SEMBRANDO AMOR EN TIERRA HERIDA // KAISOO

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Summary

Inspirada en la canción: Aliado del tiempo - Mariano Barba Descripción: Kyungsoo un hombre que había sufrido abuso doméstico hasta que fue comprado por Jongin, un hombre 10 años mayor que él. ¿Será un problema o una solución? =•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=• ⚠️ ACLARACIÓN ⚠️ Kyungsoo = 20 años Jongin = 30 años En esta historia no se romantiza, ni se toma como referencia la pederastia ni la pedofilia. =•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=•=• 🟣 Todas las historias públicadas en este perfil son nacidas desde mi imaginación e interpretación en cada canción en la cual me inspiró. Love uuu~

Genre
Lgbtq/Romance
Author
JELLNG
Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

El último día en casa

Las granjas solían ser rústicas. Contaban con pocas horas de energía y todo era sumamente orgánico. Algunos campesinos lograban aquello con fertilizantes naturales como las heces de las vacas, trabajo que Kyungsoo odiaba hacer. Levantar mierda de vaca no era uno de sus trabajos favoritos; sin embargo, para sus padres era lo mínimo que podía hacer al no conseguir un esposo para dejar aquella casa. Todos sus hermanos habían conseguido maridos sin haberlos vuelto a ver. Tampoco era como si a sus padres les importara demasiado; solo faltaba él.

Vivían en campos con mucha vegetación. Era un lugar solitario, con muchas horas de sol. Su casa era de madera, hecha por su padre, quien atendía cada problema del hogar. Las cocinas eran viejas y anticuadas; todo se hacía al momento y no existían más cosas que pudieran tener que no obtuvieran del campo, salvo algunas que otras que el padre de Kyungsoo solía comprar en la ciudad más cercana, a unas horas de distancia.

Kyungsoo a veces se preguntaba si eso era realmente una vida.

Su padre era un señor educado a la antigua, un machista de mierda que solo ordenaba y mandaba en todos lados, un completo idiota. Por otro lado, su madre, aunque era dulce y amorosa con él, no dejaba de ser una persona manipulada por su padre. Lo único que Kyungsoo podía agradecerle era que había rechazado las ofertas de algunos hombres que solían ser viejos asquerosos.

Aunque eso hubiera provocado, en muchísimas ocasiones, la ira de su padre.

Y aunque a veces Kyungsoo deseaba irse con alguien, no precisamente con cualquiera que le diera un caballo por él a su padre, sino con un buen hombre, uno trabajador y amable. Al menos era algo que sí anhelaba tener, pero siendo sinceros, muy dentro de él sabía que eso jamás pasaría.

El día estaba cayendo y, para su desgracia, la vaca que estaba ordeñando de repente, por un mal tirón en su ubre, lo tiró de un golpe. Cayó en estiércol y, enojado, no tuvo de otra que ir hacia el río más cercano a su casa.

Dejó el balde de leche en la corriente y lo tapó con algunas hojas que encontró. Eso ayudaría a que el agua fría mantuviera la leche fresca para poder llevarla de regreso a la granja.

Sabía que casi nadie vivía por ahí. Los demás ranchos estaban alejados por muchísimos kilómetros, así que sin pensarlo simplemente comenzó a desvestirse. Quedó desnudo rápidamente al bajar su overol, los calzoncillos y quitarse la camisa sucia que llevaba consigo. Lograría lavarla ahí o al menos quitar la mayor parte de la suciedad en el agua del río.

Se despojó de sus botas y, en cuanto estuvo listo, se adentró al agua fría y refrescante. Hacía un poco de calor y aquello le brindaba alivio al bochorno que sentía. Frotó su piel lechosa y sucia con el agua que poco a poco lo limpiaba. Lavó su rostro y observó cómo el agua cristalina fluía dejando ver algunos pececillos pequeños y uno que otro camarón.

Frotó su cabello y se sintió limpio. Cuando terminó, procedió a limpiar su ropa mientras permanecía en el río. Exprimió lo más que pudo sus prendas y las dejó sobre las piedras para que se secaran. Luego simplemente siguió jugando con el agua y nadando un poco.

Pasaron cerca de dos horas y el viento empezó a soplar cuando la tarde comenzaba a caer. Kyungsoo salió del agua y se alegró de que su ropa al menos no estuviera tan húmeda como imaginaba. No le quedó de otra que ponérsela y comenzar el camino de regreso.

Sus sentidos se agudizaron al momento de terminar de vestirse.

Un relincho.

Kyungsoo se quedó completamente quieto.

El sonido venía de no muy lejos. Eso solo podía significar dos cosas: o su padre había ido a buscarlo o había alguien más merodeando por la zona. Su padre, en diversas ocasiones, había perseguido a algunos hombres por entrar en su propiedad sin permiso.

Pero el río no era propiedad de su padre.

Eso significaba que podía ser cualquiera.

Con cuidado se acercó a la orilla y sacó el balde de leche de la corriente. El metal estaba frío gracias al agua del río, lo cual era buena señal, pero en ese momento apenas podía concentrarse en eso.

Volvió a escuchar el resoplido del caballo.

Más cerca esta vez.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Con el balde sujeto con ambas manos caminó unos pasos para marcharse de allí, pero algo lo hizo mirar hacia atrás.

Entre los árboles, a unos metros del río, había un hombre montado a caballo.

Alto.

Incluso a la distancia su presencia era imponente. Su piel morena contrastaba con la luz dorada del atardecer que se filtraba entre las hojas. Kyungsoo no podía distinguir bien su rostro desde donde estaba, pero había algo en él que le resultaba extrañamente familiar.

El caballo pateó ligeramente el suelo.

El hombre lo estaba observando.

Kyungsoo sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí ni cuánto había visto.

Tragó saliva y bajó la mirada rápidamente, sintiendo una mezcla de vergüenza y nerviosismo. Después de todo, hacía apenas unos minutos había estado completamente desnudo en el río.

Sin pensarlo más, comenzó a caminar lo más rápido que pudo de regreso al camino.

No corrió, pero tampoco miró hacia atrás.

Después de unos segundos escuchó el sonido del caballo moverse.

Kyungsoo apretó más fuerte el balde de leche.

Pero el sonido se fue alejando.

Cuando finalmente se atrevió a mirar de reojo, el hombre ya estaba montando su caballo y se marchaba en dirección opuesta, perdiéndose entre los árboles.

Kyungsoo dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo. Probablemente solo era algún viajero que había llevado a su caballo al río. Intentó convencerse de eso mientras retomaba el camino a casa.

Aunque no pudo evitar pensar que aquellos ojos —aunque apenas los había visto— parecían haberlo reconocido.

Cuando llegó a su casa, su padre ya lo estaba esperando, visiblemente enojado.

—¡¿Dónde carajos estabas, Kyungsoo?!

El hombre lo tomó por los cabellos, derramando parte de la leche que Kyungsoo llevaba en el balde, y lo empujó hacia el interior de la casa.

Kyungsoo dejó el balde a un lado, pero su padre lo abofeteó frente a su madre, quien observaba la escena con lágrimas en los ojos. Kyungsoo cayó nuevamente y pidió disculpas por haber llegado tarde.

Su madre lo tomó con cuidado y lo llevó hacia la cocina, todo bajo la mirada severa del señor del hogar.

Entonces ella comenzó a llorar.

Kyungsoo la miró confundido mientras tomaba un trapo húmedo y frío para su mejilla. Fue entonces cuando su madre habló entre sollozos.

—Mañana vendrá alguien por ti, Kyungsoo. Tu padre pensó que te habías escapado y por eso reaccionó así, hijo.

Esas palabras dolieron más que la cachetada.

—Mamá… yo no quiero. Por favor, no me obliguen a eso —rogó Kyungsoo.

Pero sus súplicas no sirvieron.

—Tu padre ya hizo el intercambio. El señor vendrá a primera hora por ti. Esta vez no pude hacer nada… perdóname, mi amor.

La mujer tomó sus manos y las besó con dolor. El destino de Kyungsoo ya estaba sellado.

Kyungsoo miró por la ventana de la cocina mientras el sol caía lentamente. El tono anaranjado iluminaba el hogar mientras su madre terminaba de preparar la cena. Observó todo con atención, como si quisiera grabar cada detalle en su memoria.

Sabía que extrañaría ver los rábanos y las patatas en la cocina de su madre.

Había aprendido bien de ella, después de todo lo habían preparado para ser un buen esposo algún día. Su vida parecía resumirse solo a eso.

La ropa húmeda, el trabajo duro y los maltratos eran lo único que conocía.

Le dio un beso a su madre antes de subir a su habitación.

Su mejilla seguía enrojecida y la ropa comenzaba a incomodarlo. Cuando bajó nuevamente, ya vestido con ropa seca y zapatos, ayudó a su madre a poner la mesa. Había preparado puré de camote con espárragos y un trozo de carne.

Comieron en silencio hasta que su padre habló.

—Kyungsoo, empaca todas tus cosas. Mañana vendrá un señor por ti para llevarte con él. A partir de mañana será tu esposo.

Después de decir aquello sin ningún rastro de emoción, siguió comiendo.

—Sí, padre —respondió Kyungsoo.

El nudo en su garganta le impedía hablar con normalidad.

Al terminar de cenar subió a su habitación, donde ya lo esperaban dos baúles para guardar sus pocas pertenencias. Abrió su ropero y comenzó a doblar sus prendas con cuidado. Guardó una foto de su madre y sus únicos dos pares de zapatos.

La habitación quedó vacía demasiado rápido.

Se sentó en la cama y encendió la pequeña lámpara de fuego. La luz pronto desaparecería y debía asegurarse de no dejar nada atrás, pues sabía que su padre tiraría cualquier cosa que encontrara.

Guardó también una cadena de oro que su madre le había regalado con mucho esfuerzo. Todos sus hermanos tenían una igual.

A veces extrañaba a Baekhyun, el mayor. Fue el primero en irse cuando lo casaron.

Luego se fue Suho.

Kyungsoo siempre supo que, por ser el menor, sería el último.

Cuando Suho cruzó la puerta por última vez, entendió que su turno llegaría tarde o temprano.

Se recostó en la cama mirando el techo de madera. Su padre lo había vendido, mañana un hombre vendría por él. Un completo desconocido que, a partir de entonces, sería su esposo.

Cerró los ojos lentamente, intentando imaginar cómo sería aquel hombre.

Pero lo único que apareció en su mente fue la silueta del jinete entre los árboles junto al río.

Aquella mirada silenciosa.

La llama de la lámpara tembló suavemente.

Afuera el viento soplaba sobre los campos.

Y Kyungsoo entendió que aquella sería su última noche en casa.