Capítulo 1
El sonido profundo de un yate atravesando el océano rompía el silencio del mar abierto. Las olas se abrían a su paso mientras avanzaba hacia un lugar que, a simple vista, podía parecer un auténtico paraíso. Rodeada por aguas turquesa que brillaban bajo el sol tropical, aparecía la isla. No era gigantesca, pero sí lo suficientemente grande como para ocultar secretos... formar alianzas... y provocar traiciones.
La primera toma descendía suavemente hacia la costa.
A lo largo de la playa se levantaban varias cabañas de madera, construidas sobre pequeñas plataformas y con techos de paja. Eran sencillas, pero claramente cómodas. Cada una estaba diseñada para albergar a cuatro participantes, con espacio suficiente para camas, algunos muebles básicos y una pequeña terraza donde los concursantes podrían descansar después de cada desafío.
La cámara avanzaba lentamente entre ellas, mostrando los caminos de arena que conectaban unas con otras.
Luego el recorrido se alejaba un poco de las cabañas y mostraba una gran extensión de césped verde, cuidadosamente mantenido, que contrastaba con el color dorado de la arena. Era el lugar perfecto para descansar, conversar... o vigilar a los demás jugadores.
Un poco más adelante, en el centro de esa área, se encontraba una zona circular rodeada de troncos cortados, colocados como asientos rústicos. En el centro, un gran aro de piedras negras marcaba el lugar donde cada noche se encendería la fogata, el sitio donde los participantes se reunirían después de cada jornada para hablar del juego... o enfrentarse a sus decisiones.
La cámara continuaba su recorrido hasta volver a la costa.
Allí, frente al mar abierto, se encontraba una zona de descanso en la playa, donde varias tumbonas blancas estaban alineadas mirando hacia el horizonte. Algunas sombrillas de tela se movían suavemente con la brisa marina, creando pequeños espacios de sombra para quienes quisieran relajarse mientras escuchaban el sonido constante de las olas.
Pero la isla no solo ofrecía comodidad.
A unos metros del sendero principal se encontraban los baños comunales, un conjunto de instalaciones compartidas equipadas con duchas, lavabos y vestidores. Todo estaba preparado para que los concursantes convivieran día y noche... sin demasiada privacidad.
Desde allí, el recorrido volvía a dirigirse hacia la playa.
La arena se extendía hasta encontrarse con un largo muelle de madera, que se internaba varios metros en el océano. Las tablas crujían suavemente con el movimiento del agua, mientras las olas golpeaban los pilares que lo sostenían.
La cámara avanzaba lentamente por el muelle. Y al final de este, esperando en silencio frente al mar infinito... se encontraba la anfitriona del show. Quien como si tuviera un radar de cámaras, se gira lentamente, dejando ver su sensual y perfecta apariencia.
Era Scarlet Synclair.

Sin mediar ninguna palabra solo comienza a caminar por el muelle pidiendo al camarógrafo que en realidad es un dron automatizado que la siga. El dron estaba diseñado para grabar exactamente lo que el publico le gusta ver, por eso durante la corta caminata por el muelle este solo se enfocaba en gran trasero de Scarlet para luego subir lentamente hasta que ella volvió a dar la cara.
—Buenas noches... o buenos días... —dijo con voz seductora—, o la hora que sea en la que estés viendo esto con las luces apagadas. Si eres un niño... sabes que no deberías ver esto... pero al menos no dejes que tus padres te atrapen —su sonrisa se volvió traviesa—, pero para los que son adultos déjenme presentarme, soy Scarlet Synclair en vivo desde... —con un ligero guiño soltó un “shhh”—, no puedo decir donde estamos o este lugar se llenaría de todos ustedes. Sean bienvenidos a la primera edición de lo que será el nuevo reality show más caliente y erótico del momento.
Ella misma lame los labios y luego mover suavemente sus manos por todo su cuerpo, amenazando con revelar sus grandes pechos.
—Tan solo ya viéndome a mi ya deben saber de lo que va a tratar este reality show.
El dron se aleja para tener un toma aérea de la isla y de Scarlet caminando por el muelle.
Los sonidos de sus tacones iban a juego con el rebote de sus pechos y el meneo de sus caderas con cada paso.
—De esto se trata —explicaba mientras apoyaba una mano sobre la baranda del muelle y miraba al horizonte el yate que se acercaba—, veinticuatro campistas se inscribieron para pasar algunas semanas en este paraíso perdido en la mitad del basto océano. Aquí ellos disfrutaran de varios momentos de manera intensa, en varios sentidos si me entienden.
Ella soltó una pequeña risa burlona ante la cámara.
—Pero no todo será dejar libre todos sus pensamientos o acciones hedonistas, no, eso lo arriba solo interesante al comienzo —se dejo de apoyar y retomo su caminata—. Nuestros participantes también tendrán que enfrentarse entre ellos en diferentes desafíos. Pruebas diseñadas para sacar lo mejor... y lo peor de cada uno.
La cámara hace un pequeño corte.
Un segundo dron sobrevolaba la isla mostrando las cabañas, los senderos y la gran zona de césped.
La voz de Scarlet seguía escuchándose con claridad aunque ella no aparezca en camara.
—Al final de cada ciclo de tres días... los equipos se enfrentarán a las consecuencias del juego.
El dron descendió lentamente hacia el muelle.
—Un equipo ganará una recompensa.
La cámara mostró nuevamente el muelle extendiéndose sobre el mar.
—Y el otro... verá a uno de sus miembros caminar por este lugar.
Scarlet levantó ligeramente una ceja con una sonrisa provocadora.
—El muelle de la castidad.
La cámara recorrió lentamente las tablas del muelle hasta mostrar otro yate que literalmente tenia pintada unos cinturones de castidad masculinos y femeninos.
—Quien camine por aquí... —continuó Scarlet— terminará subiendo a ese yate.
Hizo una pausa dramática.
—El Yate del Voyerismo.
Scarlet soltó una pequeña risa.
—Y desde allí abandonará oficialmente... Sex Island, para siempre, forever.
El dron se alejó del muelle y sobrevoló la isla hasta llegar a la zona circular de troncos. La fogata aún no estaba encendida por aun ser de dia, pero el lugar parecía preparado para largas noches de conversación.
—Pero antes de llegar a ese punto... —dijo Scarlet— todos tendrán que reunirse aquí.
La cámara giró alrededor del círculo de troncos.
—Este será el lugar donde los participantes discutirán, votarán... y decidirán quién merece seguir en el juego.
La voz de Scarlet bajó ligeramente de tono.
—Aquí es donde se tomarán las decisiones difíciles.
El dron continuó elevándose mientras mostraba toda la isla desde arriba.
—Semana tras semana... jugadores serán eliminados. Alianzas se romperán. Y algunos descubrirán que convivir con otras veintitrés personas... puede ser más complicado de lo que pensaban y que el sexo no lo puede todo.
Scarlet volvió a aparecer en pantalla. Estaba de pie al final del muelle, mirando directamente a la cámara.
—Porque al final...
Se llevó un dedo al aire.
—Solo uno quedará en pie.
Sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa confiada.
—El último participante recibirá un millón de dólares en efectivo.
Hizo una pausa, como si estuviera pensando en algo. Luego soltó una pequeña risa burlona.
—Aunque siendo completamente honesta...
Se encogió de hombros.
—Conozco a la mayoría de las personas que se apuntan a programas como este.
Le guiñó un ojo a la cámara.
—Ese millón probablemente desaparecerá en una semana.
Scarlet se acercó un poco más al dron. Sus ojos brillaban con una mezcla de diversión y arrogancia.
—Pero eso es parte del espectáculo, ¿no?
Apoyó los codos en la baranda del muelle.
—Personas viviendo momentos intensos. Emociones fuera de control. Deseos. Conflictos. Triunfos...
Su sonrisa se volvió más amplia.
—Y derrotas.
Luego se enderezó lentamente.
—¿Listos para ver cómo se rompen? ¿Cómo se entregan? ¿Cómo traicionan por un toque, un beso, un orgasmo de todo tipo de orientación sexual? Porque yo ya estoy mojada solo de pensarlo.
Hizo un gesto hacia la isla detrás de ella.
—Yo pienso disfrutar cada segundo de todo lo que ocurra aquí.
La cámara comenzó a alejarse lentamente. Scarlet levantó una mano despidiéndose con elegancia.
—Bienvenidos...
Su voz fue lo último que se escuchó.
—¡A Sex Island!
La imagen cambió al azul profundo del océano.
A lo lejos, avanzando sobre las olas, un yate blanco se acercaba lentamente hacia el muelle de Sex Island. El sol se reflejaba en su superficie pulida mientras el motor dejaba una estela espumosa detrás.
La voz de Scarlet volvió a escucharse, ahora con un tono juguetón.
—Bueno... ya es suficiente de hablar del juego.
Una pequeña risa escapó de sus labios.
—Es momento de conocer a los jóvenes cachondos que creen que pueden sobrevivir aquí... y llevarse mi millón de dólares.
La cámara se acercó al yate. En la cubierta, una figura apareció frente al lente que comenzó a bajar lentamente del yate. Es una chica rubia de cabello largo, de ojos azules y figura sensual. Ella llevaba puesta una gorra rosada que decía “QUEEN”, unca chaqueta rosa bomber abierta dejando ver sus hombros al desnudo junto a su top blanco diminuto con un aro dorado en el centro sosteniendo unos pechos enormes que parecen desafiar la gravedad. Debajo, unos shorts de jean cortos y deshilachados que apenas cubren sus caderas anchas y muslos gruesos. Además llevaba una tanga de pierna alta que sobresalía de sus shorts resaltando más sus caderas.

—Admito que de todas las chicas que vi sus audiciones, esta es de mis favoritas —explicó a la cámara para luego extender sus brazos—. Reina, hola hermosa.
Reina Myers al ver a Scarlet camina coquetamente hacia ella lista para recibir ese abrazo, pero en el ultimo momento, sin previo aviso, planta un beso en los labios de la anfitriona. No es un simple, es un beso con lengua breve pero intenso, de esos que duran dos segundos de más. Scarlet se queda quieta un instante al sentir la lengua de Reina enrollarse con la suya, luego responde con una risita baja y se separa limpiándose el labio inferior con el pulgar. Para luego ver como Reina solo sonríe con coquetería.
—Vaya eso sí que es iniciar con el pie derecho. Me gusta tu estilo, pequeña —comunicó mientras le acerca su micrófono—. Dinos algo sobre ti, Reina.
Reina con voz dulce y coqueta habla.
—¡Hola a todos, y especialmente a ti Scarlet! —habló de manera juguetona—. Soy Reina Myers y... apenas acabo de cumplir la mayoria de edad. Sí, soy legal oficialmente hace 24 horas. Mis medidas son B95 – W57 – H93, mido 171 cm... y mi posición sexual favorita es la vaquera. Me encanta estar arriba, controlar el ritmo, ver la cara de quien está abajo mientras lo hago gemir. ¿Saben? La vida es demasiado corta para ser aburrida. Vivo al máximo, me aburre lo monótono, vivo el momento y no pienso en consecuencias. Si me dan un vale por sexo inesperado, lo uso ya. Si me dan un millón... lo gasto en una semana en fiestas, viajes y cuerpos que me hagan sentir viva. Todo sea para no trabajar.
—Chicos y chicas en casa... esta es Reina Myers. Dieciocho años recién cumplidos, cuerpo de infarto y cero filtros. Ya veo que va a causar estragos en la isla. ¿Estás lista para que te rechacen, te usen o te usen a ti?”
—Rechazarme? Imposible. Y si me usan... que lo hagan bien, porque yo siempre devuelvo el favor con intereses.
Scarlet la despide con un azote juguetón en el trasero mientras Reina camina hacia el área de bienvenida del muelle, moviendo las caderas exageradamente.
Antes de que se pasara al siguiente participante, Reina se alzó su top blanco dejando ver sus grandes pechos a las cámaras y Scarlet por su celular vio como esto hizo que los espectadores aumentaran espeluznantemente.
[...]Ósea un corte de cámara.
De un nuevo yate ahora baja un chico alto, de piel negro y cabello corto en rastas. Usaba esas típicas playeras de gimnasio sin mangas que dejaba ver sus brazos fornidos pero sin rayar en el nivel de los que usan esteroides. El chico al ver la cámara comenzó a hacer bailar sus pectorales.
—Claro que nos olvidamos de ustedes, espectadoras femeninas que son más de las que esperaba —narró Scarlet para luego extender sus brazos al nuevo campista—. Malik Ali, que bueno verte grandote.
Malik sonrió con calidez. A pesar de su altura —alrededor de un metro ochenta y cinco— su actitud era relajada y amable.
Se acercó a Scarlet y la saludó con un abrazo breve y un beso en la mejilla, gesto que Scarlet aceptó con naturalidad.
—Encantado de conocerte en persona —dijo Malik con una voz grave pero tranquila.
Scarlet dio un paso atrás, observándolo con una mezcla de diversión y aprobación.
—Chicos y chicas en casa, este es Malik Ali. Físico de atleta, sonrisa de caballero, además de un joven boxeador... y algo me dice que va a romper más de un corazón en esta isla o el rostro de otro participante, jaja, lo que suceda primero.
Para darle show a las espectadoras femeninas Malik se quita su camiseta para mostrar sus abdominales y hacer bailar otras vez sus pectorales.
—Yo no follo o cojo... —miró apasionadamente a la cámara—, yo hago el amor.
Una vez más el celular de Scarlet comenzó sonar porque esas simples palabras de Malik hiciera que los comentarios y donaciones de las espectadoras aumentaran.
[...]
De un nuevo yate bajó una nueva participante. Primero apareció una bota negra de combate, alta hasta la pantorrilla, con hebillas plateadas que reflejaban la luz del atardecer y una suela gruesa que golpeó la pasarela con firmeza.
La figura completa apareció en escena.
La chica vestía una chaqueta de cuero negro, decorada con pequeñas tachuelas en los hombros que captaban la luz como diminutos destellos metálicos. Debajo, un top negro ajustado dejaba ver apenas el borde de un brasier de encaje del mismo color. Sus pantalones de cuero ceñidos completaban un estilo que parecía salido directamente de un concierto underground.
Alrededor de su cuello llevaba un collar de cuero con pinchos, que reforzaba aún más su estética rebelde.
Su cabello negro azabache, corto y ligeramente desordenado, caía en mechones sobre su frente como si acabara de salir de un concierto de rock. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos azul eléctrico, intensos, casi brillantes bajo el delineador oscuro que marcaba su mirada.

Scarlet levantó las cejas con interés.
—Oh... esto sí que es un cambio de energía.
La chica caminó por la pasarela sin prisa, con pasos seguros y una mirada que parecía analizar todo a su alrededor. Scarlet abrió los brazos con teatralidad.
—Es un placer presentarles a Thalía, diecinueve años.
Thalía se detiene frente a Scarlet, cruza los brazos bajo el pecho (lo que acentúa aún más su figura) y mira a la cámara con esos ojos eléctricos que parecen perforar la lente.
—Thalía Connors —dijo con voz ronca, con un leve acento que suena urbano y áspero, sin elevar el tono—. Mido 165 cm. Medidas: 88-60-92. No me gustan las medias tintas. Mi posición favorita es el full nelson: me encanta que me sujeten fuerte por detrás, brazos trabados, sin escapatoria, mientras me follan hasta que no pueda ni pensar. Control total... pero el que me domina tiene que ganárselo. Vengo por el premio, punto final.
Scarlet suelta una carcajada baja y le da un codazo juguetón en el brazo.
—Chicos en casa, tomen nota: esta no es de las que se sonroja. Es de las que te hace sonrojar a ti. Bienvenida a la isla, Thalía. Espero verte romper más que solo reglas.”
Thalía asiente una sola vez y camina hacia el área de bienvenida. Pasa cerca de Reina (que la mira con una mezcla de sorpresa y excitación, mordiéndose el labio otra vez) y de Malik (que la observa en silencio, pensando si es bueno hablarle o no por el miedo a perder una parte de su cuerpo). Ella no les dice nada; solo les lanza una mirada rápida antes de apoyarse contra una barandilla del muelle, cruzando los brazos y observando todo con esa calma punk.
[...]
Scarlet giró la cabeza hacia el océano esperando ver otro yate aproximarse tranquilamente... pero lo que apareció esta vez fue algo muy distinto.
—¿Pero qué...? —murmuró, entre divertida y sorprendida.
La cámara enfocó el mar.
Detrás del nuevo yate, una figura se deslizaba sobre las olas sujetando una cuerda atada a la embarcación. Una tabla de surf cortaba el agua con velocidad mientras el chico que la montaba mantenía el equilibrio con naturalidad.
El sol reflejaba el agua que salpicaba a su alrededor.
Scarlet soltó una risa incrédula.
—Bueno... parece que alguien decidió —hacer su entrada con estilo.
El surfista se acercó cada vez más al muelle mientras el yate reducía velocidad.
Con un movimiento preciso soltó la cuerda, inclinó la tabla y se deslizó sobre la última ola hasta llegar casi al borde del muelle.
Luego saltó con agilidad.
La tabla quedó flotando en el agua mientras él aterrizaba sobre la madera con un pequeño golpe... ligeramente mojado y salpicando algunas gotas alrededor.
Varias de esas gotas terminaron alcanzando a Scarlet. Ella miró primero su brazo húmedo... luego al recién llegado.
El chico era alto, atlético, con el cabello rubio claro húmedo por el mar y una sonrisa amplia que parecía completamente orgullosa de su entrada. Scarlet cruzó los brazos con una mezcla de diversión y falsa molestia.
—Déjame adivinar... Ragnar.
El chico levantó ambos brazos con entusiasmo.
—¡Así es!
Se acercó unos pasos, todavía goteando agua de mar.
—¡Ragnar Auster!
Luego miró directamente a la cámara con una energía contagiosa.
—¡Surfista profesional, amante de la adrenalina... y ahora oficialmente participante de Sex Island, nenas!
Scarlet lo observó de arriba abajo evaluándolo.
—Tengo que admitirlo... me gusta la entrada dramática.
Luego levantó una ceja mirando otra gota que caía de su cabello.
—Pero no me gusta tanto quedar empapada en el proceso.
Ragnar miró su brazo húmedo y se llevó una mano a la nuca con una sonrisa un poco culpable.
—Ups, perdón.
Scarlet suspiró con exageración teatral.
—Bueno, espectadores... este es Ragnar Auster. Energía de atleta, espíritu aventurero... y aparentemente cero preocupación por salpicar a la anfitriona del programa.
Ragnar levantó una mano saludando a la cámara.
—Prometo que intentaré no mojar a nadie más... —suelta una traviesa mirada a la cámara—, de esta manera.
Antes de que sienta la mirada asesina de Scarlet se va con el resto de campista y choca los cinco con Malik de manera épica.
[...]
La pasarela descendió y, casi de inmediato, una nueva figura apareció en la cubierta. La cámara descendió lentamente para capturarla.
Era una chica de cabello rubio hasta los hombros, ligeramente ondulado por la brisa marina. Sus ojos verdes brillaban bajo la luz del atardecer y su piel blanca resaltaba contra el fondo azul del océano.
Pero lo que más llamaba la atención era su vestimenta —o más bien, la falta de ella.
La chica había decidido llegar simplemente con un bikini strapless de color morado, como si la isla fuera una pasarela privada para ella.
Scarlet soltó una pequeña risa al verla bajar del yate con total naturalidad.
—Bueno, bueno... alguien entendió perfectamente el concepto de isla tropical.
La chica caminó por la pasarela con confianza, moviendo el cabello hacia atrás mientras observaba las cámaras con una sonrisa despreocupada.
Scarlet abrió los brazos con teatralidad.
—Es un placer presentarles a Nicole Dubois.
La chica saludó levantando una mano.
—¡Bonjour! —dijo con un acento francés ligero y una sonrisa brillante.
Scarlet arqueó una ceja.
—Nicole, tengo que preguntar... ¿ese bikini es tu equipaje completo o el resto de tus cosas llegará en otro barco?
Nicole se rió suavemente.
—Oh no, traje maletas... pero pensé que para llegar a una isla así era mejor entrar en el ambiente desde el principio.
Scarlet la observó con una mezcla de diversión y curiosidad.
—Veo que tienes confianza en ti misma, preciosa.
Nicole asintió con entusiasmo. Con un notorio acento francés respondió:
—Claro. Me encanta la playa, el sol... y bueno, también me gusta que la gente admire el trabajo que hago en el gimnasio.
Se dio una pequeña vuelta como si estuviera mostrando el atuendo.
Scarlet sonrió, claramente divertida por su actitud.
—Espectadores en casa, esta es Nicole Dubois. Ascendencia francesa, espíritu libre... y aparentemente cero problema en llamar la atención.
Nicole miró directamente a la cámara.
—La vida es corta, ¿no? Hay que disfrutarla. 160 cm de puro placer. Mis medidas son 98-58-96... y sí, sé que se me ve todo, pero ¿para qué esconderlo? Este reality es de placer prohibido, ¿no? Así que llegué con lo mínimo... o menos.
Scarlet inclinó ligeramente la cabeza y con una sonrisa se alzó su top dejando ver sus grandes pechos.
—Mi posición favorita... mmm... no me importa cuál sea, la verdad. Misionero, perrito, vaquera, lo que sea... siempre y cuando me chupen las tetas al mismo tiempo. Me vuelvo loca cuando siento una boca ahí mientras me follan. Es como... ¡boom! Todo el cuerpo tiembla.
En las breves interacciones que había tenido con ella, ya podía notar algo: Nicole parecía encantadora... pero también un poco despistada.
[...]
El siguiente yate llegó con un ritmo mucho más tranquilo que los anteriores. No hubo saltos, ni surfistas, ni entradas dramáticas.
Solo elegancia.
La pasarela descendió lentamente hasta el muelle mientras la cámara del dron se acercaba para capturar a la nueva participante.
Una figura femenina apareció en la cubierta.
Scarlet entrecerró ligeramente los ojos con curiosidad.
La chica que descendía tenía cabello negro liso de longitud media, moviéndose suavemente con la brisa marina. Su postura era recta, casi impecable, y cada paso que daba parecía medido con precisión.
Cuando puso el pie en el muelle, la diferencia de altura fue evidente.
Scarlet sonrió hacia la cámara.
—Interesante... muy interesante.

La chica caminó con calma hacia ella. Su porte era elegante pero firme, como si estuviera acostumbrada a que las miradas la siguieran.
—Damas y caballeros —anunció Scarlet—, tenemos aquí a Yuriko Sasaki.
La cámara se acercó un poco más.
Yuriko medía 175 centímetros, lo que le daba una presencia imponente incluso entre los demás participantes. Su belleza era refinada y llamativa, con rasgos definidos y una mirada oscura que parecía analizar todo a su alrededor.
Pero más allá de su belleza, lo que realmente se percibía era seguridad absoluta en sí misma. O quizá algo más cercano a la arrogancia.
Yuriko inclinó ligeramente la cabeza hacia Scarlet con una sonrisa educada.
—Scarlet Synclair —dijo con tono amable—. Es un placer finalmente conocerla en persona.
Scarlet respondió con su típica sonrisa segura.
—El placer es mío, Yuriko.
Yuriko la observó un momento de arriba abajo... y entonces, con la misma sonrisa tranquila, añadió:
—Aunque debo decir... la recordaba un poco más delgada.
El silencio duró exactamente un segundo. El dron captó perfectamente el momento.
Scarlet parpadeó una vez.
Luego soltó una pequeña risa.
—Oh... —espetó con una sonrisa que ya empezaba a volverse afilada—. Me agradas. Dile a la cámara algo sobre ti.
Yuriko gira hacia la lente principal, cruza los brazos bajo el pecho (lo que lo eleva aún más) y habla con voz calmada, arrogante, sin alzar el tono.
—Mido 175 cm. Medidas: 96-58-94. Mi posición sexual favorita es cualquiera en la que yo mande. Arriba, abajo, de lado... no importa. Mientras yo dicte el ritmo, el ángulo y cuándo termina, todo está permitido. No tolero mediocridad. Si no puedes seguirme el paso, ni lo intentes.”
Sin esperar respuesta, camina hacia el área de bienvenida con esa elegancia felina que hace que todos la miren. Pasa junto a los demás sin detenerse a saludar, solo lanza miradas rápidas: a Nicole con un leve arqueo de ceja (como diciendo “lindo intento”), a Thalía con un asentimiento mínimo de reconocimiento mutuo, a Reina con desdén sutil.
Ragnar al verla le susurra a Malik que ni con 200 condones tendría sexo con ella, a lo cual Malik reafirma ese facto.
[...]
Era un chico de cabello negro largo, ligeramente ondulado, que le caía hasta los hombros. Vestía una chaqueta clara abierta sobre una camiseta oscura desgastada, pantalones negros ajustados y varios collares que colgaban de su cuello, entre ellos una cruz metálica.
Su postura era relajada... casi desafiante.
Cuando el yate atracó, bajó la pasarela con las manos en los bolsillos, caminando como si el lugar le perteneciera.
Scarlet lo observó con atención.
—Oh... este sí que tiene pinta de problemas.
El chico levantó ligeramente la mirada hacia ella, con una sonrisa ladeada que parecía más una provocación que un saludo.
Scarlet alzó el micrófono.
—Damas y caballeros, tenemos aquí a Claus di Angelo.
El dron hizo un pequeño acercamiento mientras Scarlet continuaba.
—Hijo de una familia con... digamos...un pasado interesante. Algunos dirían que viene de una larga línea de ex-mafiosos italianos.
Claus mira a la cámara y dice sin miedo alguno que:
—Mientras pueda jalar el cabello de la hermosa dama a la que me follo no me importa la posición o él lugar
Claus se detuvo frente a ella.
Pero en lugar de mirar su rostro... su mirada se desvió claramente hacia el escote de Scarlet.
Scarlet bajó los ojos hacia él... luego volvió a levantar la mirada con una sonrisa muy fría.
—Oye, Romeo.
Claus levantó apenas una ceja, divertido.
Scarlet inclinó la cabeza hacia él.
—Puedes mirar todo lo que quieras.
Luego acercó un poco el micrófono a su boca.
—Pero si llegas a tocar mi cabello...
Hizo una pausa.
—...tu mano será lo único que quede para enterrar.
Claus suelta una risa baja, genuina pero oscura, y retrocede un paso levantando las manos en rendición fingida.
—Mensaje recibido, jefa. Por ahora.
Claus pasó junto a ella caminando hacia el interior del muelle, ignorando casi por completo a las cámaras.
A lo lejos, algunos de los participantes que ya habían llegado observaban la escena desde el sendero. Malik frunció ligeramente el ceño. Ragnar simplemente cruzó los brazos evaluándolo. Reina miraba con curiosidad.
Pero quien habló primero fue Yuriko.
Con los brazos cruzados y una expresión fría, lo observó acercarse.
—Pandillero —soltó con voz fría sin alzar la voz.
Claus se detiene en seco. Gira lentamente hacia ella, su expresión pasa de indiferente a divertida en un segundo. Sin decir una palabra, se acerca lo suficiente para que todos contengan el aliento. Yuriko no se mueve, su mirada desafiante fija en él.
De repente, Claus extiende la mano y le da una nalgada firme pero controlada en el trasero —un golpe seco que resuena en el muelle silencioso. Yuriko se tensa, sus ojos se entrecierran como cuchillas, pero antes de que pueda reaccionar, Claus ya se está alejando con una risa baja.
—Tranquila, chinita. Solo probando si eres tan dura como pareces.
Yuriko, por su parte, se queda quieta un segundo, la mano en la cadera donde la tocó. No grita, no persigue. Solo lo mira alejarse con una expresión que promete venganza lenta y exquisita. Luego se acomoda el top con un movimiento deliberado y murmura para sí misma (pero captado por el micrófono):
—Soy de Japón, pandillero imbécil.
[...]
En la cubierta de un nuevo barco que acaba de aparecer por el lado opuesto —este rojo brillante con rayas blancas como una camiseta de equipo—, un grito eufórico rompe el silencio.
Un chico salta desde la borda sin esperar la pasarela. Da tres vueltas perfectas en el aire —un mortal hacia atrás seguido de un giro lateral—, y aterriza con un impacto seco y controlado justo en el borde del muelle. La madera cruje bajo sus zapatillas deportivas. Lleva una chaqueta de deporte roja abierta sobre una camiseta blanca ajustada que se pega a su torso atlético, pantalones de entrenamiento negros y el cabello marrón corto y revuelto por el viento. Sus músculos se marcan con cada respiración acelerada: hombros anchos, brazos definidos, piernas potentes de quien corre 90 minutos sin parar.
Apenas toca el suelo, suelta un rugido primal de victoria, puños al cielo, cabeza echada hacia atrás.
—¡Y ahí va la entrada más explosiva del dia! ¡Kai Müller, 23 años, delantero estrella del futbol, 180 cm de puro poder y pasión! ¡Bienvenido al muelle, crack!
Kai se gira hacia Scarlet con una sonrisa enorme, dientes blancos relucientes, ojos marrones brillantes de adrenalina. Se acerca a ella con pasos rápidos y le da un abrazo breve pero fuerte, levantándola un segundo del suelo antes de soltarla con cuidado.
—¡Qué onda, mi gente! —gritó con voz alta, emocionada, con acento mexicano marcado y lleno de energía— ¡Aquí estoy yo, Kai Müller, listo para ganar ese millón y para hacer que esta isla se vuelva loca!
[...]
La música del muelle cambia abruptamente: de los beats pesados y callejeros pasa a un riff crudo de guitarra eléctrica que retumba como un trueno. Un yate negro con llamas pintadas en los costados y amplificadores falsos en la cubierta se acerca rápido, casi como si estuviera acelerando hacia el escenario. Desde la proa, antes siquiera de que baje la pasarela, se escucha un solo de guitarra estridente y perfecto: bends agudos, hammer-ons rápidos, un tapping furioso que dura unos 15 segundos y termina en un feedback sostenido que hace vibrar el agua.
La cámara hace zoom. Un chico de cabello marrón largo y desordenado, con mechones cayendo sobre los ojos, está de pie en la proa con una guitarra eléctrica roja colgando del cuello (aunque no está enchufada, el gesto es puro teatro rockero).
—¡Y el rock ha llegado a la isla! —ríe con deleite, aplaudiendo—. Chris Parker, guitarrista rockero que acaba de convertir este muelle en su escenario personal. ¡Bienvenido, estrella del caos!
Chris se sacude el cabello hacia atrás, mira alrededor con una sonrisa torcida y suspira exageradamente, dejando caer los hombros.
—Pensé que esto era un campamento de rock, ¿saben? Guitarras, fogatas, solos hasta el amanecer... pero no. Es un reality de sexo. Bueno... mierda. El sexo es la vida de un rockero, ¿no? Groupies, backstage, noches sin dormir. Así que si no hay amplificadores, al menos voy a entrar en práctica antes de tiempo.
Scarlet se acerca, le da una palmada en el hombro y ríe.
—Decepcionado pero adaptable. Me gusta esa actitud, rockstar. Bienvenido a la Sex Island. Espero verte ‘tocando’ en todos los sentidos.
[...]
La cámara hace un paneo lento desde la proa: allí está ella, de pie en la cubierta, celular en mano, transmitiendo en vivo con una sonrisa perfecta.
Scarlet se recompone rápidamente, su expresión vuelve a ser juguetona y maliciosa.
—Y hablando de recargar la energía... ¡aquí llega la reina de los likes y los suscriptores! Karen Milla, influencer de Instagram y estrella de viaje de Youtuber. ¡Bienvenida al muelle, bombón!”
La pasarela baja. Karen Milla baja con pasos largos y deliberados, su cabello beige (un rubio ceniza casi platino) cayendo en ondas perfectas hasta la mitad de la espalda. Ojos verdes intensos enmarcados por pestañas postizas largas. Lleva un top rojo sin tiras que apenas contiene sus pechos enormes —rebotan con cada paso, hipnóticos, desafiando la gravedad—, y jeans azul deshilachados tan cortos que muestran la curva inferior de su trasero. Tiene piernas largas y tonificadas. En la mano izquierda sostiene el celular en modo selfie, tomando como 12 fotos en un segundo.

Al pisar el muelle y ver las cámaras principales enfocadas en ella, Karen no pierde tiempo. Levanta el escote de su top con ambas manos, aprieta sus pechos grandes hacia arriba hasta que casi se desbordan, saca la lengua en un gesto juguetón y guiña un ojo a la lente.
—¡Hola, mis amores! Karen Milla aquí, 172 cm de puro fuego —exclama con voz dulce—. No puedo vivir sin mi cel, así que sigan el live, den like, comenten... y prepárense porque esto va a estar muy caliente. Me encanta que me den por atras y en la escuela me llamaba la vaca por obvias razones, pero si quieren saber más sobre mi vean mis videos de viajes de mi canal de YouTube o mis fotos en Instagram.
[...]
Un yate discreto, de color crema con detalles en oro mate, se acerca sin fanfarria. No hay saltos, no hay lives en curso, solo la llegada calmada de alguien que parece haber estudiado el manual del reality antes de inscribirse.
Scarlet se recompone, cruza los brazos bajo el pecho y arquea una ceja con curiosidad genuina.
—Y ahora... —dice con ironía— un poco de cerebro entre tanto músculo y curvas. Bienvenido al muelle, Rajesh Sharma, nuestro intelectual invitado de la India.”
La pasarela baja con elegancia. Rajesh Sharma baja con pasos medidos: medianamente alto (alrededor de 178 cm), complexión delgada pero atlética, piel morena cálida, cabello negro corto y perfectamente peinado, gafas de montura fina que le dan un aire de profesor sexy. Lleva una camisa blanca de lino arremangada hasta los codos, pantalones chinos oscuros y zapatos casuales impecables. Su atractivo es notorio: mandíbula definida, ojos oscuros penetrantes y una sonrisa educada que parece saber más de lo que dice.
Se detiene frente a Scarlet, inclina ligeramente la cabeza en un saludo respetuoso y habla con voz clara, articulada, con un acento indio suave pero preciso.
—Rajesh Sharma, 24 años. Con mis manos soy capaz de hacer correr a cualquier mujer que se deje. Anatomía precisa, presión exacta, ritmo calculado... el clítoris responde a la ciencia, no solo al instinto. He estudiado los mapas erógenos del cuerpo femenino como si fueran ecuaciones diferenciales. Resultados garantizados... lo dice el hijo de un diplomado en el Kama-Sutra.
[...]
Scarlet se muerde el labio inferior y suelta un silbido bajo, los ojos brillantes de anticipación.
—¡Y ahora sí que sube la temperatura de verdad! ¡Directa desde Colombia, la bomba que va a hacer temblar esta isla! ¡Bienvenida, Sofía Mantilla!
La pasarela baja. Sofía Mantilla aparece en la proa: piel morena brillante como si acabara de salir de una playa caribeña, cabello negro largo y liso cayendo como una cascada hasta la mitad de la espalda. Lleva un top crop blanco que apenas contiene sus pechos firmes y un pantalón de jean azul claro ultra ajustado, rasgado en los muslos y con rotos estratégicos que muestran piel en cada paso. Pero lo que roba el aliento a todos —chicos y chicas por igual— es su culo: redondo, alto, imposiblemente perfecto, rebotando con cada movimiento como si tuviera vida propia.

Sofía baja la pasarela con pasos lentos y deliberados, caderas balanceándose al ritmo del reggaetón que suena de fondo. Al pisar el muelle y ver las cámaras enfocadas en ella, manda un beso volado directo a la lente, saca la lengua un segundo y luego gira de espaldas. Baja un poco el pantalón con ambas manos —solo lo suficiente para que la cámara capte la tanga negra diminuta desapareciendo completamente entre sus nalgas redondas y firmes. El hilo se pierde, dejando solo piel morena suave y brillante a la vista. Mueve las caderas en círculos lentos y provocadores.
Una vez más el celular de Scarlet comenzó a sonar por el aumento de rating.
El muelle entero se queda en silencio un segundo, luego estallan murmullos y silbidos bajos. Kai suelta un “¡la puta madre!” audible. Ragnar abre los ojos como platos. Malik suelta un largo “Niceee”. Claus dice que es más fan de la carne blanca, pero nunca está de más probar de todo. Hasta Reina deja escapar un suspiro al verla.
Sofía se gira de nuevo hacia la cámara, sube el pantalón con un movimiento casual y habla directo a la lente con voz ronca, acento colombiano marcado y sensual, lleno de picardía.
—¡Hola, mi gente! Sofía Mantilla, 167 cm de puro fuego colombiano. Medidas: 92-62-110... sí, el culo es natural y sí, lo uso. Me encanta bailar, sobre todo cuando me graban, porque bailar es como follar con ropa puesta. Y cuando me quito la ropa... me gusta follar bajo la ducha o en el mar. Agua caliente chorreando por el cuerpo, olas moviéndose al ritmo, sal en la piel... eso sí es vida. ¿Quién se apunta? Pero pobre de aquel que me haga algo que no me guste.
Scarlet se acerca riendo a carcajadas, le da un abrazo lateral y le comienza a apretar el culo de Sofia, sintiendo lo perfecto que es.
—Sofía, bienvenida! Ya veo que vas a romper todos los retos acuáticos... y los que no. Ve con los demás, reina. La isla ya está temblando.”
Sofía camina hacia el grupo moviendo las caderas sin parar, mandando besos volados a diestra y siniestra.
[...]
A diferencia de los anteriores, este avanzaba con una tranquilidad casi elegante. Su casco azul oscuro reflejaba la luz del sol y, desde la cubierta, se veían dos figuras idénticas apoyadas en la barandilla.
Scarlet entornó los ojos.
—Oh... esto sí que es interesante.
El dron se acercó lentamente mientras el barco atracaba.
Las dos chicas bajaron al mismo tiempo por la pasarela, perfectamente sincronizadas, como si lo hubieran practicado.
Cabello anaranjado intenso, ambas lo tenian largo, pero una lo tenia ondulado y la otra lo tenia laceo, brillando casi como cobre bajo el sol. Ojos verde esmeralda penetrantes. Piel clara con un delicado salpicado de pecas en la nariz y las mejillas.
Ambas vestían de forma muy similar: la de cabello ondulado usaba un body negro de pierna alta entallado a su cuerpo, que resaltaba sus caderas y unos pantalones blancos, mientras que la de cabello laceo usaba unos pantalones negros un top blanco que dejaba ver parte de su abdomen plano, pero que tambien estaba conectado con unos aros dorados a su tanga de pierna alta.


Si bien las dos caminaban tomadas de la mano, mostrándose sonrientes, una miraba a los jugadores, mientras que la otra miraba a los alrededores.
Scarlet levantó el micrófono, claramente encantada con el espectáculo.
—¡Y parece que la isla acaba de duplicar su peligro! —anunció con una sonrisa maliciosa—. Directamente desde Escocia... las gemelas MacLeod.
Las cámaras alternaron entre ambas mientras Scarlet continuaba.
—Freya MacLeod... y Fiona MacLeod. Dos tormentas pelirrojas que, según me dijeron en producción... rara vez se separan.
Las dos no hablaron, solo respondieron apegando sus cuerpos uno contra el otro, dejando que la cámara grabe como los pechos de ambas chocaban por su idéntico tamaño y sus muslos rozándose lentamente.
Se miran a los ojos un segundo, sonríen con picardía y sacan sus lenguas, ilusionando a los espectadores de un posible beso entre gemelas —lo cual genero el aumento de rating—, pero nunca llego y las dos miraron a las cámaras.
—Asegúrense de vernos si quieren ver más de nosotras —dijeron al unisonó.
—Gemelas MacLeod, ustedes sí que saben lo que vende, bienvenidas al programa, ¿algunas otras palabras?
Primero Freya tomó el micrófono y se lo acercó a su hermana.
—Mi nombre es Fiona MacLeod —dijo con voz sensual mientras jugaba con su cabello ondulado—. Soy la mayor y quien se meta con mi hermanita... bueno, yo se como hacer que la deje de molestar... y me moleste a mi en la cama.
Luego ella tomó el micrófono y se lo acercó a su hermana.
—Yo soy la hermanita menor, Freya MacLeod —dijo con voz coqueta guiñando el ojo—. Solo soy la menor por una pequeña diferencia, pero soy capaz de controlar temas... “muy grandes”, más si mi hermana me ayuda con una “mano”.
Las dos gemelas antes de irse con los demás campistas, se detuvieron la besar cada una uno de los pechos de Scarlet.
[...]
—Y hablando de contrastes... aquí viene alguien que no necesita gritar para que todos sepan que está en el juego. ¡Bienvenido al muelle, el chico que te hace gritar a ti!
La pasarela baja. Salvador Ortega aparece en la cubierta: piel morena bronceada por el sol, ojos negros profundos que parecen absorber la luz, cabello marrón oscuro un poco revuelto por el viento del lago. Lleva una camiseta negra ajustada que marca cada músculo del pecho y abdomen, jeans oscuros ceñidos y botas de cuero gastadas. Tiene 21 años, pero su expresión es seria, casi intimidante, como si estuviera evaluando el terreno antes de entrar en batalla. No sonríe de inmediato; solo observa el muelle, las cámaras y a Scarlet con una calma calculada.
Baja con pasos firmes, sin prisa. Al llegar al final de la pasarela, se detiene frente a Scarlet. Ella lo recorre de arriba abajo sin disimulo.
—Salvador Ortega, 21 años, el típico chico callado que te hace gritar en la cama. ¿Verdad que sí, guapo? No hablas mucho... pero cuando hablas con el cuerpo, todos escuchan.
Salvador asiente una sola vez, sin sonreír aún. Luego gira hacia la cámara principal, se agarra el borde de la camiseta con ambas manos y la levanta lentamente hasta el pecho. Sus abdominales se marcan como tallados en piedra: ocho paquetes definidos, una V profunda que desaparece bajo la cintura del jean, piel morena brillante bajo la luz. La cámara hace zoom sutil mientras él mantiene la pose unos segundos, dejando que todos vean exactamente lo que vende.
—Mi papá era un militar y mi abuelo lucho con el narcotráfico... no diré de que país soy, pero ya se nota que soy de Latinoamérica.
—Pero que interesante... —trato de hablar.
—Sonreír se me hace complicado... —la interrumpió con voz seria. —Solo encontraba emoción en el gimnasio de mi familia... pero mi posición favorita es por detrás; pues si yo voy atras puedo ver y controlar todo por si alguien intenta atacarme por la espalda.
—Jeje... directo al grano.
Me encanta. Bienvenido a la isla, Salvador. Espero que hagas gritar a más de uno... o de una.”
Mientras Salvador camina hacia el área de bienvenida, pasa junto a Reina Myers, que está parada un poco apartada, con los brazos cruzados bajo el pecho y una sonrisa traviesa. Al verlo de cerca —especialmente después de esa demostración de abdominales—, Reina se muerde el labio inferior con fuerza, sus ojos azules recorriéndolo de arriba abajo como si ya estuviera imaginando escenarios. Su postura cambia sutilmente: caderas ladeadas, pecho un poco más adelantado, un brillo juguetón en la mirada.
—Mmm... —murmuraba Reina para si misma— este sí que parece interesante. Calladito pero con fuego debajo.
Pero tambien frunce un poco el ceño al ver como Sofia se le acercaba a Salvador.
[...]
A diferencia de los anteriores, este no era llamativo ni ruidoso. Era elegante.
Casco blanco marfil, detalles metálicos discretos, y una tripulación vestida con uniformes impecables. Todo en el barco transmitía una sola cosa: dinero.
Scarlet cruzó los brazos mientras observaba.
—Oh... esto sí que es diferente.
El yate se acercó lentamente al muelle y la pasarela descendió con un movimiento suave y silencioso.
Por un momento no apareció nadie. Luego una figura emergió desde la cubierta.
La cámara del dron se acercó.
Era una mujer alta... muy alta. Su postura era recta, casi aristocrática. Cabello negro corto, perfectamente peinado, enmarcando un rostro de rasgos elegantes y mirada fría.
Vestía un vestido negro sin tiras, sencillo pero claramente caro, que se ajustaba con precisión a su figura esbelta.
Cuando puso un pie en el muelle, la diferencia de altura fue evidente.
180 centímetros de presencia impecable.

Scarlet levantó el micrófono con una sonrisa curiosa.
—Y parece que nuestra isla acaba de recibir...realeza moderna.
La mujer caminó con calma hacia ella, observando alrededor con una mirada crítica.
Primero el muelle. Luego las cabañas a lo lejos. Después la playa.
Su expresión cambió apenas un poco... pero fue suficiente.
Decepción.
Scarlet lo notó de inmediato.
—Damas y caballeros —anunció—, les presento a Victoria Lancaster.
La mujer se detuvo frente a ella.
—Victoria Lancaster —confirmó con voz calmada y refinada—. Veintitres años.
Scarlet inclinó ligeramente la cabeza.
—Familia Lancaster... ¿alguna relación con los Lancaster de Gran Bretaña?
Victoria levantó una ceja, como si la pregunta fuera obvia.
—La única.
Al fondo, algunos participantes comenzaron a murmurar.
Victoria se detiene frente a la cámara principal, ajusta las partes de su vestido que sostenían sus pechos y con movimientos lentos y deliberados. Las tiras se deslizan un poco hacia los lados, dejando ver más de sus pechos gigantescos, naturales y firmes, que se elevan con cada respiración.
—Victoria Lancaster. Mido 180 cm. Medidas: 102-60-98. Todo natural, todo mío. Mi posición sexual favorita es El Trono del Rey: yo sentada en su rostro, controlando el ritmo, recibiendo placer mientras él me adora desde abajo. El poder está en quien decide cuándo parar... y yo siempre decido. Vine aquí porque me canse que mi padre se crea el único que puede tener amantes, mi mamá sabe de esto y me apoyó para que a mi estúpido padre le de un infarto.
Las miradas de Victoria y las de Yuriko se cruzaron y los demás campistas sintieron como si la tensión se hubiera vuelto tan intensa que se podría cortar con un cuchillo.
—Vine por diversión... y por ganar. Pero si esto no sube de nivel, me aburriré rápido y yo misma me descalificaré. Aunque si admito que esperaba algo a mi altura, pero no me puedo quejar. Aunque estoy dispuesta a ser amiga de quienes vea que puedan ser útiles. Mi madre me enseñó a usar los encantos de una mujer, no solo físicos, sino tambien mentales.
Luego ella sin esperar invitación fue a pararse con los demás, pero las gemelas se mostraron disgustadas con la prepotencia de ella, pero sabian fingir y la saludaron con una amigable sonrisa.
[...]
Cuando parecía que el muelle por fin iba a quedar en silencio, un nuevo sonido comenzó a escucharse desde el mar.
No era el motor. Era música.
Un ritmo brillante y energético empezó a retumbar desde el yate que se acercaba: beats electrónicos, sintetizadores vibrantes y un coro pegajoso que recordaba claramente al estilo del K-pop.
Scarlet levantó la cabeza con curiosidad.
—Oh... ¿en serio?
El yate era más pequeño que algunos de los anteriores, pero estaba decorado con luces LED de colores que parpadeaban al ritmo de la canción. En la cubierta, una figura femenina bailaba mientras el barco se acercaba al muelle.
El dron hizo zoom.
Era una chica de cabello negro largo, pero con un detalle imposible de ignorar: la mitad derecha estaba teñida de blanco plateado, creando un contraste llamativo que brillaba bajo el sol.
Vestía una chaqueta corta estilo idol, un top negro brillante y una falda corta con botas altas, moviéndose con la seguridad de alguien acostumbrado a los escenarios.

Cuando la pasarela descendió, ella bajó bailando los últimos pasos de la coreografía, girando sobre sí misma antes de detenerse frente a Scarlet con una sonrisa radiante.
Scarlet soltó una risa sorprendida.
—Bueno... eso definitivamente fue una entrada digna de escenario.
Levantó el micrófono.
—Damas y caballeros... directamente desde Corea del Sur...Ji-eun Park.
Ji-eun inclinó ligeramente la cabeza con una pequeña reverencia elegante.
—Hola a todos.
Su voz era suave, pero segura. Scarlet la observó con interés.
—Cantante... ¿verdad?
Ji-eun asintió.
—Cantante amateur de K-pop.
Se encogió ligeramente de hombros con una sonrisa que mezclaba orgullo y algo de ironía.
—O al menos lo intenté.
Scarlet arqueó una ceja.
—¿Intentaste?
Ji-eun soltó una pequeña risa.
—El mundo de las idols no es tan brillante como parece.
Miró brevemente hacia las cámaras.
—Mucho control... muchas reglas... y si no encajas perfectamente en lo que quieren, desapareces. ¡Por eso vine al país de la libertad! —exclamó levantando su top negro, luciendo un top de bikini con la bandera de Estados Unidos—. ¡Me encanta que me hagan gemir cuando saben exactamente que punto golpear!
Chris Parker y Sofia Mantilla se mostraron un poco en desacuerdo por los gustos musicales de ella, pues a él le gustaba el rock y el metal, mientras que a Sofia le gustaba el reguetón.
[...]
Justo cuando Ji-eun iba a cantar un poco se quedó con la boca abierta al ver un chico altamente atractivo bajar de un nuevo yate.
Tanto los chicos como las chicas se le quedaron bien por tremendo adonis que aterrizaba como si fuera un ángel. Era como si ese chico detuviera el tiempo y todo fuera en cámara lenta.
—Préñame papi~ —hablaron todas las chicas al unísono.
—Hace dudar a uno —espetaron los chicos al unísono, para luego fingir que no hicieron nada y comenzar a hablar de manera más grave.
Scarlet lograron recuperar la cordura dice:
—Y ahora... llega el que todos, hasta los hombres, consideran el participante más hermoso de todos. Alto, fornido, rostro que parece tallado por dioses y una voz que excita a cualquiera solo con decir hola baby. ¡Bienvenido al muelle, Henry Evans!
La pasarela baja. Henry Evans baja con pasos calmados y seguros: 23 años, 185 cm de puro músculo definido pero elegante —hombros anchos, pecho marcado bajo una camisa blanca abierta hasta la mitad del torso, pantalones negros ajustados que resaltan piernas fuertes y una cintura estrecha. Su piel es un tono oliva perfecto, cabello oscuro corto y ligeramente ondulado, ojos grises profundos que parecen ver dentro del alma, mandíbula cuadrada y labios carnosos que se curvan en una sonrisa sutil y peligrosa. Cada movimiento es fluido, casi felino, y cuando habla, su voz sale grave, aterciopelada, resonando como un ronroneo que hace que varios concursantes se estremezcan visiblemente.
Se detiene frente a Scarlet, la mira directamente a los ojos y le extiende la mano con una cortesía natural. Con voz profunda y suave, como terciopelo suelta sus primeras palabras.
—Scarlet Synclair. Un placer verte en persona.
Scarlet toma su mano, pero en lugar de estrecharla, se queda un segundo más de lo necesario. Su mirada recorre el rostro de Henry, luego baja por su pecho expuesto, y finalmente sube de nuevo. Se muerde el labio inferior y suelta una risa nerviosa.
— Henry Evans... —dijo, intentando mantener el control— por favor, no te acerques mucho o me desmayo aquí mismo. Eres demasiado... todo.
Henry sonríe de lado, esa sonrisa que hace que el aire se sienta más pesado. Se inclina ligeramente hacia ella, lo suficiente para que solo Scarlet (y los micrófonos cercanos) escuchen el susurro.
—Lo sé. Me llamaron solo por mi apariencia. Pero no me importa. Estoy aquí para ganar... y para divertirme en el proceso.
Scarlet traga saliva, sus mejillas se tiñen de un rosa sutil. Se recompone con esfuerzo, se endereza y habla más alto para la cámara, aunque su voz todavía tiembla un poco.
—Henry Evans, 185 cm de perfección andante. Ve con los demás antes de que alguien, o yo, pierda el conocimiento, papito lindo.
Henry asiente con esa calma imperturbable, se gira hacia la cámara principal y habla directo a la lente con esa voz que parece acariciar los oídos de quien escucha.
—No necesito decir mucho. Solo que estoy listo para lo que venga... y que quien quiera probar, que se acerque. No muerdo... a menos que me lo pidan.
Por unos minutos los servidores donde se transmitía el show se cayó por el efecto que habia causado Henry.
[...]
Tras el estremecimiento de todos los participantes por el regalo divino que es Henry, ya era momento de presentar a la próxima participante.
Lo que parecia ser una llegada normal se cambió por completo cuando la cámara del dron enfocó en el hermoso rostro de la nueva participante, rasgos finos y una mirada filuda para cautivadora.
Cuando el yate se orilló todos pudieron verla mejor, era bastante alta, no tanto como Victoria, lucia un hermoso cabello blanco y unos atributos físicos que dejaba en claro que iba a dejar marca en el show.
—Damas y caballeros —habló Scarlet con elegancia mientras se acercaba a la concursante—. Les presento a la hermosa y elegante Alina Sokolov. Desde las frías tierras de Rusia hasta las aguas cálidas de nuestra isla.
Con un claro acento ruso ella saludo, para luego cambiar de lenguaje a uno que todos entiendan.
—¿Cómo han estado, ustedes adictos a la pantalla? —habló mientras pasaba sus manos por su cuerpo—. Ahora sí tienen una excusa para estar apegados al monitor o a su celular.
Alina lucia un hermoso cabello blanco recogido en un moño alto con mechones sueltos que enmarcan su rostro. Ella luce un vestido de seda negro semitransparente que se adhiere a cada curva de su cuerpo como una segunda piel. El escote en V profundo casi llega al ombligo, revelando el contorno de sus senos sin sujetador. La tela se abre en una larga raja lateral hasta la cadera, dejando entrever su piel pálida.

—Cuéntanos, bombo helado —dijo Scarlet con emoción mientras hacia que Alina diera una vuelta—. ¿Por qué postulaste para venir a Sex Island?
Alina fingió pensarlo, mordiéndose suavemente uno de sus dedos para luego reaccionar como si recién se hubiera acordado.
—Porque en Moscú ya lo tenía todo… y al mismo tiempo no tenía nada. Dinero, ropa, hombres que me miraban como si fuera un trofeo. Pero ninguna emoción real. Cuando me ofrecieron este reality me dijeron: “Aquí no hay reglas. Solo deseo”. Y yo pensé: por fin alguien me invita a jugar de verdad. Quería sentir que mi cuerpo no es solo para ser admirado… sino para ser usado, explorado, devorado. Vine porque quiero que alguien me demuestre que todavía puedo perderme. Mis medidas: 98-58-96.
Scarlet con emoción menciona el vestido que ella utiliza, resaltando que se parece mucho al suyo... demasiado.
—Bueno, Scarlet. Si alguien tiene algo... tiene derecho a presumirlo~ —luego ella mira a la cámara—. No crean que no se lo que en verdad les importa... Mi posición favorita… el misionero profundo. Pero no el suave. El que te deja sin aire. Con las piernas bien abiertas, las manos en mis muñecas o en mi cuello, y alguien embistiéndome tan hondo que siento que me van a partir por la mitad. Me encanta mirar a los ojos mientras me follan. Ver cómo se les transforma la cara cuando se dan cuenta de lo apretada que estoy… y de lo mojada que me pongo.
Y para rematar el momento, Alina se acerca a Scarlet y le roba un beso, pero no uno sencillo. No, ese beso fue con lengua que provoco que las visitas volvieran a aumentar.
Cuando el beso terminó un fino hilo de saliva aun las unía y con pasos coquetos Alina se alejo, dejando a Scarlet sin palabras.
—Wow...
Fue lo único que ella logro a gesticular.
[...]
Para cerrar con broche de oro, una de piel blanca, ojos azules claros y cabello negro largo que caía con elegancia sobre sus hombros. Vestía una blusa con los hombros descubiertos y una falda ajustada que resaltaba su figura sin perder un aire sencillo.
Pero lo que más llamaba la atención no era su apariencia.
Era su expresión.
Tenía un rostro amable, casi dulce, y una mirada tranquila que contrastaba bastante con la energía caótica de varios de los participantes que ya estaban en la isla.

Scarlet levantó el micrófono con una sonrisa más suave que las anteriores.
—Y para cerrar nuestras llegadas... tenemos a alguien muy especial.
La chica se detuvo frente a ella y juntó las manos con cierta timidez.
Scarlet miró a la cámara.
—Ella es Silena Kaiser.
Silena inclinó la cabeza con educación.
—Hola... es un gusto conocerlos.
Su voz era suave y cálida, casi calmante.
Scarlet asintió ligeramente.
—Durante su audición, Silena nos contó algo importante sobre su vida.
Se cruzó de brazos mientras hablaba.
—Ella es la mayor de cinco hermanas.
Varios de los participantes en la playa levantaron las cejas al escuchar eso.
Scarlet continuó.
—Desde muy joven tuvo que asumir el rol de cuidarlas, ayudarlas... prácticamente convertirse en la segunda madre de su casa.
Silena sonrió con un poco de nostalgia.
—Mis hermanas siempre han sido mi prioridad.
Scarlet la miró con curiosidad.
—Entonces... ¿por qué venir a Sex Island?
Silena tomó una pequeña respiración antes de responder.
—Primero... por el dinero.
Lo dijo con total honestidad.
—Quiero ayudar a mi familia... asegurarme de que mis hermanas tengan oportunidades que yo no tuve.
Scarlet asintió con respeto.
—Eso es admirable... un poco aburrido, pero admirable.
Silena bajó ligeramente la mirada... y luego sonrió con un pequeño brillo travieso que nadie esperaba.
—Pero también...
Levantó los ojos hacia Scarlet.
—Porque quiero saber qué se siente vivir un poco para mí misma. Quiero sentir que soy la única que importa en el mundo, aunque sea un momento —ella mira a la cámara—. No, no soy virgen pero tampoco es que haya disfruta de las dos veces que tuve sexo con mi ex-novio.
Scarlet observó a Silena con una sonrisa suave, casi maternal, mientras la chica terminaba de hablar.
—Silena Kaiser... —repitió con voz baja y cálida—. La que cuida a todos... pero quiere un ratito para que la cuiden a ella. Me encanta. Ve con los demás, cariño. La isla ya tiene su ángel.
Silena asintió con timidez y caminó hacia el grupo. Reina le hizo espacio con una sonrisa coqueta.
Scarlet dio un paso atrás, miró el muelle lleno de participantes y levantó las manos con autoridad.
—Bien, mis cachorros y conejitas... —dijo con esa voz ronca que hacía que todos prestaran atención—. Antes de que se vayan a las cabañas a marcar territorio, necesito una cosa de ustedes.
El dron principal bajó un poco más, enfocando el grupo completo. Scarlet señaló el final del muelle, justo donde el sol del atardecer pintaba el mar de naranja y dorado.
—Todos al muelle. Ahora. Vamos a tomar la foto oficial de promoción del show. La que va a estar en carteles, redes, anuncios... y en las fantasías de medio mundo. Necesito que luzcan lo más sexys, provocadores y peligrosos posible. ¿Entendido?
Un murmullo excitado recorrió el grupo. Karen ya estaba sacando su celular para grabar detrás de escena. Yuriko se acomodó el top con un movimiento deliberado. Kai sonrió como si ya supiera que iba a robar cámara.
Scarlet caminó hacia el centro del muelle, tacones resonando, y empezó a dirigirlos como una directora de cine erótico:
—Chicas adelante, chicos atrás. Reina, Thalía, Nicole y Sofía en el centro... sí, así. Karen, saca ese escote un poco más. Gemelas MacLeod... una a cada lado de mí, quiero que se vea que son fuego y hielo al mismo tiempo. Ji-eun, haz esa pose de idol que tanto te gusta. Silena, cariño, no te escondas... saca pecho, que eres parte de esto. Victoria, Alina, las dos júntense más que ustedes van a vender mucho juntas.
Los chicos se acomodaron atrás. Malik y Claus se pusieron uno al lado del otro como dos guardianes. Henry Evans se colocó justo en el centro del fondo, y el dron casi se tambaleó al enfocarlo. Ragnar se pasó una mano por el cabello húmedo, sonriendo. Scarlet se colocó en el frente, de espaldas al mar, con los brazos abiertos como si abrazara a todo el grupo.
—Perfecto... ahora, cuando yo diga ustedes dice: “¡Viva Sex Island!” y todos gritan lo más fuerte y sexy que puedan. Quiero que suene como si estuvieran a punto de follarse la isla entera. ¿Listos?
El dron se elevó un poco, capturando la toma aérea perfecta: 26 cuerpos semidesnudos, brillantes por el sol y el sudor ligero, todos mirando a cámara con expresiones que iban desde la arrogancia pura de Yuriko, hasta la timidez juguetona de Silena.
Scarlett levantó tres dedos.
—Uno... Dos... ¡TRES!
Todos gritaron al unísono:
—¡VIVA SEX ISLAND!
El grito salió potente, salvaje y lleno de energía. Algunos lo acompañaron con gestos: Reina se bajó un poco el top, Sofía movió las caderas, Kai levantó los brazos como si hubiera marcado un gol, Chris hizo el signo de cuernos rockero, y hasta Victoria y Alina apoyaron sus cabezas con la otra para una mejor toma de su "amistad".
Scarlett soltó una carcajada ronca, satisfecha.
El dron se alejó lentamente, dejando la imagen del grupo completo en el muelle, el mar turquesa detrás y el sol cayendo. La voz de Scarlett se escuchó una última vez en off:
—Que empiece el caos...
Scarlett levantó las manos y dio dos palmadas fuertes que resonaron por todo el muelle.
—Bien, mis hermosos y cachondos participantes... la foto grupal ya está en el servidor y va a hacer que medio mundo se toque esta noche. Pero antes de que corran a elegir camas y empiecen a follar en secreto, todos al círculo de la fogata. ¡Ahora!
El grupo empezó a caminar por el sendero de arena. El sol aún estaba alto, así que la fogata circular de troncos y piedras negras permanecía apagada, pero el ambiente ya se sentía cargado. El aire olía a sal, protector solar y testosterona mezclada con perfume caro.
Scarlett caminaba al frente, contoneándose con cada paso, y hablaba sin mirar atrás:
—Este es el corazón de la isla. Aquí se van a decir verdades, se van a formar alianzas... y aquí también se van a romper. Así que acostúmbrense a este lugar, porque van a pasar muchas noches sentados aquí... algunos con las piernas abiertas, otros con el orgullo por el piso.
Cuando llegaron al círculo, los participantes empezaron a repartirse en los troncos. Y casi de inmediato, comenzaron los primeros roces.
Claus di Angelo, con las manos en los bolsillos y esa sonrisa ladeada de problema andante, se sentó justo al lado de Yuriko Sasaki. Se inclinó hacia ella sin ningún disimulo y murmuró lo suficientemente alto para que todos escucharan:
—Oye, asiática... ¿qué te parece si compartimos cama desde la primera noche? Yo duermo del lado izquierdo, tú del derecho... y en medio hacemos lo que nos dé la gana.
Yuriko giró la cabeza lentamente. Su mirada era puro hielo. No levantó la voz, pero cada palabra salió afilada como una navaja:
—Prefiero dormir con una cobra antes que contigo, pandillero. Y si vuelves a acercarte tanto, te voy a hacer un nudo con esa lengua que tanto te gusta usar.
Claus soltó una risa baja y oscura, pero no se movió. Solo cruzó los brazos, disfrutando claramente del rechazo.
Scarlett levantó los brazos con dramatismo teatral, el sol del atardecer tiñendo su piel dorada mientras el dron bajaba lentamente hasta quedar justo encima del círculo de troncos.
—Bien, mis hermosos y calientes animales... —su voz sonó más grave y seductora que nunca—. Ya basta de miraditas y roces. Es hora de que sepan con quién van a pelear... y con quién van a follar durante las próximas semanas.
Hizo una pausa, disfrutando del silencio tenso que se creó. Todos los 22 participantes la miraban fijamente.
—Este reality no es solo sexo. Es guerra. Y la guerra se juega en equipos.
De detrás de uno de los troncos sacó un cofre negro brillante. Lo abrió con lentitud y sacó la primera bandera: un estandarte negro con bordes dorados.
—Si digo sus nombres pónganse de pie —agregó mientras sacaba un tableta y ponía en al azar los nombres de todos.
En la pantalla que estaba a unos metros de la fogata uno a uno comenzaron a aparecer los nombres de los miembros del primer equipo. Scarlet hablaba cada vez que el nombre salía.
—Yuriko, Thalía, Rajesh, Sofía, Salvador, Nicole, Freya, Silena, Ragnar y Kai,
Cada nombre salía de sus labios como un veredicto. Los trece se levantaron uno a uno, tomaron su bandera pequeña y se colocaron a un lado del círculo, formando un semicírculo. Algunos sonreían con picardía, otros miraban con curiosidad o sorpresa, pero nadie protestó... todavía.
Scarlett agitó la bandera grande donde aparecía un conejo con túnica griega ondeando como si estuviera ebrio.
—A partir de hoy ustedes serán conocidos como... ¡“Los conejos hedonistas”!
—Conejos Hedonistas... —dijo Salvador con ligero asombro—. Es muy ingenioso.
El grupo de Conejos Hedonistas se reunió en un lado. Yuriko ya miraba a los demás con superioridad. Thalía cruzó los brazos, lista para la guerra. Sofía se mordía el labio mirando al equipo contrario. Rajesh sonreía como si ya estuviera calculando cómo dominar el juego. Salvador simplemente observaba todo en silencio, aunque sí le parecia raro que Sofía caminaba a su costado.
—Y ahora... el otro lado de la moneda.
Hizo una señal a los asistentes. El segundo asistente abrió la otra caja de madera y sacó una bandera grande de color negro intenso con bordes dorados y rojos. En el centro ondeaba el escudo: un semental negro musculoso, poderoso y erecto, con una corona de laurel torcida y una cadena dorada alrededor del cuello. Sus ojos eran fieros, salvajes, y su postura gritaba dominancia pura.
—Este es el segundo equipo —anunció Scarlett, desplegando la bandera con un movimiento seco—. Los Sementales Cachondos.
Los trece restantes se pusieron de pie automáticamente. Scarlett comenzó a llamar nombres uno por uno, entregando a cada uno su bandera pequeña con el escudo del semental negro.
—Reina, Karen, Fiona, Victoria, Ji-eun, Malik, Claus, Alina, Henry y Chris.
Malik agarró su bandera con emoción y gritaba que siempre sabia que era un semental. Scarlett agitó la bandera grande una vez más, el semental negro ondeando con fuerza.
Scarlett miró alternativamente a ambos grupos, con esa sonrisa traviesa que prometía guerra.
—Dos equipos. Dos filosofías. Un mismo paraíso... y un solo ganador.
Mientras los 22 campistas comenzaban a caminar por los senderos de arena hacia sus cabañas, cargando sus banderas y hablando en voz baja, la imagen cambió bruscamente.
La cámara cortó a un lugar completamente diferente: una habitación subterránea iluminada con luces rojas tenues, paredes negras insonorizadas y una enorme pantalla que mostraba en tiempo real todo lo que ocurría en la isla.
Scarlett estaba sentada en un sillón de cuero negro, con las piernas cruzadas y una copa de vino en la mano. Detrás de ella, un letrero luminoso en letras rojas decía: EL BUNKER.
—Bienvenidos al Bunker —dijo con voz baja y confidencial, mirando directo a cámara—. Este es mi lugar favorito... y el de ustedes también muy pronto.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, dejando que su escote se viera aún más pronunciado.
—Aquí, lejos de los demás, cada participante podrá entrar solo cuando quiera y decir lo que realmente piensa. Sin filtros, sin actuación, sin miedo. Sus verdaderos pensamientos, sus estrategias sucias, sus deseos más oscuros... todo. Gracias a las cámaras ocultas de este Bunker, ustedes en casa van a escuchar exactamente lo que sienten cuando nadie los ve.
Scarlett sonrió con malicia y levantó su copa.
—Porque en Sex Island... lo que se dice en la hoguera es teatro. Lo que se dice en el Bunker... es la verdad.
La cámara se alejó lentamente mientras ella daba un sorbo al vino, dejando que la luz roja iluminara su sonrisa peligrosa.
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Continuara en la otra parte.
Planeo subir una versión con imágenes en Inkitt, pero solo la estaria subiendo un capitulo a la semana.








