LA DAMA TINTA
Donde tu alma quiere acabar, su presencia te domina
Hace mucho tiempo, no tan lejano de nuestra era.
Entre libros, versos y estrofas… un alma reclama su presencia entre lectores que vienen y se van, pero hay algo. Una simple razón por la que ese espectro no se va.
¿Una noción? ¿Un encadenamiento?
No. Una maldición.
Una maldición que perduró más que otras en los escritos de las leyendas más conocidas, lo que la convirtió en parte de ellas.
¿Pero qué le sucedió para terminar así?
Se dice que era una amante de los mundos dentro de esos libros, pero murió al entregarse a la sociedad.
Se cree que dentro de ella existía una chispa viva que, después de adentrarse al mundo, fue destruida… y con eso también terminó con ella.
Se habla mucho, entre verdades y dudas, pero todo termina con lo mismo… su muerte.
Donde todos ven un final, para ella fue su eternidad.
Existiendo dentro de una biblioteca, buscando quién pudiera liberarla entre tantos jóvenes que llegaron y se fueron, hubo una jovencita que se quedó mirando su libreta.
Al parecer había escrito algo y, por su expresión, deseaba que esa misma hoja se convirtiera en polvo.
– Mmm, maldición, no es correcto. Está mal. No debería seguir escribiendo esto… – se dijo a sí misma entre susurros que sólo el viento podría oír.
Con solo escuchar esas palabras que provenían de ella, el espectro dedujo haber encontrado su musa de libertad. La observé detenidamente.
Vi cómo sus manos separaban la hoja de la libreta y, estando a punto de destruirla… todo verso escrito escapó del papel, salvándose de su destino y dejando a la joven atrapada dentro de una alucinación.
Esas palabras giraron alrededor de ella en círculos, como si quisieran advertirle lo que estaba a punto de suceder.
Y cuando finalmente se detuvieron frente a ella, mi voz resonó como en una ópera.
– ¿Realmente deseas asesinar a aquellos a quienes les diste vida? Tus escritos crean criaturas… y tú, por desánimo, has intentado matarlas.
¿Así de simple?
La jovencita desorientada me busca, girando sus ojos por todas direcciones, sin encontrarme.
– ¿Quién eres? ¿De dónde provienes? Como sabes lo que he escrito… – contestó casi gritando, mostrando su miedo tal cual como un ratón se asusta con un gato.
– No es necesario saber quién soy, de dónde vengo o donde estoy. – aclaré algo desinteresada de su reacción típica de los humanos con lo nuevo o surreal – Lo que realmente importa es lo que estuviste a punto de hacer, dime: ¿crees que es lo correcto para tus propias creaciones?
Se quedó en silencio, como si su mente tomara un respiro tras la acción antes terminada me miró fijamente pero aun así su cuerpo no podía ocultar la verdad.
Estaba aterrada.
– ¿Quién te da el permiso de cometer fastidio contra mi y mis acciones? - Respondió intentando reconstruir el aliento que había perdido tras mi pregunta.
– De igual manera te lo digo, ¿Quién eres para arrebatarles vida a tus creaciones? ¿por algo las creaste no? – le informé mientras ella volvió a estar en silencio. – Los que escriben, tienen varias razones para hacerlo una de ellas es la conexión entre su arte y el alma multiverso de sus personajes quienes los eligen para contar su historia. Ahora me pregunto ¿Cuál de todos ellos eres tú? – Creyó estar sola pero no, la miraba fijamente mientras ella se perdía en su mente miraba a su alrededor no había nada más que oscuridad y mi presencia.
– No sabes nada de mi como es que hablas de esa manera así a la ligera ¿Quién eres? – me volvió a preguntar en serio me estaba comenzando a fastidiar.
– Solo te diré que he visto a muchos como tú que han estado en la misma posición en la que ahora te encuentras, pero la única diferencia entre tú y ellos es simple. No destruyeron a su creación. – repliqué pues me parecía algo insignificante que esta señorita quiera saber de mi en vez de reflexionar lo que estaba por asi, pero asi son los seres humanos para todo hay un culpable.
– No, esto no está pasando, me he vuelto loca por que un espectro me ha de charlar sobre experiencias propias y los fantasmas solo existen en las leyendas… O quizás no. – Declaró con algo de inquietud vaya alma en desgracia si realmente supiera su realidad cambiaría de parecer o se conectaría a la mentira un tiempo más.
– Sea leyenda o no, tú haz hecho caso a quienes una vez te siguieron no he intentaste destrozar en pedazos la vida de tus hijos. Ahora dime escritora, ¿Quién vivirá si terminas cortando papeles? – pregunte ella regreso al silencio al parecer es costumbre que costumbre tan rara.
– Yo, yo no sé qué decir… - Respondió al fin, - Es fácil decir lo que unos quieren escuchar, pero lo que tu deseas decir es inaudito ¿o no tengo razón? – Replique mirando como su ser se congelaba…
– Tienes razón… pero no he sido yo la que ha querido matarlos. – Dijo como si quisiera quitarse culpas obvias ante un juicio perdido.
– Ah, ¿no? Entonces ¿Quién más pudo haber estado rompiendo papeles? – afirme siguiendo con el mismo principio humano bueno el que aún me queda la culpa y la certeza.
Se quedó en silencio de nuevo y sin poder soportarlo más grité tan alto que todo los que nos rodeaba era un replicador de sonidos.
La joven despertó y cuando miro a su alrededor estaba de nuevo en esa biblioteca, fijó su mirada hacia la libreta donde solamente pareciera que había escrito una sola frase:
– Si destruyes mundos asegúrate que no sean los de… ellos
Mientras tanto al otro lado vecino del sitio donde la joven estaba alguien más había sentido la presencia de aquel espectro femenino entre sillas y luces tenues en ese rincón abandonado donde antes el baile y la actuación eran el pan de cada día otra alma despertó entre cuerdas y madera consciente de esa energía.
– Oh, alma mía, volviste a moldear tu presencia, esa figura que emerge, aunque solo sea otro espectro entre tantos. Poder percibir tu esencia me devuelve por un instante a la ilusión de estar con vida. Cuánto anhelo estar ahí cuando ella dicte sentencia, pero no puedo. – dijo un joven títere de estilo victoriano mientras sus manos de madera se movían con aquellos hilos con los que alguna vez había manejado en vida. - Entre recuerdos borrosos, su verdadero rostro aún persiste. Al perder mi razón, fallecí por no servirle a esta sociedad, si no mantener mi alma intacta. Quedó condenado a vagar por este teatro, en el instante que el telón cayó y dictó la sentencia. – Afirmó mientras las cuerdas sostenían su frágil cuerpo de madera.
Mientras tanto, la joven aún permanecía allí, empapada por lo que había sucedido salió corriendo de la biblioteca. Al mirar a su izquierda, descubrió un teatro abandonado marcado por cicatrices de lo que alguna vez fue fuego, llamas que, en otro tiempo, lo devoraron casi todo.
– ¿Quién sería capaz de acabar con un teatro y convertirlo en un cementerio? – Pensó para sí misma con un leve desánimo, contemplando el edificio con tristeza antes de seguir su camino recordando lo que le ocurrió hace unos instantes. Aún llevaba en su libreta la firma de aquel espectro.
Desde el otro lado de la calle, un joven la observaba con una silenciosa admiración, aunque no reunía el valor suficiente para acercarse a ella.
Llegó a su hogar siendo recibida por su madre quien se percató de su aspecto tal cual como si se hubiera topado con un fantasma.
– Hija, ¿estas bien cariño? – preguntó su madre mientras le hacía la cena, a su lado se encontraba su padre.
– Mija, ¿Qué te ocurre acaso alguien te hizo daño? – Dijo con un tono preocupante al verla desconectada.
– No, papá mamá estoy bien. Iré a mi habitación en unos momentos bajo a cenar. – Respondió dirigiéndose a su habitación
Sus padres aún preocupados se miraron y decidieron creerle a su hija.
– Se que le ocurre algo a la niña, pero si ella dice que está bien, entonces debe de ser así. – Declaró su padre mientras ayudaba a su esposa con la comida.
– Lo sé Arthur pero eso me quita que presentía algo más que solo un “estoy bien”. – Reclamó su madre con pensar en su rostro.
– Tranquila mi deila ella estará bien, no te preocupes más pues ambas me tienen a mí, y yo siempre estaré para ustedes, te pido que no te preocupes más pues no quiero dejar esa sonrisa que algunas me encadeno a este gran amor que tengo y bendito sea el cielo y el destino que me elegiste a pesar de ser un pobre, necio, y olvidadizo hombre. – Aclaró su esposo mientras se posaba detrás de ella y la abraza por su cintura colocando con cuidado su cabeza en el hombro de ella. – nuestra hija tiene tu carácter quien se meta con ella no se salva más bien termina perdido.- Le susurro en el oído siendo algo bromista y logrando que de su amada se escuchara una sonrisa.