QUE TENGAS UNA MUERTE HONORABLE

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Summary

En medio de un océano oscuro y violento, un enorme buque militar avanza bajo una tormenta interminable. Lo que parecía una misión de rutina pronto se convierte en una pesadilla cuando algo en las profundidades del mar comienza a despertar. Leonardo y Ray, dos guerreros marcados por la guerra y por un pasado que prefieren olvidar, descubren que no están solos en esas aguas. Criaturas antiguas, enormes y despiadadas emergen desde el abismo, rodeando el barco como si hubieran sido llamadas por algo... o por alguien. Mientras la tripulación lucha por sobrevivir y el barco se convierte en un campo de batalla, una pregunta empieza a tomar forma entre la lluvia, el metal y la sangre: ¿Qué es lo que realmente transporta ese barco... y por qué el océano quiere recuperarlo? En una historia llena de tensión, combate y misterio, Leonardo y Ray deberán enfrentar no solo a los monstruos que surgen del mar, sino también a la gente que desprecia el codigo al que estan sujetos y a los secretos que amenazan con hundirlos a todos. Porque en el caos ... ¿Que importa mas que tu vida?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

El bastion en el mar - capitulo 1

El mundo ya no pertenecía a los humanos.

Eso era algo que todos habían aceptado hacía muchos años.

Las ciudades habían caído una por una.Los continentes se habían fragmentado en zonas de guerra imposibles de defender.Y lo único que quedaba de la humanidad eran bastiones dispersos, fortalezas donde las personas resistían lo inevitable.

Algunos estaban en tierra.

Otros flotaban en el mar.

Bastión Torrente era uno de ellos.

Un barco gigantesco convertido en fortaleza humana.No era solo una base militar. Era también un refugio.

Familias enteras vivían dentro de sus cubiertas de acero, confiando en que las murallas flotantes resistieran una noche más.

Pero todos sabían la verdad.

Los bastiones no ganaban guerras.

Solo compraban tiempo.

La lluvia caía lentamente sobre el metal de la cubierta.

El sonido de las gotas golpeando el acero se mezclaba con el rugido del mar oscuro que rodeaba la fortaleza.

Leonardo estaba apoyado contra una baranda mirando el horizonte.

A simple vista parecía tranquilo.

Pero sus ojos estaban atentos.

Siempre atentos.

Detrás de él se escucharon pasos pesados.

—Otra vez te metiste en mi cabeza.

Leonardo sonrió sin voltear.

—Solo estaba mirando un poco.

Ray se detuvo a su lado.

Era más alto que Leonardo, más ancho de hombros, y llevaba una espada larga apoyada sobre el hombro como si fuera parte de su propio cuerpo. El escudo descansaba colgado en su espalda.

—No me gusta cuando haces eso —dijo Ray.

—Lo sé.

—Entonces deja de hacerlo.

Leonardo finalmente se volteó, encogiéndose de hombros.

—Vamos... tampoco es para tanto.

Ray soltó un suspiro largo.

Desde niños había sido así.

Entre ellos existía algo extraño que ninguno de los dos podía explicar del todo.

Una conexión.

Leonardo podía entrar en la mente de Ray.Ver lo que él veía.Sentir lo que él sentía.

Al principio había sido algo confuso.

Después molesto.

Con los años... simplemente se volvió parte de su vida.

—Algún día voy a cerrarte la puerta —murmuró Ray.

Leonardo rió.

—Lo intentaste mil veces.

—Algún día lo lograré.

—Tal vez.

El viento sopló con más fuerza.

El mar rugía debajo del bastión.

Ray apoyó su espada contra la baranda y observó el horizonte oscuro.

—¿Las viste?

Leonardo tardó unos segundos en responder.

—Sí.

—¿Muchas?

Leonardo asintió lentamente.

—Más de lo normal.

Ray escupió al suelo.

—Perfecto.

Silencio.

Ambos sabían lo que eso significaba.

Las hordas nunca llegaban en pequeñas cantidades.

Cuando aparecían... lo hacían como un océano vivo.

Leonardo rompió el silencio.

—¿Te acuerdas de la primera vez que vinimos aquí?

Ray soltó una pequeña risa.

—Cuando casi nos matan.

—Exacto.

—Éramos unos inútiles.

—Bastante.

Habían llegado a Bastión Torrente siendo apenas soldados recién graduados.

El ejército apenas les prestaba atención.

Pero los mercenarios sí.

Ellos fueron quienes les enseñaron cómo sobrevivir realmente en un lugar como ese.

No con discursos.

Con reglas simples.

Reglas que se aprendían rápido cuando la muerte caminaba tan cerca.

Ray cruzó los brazos.

—Aprendimos más de los mercenarios que del ejército.

—Eso seguro.

Leonardo miró su rifle apoyado contra la pared metálica.

—Ellos sí entendían lo que significaba morir aquí.

Ray no respondió.

Porque ambos lo sabían.

En un bastión como Torrente, nadie esperaba sobrevivir para siempre.

Los bastiones existían para una sola cosa.

Resistir.

Leonardo apoyó los codos en la baranda.

—¿Sabes lo que siempre te molestó de mí?

Ray lo miró de reojo.

—Muchas cosas.

—Cuando digo que somos “yo y yo”.

Ray negó con la cabeza.

—Porque no es verdad.

Leonardo levantó una ceja.

—Compartimos recuerdos.

—A veces.

—Sentimos cosas parecidas.

—No siempre.

—Podemos ver lo mismo.

Ray suspiró.

—Leo...

Leonardo levantó las manos.

—Está bien.

Sonrió.

—Somos tú y yo.

Ray asintió.

Abajo, en el océano oscuro, algo se movió.

Leonardo lo sintió primero.

Un cosquilleo en la cabeza.

Instintivamente su mente volvió a conectarse con la de Ray.

Por un instante ambos vieron exactamente lo mismo.

El mar.

Negro.

Inquieto.

Y algo enorme moviéndose bajo la superficie.

Ray habló sin apartar la mirada.

—Las hordas vienen.

Leonardo respiró profundo.

—Sí.

En ese momento una campana comenzó a sonar en todo el bastión.

Una alarma grave.

Lenta.

La señal que todos conocían.

Preparación de combate.

Ray levantó su espada.

Leonardo cargó su rifle.

El viento soplaba con más fuerza.

El océano rugía como si algo gigantesco despertara en sus profundidades.

Ray empezó a caminar hacia la cubierta principal.

Leonardo lo siguió.

Porque en Bastión Torrente todos conocían la misma regla.

Los mercenarios no luchaban por gloria.

No luchaban por medallas.

Luchaban por algo mucho más simple.

Cumplir el contrato...

o morir intentándolo.

Cumplir el contrato...

o tener una muerte honorable.

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La lluvia no se detuvo.

Golpeaba la cubierta del barco con un ritmo metálico y constante, como si el cielo intentara advertir algo. El océano estaba embravecido, oscuro, y las olas chocaban contra el casco con una fuerza que hacía vibrar todo el buque.

Leonardo apoyó los antebrazos en la barandilla oxidada. El agua corría por su abrigo y caía al suelo formando pequeños ríos que desaparecían entre las rejillas de drenaje.

Frente a ellos, el mar se movía de una forma... incorrecta.

Las aletas negras seguían cortando la superficie del agua.

Una.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Leonardo entrecerró los ojos.

—Eso no estaba en el informe.

Ray permanecía a su lado, inmóvil. La lluvia resbalaba por su armadura oscura y caía de la empuñadura de la espada que llevaba en la espalda.

—Los informes siempre llegan incompletos —respondió con calma.

Un relámpago iluminó el horizonte.

Por una fracción de segundo el océano entero se volvió blanco...y entonces ambos lo vieron.

Una sombra gigantesca pasó bajo el barco.

El agua se levantó como si algo enorme hubiera cambiado de dirección en las profundidades.

Leonardo se separó de la barandilla lentamente.

—Eso... no es un tiburón.

Antes de que Ray pudiera responder, el altavoz del barco estalló con estática.

ATENCIÓN A TODA LA TRIPULACIÓN. CONTACTO HOSTIL CONFIRMADO. UNIDADES DE DEFENSA A SUS POSICIONES.

El sonido de botas comenzó a llenar la cubierta.

Soldados corrían hacia las torretas montadas en los laterales del buque. Otros cargaban cajas de munición mientras los focos del barco empezaban a barrer el océano.

Las luces atravesaron la lluvia.

Y entonces las aletas desaparecieron.

Leonardo frunció el ceño.

—Eso no me gusta.

El silencio duró apenas tres segundos.

Luego el océano explotó.

Una masa negra salió disparada fuera del agua y se estrelló contra el lateral del barco con un rugido monstruoso. La criatura era enorme: un cuerpo cubierto de placas duras como metal, mandíbulas largas llenas de dientes curvos y ojos rojos que brillaban como brasas.

El impacto lanzó agua y fragmentos de metal por la cubierta.

Un soldado gritó.

—¡CONTACTO EN BABOR!

Las torretas abrieron fuego.

El estruendo de las ametralladoras pesadas retumbó en el aire mientras una lluvia de balas impactaba contra la criatura. Chispas saltaban de su piel blindada, pero la bestia apenas retrocedía.

Leonardo ya tenía el rifle en las manos.

—Bueno... ya empezó.

Disparó.

El retroceso golpeó su hombro mientras las balas atravesaban el aire y se clavaban en el cuello de la criatura. Esta rugió y golpeó el casco con una de sus enormes extremidades.

El barco se sacudió violentamente.

Otro soldado fue arrastrado por la cubierta cuando la bestia intentó trepar.

Ray caminó hacia adelante.

Sin prisa.

Sin miedo.

Desenvainó su espada.

El sonido del acero al salir de la vaina fue limpio... frío.

La criatura logró enganchar una de sus garras en la barandilla y levantó medio cuerpo sobre la cubierta.

Su cabeza giró hacia los soldados.

Las mandíbulas se abrieron.

Ray saltó.

El movimiento fue tan rápido que apenas se vio.

La espada describió un arco plateado en medio de la lluvia y atravesó la mandíbula inferior de la criatura, subiendo hasta su cráneo.

El golpe fue brutal.

Un sonido seco atravesó la tormenta.

La bestia soltó un rugido que hizo temblar el aire mientras Ray giraba el cuerpo en el aire y arrancaba la espada hacia un lado.

Sangre negra se mezcló con la lluvia.

La criatura cayó hacia atrás... pero antes de desaparecer bajo el agua lanzó un coletazo desesperado.

La cola golpeó la cubierta.

Leonardo rodó por el suelo para esquivarla.

El impacto arrancó parte de la barandilla y lanzó chispas cuando el metal se dobló.

Durante un segundo pareció que todo había terminado.

Entonces el océano comenzó a moverse otra vez.

Leonardo se levantó lentamente.

Miró el mar.

Y sintió un nudo en el estómago.

Las aletas habían vuelto.

Pero ahora había muchas más.

Diez.

Quince.

Tal vez veinte.

Rodeaban el barco en círculos lentos.

Un soldado susurró con voz temblorosa:

—Dios...

Ray limpió la sangre de su espada con un movimiento tranquilo.

—No vienen por comida.

Leonardo recargó el rifle.

—¿Entonces por qué vienen?

Ray miró el casco del barco.

Luego las profundidades del océano.

—Porque algo aquí abajo...

otro relámpago iluminó el mar

los despertó.

El agua comenzó a elevarse alrededor del buque.

Sombras gigantes se movían bajo la superficie.

Una...dos...tres criaturas emergieron al mismo tiempo, rodeando la nave.

Las torretas volvieron a disparar.

Los soldados gritaban órdenes.

El barco entero vibraba.

Leonardo soltó una pequeña risa cansada.

—Ray...

—Sí.

—Creo que vamos a necesitar un barco más grande.

Ray levantó la espada.

Las criaturas comenzaron a trepar por el casco.

Y la verdadera batalla...

apenas estaba empezando.

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