OSCURIDAD PROHIBIDA

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Summary

Cuidado con lo que invocas en el silencio de tu mente, porque el universo siempre está escuchando. Carol es un alma libre que utiliza la fantasía como refugio. Pero el límite entre el sueño y la realidad es una línea delgada que ella ha cruzado sin saberlo. Dicen que si sueñas con el lobo con suficiente intensidad, terminarás escuchando sus pasos tras tu puerta. Él no es solo un peligro; es la manifestación de sus sombras. Aparece como un susurro en la noche y un rugido de motor que desgarra la calma: un demonio hecho carne y hueso que ella misma se atrevió a imaginar. Carol no lo reconoce, pero él conoce cada rincón de su alma y el destino oscuro que está por venir. En un mundo de promesas selladas bajo la luna, ella descubrirá que cuando manifiestas a un demonio, el precio es la entrega absoluta. Carol pensó que fantasear era su escape; ahora tendrá que descubrir si es capaz de sobrevivir a la realidad que ella misma ayudó a crear.

Status
Complete
Chapters
36
Rating
n/a
Age Rating
18+

I. LA FANTASÍA


—De verdad, Dani, que me vuelven loca —exclama a su amigo y compañero de trabajo, exaltada.

—En serio, Carol, ¡stop! Me tienes frito. —él pobre Dani está ya hasta las narices de las fantasías de ella con sus clientes.

—Vaya culito se le marca con esos trajes. La Carol, de hace años, estará flipando.

Dani pone los ojos en blanco y se ríe de las cosas que dice su compañera.

—Venga, no te distraigas y ponte al lío. Estás obsesionada de verdad; háztelo mirar.


Carol y Dani son amigos desde que ella entró nueva en la tienda donde trabajan desde hace 3 años. Enseguida se hicieron amigos al conversos sobre sus gustos por el pop, las divas y el colectivo LGTBIQ+.

Carol llega a esa tienda como un torbellino, dando alegría y diversión; ella, tan abrupta, tan potente como una bomba, Y ahí empieza todo.

Aunque ese trabajo no le gusta, obviamente tiene que ir… Lo de siempre: una sonrisa, atender a los clientes en caja, reponer… y cansarse hasta terminar su jornada, para luego irse a casa con la espalda destrozada y los pies molidos.

—Es lo que hay… de momento… —se repite cada día. ¿Su mantra? — Nada, ya pronto seré millonaria.

Carol, con los años, ha cambiado mucho. Se ha vuelto más tranquila, relajada y , sobre todo, más paciente. Aun que lo que no cambió en ella fue ser una bomba de relojería y su nerviosismo. Cualquier día le dará un jamacuco.

—No, pero en serio, Dani, ¿viste cómo me mira? ¿Cómo me habla? ¿Tendrá novia?

—Pregúntale… —La mira con cara de interesado y pillo a su vez.

—Sí, claro. Hola, señor agente, por casualidad está usted soltero? ¡No te jode! Anda que tú también…

—Pues chica, no sé…

—Ay, es que, Danieeeeeel, son tan guapos… Y esos cuerpos, esas espaldas y brazos… Madre mía, cualquier día me desmayo aquí en medio —ella siempre está exagerando todo al máximo.

En fin, ella y sus fantasías con la policía. Oh, sí, está obsesionadísima con los agentes que vienen a comprar cada día. Al principio no está pendiente de ellos, pero claro, si le dan charla… y ella, con lo extrovertida que es…

Sinceramente, no se da cuenta de la esencia que desprende en los demás. Siempre saca una sonrisa a los clientes, aunque ni se peina para ir a trabajar, porque peinarse nunca está dentro de sus planes. Su elocuencia, su forma de decir las cosas, lo graciosa que es, su sonrisa y sus ojos sumamente expresivos hacen que todos la adoren. Pero a veces, ella no se da cuenta. En verdad cualquier hombre se arrodillaría ante ella por que es una diosa. Y aun que lo supiera, simplemente no lo saca a relucir.

La tarde transcurre rápido y ella y su amigo marchan a casa por el mismo camino. Ella, en su patinete, haciendo la tonta. Como siempre.

En ese trayecto que recorre algunas tardes, siempre ve una moto con un chico y, uf, no sabe desde cuándo, peor cada vez que pasa esa moto negra, la pone a cien, se queda embobada mirando al chico. Él siempre hace lo mismo: pasa por ahí, gira la cabeza y hace un movimiento de saludo a ella.

Y ella, como no, fantasea despierta y se queda idiota perdida mirando cómo el chico marcha súper rápido con la moto.

Su rutina nocturna era siempre la misma: cena mientras su madre mira un programa de televisión, First Dates, y ambas despotrican sobre las citas y la gente que iba a esa programa. Ella siempre piensa que el amor se va a la mierda, literal. No hay amor, solo gente con traumas que no quiere estar sola. Pero también piensa que prefiere estar sola a darle su vida a un tío.

—Es que, mira, qué gilipollas… ¡Mira las tonterías que dice, en serio! —dice Carol mientras le da un sorbo a su vaso con Coca-Cola.

—Bueno, hija, ¿qué quieres…? Son hombres. Algún día encontrarás uno bueno para ti, ya verás —con esperanza le dice su madre.

—Mamá, soy joven; aún tengo mucho por hacer, la verdad. Y no tengo ganas de estar con un gilipollas cualquiera.

—Pero es que tú no estarás con un gilipollas cualquiera, menuda eres tú. Ya sabes que eres una mujerona, no cualquiera puede estar contigo.

— Ya, ya lo sé, pero bueno, de momento estoy bien sola —dice mientras recoge los platos de encima la mesa, los pone en el fregadero y se hace una infusión, pensativa. —Tranquila, mamá, que yo me casaré con un millonario que nos ponga una mansión y nos pague todo.

—Ay, hija… mientras te cuide y quiera, es suficiente. Ah, y que sea trabajador, sobre todo.

—Hombre, claro, pero si me mantiene, mejor —entre risas marchó a su habitación con la infusión ya humeante entre sus manos.

Se sentó en la silla de su escritorio, se hizo un cigarro (no fuméis= y encendió la tablet para ponerse a leer. Últimamente está enganchada al Dark Romance. No sé cómo puede leer todas esas barbaridades, pero le fascinan. Sueña despierta con un hombre como los de esos libros: un hombre que de verdad la protegiera y le hiciera sentir que podía quitarse el caparazón de estar siempre en su torre de defensa. Necesita que la cuiden, que la protejan; está cansada de ser siempre una leona. Pero, de momento, solo la cuidan los hombres de los libros que lee.

Ahora mismo está leyendo God of Wrath.

—Madre mía, el Jeremy… No, si ya sabía yo que este hombre a mí me iba a encantar —se dice mientras da un sorbo a la infusión.

Mientras lee, a veces mira por su ventana en al noche; la deja siempre abierta por que sueña con que un Zade Meadows estuviera ahí para ella. Aun que, obviamente, no… en realidad da un poco de miedo. Pero da igual: ella quiere sentir adrenalina, pasión. Últimamente siente que la única adrenalina que tiene es cuando lee. La adrenalina que siente al leer todo lo que les hace a las protagonistas de esos libros.

La anestesia emocional que ella misma había construido empezada a asfixiarla. Tenía la certeza de que, si no lograba sentir algo pronto —lo que fuera—, terminaría por desvanecerse en la nada.