Tulipanes se visten de gris

All Rights Reserved ©

Summary

Él solo quería pintarla. La vio desde su ventana una tarde de verano; un duendecillo con vestido de tulipanes y ojos negros sin nombre posible y desde ese instante no pudo pensar en nada más. Lo que siguió fueron días de pinceles, lápices y una ternura extraña que se fue vistiendo, poco a poco, de algo que no tiene nombre bonito. Tulipanes se visten de gris es el monólogo de un artista sensible, filosófico y encantador… hasta que te preguntas si lo que estás leyendo es una historia de amor o una confesión.

Genre
Action
Author
Dilvania
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Tulipanes se visten de gris

Es verano, mi ventana se ilumina de un hermoso amarillo resplandeciente, es como si mi habitación pareciera un hueco de una montaña que se encuentra a pocos kilómetros de esa enorme manzana de oro calurosa. No sé si me gusta vivir aquí, a veces veo personas y otras no, siento que un día no tendré más inspiraciones para mis pinturas, porque dibujar se trata de eso, de moldear lo que por casualidad de la vida choca en los ojos, impacta la mente y estremece el alma. Soy un chico tranquilo, apasionado y amable. Me agrada mi físico, parezco un Peter Pan de pelo negro, flaco pero fuerte, mi piel es blanca o medio amarilla y mi cabello es tan sedoso como la alfombra de mi cuarto y tan oscuro como las profundidades del sótano de la casa. Es así como me considero apreciable y hermoso, a pesar de que no constantemente me lo dicen, es así como me siento. Megusta observar mi alrededor, se ve tan vacío, pero tan lleno de creaciones impactantes que le dan sentido a que mis ojos tengan la función de mostrarme el mundo, aunque cada día sea menos mundo.

Ahora mismo estoy pintando un bello cuadro en mi cuarto, pero hace dos semanas que vi a tulipancita, no es que se llame así, pero la primera vez que la miré desde mi ventana, llevaba un hermoso vestido decorado de tulipanes que vaya que lucía hermosa esa chica. Ella es como un duendecillo de patio y su cabello es cortito y castaño. Caminaba lentamente por los montones de hojas de laurel que había en el camino, mientras llevaba en sus manos animalitos que parecían caracoles. De pronto giró su cabeza hacia el segundo piso de mi casa, sorprendentemente justo hacia mi ventana. De inmediato se ilustró mi mente y dije en voz baja “son los ojos negros más, más… no lo sé, no tiene palabra absoluta que los describa”. Escondí mi cabeza y sacudí mi pelo como un impulso de vergüenza, abracé la cortina y me dije: ojalá que no me haya escuchado.

Tomé mi lápiz y un pincel. Es obvio que mi inspiración sería esa chica de aproximadamente unos quince campanazos de año nuevo, o al menos eso creo, ya que se veía como de dos años menos que yo. Empecé a pintar su silueta pequeña y pienso en que los cuerpos no son parte de un juego que deba cumplir ciertas reglas de escultura, mas bien son un arte capaz de trazarse de millones de formas tan bellos como los paisajes montañosos. Luego dibujé su vestido tan femenino y sencillo y siempre digo que la vestimenta se convierte elegante e imponente con la bondad de la sonrisa que le acompaña y brilla con las virtudes que se manifiestan en la actitud que pueda tener la persona. Después, coloqué pintura marrón en las líneas de su cabello, el cual resultaba embellecido por su rostro y esto me emocionaba porque la belleza no está en hebras largas, sino en la libertad que reflejan los gustos que mantiene cada quien, haciendo lo que quiere y con lo que se siente feliz. Sus ojos finalmente, los iluminé con un color negro que guardé para dibujos especiales, es que brillaba como una noche de luna llena, así como sus pupilas. No cabe duda que las miradas ante vistas de cerca, de lejos, abiertas u ocultas iluminan el alma de quienes pueden ver su esplendor. La vida se nos pasa caminando desapercibidos, sin saber que una que otra ojeada nospuede estar observando con admiración.

Ese pequeño instante de mi vida se convirtió en un videoclip para mi mente, ya que pensaba en eso a cada rato y no podía enfocar mi pensamiento en otra cosa que no fuera ella, que le he puesto tulipancita, porque como obviamente no le hablé no sé su nombre. Se me pasan los días y las noches trazando su rostro en hojas de papel, con un lápiz que siempre llevo en mi zapato izquierdo, es como mi herramienta perfecta. Mi madre dice que cuando era niño lo colocaba en las hebras de mi pelo, pero como se me enredaban le busqué un lugar nuevo, mis zapatos, ahí ya tengo la marca larga y delgada de ese objeto, pero no importa, aquello que nos hace feliz merece estar marcado en nuestra piel, lo que cicatriza allí muchas veces puede representar lucha, valentía, sacrificio y amor y eso es lo que enorgullece y no aborrece al alma de los puros.


Hoy me despierto sin aliento, como si mi respiración se ahogara en una gota de pintura, me siento abrumado y con pocas ganas de iniciar mi monotonía, pero como no me queda de otra, procedo a abrir la ventana y mientras mis ojos se cierran para bostezar, siento que alguien pasa a los lejos frente a mí. Es ella, mi tulipancita. La vida no se nos puede ir dejando lo que queremos expresar para cuando se nos pase la vergüenza, la tristeza o el enojo, hay que expulsar lo que se siente sin mirar horizontes y es así como dije en voz alta “TULIPANCITA”, ella miró hacia mí y le dije: eres el arte más hermoso que mis ojos han visto. La chica volteó su cabeza sin ninguna expresión y siguió su jornada. Pero esto no se puede quedar así, bajé las escaleras de la sala y en menos de un minuto estaba justo detrás de ella, saqué mi lápiz de su guarida y volaron hojas y tulipanes de todos los extremos de aquel lugar junto con los pasos de mi bella dama.

Regresé a mi cuarto muy forzado, no entendía muchas cosas y mi cabeza no podía con tantos pensamientos. Es la primera vez que siento esto por alguien que ni siquiera conozco. A veces expresar tanto lo que uno siente termina volviendo confusos los sentimientos del corazón y eso es lo que nos convierte en personas tan frías como un hierro en invierno. Ya mi cuarto no lucía resplandeciente, ahora parecía un faro que arriba solo tiene un espacio con una luz que permite ver lo que sucede alrededor del mar con los navegantes. Quizás la vida es un encierro donde lo que vemos es producto de nuestra imaginación, la cual dibuja todo lo que se le ocurre. Aunque mi decepción era grande, parece que la mente es más fuerte, sin embargo, tomé mi lápiz y algunos pinceles y empecé a pintar un cuadro de un rostro. Mis trazos solo podían reflejarla a ella, no puedo continuar, pero no sé hacer otra cosa, ni sé pensar nada más, necesito clases de pensamiento.

Desde entonces, los días son cada vez más grises, el sol parece vestirse de blanco opaco y la luna es la única que se mantiene ilustre, porque este rayo que está encima de mi cabeza iluminando mi espacio es como su luz tan brillante y clara. Tal vez estoy solo, aunque la soledad es algo que creamos en el cerebro, él mismo debe de darse cuenta de que hasta él se encuentra solitario. Esto es algo muy irónico, me parece divertido y raro, pero quizás haya un poco de razón en eso. Los días en esta tierra simplemente se unen a los días de más personas y se crea una llamada sociedad que supuestamente tenemos el derecho de seguir, pero ¿cómo nos obligamos a vivir por alguien más si el tiempo de cada uno es individual? Mi estadía aquí dentro seguro que no le afecta en nada al de ellos allá afuera.

Yo tengo mi lápiz, mi ropa, mi habitación, mi cuadro de tulipancita, mis pinceles, mi pintura, la ventana y el rostro que acabo de empezar, este último creo que se ve muy real, parece piel de verdad, se figura su cara sonrojada y hermosa. Pero, no lo sé, a veces entra alguien vestido de blanco y me dice que aquí no hay nada, que estoy solo en un cuarto porque con un lápiz arranqué los rasgos faciales de una joven de quince años hace casi tres semanas y que dejara de arañar las paredes como si se tratase de descuartizar la carne de un animal. No estoy loco, la demencia está en quienes ignoran los bellos cumplidos que les regalan corazones puros.