ¿Sabes la dirección de la casa de Gabriela?

—Sí —Le paso la libreta y el plumón, anota la dirección y me pasa la libreta.

—Gracias, Cristina.

—¿No saldré de aquí? —pregunta a punto de ponerse a llorar otra vez.

—Intenta ayudar realmente y luego me cuestionas eso.

Al salir, Johana me lanza una lluvia de preguntas. La alejo de mí, demasiado cerca y demasiado insistente.

—Cállate.

—Ya, me callo. Cuéntame ¿ella se quedará aquí?

—Sí, ella está ocultando algo y voy a descubrir que es. Dile a Bastián que de permiso para revisar la casa principal y la trasera.

Alejándome de la sala de interrogatorio, proceso las palabras de Cristina. La coherencia de sus respuestas no termina de cuadrar, y noto la tensión en sus manos temblorosas sobre el regazo. Cada detalle que dice, cada justificación, es una pieza más que debo verificar; cualquier error o contradicción podría ser clave para entender qué realmente pasó esa mañana.