La danza del amor

Summary

Operación Triunfo 2025 es mucho más que un concurso. Sara Cárdenas tiene el talento, la actitud y el carácter para incendiar el escenario... y también a quien se cruce en su camino. Guillermo Toledano lo sabe. Por eso la provoca. Por eso la busca. Por eso no puede dejar de mirarla, aunque se juren odio con cada palabra. Unos dicen que entre ellos hay química. Otros, que se odian. Pero... ¿qué pasará cuando el fuego y la pólvora se encuentren dentro de la academia?

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

15 de Octubre de 2021


El orfanato era demasiado frío en invierno y la soledad era nuestra única compañera. Con el tiempo aprendí a asociar aquello con la palabra hogar. La habitación de Sofía era pequeña, apenas cabían las dos camas y un respirador que soltaba un sonido monótono, constante, como un reloj que marcaba el paso del tiempo... hacia el final.


Ella estaba recostada, con la piel tan pálida que parecía transparente. Los electrodos le dibujaban un mapa sobre el pecho, y cada vez que respiraba, el pecho subía y bajaba con esfuerzo. Me dolía tanto verla... Aun así, cuando me miraba, sonreía. Siempre sonreía.


Yo, en cambio, estaba frente al caballete, intentando terminar el retrato que había empezado hacía dos días. El pincel temblaba en mi mano, y los trazos salían cada vez más irregulares.


—¿Crees que mamá nos verá desde arriba? —preguntó Sofía con voz débil, apenas un susurro.


Tragué saliva. A veces hablaba como si aún esperara una respuesta real, como si mamá pudiera oírla desde algún lugar.


—Claro que sí —le respondí, sin mirarla—. Mamá no nos abandonaría.


—¿Y tú? —preguntó, con esa pena en los ojos que me rompía en mil pedazos.


Solté el pincel y me giré hacia ella. Tenía los labios secos, la mirada brillante, y aun así seguía siendo la persona más hermosa del mundo.


—Yo nunca te dejaría —admití. Luego cerré los ojos, dejando que mis pensamientos tomaran rienda suelta—. Tal vez mamá me habría ayudado a cumplir mi sueño.


—¿Ser cantante? —susurró.


Asentí.


—Ella lo habría hecho. Habría vendido todo, habría movido cielo y tierra por verte en un escenario —dijo Sofía, con una sonrisa.


Me acerqué a su cama y me senté a su lado. Le tomé la mano. Tenía los dedos fríos.


—Tienes que prometerme algo, Sara —dijo entonces, con la voz un poco más firme—. Prométeme que vas a cantar. Que vas a cumplirlo, por las dos.


No pude hablar al principio. El nudo en la garganta me ahogaba. Solo apreté su mano con fuerza, como si pudiera retenerla un poco más.


—Te lo prometo —murmuré al fin.


Ella cerró los ojos. El respirador siguió marcando el compás, lento, irregular. Afuera, el viento golpeaba los cristales, y una hoja seca se pegó al marco de la ventana.


Volví al caballete, pero ya no pude seguir pintando. Me quedé mirando el retrato a medio hacer, los ojos de Sofía incompletos, suspendidos en el lienzo.


Esa noche supe que la estaba perdiendo.


Y que, aunque todo en mí se rompía, no pensaba fallarle.