Capítulo 1
1
– Nunca viene a ningún evento de estos sin ella – escucho a una de las mujeres que está junto a la fotografía en blanco y negro de un anciano observando un juego de ajedrez. Está cuchicheando con otra igual de delgada que ella. Probablemente se ofendieron por el olor a hamburguesa del paquete que llevo en mis manos.
Parecen el tipo de chicas cuya única ocupación es asistir a su clase de pilates y tomar el té en la tarde para chismorrear.
– Es su asistente – responde la otra – Y el asegura que no salen juntos.
– De seguro cogen de vez en cuando – asegura su amiga.
Detesto a las personas que creen que nadie las está escuchando cuando hablan mal de los demás. Le echo un vistazo a Jake que está al otro lado de la sala de exposición con su cara impasible, mientras escucha atentamente hablar a uno de los empresarios más ricos de toda Inglaterra.
Jake siente mi mirada y mueve su cabeza ligeramente hacia donde estoy en una mesita individual con mi champaña y eso es todo. Bueno, mi jefe tiene la mirada desácame de aquíjusto como sospeché, así que no habrá problema que me saque una espinita antes de irnos.
– Oigan – me vuelvo hacia ellas con la copa en la mano. La rubia agranda los ojos y la castaña me observa con atención – Deberían probar las hamburguesas, de pronto eso ayudaría a que saliera ese palo que de seguro tienen metido en el culo – mi sonrisa se ensancha cuando ambas abren la boca ofendidas – Salud – bebo el ultimo sorbo de champaña y haciendo que vean mi paquete de tres mini hamburguesas que un camarero empacó para mí, camino hacia a Jake.
Me abro paso entre las personas vestidas en finos vestidos y trajes de marca. Jake debe empezar a aparecer en cuanto evento lo inviten, así que venir a una exposición de un fotógrafo prestigioso que en realidad no conoce, parecía buena idea esta mañana, hasta que me pidió como de costumbre, que viniera con el. Adiós a mi noche de cacería en un bar cualquiera del centro.
– Lamento interrumpir – hablo cuando al fin llego hasta ellos y me ubico junto a Jake mirando a Alexander James, financiero de renombre, CEO de la inmobiliaria más grande de Inglaterra y excompañero de universidad de Jake, y al que se niega admitir, que es uno de sus mejores amigos – Jake, mañana tienes entrevista temprano, creo que deberíamos irnos ya – observo a mi jefe con fingida pena.
Los ojos verdes esmeralda de Jake me devuelven la mirada sutil de complicidad y se vuelve hacia a Alexander.
– Mi asistente – me presenta ante el hombre – Elena, el es Alexander James
– Es un placer– le doy mi mano.
Jake se había negado a presentármelo hace tiempo y me pregunto por qué.
Alexander es un hombre atractivo de unos treinta y cinco y por al que la mitad de mujeres en la exposición de fotografía, quieren cogérselo, la otra mitad quiere cogerse a Jake y no quiero saber que porcentaje fantasea con los dos al mismo tiempo.
Su apretón es firme y cálido, lo que se espera de una persona que emana poder y atracción, supongo.
– El placer es completamente mío – el hombre me observa con sus ojos oscuros y analíticos. Tiene ese tipo de voz pausada y grave, como la que imaginarías que usaría un depredador para seducirte y llevarte hasta su guarida – Jake ha dicho algunas cosas sobre ti
– ¿Eso ha hecho? – me vuelvo hacia a Jake que me observa con una ceja enarcada.
Jake es alto, el color de su cabello es igual que el de la arena mojada, músculos tonificados y del tamaño correcto, con un abdomen de lavadero que es la imagen de fondo de pantalla de medio planeta. Una revista lo llamó el Henry Cavill rubio y eso estalló el internet, así que después de mover algunos hilos, en un evento logré que se juntaran y se tomaran una fotografía, lo que hizo que explotaran algunos ovarios, y tengo que admitir, que un poco los míos; pero no es solo eso, es excelente actuando, lo que lo convierte en uno de los actores jóvenes más cotizados del momento, su agenda está repleta de entrevistas, casas de moda que quieren tener un contrato con el o incluso empresarios como Alexander, que no descartan algún tipo de colaboración, como ofrecerle un pent-house en uno de sus edificios para llamar clientes, de hecho estoy casi segura que el lunes tendré en mi escritorio una nueva propuesta de su parte.
– De seguro se ha quejado de mi diciendo que soy su niñera.
– Y una muy eficiente de hecho – Alexander concuerda.
– No desperdicia un momento para quejarse – le sonrío a Alexander y el me devuelve la sonrisa. Su mirada me recorre el rostro y hace que me remueva un poco en mi lugar.
Hay algo en el, no se si es el cabello negro, del tipo que solo Dios sabe porque un hombre como el podría levantarse en la mañana y seguir teniéndolo igual de perfecto y sedoso, o es algo en su aura que hace que a pesar de que no se me mueva el piso al mirarlo, si haga que sienta que debería irme con el ahora mismo.
– Bueno, como has escuchado Alexander, debemos irnos – Jake me toma de la cintura pegándome un poco a su pecho. Veo un poco la confusión de Alexander en sus ojos pero se recupera rápido.
Juro que voy a arrancarle ese cabello de príncipe a Jake en cuanto subamos a su auto.
– Claro – Alexander le ofrece su mano a Jake y el la estrecha – Espero verte el próximo viernes, será divertido.
– Ahí estaré – Jake afirma. Tienen reunión de exalumnos de Oxford en la mansión de Alexander. Lo hacen cada año desde que se graduaron, aunque Jake no ejerza su título de administración de negocios.
– De verdad que fue un placer Elena – le ofrezco mi mano para despedirme y la toma, y para mi sorpresa, se la lleva a los labios.
No suelo sonrojarme con facilidad, no después del desastre de vida amorosa de mi vida anterior, sin embargo, esa energía atrayente que emana, podría hacer que entrara a mi sistema de no citas, aunque el que sea amigo de Jake puede que lo complique un poco.
– Bueno, te veo luego – Jake hace que nos alejemos a paso rápido de el y como de costumbre, nos ganamos algunas miradas.
– ¿Podrías dejar de arrastrarme por favor? – finjo una sonrisa cuando lo miro de soslayo.
– Si tenemos urgencia debe parecerlo – responde con voz plana.
– Al menos deja de tomarme de la cintura – susurro junto a el – Ya de por si creen que cogemos – me quejo.
Observo con una sonrisa descarada a las dos mujeres que dejé con la boca abierta hace un momento, y que no nos quitan los ojos de encima.
– ¿Qué pasó ahí por cierto? – pregunta siguiendo mi mirada.
– Nada – respondo inocentemente.
– No parece nada, esas chicas te miran como si quisieran matarte – esquivamos algunas personas con sus bebidas mientras observan los enormes retratos.
– Es el efecto que tengo en las personas cuando estoy cerca de ti – me quejo de nuevo. El agarre de Jake en mi cintura aumenta cuando un camarero casi baila frente a mi para esquivarnos.
– ¿Desde cuándo te importa lo que piensen los demás? – responde como si nada mientras esquivamos otro camarero con las minis hamburguesas que al parecer nadie quiere probar.
– Desde que me espantan los chicos – respondo cuando finalmente llegamos junto a la chica de la entrada, que en cuanto nos ve, va por nuestros abrigos e informa por radio al valet para que traigan el auto de Jake.
– Si te importa lo que opine Alexander, te aseguro que no cree que cojamos – me susurra en el oído y hace que se me tense todo el cuerpo.
– No lo digo por el – le sonrío y en un movimiento ensayado me alejo de el para que retire su mano de mi cintura.
– Pues el parece interesado – aprieta la mandíbula – Pero de una vez te advierto que mi círculo de amigos está prohibido.
– ¿De verdad? – respondo con fingida sorpresa y me acerco a el – ¿Como esa vez que te dije que mi amiga Julieth estaba prohibida y te acostaste con ella? – susurro bajito para que solo el me escuche.
Jake se tensa y se revuelve el cabello haciendo que le caiga mechón en la frente. Baja la vista hacia mí y me recorre el rostro con la mirada; mira mis labios unos segundos demás antes de llegar a mis ojos.
– Estaba ebrio – se encoge de hombros como si no fuera relevante – Sabes que hago cosas que no debo cuando bebo, por eso lo evito – me toca la punta de la nariz como sabe que odio que lo haga porque hace que sienta que habla con una niña pequeña.
– Su auto está afuera – la chica nos informa haciendo que me trague el vómito verbal que estaba a punto de echarle encima a Jake. Ella nos entrega nuestros abrigos y le sonríe a Jake sonrojada.
– Muchas gracias – el le sonríe y la chica parece a punto de hiperventilar y yo no la culpo. Si no fuera porque soy inmune a sus encantos, estaría frita y no tendría un trabajo que me gusta.
El se vuelve hacia mi sonriendo como el idiota que es y señala la puerta de salida para que pase primero. Pongo los ojos en blanco pero cruzo la puerta.
– ¡Es Jake Graham! – grita uno de los paparazis en cuanto pisamos la acera.
Los flashes me ciegan un poco algunos segundos. Esta vez agradezco el sutil tacto de Jake en mi brazo para guiarme hasta el auto.
– ¡Oye Elena, sonríe tu también! – le doy una pequeña sonrisa al camarógrafo solo porque ya lo conozco. Suelo contratarlo de vez en cuando para que le tome fotos a Jake en eventos.
– ¡¿Cuándo van a oficializar su relación?! – ahí está, el comentario que no falta cada vez que salgo a un evento con Jake.
– Es mi asistente, chicos – el valet le entrega las llaves a Jake y el abre la puerta de su Jaguar para mí.
Entro el auto e ignoro que le responde el paparazzi a Jake mientras el da la vuelta y entra al vehículo. Se quita el abrigo y la chaqueta y afloja la pajarita hasta que cae a los lados de su cuello.
Las cámaras nos toman otras fotografías mientras arranca y salimos a la carretera.
– Te he dicho que sería mejor que le pidas a alguna de tus amigas que venga contigo a estos eventos – me quito el abrigo y aliso mi vestido. Hoy he decido llevar un vestido de coctel negro ajustado, de tiras delgadas y el cabello castaño en ondas sueltas – No van a parar de suponerlo, además de que me hacen quedar como una idiota – saco el teléfono de mi bolso para revisar la agenda de Jake.
Mañana es sábado, no mentí cuando dije que tenía entrevista, solo que es a las nueve de la mañana, lo que puede considerarse temprano para Jake, al menos en fin de semana.
– Repito: ¿Desde cuándo te importa? – inquiere – Y no me vengas que es por los chicos, porque estoy seguro que al contrario, quieren tirársete encima – su tono de voz es molesto. De seguro don gracioso ya tiene sueño y está cabreado.
– No me importa – admito finalmente porque tiene razón, a los hombres no les importan esas cosas, los pocos que me han reconocido parece fascinarles más el hecho de acostarse con la misma mujer con la que se acuesta Jake Graham – Sin embargo, no es fácil que medio planeta, crea que soy tu comodín en las fiestas o el hecho de que soy la insufrible y famosa asistente que vive enamorada de su jefe.
– Bueno, así te aseguras que cuando aparezca el correcto no sea un idiota – responde mascullando de nuevo – Tengo hambre – cambia de tema de la nada – Conozco un restaurante aquí cerca.
– Claro que no, ha sido suficiente exposición pública, además llevo hamburguesas – señalo la bolsa en mis piernas – Y pienso comerlas frente a la televisión mientras respondo correos. La bandeja está llena, por cierto, mañana después de la entrevista con Calvin Klein tenemos que hablar sobre tu agenda de la otra semana.
– ¿Como cuantas hamburguesas llevas ahí? – pregunta como si no hubiera escuchado todo lo demás que le he dicho.
– Tres – respondo secamente mientras da la vuelta en una calle – Pero son pequeñas y no te voy a dar – sonrío como una chiquilla.
El me da una mirada rápida y alarga su mano hacia mi paquete.
– ¡Oye! – me quejo. Sus dedos rosan sin querer la piel desnuda de mi entrepierna arriba de la rodilla cuando toma el paquete, lo que me toma por sorpresa y hace que lo suelte. Algo se me mueve en el estómago.
¿Qué mierda ha sido eso?
– ¡Devuélvelo! – demando ignorando la sensación desconocida que ha hecho que se me caliente el pecho.
Dios. Llevo días sin sexo, quizás estoy sensible.
Debí haberle dicho que no a la exposición y haber ido a ese bar esta noche.
Jake coloca el paquete en sus piernas ignorando lo que sea que sus dedos acaban de causarle a mi cuerpo y su sonrisa llena de dientes blancos, le ilumina el rostro.
– Tienes dos opciones Elena – deja sobre el volante la mano en la que lleva un Rolex de veinticuatro mil libras que diseñó la marca exclusivamente para el – O compartes tus hamburguesas conmigo y ambos quedamos hambrientos o vienes conmigo al restaurante que te he dicho – me observa con su sonrisa juguetona.
Hace un momento estaba cabreado y ahora esta juguetón, a veces no puedo con sus estados de ánimo.
Lo miro a los ojos y después al paquete, pero es muy rápido así que cuando intento tomarlo, el lo aleja de mi hacia la puerta de su lado. Chasquea la lengua una vez.
– Harás que nos choquemos – me riñe. Dejo salir un gruñido por mera frustración.
– No creo que la asistente de Hugh Grant tenga que soportar que su jefe le robe la comida – me cruzo de brazos observando el frente. Hoy es un día sin lluvia y sin cielo nublado, algo casi inusual en Londres.
– Eso es porque Hugh no es tan cool como yo – me guiña un ojo – Pero está bien, te concedo no comer en el lugar, pero podríamos llevarlo a casa.
– Te refieres a tu casa – afirmo. Es su casa, una muy grande y donde me he quedado desde...bueno, siempre.
Hace dos años que soy su asistente, pero antes de que mi vida cambiara por completo, solía trabajar como asistente de mi exsuegro y vivía en un pent-house con mi prometido, con quién tenía una relación de más de un año y con quién estaba a punto de casarme, hasta que el día de la boda, antes de caminar al altar, decidió que no era lo que quería en realidad. Jamás me habían roto el corazón antes, era la primera vez que me enamoraba, me había dejado llevar por lo educado que era, su inteligencia y su atractivo encanto; era hijo de un magnate del mundo inmobiliario, digamos que por eso había reconocido a Alexander James cuando Jake lo mencionó la primera vez, porque era su competencia y Harry lo odiaba a muerte.
Harry tomaría la presidencia de la compañía a modo de herencia, como si fuera una corona, casi lo mismo que hizo Alexander, solo que en su caso, su padre falleció antes y tuvo que asumirla de manera premeditada, lo que de seguro fue para Harry, un golpe en las pelotas que yo disfrute bastante, pues fue un mes después de que nos separáramos.
Cuando lo dejamos, mi amiga Julieth me ofreció su apartamento para que me quedara cuanto quisiera, para siempre si era posible, pero entre sus compromisos como influencer y sus problemas de pareja con su novio Kevin, no quería ser una molestia, así que cuando una amiga suya le dijo que el representante de Jake Graham estaba buscando asistente para el, me permití ahogar mi depresión con alcohol una sola noche y me presenté a una entrevista y obtuve el puesto, a Jake le agradó la idea de que no se me hicieran agua los pantalones frente a el, tenía el corazón roto y había decido que los hombres no volverían a afectarme de esa manera, así que me ofreció su casa como parte del contrato como su asistente de tiempo completo. Así que sí, vivía con mi jefe en una enorme casa, porque se negaba a vivir en un apartamento y se podría decir que tenía casi toda un ala de la casa para mi sola, mientras el, se quedaba en su lado de la casa.
Jake frunce el ceño de esa manera que siempre hace cuando me refiero que donde vivimos es su casa.
– Esta bien – respondo por vencida, antes de que me suelte una retahíla de que también es mi casa mientras viva ahí. Tengo hambre y se exactamente a cual restaurante se refiere – Quiero las pastas de la casa y una limonada.
– Ni siquiera sabes cual restaurante es... - cruza en la calle a la izquierda.
– Adoras las pastas deAve Mario- dejo de mirar por la ventana y lo observo con una sonrisa de satisfacción.
– A veces creo que eres bruja – se queja pero la curva de sus labios hace que aparezca el hoyuelo en su mejilla.
– Eso, o que te conozco lo suficiente – enarco una ceja.
– No creo que lo suficiente – acelera el auto unos metros y frena de repente, haciendo que las llantas del auto suenen y me sobresalte y ahogue un grito.
– Eres un idiota – chillo.
Jake chasquea la lengua varias veces mientras se quita el cinturón.
– No creo que Hugh Grant tenga que soportar la boca sucia de su asistente – le pinto un dedo en respuesta y con esa risa suya que me golpea en el pecho, sale del auto llevándose el paquete de hamburguesas con el.
Imbécil
Mientras me quedo sentada dentro de la comodidad de su auto, lo observo mientras camina hacia la entrada de su restaurante favorito, da cada paso como si la calle le perteneciera. El chico de la entrada del restaurante parece reconocerlo de inmediato. Jake no se ha molestado en organizarse la camisa ni el cabello, al contrario, se ha abierto un poco más la camisa, lo que le da ese aspecto desalineado y que le queda tan bien.
Sabe que no hay fotógrafos cerca, no es un restaurante famoso, aunque sea uno de los mejores, pero no tiene las estrellas Michelin de los que en los fotógrafos suelen estar.
Jake vuelve de regreso al auto y cierra la puerta del golpe.
– Listo – se vuelve hacia a mi – En unos minutos lo traerán – mira la bolsa con las hamburguesas, saca una y la observa – No puedo creer que estuvieras peleando por esto.
No sé quién carajos hizo las hamburguesas, pero son una tercera parte de una normal, casi una pequeña obra de arte. Jake se mete una a la boca sin reparo en un solo mordisco.
– ¿Piensas comértelas solo? – lo miro con la boca abierta.
– Tu comerás pasta – habla con la boca llena, ni siquiera se molesta en tragar primero. Si sus fans lo vieran de esta forma...
– Eres un niño – lo fulmino con la mirada
– Y tu eres avariciosa – se mete otra hamburguesa a la boca sin quitarme los ojos de encima – Pero, ¿sabes qué?, a diferencia tuya, yo si comparto, así que toma – me lanza la bolsa de papel sin nada de delicadeza.
Lo atrapo en el aire y miro el paquete con el ceño fruncido.
– Cediste muy rápido – lo miro con los ojos entornados de manera sospechosa y el enarca una ceja – ¡No! – chillo moviendo la bolsa lejos de el cuándo intenta quitármela.
– Eso pensé – se recuesta en la silla y cierra los ojos.
Sin quitarle los ojos de encima, abro la bolsa y saco la hamburguesa y le doy un rápido mordisco antes de que me la arrebate como lo ha hecho antes.
Observo a Jake mientras mastico, incluso con los ojos cerrados luce igual de tenso como de costumbre.
– ¿Qué sucede? – pregunto cuando logro hacer que el pan pase por mi garganta. ¿Cómo se comió dos hamburguesas sin pestañear? El pan esta seco y la carne demasiado simple. Me gusta el pan suave y la carne con sabor.
– El domingo es el aniversario de Fred – responde con un suspiro.
Fred era su hermano mayor, falleció cuando tenía trece años a causa del cáncer, Jake solo tenía diez años y bueno, eso destrozó a su familia, creo que Jake casi no va a verlos porque cree que sus padres ven en el a Fred, que también quería ser actor y era la estrella en las obras de teatro de la escuela según me ha contado su madre, mientras que Jake era un experto con los números.
– Lo lamento – murmuro.
El gira la cabeza hacia a mi y abre los ojos. El auto huele a el y eso es algo que siempre me ha inquietado un poco, porque no importa cuanto tiempo esté aquí sentada, mi ropa queda impregnada con el mismo olor. Cuero y a algo agridulce y varonil.
– Fue hace mucho tiempo – murmura
– No importa, no imagino el dolor de perder un hermano, Julieth es como mi hermana, si le pasara algo no podría superarlo – el no dice nada, solo se limita a mirarme a los ojos - ¿Qué?
– ¿No te gustó verdad? – mira la hamburguesa con el mordisco y luego a mí.
– ¿Quieres? – le ofrezco lo que queda con la servilleta en la que venía envuelta. El pone los ojos en blanco pero la recibe y se la mete a la boca sin pensarlo.
Jake cierra los ojos de nuevo y nos quedamos en un cómodo silencio.
Sabía que no me iban a gustar y por eso me las ha arrebatado. Odio cuando hace esas cosas, porque eso no solo significa que tiene una extraña manera de ser amable cuando quiere, si no que me conoce tanto como yo lo conozco a el.