Mi primer hogar
Al abrir los ojos noté que me encontraba de pie en un vasto y hermoso campo de lavanda, no sabía cómo había llegado allí, pero a pesar de eso sentía algo cálido en lo profundo de mi pecho. Miré para arriba, el cielo era de un tono anaranjado, pero conforme pasaba el tiempo se volvía un azul claro. A mi junto a mí había una carretera donde un autobús se alejaba y yo alzaba mi mano en forma de despedida.
El lugar se me hacía extrañamente familiar, dándome una sensación de nostalgia, a pesar de que no recordaba haber estado allí antes.
Todo era tan extraño y repentino, pero la calma que sentía allí me hizo desear que no fuera un sueño, no quería nunca regresar, no quería despertar y ver que estaba sola de nuevo...
Por un momento pensé que quizás en este nuevo lugar... podría ser feliz.
Desperté de golpe y me froté los ojos intentando mantenerme despierta. Vi a mi alrededor, me encontraba en un autobús junto a quienes serían mis nuevos compañeros y nos dirigíamos a un campamento de verano al que se supone iban varias escuelas, por lo que llevábamos puestas unas camisas rosas para diferenciarnos.
Me fijé en la ventana, no debía faltar mucho para llegar. Por el tono amarillento del día pude deducir que eran eso de las cuatro de la tarde.
El color del cielo y el brillo del sol parecían encajar perfectamente con el tono púrpura de la lavanda. Era raro, normalmente cuando despertaba tenía frío, y estaba muy cansada, pero allí todo era tan cálido y tranquilo...
A mi lado estaba sentada una niña pelirroja que se veía de mi edad, o un poco mayor... por ahí de unos ¿once o quizás doce?, era alta. Ella estaba hablando con otras chicas sobre el campamento, se notaba muy segura y hasta divertida.
—Dicen que habrá una competencia —comentó una chica sentada atrás.
—Bueno, seguro es un juego tonto, puedo con eso, seguro ganaré.
La pelirroja luego de decir eso sonrió, manteniendo la mirada alta. Después de unos segundos volteó a verme con bastante duda, para luego hablarme.
—Ahh... ¿y tú eres?
Yo de inmediato volteé hacia otra dirección, quise pedir disculpas, temía que pensaran que era una entrometida por escuchar su conversación. Me quedé pensando durante varios segundos, sin saber si contestar o no.
—Céline, soy Céline... —murmuré bajando la cabeza.
—Yo soy Léna. —respondió, para luego seguir platicando con las chicas de antes.
Yo exhalé aliviada, no salió tan mal... creo. Voltee a ver la ventana, realmente me emocionaba mucho ver el camino. Por fin estaba tranquila de nuevo, imaginando como sería el campamento. Ya no podía esperar para llegar. Pensé que quizás... pasaría un momento lindo allí. Me sentí libre, aunque a la vez algo temerosa por tener tanta gente al rededor.
—¿Habrá arquería? —me pregunté — eso sería genial.
Miré hacia todas las direcciones, esperando ver, aunque sea alguna cabaña o algo del campamento. Pero sin importar a donde mirara solo había un mar de lavanda y muy a lo lejos arboles... momento... ¿arboles?
La lavanda empezaba a disminuir y empezaban a aparecer árboles, lo cual solo significaba una cosa... ¡ya nos estábamos acercando! Ya que según lo que había investigado, el campamento se situaba entre el final de un campo de lavanda y un bosque.
Poco a poco más arboles salían a la luz y se empezaban a notar cabañas y más autobuses de colores. Subí mis piernas al asiento para intentar ver más. Mi frente rozaba el vidrio frío, mientras veía hacia todas las direcciones para ver más del lugar. Hasta que de pronto el autobús frenó de golpe y yo me caí... no me gusta mucho recordar eso. Escuché a Léna reírse a carcajadas mientras yo intentaba levantarme, me incorporé de nuevo y me cubrí la cara, bastante apenada.
Al bajar del autobús mis compañeros comenzaron a empujarme a mí y a otros para pasar primero, lo cual me incomodó bastante, ya que no me dejaban ni moverme y se la pasaban gritando cerca de mi oído. Yo alejé un poco de mis compañeros, ya que estaban todos amontonados y eso. Al hacerlo noté que frente a nosotros había una muy grande entrada de madera algo vieja y un letrero torcido que decía "Campamento lavanda". El lugar se notaba hasta cierto punto descuidado y viejo, pero de igual manera me daba un sentimiento de calidez. Me giré hacia la izquierda notando al conductor, quién bajaba del autobús. Se veía de unos cincuenta años y su pelo era gris. Se veía cansado, hasta cierto punto frustrado.
Pero al alzar la mirada pareció alegrarse. Casi al instante llegó corriendo un muchacho rubio de unos ¿dieciocho años?, quien tenía puesto un pith helmet con manchas de pintura. Él corrió a abrazar al conductor, ambos se notaban realmente felices, como si no se hubieran visto en años...
—¿Serán familia? —me pregunté.
Solo me quedé observando en silencio, sintiendo el raro vacío de siempre. Nunca entendía porqué lo sentía o qué significaba, pero detestaba sentirlo. No comprendía lo que veía, era algo obvio, pero aun así me confundía. No recordaba haber sentido ningún tipo de cariño, ni haberlo visto, nada. Hace mucho que siempre estaba sola, siempre me decía que no importaba, pero realmente era horrible. De pronto estaba molesta y triste. Él problema, era que no tenía razón para sentirme así, digo, ni siquiera los conocía.
Después de unos segundos se giraron hacia mis compañeros y me miraron algo extrañados.
Retrocedí unos pasos sin saber del todo que hacer, pero finalmente salí corriendo hacia los demás.
Luego el chico y el conductor se colocaron frente a nosotros, el chico nos hizo una seña con la mano para que los siguiéramos mientras caminaba hacia el campamento. Nos detuvimos en medio del campamento, donde noté varios niños con camisas de diferentes colores, violeta, turquesa y naranja, yo supuse que eran de otras escuelas. Todos estaban parados alrededor de un tronco cortado, hablando entre ellos y observando el lugar. Mis compañeros y yo caminamos hacia ellos.
Al llegar con ellos noté que detrás de él tronco a lo lejos, estaban ocho cabañas bastante largas, cuatro de cada lado.
De pronto el muchacho de hace rato se subió al tronco. Una chica de su edad que estaba con otros adultos, le lanzó un micrófono que el atrapó con la mano izquierda, luego se acomodó su sombrero y con una energía algo ridícula, hizo algo así como un raro saludo militar.
—¡Hola campistas! ¿Cómo están? ¿Cómo se llaman? —exclamó con entusiasmo mientras se agachaba para preguntar; al terminar, se levantó de nuevo— Yo soy Félix, hace algunos años fui campista como ustedes y este es mi primera vez como consejero del campamento. Cualquier duda o problema que tengan cuenten conmigo.
El chico empezó a hablar rapidísimo, casi como si tuviera prisa por ir al baño o algo así, por lo que me costó entenderle, por lo que solo lo miré fingiendo que escuchaba.
—Ellos son los demás consejeros, miren, ella es Sally, esta es Madeline, ella es Amélie, Patrick y Sebastián. —Los señaló con la mano—. Este es Tim, el dueño del autobús, otro consejero y vigilante nocturno junto con Paul. Estos dos son Francis y Claire, nuestros médicos, y por último, pero no menos importante... los directores de las escuelas que vienen aquí, Claudia, Martín, Juan, Oliver.
Oliver, al ser mencionado alzó la cabeza y nos sonrió con serenidad. Parecía muy joven para ser director, se veía de unos veinte años ¿quizá? Se notaba cansado, tenía ojeras y su cabello estaba muy despeinado, pero a pesar de eso parecía calmado... hasta que me miró a mí. Primero pareció sorprenderse, retrocedió y abrió aún más los ojos, pero después de unos segundos frunció el ceño, mirándome con desprecio. En ese momento me di cuenta de algo que me hizo retroceder, sus ojos, o bueno, el iris de sus ojos era color rojos sangre...
No entendía porqué, no recordaba haberle hecho nada malo, ni siquiera recordaba haberlo visto antes... pero también tenía una rara sensación de familiaridad, sentía que lo conocía, pero ¿de dónde? no lo entendía.
No quise darle más vueltas al asunto, así que decidí observar el campamento, los árboles, las cabañas, los arbustos, autobuses... pero eso solo lo empeoró todo, porque al igual que con Oliver, sentía ya conocer ese lugar, sentía ya haberlo visto todo...
—Bueno, les explicaré brevemente de los equipos para que ya puedan irse con sus compañeros. A este campamento vienen cuatro escuelas anualmente, vale, por lo que hacemos cuatro equipos, cada equipo representado por un color y conformado por los estudiantes de una de las escuelas. Pero bueno, ahora sí, voy a separarlos por equipos —alcancé a escuchar.
Luego de eso no entendí nada de lo que dijo, ya que me distraje mirando el campamento. Aunque de igual forma él explicaba muy mal, hablaba demasiado rápido y de cosas muy raras. Dijo algo de unos colores y los nombres de los consejeros, y yo no entendí ni una palabra.
Cuando me di cuenta, todos estaban corriendo y cambiándose de lugar. Quise preguntar sobre a donde iban y así, pero cada que intentaba hablar las palabras se atoraban, intentar hablarles me ponía muy nerviosa. Solo me quedé allí de pie, intentando ver que hacían los demás, pero ellos solo corrieron mientras balbuceaban cosas que no logré entender.
De pronto alguien me agarró del brazo con mucha fuerza y me llevó con mis compañeros. Intenté ver quien era, pero la persona me soltó bruscamente haciéndome caer al suelo. Sentí mi corazón acelerase de un momento a otro y mi estomagó se revolvió, hasta que cuando me levanté vi a Léna y luego a los chicos que iban conmigo en el autobús. Tan solo suspiré y los seguí, intentando calmarme. Fuimos con Sebastián... y Oliver... Apenas vi a este último sentí un escalofrío y me escondí entre la multitud, aun sin entender del todo porque le tenía miedo, o sea, no recordaba haberlo visto antes ni nada ¿qué razón había para temerle? Ninguna en ese momento.
—Bien, me presentaré rápidamente. Mi nombre es Sebastián Woods, y soy el consejero encargado de su equipo, es un gusto conocerlos.
Oliver miró a Sebastián con cierta confusión, después nos volteó a ver y se quedó pensando. Luego cerró los ojos y al abrirlos nos sonrió con una calma rara.
—Yo soy Oliver y soy el director de su escuela. Me da mucho gusto estar aquí, y junto a Sebastián me encargaré de su equipo y de otras cuestiones del campamento.
Al decir lo último sonó raro... Él hablaba muy lento, con mucha tranquilidad, como si tuviera sueño o algo así. Sebastián se colocó delante de él y frente a nosotros, su expresión era de seriedad, pero parecía algo amable.
—Ahora vamos a darles un pequeño recorrido por el campamento, síganme.
Caminamos hacia las cabañas detrás del tronco, fuimos a la derecha donde había cuatro, dos del equipo turquesa y la dos del naranja.
Luego a la izquierda, donde había otras cuatro, dos era del equipo violeta y las otras dos del equipo rosa, mi equipo. Se supone que había dos cabañas de cada equipo ya que en una dormían las niñas y en la otra los niños.
Al lado de nuestras cabañas, a la izquierda estaba la enfermería. Caminamos hacia ella, pero tan solo la vimos de fuera, cosa que me hizo preguntarme cómo era por dentro, me preguntaba si algún en algún momento, por alguna razón, tendría la necesidad de entrar, aunque no lo creí posible, no era tan descuidada como para lastimarme de gravedad.
Atrás de la enfermería, muy a lo lejos se encontraban un río junto a él un bosque. Al ir allá pude ver como el agua se mecía con calma. Se notaba tan fresca y cristalina, definitivamente era precioso. Pero lo que más llamó mi atención fue el bosque, yo lo observaba a lo lejos, ya que no me dejaban acercarme. Me daba una rara sensación de inseguridad, como si fuera a pasar algo malo. Quería acercarme, pero a la vez quería salir corriendo lejos de allí, solo me quedé observando.
Luego nos dirigimos detrás de las cabañas de los equipos donde no había más que mesas, ni árboles, ni arbustos, nada, solo mesas esparcidas por toda la zona.
—¿Y qué se supone que se hace aquí? ¿De qué es este lugar? —preguntó Léna, escéptica.
Sebastián se giró hacia nosotros, mirándonos con cierta indiferencia. Luego se volteó a ver la zona y se encogió de hombros.
—Es la zona de actividades. Normalmente solo hay mesas, aunque a veces hasta ni eso, ya que necesitamos espacio para las actividades que habrá —explicó.
Yo no dije nada, no quería molestar, pero la verdad me preguntaba para qué necesitaban tanto espacio, que actividades habría. Yo en mi opinión era mejor que nos dijeran sobre lo que pasaría en el campamento para así estar preparados, pero ¿quién soy yo para juzgar sus métodos?
A la derecha, a algunos metros de la zona de actividades había otra cabaña bastante grande y con las puertas abiertas, dentro de ella estaban muchas más mesas, era el comedor. Al verlo me dio algo de hambre, no había desayunado, ni me había traído nada para comer allí. Aunque de igual forma no me preocupaba tanto, ya que pensé que tal vez más al rato nos darían algo
Junto al comedor se encontraban un montón cabañas más pequeñas que las de los equipos y juntas entre sí, al fondo estaba una pequeña bodega, realmente no había mucho, Eran las cabañas del personal. Era medio lógico, pero aun así se me hacía medio injusto que los campistas tuviéramos que compartir cabaña mientras ellos tenían las suyas, pero igual era tonto discutir por eso, mejor esperaba a ver la cabaña de mi equipo, quizás era bonita por dentro.
Luego de eso, Sebastián y Oliver volvieron a la cabaña de nuestro equipo, dejándonos afuera de nuestra cabaña antes de irse y acabar con el recorrido.
—Y... ¿Y ya? —preguntó Léna— Literalmente está todo vacío, que desperdicio.
Y honestamente le daba la razón, digo, mínimo esperábamos... no lo sé, quizá no tener que compartir cabaña. Pero la verdad es que no me importaba, había que verle lo positivo, tal vez así podríamos hacer amigos más fácil ya que estaríamos todas juntas siempre. La idea, aunque divertida, también sonaba algo abrumadora, pero al menos era mejor que estar en casa sola y ver a mi padre salir de fiesta, fingiendo no tener una hija...
La verdad me gustaba la idea de alejarme de mi familia y de la ciudad, estar con gente, poder jugar con otros niños y explorar. Para mí, el campamento estaba más que perfecto... era como un escape de todo lo que me hacía daño... o al menos eso creí.
Al entrar a la cabaña de mi equipo pude notar que era mucho más grande de lo que imaginaba. A la izquierda se encontraban seis literas, y a la derecha otras seis. Entre cada litera había un pequeño espacio. Al lado opuesto a la entrada se encontraban dos puertas que llevaban a los baños.
Caminé con tranquilidad hacia una litera que se encontraba en una esquina, y terminé por quedarme con la parte de abajo, acomodando mi mochila allí. Me giré para ver a mis compañeras, solo para notar que todas se peleaban por las partes de arriba de las literas, empujándose y hasta golpeándose. Yo me senté en mi cama y apoyé mi espalda en la pared, abrazando mi mochila, mientras veía el pleito con una mezcla de curiosidad y miedo. Después de unos minutos me aburrí y revisé mi mochila para sacar mis cosas, entre ellas un libro llamado "El futuro de Charlie Wilkinston" mi libro favorito. Me volví a sentar y observé a mis compañeras quienes ya estaban más calmadas y se encontraban comiendo, en ese momento recordé que no me había traído nada para comer... otra vez. Genial, ahora me iba a dormir con hambre. Para distraerme agarré mi mochila y sin que nadie se diera cuenta salí a explorar el campamento por mi cuenta, la verdad, tenía muchas ganas de ir al río... tal vez podría adentrarme en el bosque... quizás...
Caminé observando el cielo teñido de rosado con toques amarillentos y azulados, mientras la oscuridad de la noche se asomaba poco a poco. La música de mis audífonos servía como el complemento perfecto, era como la banda sonora de una escena digna de película. El viento me daba en la cara, provocando que sintiera escalofríos con cada paso. Nunca sentí tanta libertad como en ese momento, era hermoso...
Otra vez deseaba nunca volver a casa, jamás volver a esa soledad.
Cuando llegué al río caminé hacia el muelle y me senté en la orilla de este y comencé a leer "El futuro de Charlie wilkinston". Permanecí allí varias horas hasta que el cielo se tiñó por completo de negro y las estrellas se hicieron visibles.
El campamento era algo... extraño. Ya que sin importar a donde mirara, ni que hiciera o pensara, todo allí ya lo conocía. El río, el muelle, los árboles, las cabañas, las mesas, el olor y hasta el cielo... todo era extrañamente familiar.
Estaba segura de que ya había estado allí, pero no recordaba cuando, no recordaba nada
Cuando por fin sentí frío me puse de pie y me dirigí a mi cabaña, pero apenas me giré noté que las luces ya estaban apagadas, revisé mi teléfono y juro haber sentido como si mi corazón se hubiera detenido un momento. ¡ERAN LAS DIEZ!
Si no entraba a mi cabaña me quedaría afuera y si alguien se daba cuenta que estaba afuera de mi cabaña de noche se iban a enojar. Me levanté, guardé el libro en mi mochila y corrí lo más rápido que pude intentando no quedarme afuera, pero de pronto escuché una voz.
—¿Y nadie se da cuenta? —preguntó una niña de mi edad.
—¿De qué? —preguntó un niño, también de mi edad.
—De que hay una casa del árbol en pleno bosque.
—Ahh, ¿de eso? Nah, mi mansión es tan genial que los adultos no la han descubierto.
Me detuve en seco, no estaba sola. De pronto sentí como si estuviera arruinando algo. Quería irme, pero tenía tantas preguntas... y odio quedarme con dudas. Además de que no iba volver a la cabaña para estar sola cuando precisamente había venido a conocer gente. Me debatí por unos segundos si irme o hablarles, pero finalmente cerré los ojos y me acerqué.
—¿H-hay alguien allí? —pregunté.
—¡Nos descubrieron! —gritó la niña.
—¡No! ¡Imposible! —exclamó el niño, acercándose para verificar— Nah, es solo una plebe del rosa.
De inmediato me arrepentí de haber hablado ya que sentí que solo los incomodé. Retrocedí mientras me cubría el rostro, deseando ser invisible para que no me dijeran nada. Me giré para irme, manteniendo la cabeza baja, pero antes de dar el paso la niña se acercó.
—Hola, mi nombre es Adelyn.
Ella extendió su brazo con amabilidad, esperando que respondiera o algo. Yo, por mi parte, me quedé inmóvil. Vi su mano, luego intenté mirarla al rostro, pero no pude, por lo que terminé por bajar la cabeza. Finalmente tragué saliva, cerré los ojos y extendí mi mano.
—Soy... Céline.
—Yo me llamo Nathan, sí, ya sé que es genial conocerme —interrumpió el niño— Ahora, ¿vas a venir o te vas a quedar allí parada? Rápido, mi tiempo es muy valioso.
Allí tampoco supe que hacer (nunca sé que hacer, rayos) ya que una parte de mí me decía que definitivamente debía hacerlo, y la otra me suplicaba que volviera a mi cabaña antes de que fuera demasiado tarde. Me quedé pensando, quería ir, pero no estaba convencida del todo.
—¿Qué? ¿se te fue la señal o qué? —preguntó Nathan.
—Ya cállate Natilla, por eso nadie te habla —interrumpió la niña mientras le daba un codazo.
Finalmente me decidí por ir con ellos, ya que la verdad quería ver la casa del arbol. Fui detrás de la niña mientras continuaba observando en silencio. Después de un rato pude notar que el pelo de la niña era naranja y estaba peinada con dos tranzas, además de que por la camisa de su uniforme debía ser del equipo violeta. Luego miré al niño, él era moreno, su pelo era café y ondulado, además de que tenía puesta una camisa igual a la de la niña.
—Y... ¿qué hacen aquí? —pregunté casi susurrando, mientras bajaba la cabeza con cierta vergüenza.
—Pues cuando el campamento estaba en contruccion los hermanos de Nathan se metieron sin permiso e hicieron una casita del arbool en al bosque “según”, así que vamos a ir a verla para que sea nuestra guarida secreta —explicó Adelyn.
—Exacto, SECRETA. Así que hay que tener cuidado. No quiero que si nos llegaran a descubrir el bobo de Félix la convierta en dominio público —comentó Nathan.
—¿Que te hizo Félix?
—No me agrada él. ¿Tengo razones? sí, ¿buenas razones? Sí ¿Cuántas razones necesito? Ninguna, no me agrada y ya.
Escuchando a Nathan recordé lo que había visto antes de entrar al campamento, fruncí el ceño con una mezcla de confusión y molestia. Caí en cuenta de que quizás a mí tampoco me agradaba, no era que lo odiaba, pero tampoco me caía bien. Es que parecía tenerlo todo, tenía alguien que lo quería, era extrovertido, tenía demasiada energía, no temía a que se burlaran de él, y se veía feliz... y todo eso por alguna razón me molestaba.
Sacudí la cabeza intentando olvidarlo, no quería darle más vueltas al asunto, no quería pensar en ello. Me acerqué más a Adelyn y a Nathan, intentando escuchar su conversación, eran algo divertidos y pensé que con escucharlos tal vez después tendría el valor de hablarles, o al menos olvidaría mi frustración con Félix.
—Ajá... —murmuró Adelyn con desconcierto.
—¿No les da miedo a que los regañen? —murmuré, intentando cambair el tema.
—Nah, solo los mensos del rosa le temen a romper reglas —respondió Nathan.
—Ella es del equipo rosa, genio —interrumpió Adelyn.
Nathan se giró para verme, me analizó durante unos segundos y luego volvió a mirar al camino con indiferencia.
—Por eso.
Yo solo fruncí el ceño y suspiré, seguía frustrada por lo del tonto ese y ahora por Nathan, por todo básicamente. Saqué una linterna de mi mochila y la encendí. Estuvimos caminando durante algunos segundos, mirando los árboles y el pasto. Al entrar al bosque todo se volvió más oscuro y me empezaba a dar frío. Realmente me estaba cuestionando ¿por qué no me traje mi abrigo? aunque de igual forma no creí que me quedaría tanto tiempo, mucho menos que haría tanto frío en pleno verano.
—Oigan, ¿no había dos tipos que vigilaban el campamento de noche? —preguntó Adelyn, pensativa.
Y justo en ese preciso momento, convenientemente alguien nos alumbró con una linterna por detrás... Era uno de los vigilantes...
—Hijos de puta —murmuró Paul...
Mi respiración se cortó de repente, y cualquier ruido externo desapareció. Miré a Adelyn y a Nathan, quienes parecían estatuas, no se movían, no hablaban, apenas si respiraban. Yo comencé a imaginarme los peores escenarios posibles, por ejemplo, que me regañaban, me castigaban o expulsaban de la competencia, del campamento, y mil cosas más. Todo eso mientras Nathan suspiraba y se agachaba para agarrar un puñado de tierra y al levantarse respiró profundamente. Finalmente nos giramos hacia Paul, lo alumbré con la linterna y luego Nathan le lanzó el puñado de tierra directo al rostro. Él por instinto retrocedió, cubriéndose el rostro y dejando caer su linterna, la cual Adelyn agarró y todos salimos corriendo.
—Nathan, rápido, ¿dónde está la casa del árbol? —preguntó Adelyn.
—Ahhh... síganme —dijo.
Mientras más nos alejábamos el bosque se oscurecía más, el viento aumentaba y los árboles estaban más cerca dándome una sensación de asfixia o incomodidad. Todo se era tan gris, tan oscuro... era horrible. Yo estaba aterrada, no solo por el bosque, sino también por lo que podría pasar. Intenté respirar, pero ya me dolía el pecho y las piernas por correr tanto.
—¿Por qué la bendita casa está tan lejos? —preguntó Adelyn.
—Porque así es la vida, ¿algún problema?
Justo después de responder, Nathan chocó con un tablón de madera y cayó al suelo. Adelyn de inmediato empezó a reírse a carcajadas, burlándose, mientras yo lo alumbraba con la linterna, sin saber si acercarme o no. Él se cubrió el rostro con ambas manos, se notaba frustrado, bastante. Después de unos segundos se sentó y nos miró con una sonrisa ladeada.
—Un aterrizaje perfecto, obvio —dijo, para luego alumbrar la casita del árbol, que se encontraba arriba de nosotros— Y bueno, esta es MI mansión de lujo.
Sobre una muy alta plataforma de madera se encontraba la casita. Las escaleras estaban desgastadas y rotas, el techo estaba pintado, pero se notaba el desgaste. En la puerta había letreros con cosas como "no pasar" "propiedad privada" y... pues eso.
Adelyn y Nathan entraron de inmediato, yo, por mi parte, me quedé observando por unos momentos más la casa del árbol, estaba bastante impresionada, nunca pensé ver una en la vida real... era... interesante. Al entrar noté lo grande que era, pero estaba muy vacía. Tan solo había un colchón viejo, unas cajas apiladas y dos ventanas sin cristal, una de cada lado. También unos posters raros, pero estaban medio rotos, además de que todo estaba lleno de polvo. Era un desastre.
—¿Qué es esta mierda? ¿dónde está la mansión que me prometieron? —gruñó Nathan, quién miraba la casita como si oliera feo— Esos bastardos me mintieron, me dijeron que hasta luces tenía... ¡maldito Leo!
—Ay que tonto, ¿de verdad les que era una mansión? —interrumpió Adelyn.
—Bueno... al menos si hubo casa —comenté, intentando sonreír.
Ambos me observaron, Nathan se notaba confundido y aún frustrado, en cambio Adelyn estaba tranquila. Ella se acercó a mí, mientras miraba la casa con una sonrisa.
—Céline tiene razón. Al menos si hubo casa, solo es cuestión de decorarla.
—Bien, ¿y que proponen? —preguntó Nathan, alumbrando la casa con la linterna.
—Tal vez podríamos poner unas velas falsas, yo tengo unas —sugirió Adelyn.
—¿Por qué tienes velas falsas? ¿tienes un culto o qué? —cuestionó Nathan, mientras se giraba hacia ella.
—Obvio no, ¿cómo voy a tener un culto? Uso las velas para escribir de noche.
Yo caminé por la casa, las paredes estaban llenas de polvo, miré los posters, aunque no logré reconocer de que películas eran, revisé las cajas que resultaron estar vacías y me fijé por las ventanas. Luego me acerqué a Adelyn y a Nathan con la cabeza baja y algo nerviosa.
—¿Tienen una libreta? —pregunté en voz baja.
Adelyn de inmediato me dio su libreta y un lápiz, para después seguir charlando con Nathan. Yo me apresuré a anotar los objetos y muebles que necesitaríamos para decorar la casa del árbol.
Con la mano temblorosa le di la lista a Adelyn, quien, junto a Nathan, empezaron a leer lentamente. Yo solo bajé la cabeza y evité hacer contacto visual, ya que tenía miedo de que les pareciera tonto o pensaran que yo era una entrometida... o... no sé. Al terminar de leer se miraron entre ellos y asintieron al mismo tiempo, luego Adelyn me sonrió con amabilidad se colocó frente a nosotros, anotando algo.
—Bien... hay que dividir el trabajo. Nathan, tu traerás las cosas para los muebles, yo lo de la iluminación y Céline lo de la decoración.
—¿y de dónde voy a sacar esas cosas? —preguntó Nathan.
—Podríamos ir a la bodega —sugerí con la voz muy baja.
Adelyn ladeó la cabeza mientras Nathan se encogía hombros, luego ambos salieron de la casita y se dirigieron a la bodega. Yo tardé más en salir, pero logré alcanzarlos. Adelyn se encontraba anotando algo en su libreta, estaba bastante concentrada... y algo frustrada.
—¿Oye te acuerdas de bodrilia? —preguntó Nathan.
—¿De Emilia? Sí ¿por qué? —respondió Adelyn.
—Que iba ir a nuestra escuela y al campamento.
—¿Y por qué ya no fue?
—No sé, dijo algo de su mamá, pero ni presté atención.
—¿Quién es Emilia? —pregunté con cautela.
—Es una niña a la cual Nathan le guarda rencor —respondió Adelyn.
—¡Es una soplona! Una vez como el mejor alumno que soy, saqué el teléfono para buscar la respuesta ya que OBVIO no lo sé todo, y pues esta tipa llega y dice "profe, Nathan está usando el celular ñiñiñiñi". Siempre metida en lo que no le importaba, ¿por qué? por chismosa, y dé ahuevo quería ser la favorita de los maestros —explicó Nathan, bastante frustrado.
—Nathan, obviamente te iban a acusar, no puedes sacar el celular en clase —razonó Adelyn.
—¿Por qué no? No le hacía daño a nadie, además ya me esfuerzo mucho en clase, yo era el mejor alumno.
—Nathan, eras el peor alumno, tuviste un dos en asistencia.
—¿Que dices? Yo iba todos los días.
—Solo fuiste un día.
—Que tu no me vieras en la escuela no significa que haya faltado.
—¡Literalmente le llamaron a tu mamá porque pensaron que estabas desaparecido!
Yo me limité a observar y reír ante la situación, ¿de verdad Nathan era tan rencoroso? ¿de verdad iba a odiar a la tipa por eso?
—¿Ves cómo me trata Céline? ¿verdad que está mintiendo? —interrumpió Nathan, yo dejé de reír y me puse algo nerviosa, no sabía que contestarle.
—N-no lo sé, yo no fui a la escuela con ustedes —respondí con la voz muy baja.
—Ash, claro, todos siempre me tratan mal —exclamó Nathan.
—Ahhhh, pues es que igual tú. De verdad, el único que te soporta es Philippe —interrumpió Adelyn— Por cierto, ¿y Philippe?
—Dijo que tenía una reunión con su equipo —respondió Nathan.
Mi expresión cambió de diversión a confusión, ¿quién era Philippe? ¿por qué hablaban de pura gente que no conocía?
—¿De qué equipo es?
—Va con los del turquesa, ese equipo si es genial, yo debería estar allí.
—¿Si quiera tú haces deportes? —cuestionó Adelyn.
—¡Claro que sí! Mira estos musculotes —dijo, mientras nos mostraba su brazo todo huesudo— yo soy como un chita, rápido, fuerte, feroz y MUY encantador.
Adelyn hizo una mueca de asco y se giró hacia mí, desconcertada, mientras Nathan posaba y se besaba los "músculos"
—Tranquilos, hay mucho Nathan para todos.
Yo finalmente estallé en carcajadas, intenté cubrirme el rostro para disimular, pero no podía parar de reír. Todo era tan tonto que hasta daba gracia.
—Ahhhhh, claro... —murmuró Adelyn— Céline... ¿y dónde dices que está la bodega?
—Bueno... la vi junto a las cabañas del personal... —dije cuando llegamos de nuevo al campamento.
—Y... ¿dónde es eso sabelotodo? —interrumpió Nathan.
—Por allí. —Adelyn y yo señalamos las cabañas, las cuales, se encontraban en el otro extremo del campamento.
Miré el lugar, intentando encontrar a Paul, finalmente lo vi junto a la enfermería. Solté mi linterna y corrí hacia la zona de actividades, detrás de las cabañas y cerca de los árboles.
Adelyn y Nathan fueron atrás de mí, aunque Él corría mucho más lento, al pasar de allí fuimos detrás de la cocina y finalmente llegamos a la bodega.
—Tiene candado —susurró Adelyn.
—¡¿Qué?! ¡¿entonces vinimos hasta aquí para nada?! —exclamó Nathan.
Me quedé en silencio, mirando el candado. De pronto sentí mucho miedo de que Adelyn y Nathan me dijeran algo malo o se enojaran conmigo.
—Ahhh... y... ¿en su cabaña no habrá algo que nos sirva? —pregunté bastante nerviosa, sin mirarlos.
—Bueno tenemos las cobijas, almohadas y las velas falsas —contestó Adelyn, con serenidad, no parecía enojada.
Al escucharla exhalé con alivio y con más calma me giré para ir a las cabañas vi a alguien pasar frente a nosotros, mi corazón se aceleró de inmediato y el miedo empezaba a extenderse de mi pecho hasta mi garganta. La persona de inmediato giró hacia nosotros bruscamente, casi a la defensiva. Tenía dos ojos rojos muy brillantes, parecían brasas...
—¡Es un espíritu! ¡estamos muertos! —chilló Nathan, corriendo detrás de Adelyn.
—¡Céline, dile que no tengo alma! ¡dile que la vendí —gritó Adelyn, tapándose los ojos.
Yo estaba a punto de gritar y salir corriendo, pero antes de hacer cualquier cosa miré sus ojos y lo reconocí de inmediato.
—Ahhh, tranquilos solo es Oliver.
Me mantuve tranquila... hasta después de unos segundos recordé que era el director de mi escuela. Justo allí caí en cuenta de que seguro rompí varias reglas y en la primera noche de campamento... era una delincuente, y ahora estaba en serios problemas, y para colmo también recordé el miedo que le tenía a Oliver,
—¿Que mierda hacen? —soltó él sin pensar— digo, ¿no deberían estar en sus cabañas?
Apenas dio un paso hacia adelante, dejando ver el deplorable estado en el que se encontraba. Su cara tenía bastantes arañazos, sudaba y sus ojos estaban llorosos, todo mientras sostenía un cigarro en su mano derecha, la cual temblaba.
—Ahhhh... ¿y que hace usted aquí? ¿no debería también estar en SU cabaña? —cuestionó Adelyn— espera, ¿eso es un cigarro?
Oliver lo dejó caer al suelo y lo pisó con más fuerza de la necesaria, también pude notar como empezó a apretar su puño con ira...
Me quedé atrás intentando no hacer ruido ni llamar su atención, necesitaba pasar desapercibida. Tal vez así podría armar alguna estrategia para huir junto a Adelyn y Nathan.
—No es de su interés lo que esté haciendo aquí —afirmó Oliver, mirándonos con seriedad.
—¿Fumar no está prohibido? —interrumpió Nathan.
El hombre bajó la cabeza con una sonrisa cargada de frustración, a la vez que empezaba a sacar otro cigarro. Al mirarnos de nuevo, no pude distinguir si estaba molesto, divertido o... no lo supe. Pero si de algo estaba segura era de que estábamos preguntando y viendo cosas que no deberíamos...
—No tengo tiempo para estas idioteces —murmuró, encendiendo el cigarro— Aquí no pasó nada, ¿entendieron? Porque... no creo que quieran meterse en problemas en el primer día ¿o sí?
Se metió el cigarro a la boca y como si nada hubiera pasado, se giró y se fue, desvaneciéndose en la oscuridad, como si fuera parte de ella.
Adelyn, Nathan y yo de inmediato nos dirigimos al bosque. Al inicio caminábamos, pero conforme nos alejamos empezamos a trotar y luego a correr.
Nadie dijo nada, ni de lo sucedido, ni para cambiar el tema, nada.
Caminamos en completo silencio, con cuidado de que nadie nos viera, intentando parecer indiferentes. Aunque no lográbamos entenderlo, algo dentro de nosotros que nos dejaba claro que si no nos apresurábamos estábamos muertos.
Mientras más me alejaba comenzaba a pensar que... quizás el campamento podía ser más peligroso que el bosque... o tal vez la gente era el peligro en sí.
Cuando estuvimos lo suficientemente lejos del campamento exhalé con fuerza y alivio, a la vez que Nathan y Adelyn empezaban a relajarse.
Aún no entendía porqué. Porqué yo lo sentí, porqué ellos también, pero había algo en Oliver que no nos terminaba de convencer. Tenía algo malo... algo... podrido en él, pero en ese momento no quise pensar más sobre eso, ya me dolía la cabeza.
Al cabo de un rato de caminar en silencio por el bosque por fin nos sentimos seguros, o por lo menos yo ya no tenía miedo, y supongo Adelyn y Nathan tampoco, ya que volvieron a hablar.
—¿Vieron? Logramos que no nos regañaran gracias a lo genial que soy. Aunque claro, es obvio que soy asombroso, o sea, fui el único que no le tuvo miedo al loquito ese —alardeaba Nathan.
—¿Que dices? Te escondiste atrás de mí y empezaste a gritar como chiva —aclaró Adelyn.
—¿Pero de que hablas? Esa fue Céline, sí, sí.
—Céline fue quien nos dijo que era el director Oliver.
—No es cierto, ese fui yo, claro que sí.
—Nathan, de verdad, te lo pregunto en serio... ¿te falla?
—Ash, es que seguro estás ciega y no viste, pero yo fui.
Yo me mantuve atrás, riendo y viéndolos pelear. Eran divertidos, y la verdad me agradaban un poco.
Si les soy honesta, por más tonto que suene, yo quería ser su amiga. Podían no ser las personas más amables o pacientes, pero parecían ser geniales. Yo quise decir algo divertido o platicarles de alguna tontería, ser parte, pero me daba demasiado miedo. Al intentar hablar las palabras no salieron, era como si se enredaran y se negaban a salir.
En ese momento yo no sabía cómo funcionaba una amistad, no del todo... ¿cómo sabes cuando ya eres amigo de alguien? ¿cuánto tiempo tarda? ¿cómo se debe actuar? Hasta el día de hoy sigo sin tener idea, pero da igual... quizás en algún momento lo entenderé.
Miré el bosque, ese bosque que hace tan solo unas horas me aterraba. Ahora era diferente, ahora estar allí me daba calma... Yo solo observé los árboles y el cielo en busca de respuestas, pero después de un rato simplemente llegué a la conclusión de que quizás las cosas no daban tanto miedo en compañía.
Listo listo ahora si háganme famosa 🙌😛 (por favor denle apoyo a esta historia que se pondrá buena sisisis por favor me ruge la tripa) cualquier pregunta u opinion que tengan me dicen yeye yo les respondo asi que sin miedo papus🐥🦗