Capitulo 1
Catherine
Siempre había pensado que el silencio era más fácil.
Mas fácil que discutir.
Mas fácil que explicar.
Mas fácil que intentar que alguien entendiera algo que nunca había querido entender.
- ¿En serio vas a salir vestida así?
La voz de Samantha me saco de mis pensamientos.
Levante la vista del libro que estaba leyendo en el sofá de la sala.
Mi prima estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y esa expresión que conocía perfectamente bien.
- ¿Así como? – pregunte con calma.
Samantha hizo un gesto hacia mi ropa.
- Como si fueras una biblioteca abandona.
Baje la mirada a mis jeans negros y a la sudadera gris que llevaba puesta. Nada especial. Nada llamativo.
Justo como me gustaba.
- Voy a la universidad, no a un desfile – respondí simplemente.
- Claro… tu nunca entenderías algo como eso primita.
- ¿Como están las mujeres más hermosas?
La voz de mi hermano interrumpió nuestra platica, este venia bajando las escaleras y se dirigía hacia nosotras.
En ese momento Samantha salto a sus brazos con una sonrisa angelical.
- Buenos días primito – dijo con un tono dulce y abrazando a mi hermano.
Ese tono era todo lo contrario al que utilizaba cuando hablaba conmigo.
- Ya les llego el correo sobre el viaje – nos cuestionó Damian a ambas.
- Si – respondió Samantha demasiado emocionada
- Si piensas ir este año, ¿verdad pequeña? – dijo Damian dirigiéndose a mí.
- No – respondí sin ninguna emoción mientras guardaba el libro que estaba leyendo en mi mochila.
- No entiendo como puedes decir que no.
Levante la mirada hacia mi hermano, Damian estaba observándome con una expresión entre confundida y divertida.
- Es un viaje de la universidad – continuo –. Solo invitan a los estudiantes con los mejores promedios. Tres semanas fuera de la ciudad, hotel todo pagado, actividades…
- Y mucha gente – lo interrumpí con tranquilidad.
Damian suspiro.
- Exactamente, gente. No monstruos.
Observe a mi hermano detenidamente.
- Sabes que no me gustan ese tipo de cosas.
En ese momento Samantha soltó una risa suave.
- Déjala, Damian – dijo con ese tono dulce que siempre usaba con los demás -. Si Catherine no quiere ir, no hay problema.
La mire sin decir nada.
- Bueno, ya no insistiré, pero piénsalo pequeña – me comento mi hermano mientras sonreía.
- Escuche que este año también vendrán estudiantes de intercambio – añadió Samantha mientras revisaba su celular -. Dicen que uno de ellos llegara para el viaje, justo porque tiene un excelente promedio.
Damian levanto una ceja.
- ¿Ah sí?
- Si – respondió Samantha con una pequeña sonrisa -. Y por lo que dicen… es alguien muy interesante.
Simplemente, los observe a ambos y suspire, sinceramente ese tipo de cosas no me interesaban en absoluto. Samantha en cambio, parecía bastante fascinada con la idea.
- Tres semanas fuera de la ciudad - continuó, guardando su celular en el bolsillo trasero de su pantalón -. Hotel frente al lago, actividades, estudiantes de otras universidades… y ahora también estudiantes de intercambio.
La emoción en su voz era evidente. Damián la miraba con una pequeña sonrisa, como si ya estuviera imaginando el viaje. Yo solo me encogí de hombros.
- Suena agotador.
Samanta soltó una pequeña risa.
- Claro que para ti lo sería. Tendrías que hablar con personas que no con tus libros.
Ignoré el comentario. No era la primera vez que Samanta hacía ese tipo de observaciones. De hecho, lo hacía con bastante frecuencia. Según ella, yo era demasiado callada, demasiado seria, demasiado aburrida. Tal vez tenía razón. Pero sinceramente nunca me había importado demasiado lo que pensara.
Me levanté del sofá con tranquilidad y caminé hacia la cocina para dejar la taza que había estado usando. Detrás de mí escuché a Damián seguir hablando del viaje.
- Dicen que las actividades este año van a ser diferentes – comentaba -. Más competencias entre equipos.
- Eso suena divertido - respondió Samanta enseguida.
Abrí el grifo y enjuagué la taza mientras escuchaba la conversación a la distancia.
- También habrá proyectos en grupo - continuó Damián -. Algo sobre resolver problemas en equipo.
- Perfecto - dijo Samanta -. Me encanta ganar.
Sonreí ligeramente para mí misma. Eso sí era verdad. Samanta siempre había sido competitiva. Demasiado, si me preguntaban. Volví a la sala unos segundos después.
Samanta estaba sentada ahora en el brazo del sillón, mirando a Damián con interés.
- ¿Cuándo nos vamos exactamente? - preguntó.
- En una semana - respondió él -. Salimos el lunes en la mañana.
Samanta prácticamente brilló.
- Eso es perfecto.
Sus ojos se movieron hacia mí por un instante.
- ¿Estás segura de que no quieres venir, Catherine?
La forma en que dijo mi nombre sonó extrañamente dulce. Demasiado dulce. La miré unos segundos antes de responder.
- Sí.
- ¿Ni siquiera lo vas a pensar?
Negué con la cabeza.
- No.
Damián volvió a suspirar.
- De verdad no entiendo cómo puedes rechazar algo así.
Me encogí de hombros.
- Simplemente no es lo mío.
Hubo unos segundos de silencio. Después Samanta se levantó del sillón.
- Bueno, si Catherine no quiere venir, tampoco vamos a obligarla.
Su sonrisa volvió a aparecer, impecable como siempre.
- Alguien tendrá que disfrutar el viaje por ella.
No respondí. No había nada que responder. Tomé mi mochila del sofá y me la colgué al hombro.
- Me voy a la universidad.
Damián frunció el ceño.
- ¿Ya?, te puedo llevar.
- No, no es necesario que llegues una hora antes por mí, puedo tomar el bus,
- ¿Segura?
- Si, me voy porque mi clase comienza en menos de una hora.
Samanta ladeó la cabeza.
- Qué emocionante.
La ignoré otra vez. No valía la pena discutir. Salí de la casa unos segundos después y cerré la puerta detrás de mí. El aire fresco de la mañana me golpeó el rostro mientras caminaba por el pequeño sendero del jardín. La tranquilidad del exterior era mucho más agradable que la tensión constante dentro de la casa.
Siempre había sido así. Desde que Samanta llegó a vivir con nosotros cuando tenía cuatro años. Al principio todo era diferente. Recuerdo vagamente a una niña callada, siempre pegada a mi madre, siempre buscando atención. Mis padres habían hecho todo lo posible por que se sintiera parte de la familia. Y durante un tiempo lo logró.
Pero algo cambió con los años. No sabría decir exactamente cuándo. Solo sé que poco a poco Samanta empezó a mirarme de una forma distinta. Como si yo fuera un problema.
Como si mi existencia fuera algo que la molestaba. Nunca entendí exactamente por qué. Tal vez nunca lo entendería. Suspiré y empecé a caminar hacia la parada del autobús.
A lo lejos escuché la puerta de la casa abrirse otra vez.
- ¡Catherine!
La voz de Damián me hizo detenerme. Me giré justo cuando él bajaba las escaleras del porche.
- Espera.
Lo observé acercarse.
- ¿Qué pasa?
- De verdad podrías venir al viaje – dijo -. Nadie te obligaría a socializar demasiado.
Sonreí levemente.
- Lo sé.
- Entonces…
Negué con la cabeza.
- Prefiero quedarme.
Damián me observó unos segundos. Después suspiró.
- Está bien.
- Diviértete.
- Eso haré.
- Empecé a caminar otra vez.
Pero antes de que avanzara demasiado escuché su voz de nuevo.
- Oye.
Me giré una vez más.
- ¿Sí?
- Si cambias de opinión todavía puedes anotarte.
Asentí.
- Lo tendré en cuenta.
Sabía que no lo haría. Pero él parecía satisfecho con esa respuesta.
- Bueno, te veo en un rato en la universidad, vete con cuidado pequeña.
- Si, está bien.
- Otra cosa pequeña.
- Dime…
- Te quiero
Sonreí, mi hermano solía ser muy cariñoso y hasta cierto punto sobreprotector, pero genuinamente yo lo adoraba con todo mi corazón.
- Yo también te quiero.
Continué caminando hasta llegar a la parada del autobús con una sonrisa. Había pocas personas a esa hora de la mañana. Saqué mi libro de la mochila y lo abrí mientras esperaba. Las páginas eran mucho más interesantes que cualquier conversación sobre viajes, fiestas o estudiantes de intercambio.
De hecho, ni siquiera había pensado demasiado en el tema. Para mí solo era otro evento universitario del que no formaría parte. Nada importante. Nada que fuera a cambiar algo en mi vida.
Al menos eso era lo que creía en ese momento. No tenía forma de saber que, mientras yo esperaba tranquilamente el autobús con un libro en las manos…
En algún lugar del mundo, alguien estaba a punto de llegar a esta universidad. Alguien que pronto conocería a mi hermano. A mi prima. Y eventualmente… A mí.