Caminando a tu Lado.

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Summary

Grace Bauer y Karem Lorens, dos jóvenes de unos 22 años, provienen de mundos opuestos. Grace, hija del Primer Ministro del Reino de Cambell, representa la cuna de oro y el linaje noble. Karem, por otro lado, es una plebeya que logró estudiar en la misma academia gracias a una beca inclusiva, diseñada para apoyar el talento de los menos afortunados. Recientemente, Karem ha ascendido al título de Lady en reconocimiento a sus valiosos servicios a la familia Bauer y sus significativas contribuciones al reino. A pesar de este nuevo estatus, continúa sirviendo a la Señorita Grace con la misma devoción y eficacia de siempre. Grace, aunque notablemente pedante, arrogante y caprichosa, ha logrado tocar los sentimientos más profundos de Karem. Esta última, perdidamente enamorada de Grace, nunca ha ocultado sus verdaderos sentimientos. Por su parte, Grace, a pesar de su superficialidad, jamás admitiría lo indispensable que se ha vuelto Karem en su vida, aun cuando su posición actual las obliga a mantener una distancia frente al turbulento peso que ambas cargan.

Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Un día más o un día menos.

En una tarde tranquila, a la hora del té, como siempre, Grace estaba sentada en la glorieta con su impetuosa elegancia, absorta en las páginas de uno de sus libros, mientras Karem le servía el té.

—Señorita Grace, su té... —dijo Karem, haciendo una reverencia antes de colocarse detrás de ella en silencio.

—¡Gracias! Siempre tan diligente... —respondió Grace.

—Siempre es un honor servirle... —comenzó Karem, pero Grace la interrumpió.

—¡No vayas a empezar con tus tonterías!

Karem sonrió con picardía y musitó:

—¡Vaya! Debería darme un poco de crédito al menos; me estoy portando bien...

—Claro, la reina de la imprudencia, ¿no? —dijo Grace.

Karem soltó una carcajada:

—Bueno, debo al menos intentarlo. Y aunque lo niegue, señorita, en el fondo es lo que le gusta...

—Pero... ¿tú de qué vas? —exclamó Grace con fingida indignación, frunciendo ligeramente el ceño—. Diligente, imprudente, atrevida y subida de tono... Nunca cambias, ¿eh?

Karem solo sonrió. Su relación era extraña, diferente a cualquier otra. Karem había crecido como plebeya, sirvienta de la mujer de la que estaba enamorada, pero nunca se abstenía de decir lo que pensaba o sentía. Al principio, Grace la encontraba irritante, y a veces aún lo hacía, pero con el tiempo habían aprendido a entenderse y a lidiar con esas trivialidades. En la Academia también enseñaban a los nobles a defenderse y pelear; Karem destacaba en ello, y su objetivo siempre fue proteger a Grace. Sin embargo, Grace tampoco se quedaba atrás: incluso había llegado a salvar a Karem en ciertas circunstancias.

Terminada la hora del té, Grace cerró el libro, lo posó sobre su pecho y caminó hacia la mansión.

—Prepara el baño, por favor... Y esta noche cenaré en mi habitación —le indicó.

Karem asintió suavemente, incrédula y preocupada. ¿Algo le ocurre? pensó. Es más difícil hablar con ella cuando es amable que cuando está con su habitual actitud de superioridad.

Sin mediar más palabras, Karem la siguió a distancia prudente, observándola atentamente como si intentara descifrar qué la preocupa. Preparó el baño y, una vez listo, ambas ingresaron. Karem aseaba devotamente el cuerpo de Grace. Aunque ya estaban acostumbradas a esa rutina, no dejaba de ser vergonzosa, sobre todo para Grace, cuyo rostro se tornaba rojo mientras permanecía en silencio. Por último, Karem colocó shampoo en su cabello y lo masajeó suavemente.

—Suspiro... Parece que lo único que te relaja es cuando lavo tu cabello—dijo Karem.

Grace se sonrojó aún más, pero solo asintió sutilmente.

—Señorita Grace... Debo disculparme, pero... ¿puedo ayudarle con algo? —preguntó Karem.

Grace bufó exasperada, aunque sin veneno, más bien con aburrimiento:

—Ahí vas de nuevo, ¿eh? Metiendo las narices en asuntos que no te competen.

—Sabe perfectamente que me preocupo por usted. ¿Es acaso tan difícil de entender después de tantos años a su servicio?

—No... No lo es, pero tampoco aprendes, ¿no? —Grace soltó una risa divertida, aligerando la tensión—. Supongo que es parte del paquete. No puedes ser solo eficiente, también deben haber defectos de fábrica, ¿eh?

Karem sonrió:

—Si preocuparme por usted significa ser entrometida, lo soy. Y si lo ve como un defecto, lo acepto.

—¡Tonta! ¿Sabías que eres una completa tonta?

De espaldas, la mirada de Grace se volvió triste y melancólica; sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas.

—Bueno, acepto su cumplido, señorita. Soy una tonta, pero en serio quiero ayudarla...

—¡No puedes!

Los puños de Karem se cerraron con fuerza, denotando frustración:

—¿Por qué? ¿Por qué no puedo?

Grace se levantó violentamente de la bañera:

—Porque no, y punto... Ahora no más del tema. ¿Te queda claro?

—Como el agua... Pero cuando guarde su orgullo y su terquedad, entenderá que puede aligerar sus cargas apoyándose en quienes la aprecian.

—Y nunca puedes callarte, ¿verdad?

Las lágrimas finalmente cayeron, mezclándose con el agua.

—Y no lo haré nunca. Dejarse ver vulnerable no es un delito.

—Quizás no, pero es un lujo que no puedo permitirme, menos aún delante de mis sirvientes —Grace la detuvo antes de que Karem pudiera consolarla—. ¡Vete! Yo me secaré y vestiré sola.

Karem se alejó en silencio. Grace, al quedar sola, se derrumbó llorando desconsolada. Soy una noble, no puedo entrar en su juego de fantasía... pensaba. Si le dijera que quizás ya no nos veamos, la destruiría.

Grace seguía absorta en sus pensamientos, contradiciendo sus sentimientos, negándolos como lo había estado haciendo por años, reprimiendo lo que quería y sentía, frente a lo que debía y podía hacer y sentir.

Mientras tanto, Karem se dispuso a arreglarse y continuar preparando la cena, frustrada, aún preocupada y distraída. ¿Lloraba? ¿Por qué lloraba? No puede ser tan necia siempre. Cada vez me siento más lejos de ella. ¿Qué tan difícil puede ser? No es como si nunca hubiéramos hablado y compartido cosas importantes. Lo preocupante es que es algo que no puede o no se atreve a decir. ¿Por qué?

El tiempo pasó, pesado, silencioso y tortuoso para ambas. Karem tocó la puerta de la habitación de Grace:

—¡Señorita! ¿Puedo entrar? Su cena está lista...

—¡Adelante!

Karem entró con profesionalismo y solicitud, notando los ojos enrojecidos e hinchados de Grace. Desvió instintivamente la mirada, sabiendo que sus expresiones serían demasiado transparentes.

—¡Gracias! —dijo Grace.

—Vendré en cuanto termine, señorita.

Cuando se disponía a marcharse, Grace tomó su brazo para detenerla —un gesto sin verdadera fuerza, pero suficiente para hacerlo—. Rápidamente la soltó, bajó la mirada y musitó:

—¿Puedes quedarte?... Por favor.

Las palabras salieron atropelladas, casi vacilantes, como si luchara entre decirlas o no.

—¿Mmm?... Pensé que... que no quería verme. Mi insolencia fue demasiado lejos hoy... Pero... si es lo que desea, señorita —respondió Karem.

—Sí. Definitivamente... Eres una insolente... Pero no quiero comer sola... ¿Me acompañas?

Karem se invadió de alegría; su rostro se iluminó de felicidad y asintió. Ambas comieron en la misma mesa, y al final resultó ser una cena reconfortante y amena. Cuando Karem limpió y recogió todo, Grace se mantuvo sentada. Antes de que saliera de la habitación, Grace le dijo:

—Termina tus quehaceres y ven aquí de nuevo, ¿de acuerdo?

Karem se volteó a mirarla un poco sorprendida y asintió, dispuesta a cumplir su petición. Cuando volvió:

—Con permiso, señorita.

—Por favor entra, antes de que cambie de opinión.

—¿Necesita algo más antes de irse a dormir?

—Básicamente quería... disculparme por lo de antes. No es algo propio de mí, y aunque sé que está de más en decirlo, espero que eso no salga de aquí, ¿comprendes? Y no es que tenga que disculparme contigo ni con nadie, pero... quería hacerlo, es todo.

—Comprendo, señorita. Y por supuesto que no debe ofrecer sus disculpas a una simple sirvienta; es un desperdicio, lo sé —dijo Karem.

—No... no es lo que quise decir. Después de todo fuimos a la misma academia, y sé que has estado a mi lado mucho tiempo, y... escucha muy bien, porque no pienso repetirlo... Valoro eso, mucho: tu compañía, tu servicio, tu devoción y dedicación, tu amistad. Aunque la adornes con fantasías y tonterías absurdas, lo valoro. Es todo.

Grace quiso aligerar el ambiente nuevamente, un poco contenida y avergonzada, pero cargada de sinceridad genuina.

—¡Gracias! Significa mucho, señorita. Pero... lo sabía toda la academia, lo sabe todo el reino de Cambell y, sobre todo, lo sabe usted... Ese adorno que usted dice se llama amor. Y sí, es una fantasía, es platónico, inapropiado y todo lo que usted quiera, pero... no pienso disfrazarlo de otra cosa que no es, y nunca lo negaré aunque usted jamás me corresponda. Si eso era todo... me retiro...

—Suspira... Otra vez con eso ¿eh? Y... ¿qué pasa? ¿Hoy no me pedirás dormir conmigo?

—¡Oh! Pues... nunca me deja.

—¿O sea que ya te rendiste?

—¿Mmm?... No lo sé... Quizás... ¿La respuesta de hoy es diferente?

Grace soltó una carcajada:

—Quizás... Pero lo dudo...

—Suspira resignada. En ese caso iré a mi habitación.

—Entonces... ¿si? ¿Te rendiste?

—Eso la haría feliz, ¿verdad? Entonces sí...

—Yo también me rendí...

—¿A qué se refiere?

—Que hoy no quiero dormir sola. ¡Quédate!...

La sorpresa invadió el rostro de Karem. ¿Acaso me toma el pelo? ¿Es una trampa? ¿Una prueba? Sin embargo, saltó de emoción:

—¿En serio?

Con la cara tornándose de un rojo carmesí, Grace asintió y exclamó:

—Sí... Pero te lo advierto... No intentes nada raro, ¿ok?

Brincando y bailando de emoción, Karem sujetó las manos de Grace haciéndola girar con ella. Ambas se rieron; el ambiente estaba distendido y más ligero. Se prepararon para dormir, cada una en un lado de la cama.

—¡Gracias! —dijo Grace.

—Soy yo quien debe agradecerle.

—¡Buenas noches, Karem!

—¡Buenas noches, señorita Grace!

Grace dio la espalda, abrigándose mientras se abrazaba a sí misma. Karem, feliz, se dejó llevar por el sueño con una sonrisa en el rostro. En medio de la noche, entre sueños, sostuvo la mano de Grace —un gesto de confort y calidez—, y Grace por primera vez se dejó proteger: giró dormida, abrazando la cintura de Karem y reposando la cabeza en su hombro. La paz parecía haber llegado en ese momento.

Pero a la mañana siguiente, la tormenta estaba a punto de tocar a su puerta. Grace abrió los ojos lentamente al notar su posición; un rojo carmesí invadió su rostro. Se permitió admirar la cara de Karem aún dormida antes de exaltarse sutilmente, despertándola. Karem se frotó los ojos suavemente y, con su voz ronca entre un ligero bostezo, musitó:

—¡Buenos días, señorita Grace! ¿Está bien?

—Bu... bu... ¡Buenos días!... Mmm... ¿No hiciste nada raro? ¿Verdad?

—¿Mmm?... Tengo muchas ideas de lo que se refiere, pero... no... —Karem soltó una carcajada—. ¿Esperaba que hiciera algo más que solo dormir?

—Pero qué... ¡Claro que no! Pero qué atrevida... Definitivamente eres incorregible. ¡Vamos ya!...

Entre las risas y los coqueteos disimulados de Karem, y la fingida indignación y el rubor violento de Grace, se dispusieron a empezar su día. Ya en el comedor, tomando el desayuno, apareció el padre de Grace, el Primer Ministro Robert, entrando impacible e imponente. Todo el personal, incluyendo a Karem, hizo reverencia ante su entrada. Éste aclaró su garganta y se sentó en la cabecera de la mesa:

—¡Buenos días, hija!

—¡Buenos días, padre!

Esas palabras cordiales llenaron el comedor; no eran muy frecuentes las veces que Grace y su padre compartían la mesa. Al finalizar la comida, el ministro rompió el silencio con un anuncio breve:

—Grace, llegarán pronto el príncipe Luis, el príncipe Victor y el príncipe Andrés. Los recibiremos en breve.

Con sorpresa y melancolía, Grace asintió:

—¡Por supuesto, padre!

Karem se sorprendió, pero continuó con sus deberes, ajena a lo que se aproximaba, aunque no pudo evitar pensar: ¿Cuál sería el motivo de la visita de los príncipes en la casa del ministro?

—¡Muy bien! Entonces vamos a la sala, Grace —dijo Robert.

Grace se adelantó antes de revelar demasiado a Karem:

—Karem, quizás sea una buena idea que te tomes el día. No hay mucho que hacer hoy; aprovecha para hacer tus cosas en el pueblo y vuelve para la cena. ¿Vale?

Grace le ofreció una sonrisa. Karem la devolvió, pero pensó: ¿Irme? ¿Por qué? ¿Son cosas mías o me quiere apartar por algo?

Sacudió la cabeza como desvaneciendo sus pensamientos y preguntó:

—Señorita Grace, ¿segura de que no me necesita?

—Está bien, Karem, ve...

El ministro aclaró su garganta y susurró:

—¡Vamos, muchacha! Sal, aprovecha; mi hija te está concediendo un descanso extra, ¿eh? Además, puedes visitar a esa novia que dicen por ahí que tienes...

El ministro sonrió y le guiñó un ojo a Karem. Después de años, ella era una persona de confianza en la familia y se había ganado el respeto de todos, incluyendo el de él. Pero no sabía que esas palabras habían llegado al corazón de Grace como una puñalada hiriente y dolorosa, que fingió no sentir.

—¿Novia? Te lo tenías guardado, Karem... Pero me alegro mucho por ti... Así que ve tranquila...

Las manos y la cabeza de Karem se agitaban en señal de negación, pero Grace no dio oportunidad de escuchar nada más y se dirigió enseguida a la sala. Karem no tuvo más remedio que ir a cambiarse para salir.

Los príncipes llegaron y besaron uno a uno la mano de Grace antes de tomar asiento para iniciar la conversación. Karem se disponía a irse al pueblo y escuchó las voces de los príncipes, con los que tenía buena relación desde la academia:

—Príncipes, bienvenidos. Por favor, esta es su casa; es un gran honor recibirlos. El Rey Arthur ya me presentó sus referencias para dar inicio a los cortejos a mi hija —anunció Robert.

Karem, detrás de las paredes, se quedó helada. ¿Cortejos? ¿Empezarán a cortejarla? Compromiso... Su mente viajó a mil por hora, su corazón se rompió, las lágrimas salieron y solo pudo correr a la salida trasera, entendiendo por qué la señorita Grace la quería fuera de casa. ¿Quiere decir esto que ahora estarán más lejos?

Por otro lado, Grace solo pudo sonreír y asentir, fingiendo agrado ante tal acto impuesto. Aunque el reino era moderno y actualizado en sus reglas, aún no estaba bien visto las relaciones entre personas del mismo sexo, menos aún dentro de la nobleza. Aunque fuera de ese mundo era plenamente normal, pero allí no había sido aprobado.

Mientras Karem corría fuera, una pregunta invadió su mente: Entonces... ¿hoy ha sido un día más a su lado, o un día menos?