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Querido lector, suplico por tu atención: Dale vida a mi vida, sabor a mi llanto. Si llego a aburrirte, te pido perdón, pues quiero estar vivo en tu memoria y solo leyendo en mi diario podrás lograrlo. Comparto mi dolor, comparto mi sufrimiento, pues en mi egoísmo solo existo yo.
Veo árboles grandes, pequeños, árboles secos por dentro, absortos en lo frondoso que alguna vez fueron, olvidando sus hojas ya marchitas que guardan los secretos del invierno. Nada es nuevo, todo lo he visto, pues por este camino he dejado mi corazón envuelto entre esperanzas de una cura tan misteriosa como el defecto que tengo.
Recuerdo mi primer viaje: la bienvenida a un mundo nuevo, una ciudad grande, cuya miseria se esconde en sus adentros. Se disfrazaba de maravillas y vendía una imagen de ciudad perfecta de la cual todos caían.
Yo lo hice. Comprando la esperanza... pero eso no arregló el desastre genético que tengo por dentro, los médicos tampoco, solo alargan la vida y prolongan el sufrimiento, pareciera que sufrieran de Alzheimer, pues siempre repiten un mismo discurso de falsa empatía promoviendo la venta de un medicamento costoso.
Del juramento hipocrático ya no queda nada, de mis ansias por vivir muy poco.
Mañana emprenderé un nuevo viaje, el costo es el mismo. se pierde el dinero, se pierde el tiempo y poco a poco se pierde la esperanza; las soluciones son escasas, o mejor dicho nulas, puesto que solo analizan mi cuerpo sin hayar nada, y yo solo pido una respuesta, un resultado, un problema. Ahora duermo con miedo de dormir y no despertar, querer correr y no respirar, tengo miedo a estar sola mientras vuelvo a perder la conciencia y siento vergüenza de despertar por gritos de auxilio, de miedo, mientras que mi cuerpo se encuentra tirado en el suelo sin poder moverse.
Siento pena por mi madre, quien sufrió un riesgoso parto por tenerme y ahora sufre por cuidarme. Siento pena por mi padre quien con ilusión me vió nacer y ahora teme que muera, y siento pena por mi hermana, a quien mis padres descuidan por quererme, a quien mis padres olvidan por tenerme presente y a quien lamento quitarle su infancia por aferrarme a la vida.
Ahora pienso, sueño, quiero que tengan un peso menos. Quiero que ya no se preocupen por mi, pero solo hay una forma de hacerlo, hay una solución, sufrirán y luego se olvidarán de mí, podrán seguir sus vidas y poder cuidar de su otra hija, la sana, aquellas que siempre soñaron y la que sí debieron tener en lugar de un imán de infecciones pulmonares