✧ Prólogo ✧
#El Último Susurro del Mundo.
El día que mis padres me revelaron la fecha exacta del fin del mundo, yo tenía dieciséis años.
“Dos años, tres meses y dieciocho días.” Ese fue el veredicto.
El tiempo que le quedaba a la capa de ozono antes de colapsar y desaparecer por completo.
Aquel día, mi adolescencia murió sin ceremonias.
Durante meses, la Fortaleza Valhalla —un gigante de acero en lo profundo de las tierras rusas— se convirtió en mi universo.
Entre sus muros helados aprendí a luchar, liderar y sobrevivir.
A cargar un título que pesaría sobre mis hombros hasta la muerte.
La Comandante Suprema.
Soy la responsable de guiar a los Herederos, los jóvenes más poderosos del planeta, hacia un futuro incierto.
En algún punto, dejé de ser una adolescente privilegiada. Recuerdo el instante en que ingresé en la criocápsula de la nave Rhea. El sistema de hibernación me envolvió y la oscuridad llegó. Despertando un siglo después.
Ya no era el mundo que habíamos dejado atrás. No estaban nuestras familias esperándonos. Ni la población que conocíamos. Pero no estábamos solos.
Otros habían sobrevivido y no estaban dispuestos a compartir el planeta.
Los Drafusy, descendientes de los primeros humanos que huyeron bajo tierra, nos encontraron primero.
El mundo exterior era un esqueleto de lo que alguna vez fue la civilización. Ciudades devoradas por la vegetación, mares habitados por criaturas desconocidas, montañas purificadas tras un siglo sin tecnología.
Un mundo pareció regresar a su hábitat natural, impredecible y feroz. En la superficie, habían sobrevivido los Wilkers.
Conformados por Ocho Clanes con costumbres distintas, unidos por una única figura de poder: La Høvding.
Freyja Sigurðardóttir.
Heredera de un linaje que se negó a morir.
La líder de un pueblo nacido de la tierra, eran la resistencia y la guerra.
La mujer cuya figura se alzaría frente a mí.
Opuestos en todo… excepto en lo que realmente importaba.
Ambas luchábamos por la misma causa: la supervivencia de la humanidad.
La alianza entre nuestros pueblos no sería fácil, ni pacífica. Pero es necesaria.
Porque el enemigo que se oculta bajo la tierra aún respira y su sombra se extiende más lejos de lo que jamás imaginamos.
El mundo vuelve a arder bajo los mismos errores que lo destruyeron una vez.
Esta es la primera página de una guerra que voy a ganar. No importa el precio, no importa a quién deba enterrar vivo para lograrlo.
La venganza es mi destino. Una deuda que el universo me debe y que pienso cobrar con intereses. Así sea en está o en otra vida.
Porque se atrevieron, humanos jugando a ser dioses. Ustedes hombres sin alma:
se atrevieron a tocar lo que era mío.
Creyeron tener el derecho de romperme. Intentando asesinar a mi gente como si sus vidas fueran simples piezas descartables en su juego miserable.
Me observaron sangrar, gritar y perderlo lo que amó, pensaron que eso bastaría para detenerme.
Mis padres se lo advirtieron, pero cometieron el error de no escucharlos. Fueron tan ingenuos para alguien que se enorgullece de ser superior.
Pensaron que me arrastraría agradecida por seguir respirando, que sería obediente, docil y descartable.
¿Acaso no comprenden todavía el tipo de criatura que habían creado?
Conozco el dolor antes de pronunciar mi primera palabra.
Yo que jamás necesité una sola arma como ustedes, porque yo soy mi propia arma viviente.
Podrán tener sus dispositivos, sus máquinas, su ejército sin escrúpulos. Pero yo tengo memoria, cuyo resentimiento solo aviva mis ansias por verlos desaparecer.
El recuerdo no me hunde, solo me endurece. Me convierte en algo que jamás podrán controlar.
¿Realmente creen que tienen ventaja, que ya me arrebataron todo lo que podía dolerme?
Ilusos, solo me dejaron justo con lo que necesitaba para destruirlos.
Pueden jactarse de tener las manos manchadas con la sangre de los míos. Pero las mías tendrán algo más que su sangre.
No voy a conformarme con justicia.
Voy a tomar algo más profundo y final para ustedes. Será irreparable.
Tendré sus cabezas. Una por una, estarán rodando bajo mis pies y cuando la última sea tomada y el eco de sus gritos ya no encuentre paredes donde resonar.
No sentiré paz, ni la morbosa satisfacción de ustedes.
Porque esto es un recordatorio.
Un mensaje para quienes aún no entienden quién soy ni de lo qué estoy hecha.
Mis muertos no descansarán hasta ganar. Viven conmigo, están detrás de mí. Sus voces caminan a mi lado y me motivan.
No busco que me teman. Solo que entiendan lo que ustedes provocaron.
Está es mi lucha, reclamaré el lugar que me negaron.
Jamás se atrevan a olvidarme, ese fue su sentencia, olvidar lo que sucede cuando provocan mi ira.